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June 21, 2018 | Author: Edwarduis | Category: Guerrilla Warfare, El Salvador, Colombia, Farc, Democracy
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Visionarios, sin duda seres excepcionales, coincidieron alrededor de construir un sueño para quienes por los setenta est...

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Habla la Comandancia Jaime Bateman Cayón Iván Marino Ospina Álvaro Fayad Delgado Carlos Pizarro Leongómez

© Compilador Consejo editorial de La Casa Editorial Pisando Callos Ltda. © La Casa Editorial Pisando Callos ISBN……………. Primera edición mayo de 2008 Diseño de carátula: Ediciones Edward Diseño y armada de textos: Cristina Castañeda Corrección: Ricardo Vargas Banco de Datos: Centro de documentación y cultura para la paz Hecho en Colombia 2008

Tabla de Contenidos Recuperar la historia - Alberto Caycedo Borda................................... 07 1. Jaime Bateman Oiga hermano. Entrevista de Ramón Jimeno............................................. 12 2. Iván Marino Ospina 2.1. Entrevista de Rafael Vergara ............................................................... 78 2.2. Entrevista de Patricia Lara .................................................................. 86 3. Álvaro Fayad Delgado 3.1. Construir la democracia. Con alegría, justicia y dignidad.................. 101 3.2. Lo fundamental: hacia dónde avanzamos .......................................... 107 3.3. De México a Corinto (vía Madrid) .................................................... 109 3.4 La política de lo militar. Intervención en la reunión de Dirección Nacional, San Pedro (cauca), septiembre de 1984 ................... 127 4. Carlos Pizarro Leongómez A la muerte de Fayad................................................................................. 148 4.1. La guerra más estúpida es la que se puede evitar. Entrevista con Rafael Vergara ..................................................................................... 141 4.2. Una revolución abierta al mundo ....................................................... 156 4.3. Palabras de despedida ......................................................................... 172 4.4 Tres rectificaciones necesarias hacia la democracia plena ................... 179 5. ¡Así los vieron! 5.1. El flaco del EME. Enrique Santos Calderón........................................ 189 5.2. Un profeta de la paz. Antonio Caballero.............................................. 193 5. 3. No le gustaba hacer a guerrra. Antonio Caballero ............................... 195 5.4. «Bateman, un misterio sin fin». Gabriel García Márquez ................... 198

RECUPERAR LA HISTORIA Visionarios, sin duda seres excepcionales, coincidieron alrededor de construir un sueño para quienes por los setenta estábamos inmersos en una búsqueda incesante por lograr la construcción de una Patria realmente democrática y libre. De la teología de la liberación, del marxismo, de la doctrina liberal o de la conservadora, de cualquiera de ellas echábamos mano para tratar de releer nuestra realidad, para explicarnos la existencia de una realidad que nos ahogaba y que hacía imposible incidir en las decisiones nacionales. Las cosas como estaban eran inamovibles, casi por la ley de Dios, debíamos aceptar sin discutir siquiera el estado de injusticia social cada vez más agudo, la sin razón del Frente Nacional que nos excluía del poder, una guerrilla de origen liberal que se empeñaba en que era necesario plantearse una guerra prolongada y que tenía tras de sí una historia de exclusión, de odio y lucha de clases, pero además dogmática, acartonada y triste. La tarea: reconstruir la confianza en nosotros mismos, no necesitamos extranjerizantes propuestas de cambio, no debemos reverencia a héroes prestados; en nuestros pueblos, en nuestra historia, encontramos la fuerza de los planteamientos que es necesario recuperar, en nuestra gente está la riqueza necesaria para reconstruir la nación, debemos incluir y no excluir, pero además no se trata de imponer un nuevo sectarismo, una nueva verdad revelada, es necesario construir entre todos la nueva nación en la que todos quepamos con igualdad de oportunidades y con justicia social, donde “El HONOR, La DIGNIDAD, El VALOR DE LA PALABRA EMPEÑADA” se recuperen en medio del pragmatismo vulgar y del mercantilismo de los bienes y de las ideas. Romper con los esquemas, militar con alegría, hacer política por sobre todo, comunicarnos con nuestro pueblo, convocar por la unidad de la nación, no establecer cadenas sino de afectos, que no nos motive el odio; en fin, con una propuesta libertaria, no nacida en las entrañas de las estaciones que marcan la vida en otros continentes, recuperar lo Caribe, lo mestizo y grande de nuestro pueblo, crisol de razas, costumbres y creatividad. Sumar a la causa popular dos vertientes, en principio, los desencantados de la Anapo, que constataron cómo el establecimiento les robó las elecciones y la dirigencia no tuvo la madera necesaria para responder con dignidad a

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tanta miserablesa, y unos expulsados de las FARC que habían cometido el delito de plantear alternativas a la concepción estratégica y a la táctica de la organización. Entendieron y predicaron que para que se tuviera acogida y éxito era necesario hacer y darle volumen a la propuesta política, que la conociera la gente, el pueblito, la clase media, la oligarquía; para esta labor, eran necesarias las armas, con tiros se le daba volumen a la propuesta, se abrían los oídos de unos medios de comunicación casados con el poder económico y político, cerrados para toda propuesta contestataria o simplemente diferente a la oficial bipartidista. Recuperar la espada de Bolívar, recuperar y repartir entre los necesitados el mercado y la leche de los monopolios, darle fuerza a la lucha sindical, crear escenarios para concertar un país nuevo, abrir a empujones la democracia, esta es la tarea que con amor, entrega y alegría constituye la revolución en Colombia, no hay otra manera de que quepamos todos. Por supuesto esto exige pelear, no es con buenos y pusilánimes consejos que esto se logra, dadas las condiciones del país, era necesario que se echaran tiros, muchos tiros. La agria respuesta a cada propuesta de concertación y diálogo, la traición a los esfuerzos por la paz como construcción de democracia, hace que la guerra por momentos se sobreponga a la propuesta política, la aparición de organizaciones recalcitrantes de derecha, el surgimiento del poder mafioso encabezado por el narcotráfico, casi dan al traste con esta fresca y cada vez más madura propuesta de país. Esta recuperación de la memoria de los cuatro grandes, no puede olvidar que eran Jaime Bateman Cayón y Esmeralda, Iván Marino Ospina y Fanny, Álvaro Fayad Delgado y Pepa, Carlos Pizarro Leongómez y Myriam y cientos de hombres y mujeres excepcionales que nos enseñaron a valorar con alegría y esperanza lo que somos, a recuperar nuestra historia y a mirar de frente el porvenir, sin ambages, sin temores y vergüenzas ni añoranzas de otros continentes, a ver de frente el futuro y a asumir el nuevo país, el que quedó finalmente plasmado y bosquejado en la Constitución del 91, epílogo temporal de esta gesta libertaria. Alberto Caycedo Borda.

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Jaime Alfonso Bateman Cayón 1940 - 1983

Jaime Bateman Cayón

OIGA HERMANO Entrevista de Ramón Jimeno a Jaime Bateman Cayon CAPÍTULO I

COLOMBIA, CENTROAMÉRICA Y EL IMPERIALISMO “El Anti-lmperialismo es una política contra la voracidad de las transnacionales, no contra el pueblo norteamericano”. R.J.: ¿Qué similitudes y qué diferencias se pueden encontrar en el proceso político de El Salvador y en el de Colombia? J.B.: Es muy difícil hacer comparaciones. En El Salvador se han dado unas condiciones especiales en cuanto a los factores subjetivos. O sea, el nivel de conciencia que han alcanzado las masas y la capacidad que han adquirido las vanguardias revolucionarías, gracias a la misma dinámica yo creo que esto es lo fundamental. Ese proceso de masas, esa insurgencia, la mentalidad militarista de los dirigentes salvadoreños, llevó las cosas al punto de no retorno. No es posible ya seguir manejando ese país con los mismos criterios con que se maneja una finca. Pero lo más importante, en mi criterio, es que las vanguardias revolucionarias en El Salvador son cada vez más capaces, cada vez entienden mejor el problema, cada vez son más amplios y cada vez adquieren una mayor capacidad militar. En cuanto a la concepción militar, América Latina está llena de errores. Sobre esto se ha especulado mucho... desde Regís Debray ... sobre qué es lo que ha pasado, por qué se han producido las derrotas que los militares han propinado.... Hoy en El Salvador se encuentra una vieja tesis, tan vieja como la historia en cuestiones militares: es concentrar fuerzas; apoyarse en el pueblo, es darle continuidad a las batallas; es unir la política con la concepción militar.

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En Colombia esto, ha sido la larga historia de nuestro accionar. Desde hace treinta años tenemos guerrilla —desde antes que naciera Cuba— desde antes que surgieran todos estos procesos revolucionarios: Sin embargo nosotros los colombianos seguimos pensando que esto es digno de gran orgullo. Me parece que en Colombia, en general, se da la misma situación que en El Salvador o el resto de América Latina en términos económicos, pese a que la economía colombiana es tal vez de las más sanas de la región. Aún así es una economía deteriorada, quebrada. No se puede decir que en El Salvador la situación económica fuera muy grave, al contrario, era uno de los países más industrializados y más ricos de Centroamérica. Definitivamente por crisis económica ningún Gobierno se va a caer, ninguno, ya eso está probado hasta la saciedad. Hasta que no se desarrollen los procesos políticos es imposible que un Gobierno se caiga, así se viva en la miseria como en Haití o Paraguay. De otra parte, Colombia es un país mucho más violento que El Salvador. O sea, en 1928 se produce la matanza de las bananeras aquí, y en el 30 se produce la matanza de El Salvador, casi por las mismas razones. No se pueden hacer similitudes, sin embargo, aunque hay características comunes: el enemigo es común; las condiciones de miseria son comunes; la opresión; el militarismo; todo esto es común. Pero por ejemplo, la burguesía salvadoreña no ha tenido la capacidad que ha tenido la colombiana, que ha sido más inteligente por razones muy particulares. Aquí la burguesía ha mantenido el manejo de la situación. En El Salvador es mucho más clara la presencia de los militares en la conducción del Estado. No es así en Colombia. Aquí podemos hablar de unos militares civilistas, ¿no es cierto? Aparentemente la fuerza de la oligarquía, su capacidad de manejo de las situaciones concretas hacen que en todo este período sólo se hable de un golpe militar. En El Salvador se han dado varios golpes, pero el manejo militar de la situación ha sido permanente. Pero si contamos muertos, es increíble, no se pueden hacer comparaciones. Ha sido más violenta la guerra civil colombiana... porque como decía algún escritor “si Bolivia se caracteriza por los golpes militares, Colombia se caracteriza por las guerras civiles...”, y cada una, además, termina con una amnistía. Entonces ... noo, lo que pasa es que a uno lo coge de sorpresa el cambio de calidad en la situación. Mientras en El Salvador hay una ofensiva revolucionaria y ya prácticamente ha sido derrotado una vez más el Ejército burgués, aquí en Colombia estamos viviendo un período de aparente apertura democrática. Un cambio de situación política que en El Salvador no se dio, ¿cierto? En mí criterio porque la oligarquía colombiana piensa, y sabe que tiene que encontrar salidas políticas a todas estas crisis. Yo no creo en cambio, que en El Salvador haya posibilidades de regresar a esa situación que Antonio Caballero describe

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para nuestro país: “En Colombia no pasa nada”. Esto para El Salvador, no se puede afirmar ya, definitivamente. En cambio hoy, la inmensa mayoría de los colombianos que padecen el peso de este sistema tienen que estar pensando que “en Colombia no pasa nada”. Veníamos en un proceso de ascenso del movimiento guerrillero, en un proceso rico de autocrítica de las vanguardias revolucionarias, y la oligarquía de un día para otro nos cambia la situación política y nos deja de verdad en una posición muy compleja. Yo no creo que la guerrilla haya perdido políticamente, pero estratégicamente sí pierde porque esa dinámica que era positiva, de pronto es frenada por el cambio de política de la oligarquía aunque eso sea temporal, no importa, estamos hablando de cuestiones coyunturales. En El Salvador ya cualquier salida política que se intente, tiene que hacerse sobre la base del triunfo de la guerrilla. R.J.: ¿Cómo afecta la situación internacional el proceso político colombiano en general, y qué puntos coinciden para que hubiera un resurgimiento de la lucha armada en Centroamérica y en Colombia? J.B.: Bueno, son varias cosas y varios factores. En cuanto a la lucha armada hay un elemento fundamental: Es el triunfo de la Revolución Sandinista. Es la segunda revolución de América Latina, que triunfa pese al balance que se hizo en los años sesenta de la lucha armada. Esa discusión larga de las formas de lucha el sandinismo la mandó para la mierda. La lucha armada volvió al punto en que debía estar, como única solución frente a los problemas centrales, frente al imperialismo y las oligarquías. Nicaragua revivió el entusiasmo de las vanguardias por la lucha armada. Con esto no quiero decir que en El Salvador en ese momento no hubiera lucha armada. La había y ya era fuerte. Entonces, hay un resurgimiento de las masas en Centroamérica, Cuando en el sur había un “bajón” en el norte había un “subón”. Ahora, la política de Carter sí tuvo algunos efectos, pero tampoco se le puede echar la culpa a él. Lo que pasa es que Carter se acercaba más a las soluciones de América Latina, a los problemas reales del pueblo latinoamericano. O sea, ¿cuál es el problema, cuál es la solución para América Latina; lucha armada o reformismo? Carter buscaba soluciones para evitar las revoluciones violentas. Buscaba alternativas, las veía. Otra cosa es que no pudiera aplicarlas. Había planteamientos positivos en los asesores de Carter. Ellos pensaban que era posible evitar la guerra civil en América Latina. ¿Es posible evitar que los Estados Unidos jueguen el papel que están cumpliendo en este momento en Centroamérica? ¿Es posible evitar el Vietnam Latinoamericano, en fin de cuentas?

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Yo creo que Carter se acercaba más a la solución que Reagan. Éste lo que hace es acelerar el proceso porque lo niega. Reagan se coloca en una dinámica, si se quiere, más favorable para el pueblo latinoamericano, aunque sea una desgracia decirlo: Porque lleva las cosas a los extremos y los extremos conducen a soluciones extremas. Y ésta es la revolución. Carter hubiera podido adormecer al pueblo latinoamericano un rato más... creando expectativas, ilusiones como Kennedy, ideales. La solución de Carter se acercaba más a la política. Reagan replantea todo. Ahora, los problemas latinoamericanos no los creó Carter, los creó la política norteamericana del gran garrote, que obligaba a los países latinoamericanos a someterse. Hoy lo que se está viviendo es el ocaso del imperialismo norteamericano. �ue va a ser tremendo, violento, nuclear, si no quieren encontrar otra solución. Son ellos quienes están creando las condiciones para su propia derrota. Ahora, las soluciones políticas de Reagan son muy torpes. Las elecciones de El Salvador, por ejemplo, esto fue una mascarada derrotada gracias a la acción militar de los revolucionarios. Aparentemente la gente dijo: “ahh, fracasó la guerrilla”. No, la guerrilla no fracasó. Lo que pasa es que en ese momento no tenía el poder militar que necesitaba para demostrar el fracaso de las elecciones. Esa política de Reagan fue grosera, torpe, ... ¡pensar que con unas elecciones se pueden eliminar todos los problemas de fondo! Ya lo estás viendo en el desarrollo de la guerra en El Salvador. Ahora, en la política colombiana fíjate que el cambio de Gobierno de Carter a Reagan se sucede a mitad del Gobierno, cuando ya estaba Turbay. Reagan para Turbay era lógico. A Turbay, Reagan le cae como pepa al ojo. Reagan le daba la razón al proyecto de Turbay, según el cual este país se arreglaba era a coñazos. Por eso ese proyecto pasa sin violar a nadie. La Virgen Santísima se quedó pura. ¿Por qué? Porque el proyecto de Reagan era el que necesitaba Turbay. Fíjate que es cuando se negocian las nuevas armas, helicópteros, etc. Es cuando se negocia la participación de Colombia en el Sinaí; la participación en Centroamérica ... entonces Turbay le cae a Reagan perfecto. Y Turbay hace todo lo que le diga Reagan, ¡absolutamente todo!. Con una facilidad impresionante... hasta el final jugó el papel ideal para el imperialismo norteamericano. La punta de lanza a nivel económico, político y militar. Económico porque te acuerdas que lanzó una ofensiva económica, política hablando de trasladar la democracia colombiana al Caribe (jueputa); a nivel militar porque se crean las condiciones para montar la base militar en la isla de San Andrés, o se monta la base mejor dicho, ¿no cierto?... bueno, el tipo ideal para Reagan. A nivel de guerrilla también se sintió el cambio de Carter a Reagan. Obviamente que con Carter había posibilidades de negociar, de diálogo. En

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caso de que las cosas llegaran a los extremos, había mayores posibilidades. Estaba viviendo Torrijos, que era una materia muy importante en el área, era el elemento fundamental de negociación entre los extremos. Era además la única persona que podía hacer ese papel. Torrijos. No sólo por su amistad con Carter; no sólo por su amistad con la guerrilla que era muy fuerte. Con nosotros era bastante fuerte esa amistad, además... su influencia política. Era muy buena amistad de ambos lados. O sea, había los elementos que posibilitaban un diálogo ideal, en caso de llegarse a extremos. Fíjate que se dan toda una serie de factores especiales. Con la muerte de Torrijos se cierran mucho esas posibilidades. Con la subida de Reagan se cierran mucho esas posibilidades. Reagan entra pues, con el mazo dando y con toda la política que tenemos encima. Para Reagan la guerrilla significa el absurdo político como lo está demostrando en El Salvador. Frente a todas las propuestas del FMLN ha demostrado una torpeza tremenda ... hasta en la misma visita del Papa, políticamente hablando. A la guerrilla en El Salvador no le conviene negociar, hablando en términos claros. Porque la guerrilla salvadoreña está ganando. Cualquier negociación que se haga es una trampa como nos la hicieron a nosotros. Lo que pasa es que el desarrollo militar no es el mismo, nosotros teníamos que negociar obligados. En El Salvador la guerrilla está ganando la pelea, por lo tanto la guerrilla tiene mayor capacidad de negociar. Ya sería estúpido una amnistía allá. ¿�ué es lo que hay que negociar en El Salvador...? Una negociación implica la participación de la guerrilla en el futuro Gobierno que se arme y eso la oligarquía salvadoreña y el imperialismo norteamericano no están dispuestos a negociarlo... fundamentalmente por las actitudes de Reagan en el área, que son actitudes duras. Reagan no quiere negociar nada, no es el Gobierno salvadoreño, eso es mierda. Porque su política es la vieja política norteamericana, la del garrote. Aunque yo creo que hoy la inmensa mayoría del pueblo norteamericano no está de acuerdo con Reagan en esto. Hoy el diálogo se impone en el mundo, ya no es posible la política de garrote; ésta ya es parte de la historia. Claro que Reagan no quiere aceptar eso. Porque igual que en El Salvador, igual que en Guatemala, igual que en Colombia o en Honduras, ellos piensan que la solución es militar. Y esto se refleja mucho en Colombia: los militares colombianos están convencidos que ellos pueden derrotar a la guerrilla colombiana, para no hablar de El Salvador. El envío de Tambs como embajador a Colombia es precisamente el afianzamiento de esa política frente a un Gobierno como el de Belisario Betancur, que en un momento determinado puede pensar que sí es posible ganarle políticamente a la guerrilla. Tambs viene aquí a convencer a los militares colombianos ... bueno a los militares no necesita ... pero sí a Belisario, de que toda

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la salida es militar, de fuerza. Yo creo que la influencia de ese tipo (Tambs) va a ser nefasta en Colombia, y que se va a enfrentar al criterio personal de Belisario. Eso hay que tenerlo muy en cuenta. Pero va a encontrar un gran apoyo en los sectores militaristas. No son sólo los militares, también son sectores de la oligarquía colombiana que piensan con la cabeza de los militares. Además, Colombia no se escapa de la influencia de los Ejércitos latinoamericanos. La misión militar de Estados Unidos en nuestro país siempre ha sido bastante fuerte. Todos los oficiales colombianos, absolutamente todos, para su ascenso necesitan pasar por un curso norteamericano. �ue por lo general son cursos de acción sicológica, son cursos de tortura, de aplicación de sistemas de represión con criterios políticos; de utilización de la computadora; de la informática, con criterios modernos... Son oficiales con una mentalidad aparentemente moderna, pero moderna en la técnica, no en la política. En la política siguen siendo atrasados. ¿Computadora para qué...? Para localizar a la gente rápido, ¿cierto? ¿Informática para qué...? ¿Para el desarrollo de la industria o de la agricultura? No, informática para mantener al Ejército informado de lo que puede pensar o hacer un movimiento guerrillero, un grupo político. La computadora en Colombia la usa el Ejército para programar la última salida que es el golpe de Estado. El golpe de Estado está planificado en Colombia hace rato. Yo no creo que nadie tenga el cretinismo de negar que ese golpe está organizado hace rato. Y está organizado utilizando la computadora. ¿�ué se necesita para dar un golpe? Primero, detener los factores subjetivos, o sea detener a la potencialidad subversiva, que llaman los gringos: los sindicatos, los partidos de oposición, las figuras democráticas. Eso ya está en la computadora... su casa, dónde viven, cuándo se cambian, todo eso. Los gringos tienen además un país imaginario en la computadora. Un manual de golpe de Estado que se llama ... ¡mierda! yo no me acuerdo cómo se llama esa vaina ... cualquier joda de ésas, no me acuerdo. El oficial latinoamericano cuando pasa el curso tiene que hacer su propio proyecto de golpe de Estado. Cómo son las estructuras políticas, jurídicas, cómo es todo... cómo se organiza un Estado a partir de un golpe de Estado. En Colombia eso está listo. Lo que hay que esperar son las condiciones políticas. En Colombia no se da el golpe de Estado, no porque no haya condiciones, sino porque no se necesita. Yo creo que si Belisario se colocara en un plano de rebeldía frente a los militares, incluso a él no le van a dar golpe de Estado. ¡Hum! Ya crearon instituciones de recambio: Álvaro Gómez Hurtado, que fue el gran gol que le metió la oligarquía colombiana a Belisario. Eso lo prepararon Gómez y Pastrana en Francia... o yo no sé dónde putas ... en algún país europeo. La gran solución que reemplazaría a Belisario en caso de ... yo no creo que los militares tumben

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a Belisario. Pero sí pueden poner a Álvaro Gómez. A Belisario le puede dar cualquier enfermedad de garganta, eso en América Latina es normal, enfermedad de avión, cualquier vaina, pero lo van a tumbar. Ésta es una posibilidad; la otra es el caso extremo que yo no creo. R.J.:¿Cómo crees que afectaría en Colombia, para la guerrilla en especial, el triunfo revolucionario en El Salvador? J.B.: Bueno, es inevitable. Con El Salvador o sin El Salvador. Con Nicaragua o sin Nicaragua la ofensiva del enemigo siempre ha sido y será violenta. ¿En Chile qué te parece? Arrasaron con igual o mayor violencia que en El Salvador. Acabaron con el movimiento popular, cortaron cualquier cabeza, sin miramiento alguno. El enemigo no necesita argumentos para reprimir al movimiento popular, siempre lo van a hacer. Yo creo que después de un triunfo en El Salvador —los norteamericanos saben, ellos tienen claro eso— eso va en contra de los intereses del imperialismo. No porque los pueblos de América Latina quieran esto, quieran ir contra los Estados Unidos, sino porque este país no lo acepta. No acepta que los pueblos sean independientes: porque nosotros estamos atados a la economía de USA. Nadie quisiera romper con la economía norteamericana, nadie está planteando eso. Nosotros estamos atados, toda América Latina, más que todo por la deuda. Pero bueno, ya se sabe que ellos se van a venir con todo lo que pueden, en eso nosotros estamos muy claros. No creemos que los norteamericanos estén en capacidad de negociar un triunfo popular en ninguna parte y menos durante el Gobierno de Reagan. Ojalá allá, en los Estados Unidos llegaran a una concepción más racional sobre los problemas internos de nuestros países y no se metieran tanto en ellos. Ahora, después del triunfo, están dispuestos ellos a seguir las relaciones comerciales normales con los países, ¿las relaciones de intercambio? Estados Unidos es una potencia, tiene posibilidades de hacerlo... además porque ha vivido de todos los países subdesarrollados. Su riqueza ha dependido de eso. Bueno, pero eso ya hoy nadie se los puede cobrar, ya es un hecho. Pero podrían hacer préstamos que se les van a pagar y pueden abrir un poco las puertas al proteccionismo que no deja que América Latina le venda a nadie, y pueden cambiar los términos de los préstamos para que no sean onerosos, ni política ni económicamente onerosos. Hay que pagar intereses, claro. Pero que presten. Hay que negociar la deuda de América Latina, 300 billones de dólares! Eso no lo paga A.L. nunca!... Entonces seguiremos pagando la deuda siempre. Ellos mismos ya se dieron cuenta que se están tendiendo una trampa grandísima. Porque mientras el desarrollo industrial y económico sea más débil en A.L., mayores serán los compromisos, mayor será la deuda, la dependencia,

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pero también serán mayores las posibilidades revolucionarias del pueblo. La gente no vive del aire, las gentes tienen cada día necesidades mayores. Entonces es una rueda sin salida. Los norteamericanos deberían convencerse que tienen que replantear su política exterior, hacerla más sana. Tienen que mirar con buenos ojos a América Latina, no con la voracidad de negociantes. Es que los gobernantes de Estados Unidos tienen que entender que A.L. no tiene una actitud prepotente frente a ellos. El antiimperialismo no es una política para acabar con los norteamericanos, eso no es cierto. Es falso, el antiimperialismo es una política contra la voracidad de las transnacionales, no contra el pueblo norteamericano. Estos son nuestros socios, nuestros amigos. Ya los vemos cómo se levantan contra la política de su Gobierno en El Salvador, y cómo será con Colombia… Eso antes no se daba en los Estados Unidos, y mientras mayor sea la intervención mayor será la protesta del pueblo norteamericano, que es práctico, que es de lógica. Entonces lo que hay que hacer es levantarse contra las transnacionales y ... hacer la revolución en los Estados Unidos ... je je je je.

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CAPÍTULO II

DE LA ÉPOCA DE LA VIOLENCIA HASTA NUESTROS DÍAS “El problema de la guerra no es matar”. “El Ejército colombiano se ha ido politizando a toda velocidad, a partir de las consecuencias políticas y militares de la famosa pacificación del año 48” . “En todo este período de 1957 a hoy, los únicos que se han mantenido con la voz en alto han sido los movimientos guerrilleros”. R.J.: ¿Qué pasa mientras tanto con el movimiento popular? J.B.: �ueda latente en primer lugar la gran derrota: 15.000 a 20.000 guerrilleros se rindieron prácticamente, entregaron sus armas. La gran frustración, sus dirigentes fusilados en las calles de Bogotá, en las calles de los pueblos. Pero quedan, quedan gentes rebeldes, gente que no se entrega, especialmente en las zonas de autodefensa. Y queda la inmensa mayoría del pueblo con una imagen de ese momento dominaba el Partido Comunista, derrota, con un sentido de frustración, de engaño, que hoy lo estamos viviendo crudamente. El movimiento popular de Colombia no ha podido desarrollarse como lo hizo por ejemplo el de El Salvador, o en Argentina y en otros países. En Colombia el movimiento popular adquiere cierta originalidad porque no se produce como en otros países. Aquí se produce espontáneamente, en forma explosiva, de un día para otro, porque la gente no cree que de verdad haya posibilidades de desarrollar un movimiento legal, pacífico. Entonces, existe una democracia aparente, pero con un engaño que es el militarismo en la sociedad colombiana. Por eso el estado de sitio que surgió durante el Frente Nacional ha sido la principal herramienta política que ha tenido la oligarquía para manejar al pueblo. No podemos escapar de esa realidad. Sólo en períodos muy cortos se ha levantado el estado de sitio; por ejemplo, hasta ahora Betancur ha gobernado sin él. Ningún partido en Colombia ha podido surgir por encima del estado de sitio. Excepto la Anapo que fue un fenómeno muy coyuntural. De todos modos Rojas Pinilla creó una imagen popular de que sí le podían resolver los

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problemas al pueblo, por su populismo. De todas formas Rojas Pinilla dejó en la imagen popular esa posibilidad real de cambio. Era la alternativa a los dos partidos tradicionales. Pero fíjate que así como se desarrolló, así se acabó, con una facilidad tremenda. Por su inconsecuencia. Porque el pueblo cuando apoyó a Rojas Pinilla pensó que iba a ir hasta las últimas consecuencias, pero Rojas Pinilla engañó a la gente. Cuando ganó las elecciones lo que la gente estaba pidiendo era responder con la violencia al engaño que había sufrido, porque el robo de las elecciones fue evidente, eso nadie lo niega. O sea, los liberales y conservadores se enfrentaron a una realidad política. El Partido Comunista, también sufre, si se quiere, de opresión política. El partido Comunista, aparte de todos los vicios y errores que pueda tener, sufre de la hegemonía de los dos partidos tradicionales, sufre de la presencia permanente del estado de sitio y sufre de su propia dinámica, sectaria en cierto sentido, que no se puede desconocer. Sus planteamientos políticos no van acordes con la realidad social que vive el país. En Colombia no ha habido una composición orgánica de la oposición porque no hay democracia. Eso es lo básico. La Anapo se desarrolló, pero cuando se convirtió en un peligro se acabó. El Partido Comunista nunca ha representado ningún peligro para la oligarquía colombiana, por eso no se ha acabado. El día que no restrinjan la libertad de participación de la oposición, ahí si va a ser un peligro. Es una oligarquía que maneja esos criterios con mucha claridad. A Rojas Pinilla le dieron la posibilidad no porque fuera oposición. Fue un movimiento popular que surgió de un movimiento electoral. Eso no hay que olvidarlo. Rojas Pinilla fue un hombre que se movió electoralmente, y para él fue una gran sorpresa el triunfo de 1970. Él no esperaba ese triunfo. La Anapo no era un movimiento que se expresara en las calles, nunca luchó por el alza de los salarios, no salía a las calles a decir “necesitamos… un barrio nuevo”. La Anapo se movió fundamentalmente con criterios políticos, ¿hablamos de política electoral, cierto? Por eso la gente votó por él, porque quería el poder, porque veían en él la posibilidad real de la toma del poder. No te olvides que Rojas Pinilla era la historia. Había gobernado a Colombia y le había dado a la gente lo que ningún gobernante le había dado en toda la historia. Aunque fuera demagogia. Les dio aeropuertos, les dio casas . . . todo lo que hizo alrededor de Sendas, regalaba juguetes, algo les daba. Mientras que la burguesía nunca fue capaz. Ésa es la comparación que hace el pueblo. Éste no es un pueblo que te hace análisis económico. El pueblo ve, y sentía que lo que hizo Rojas fue mejor que lo que estaba viviendo en ese momento con los Lleras, los Valencia...

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Yo creo que la votación de Rojas cogió por sorpresa a todo el mundo. Y ésta es una actitud de las masas que lleva en sí un criterio de poder. Lo que pasa es que la gente cree que con las elecciones se puede ganar el poder. Eso es otra cosa, ¿me entiende? Como lo hubiera podido tener con Salvador Allende. La gente votó por Allende porque sabía que iba a llegar al Gobierno, si no, no vota. Por eso la gente no quiere votar por el Partido Comunista, porque sabe que no tienen ninguna condición para llegar al poder. Por muchas razones. Y la gente tiene olfato, la gente no es pendeja, ¿cierto? El Partido Comunista no podrá ser nunca en Colombia un movimiento de masas, y no es porque los comunistas no sean capaces de hacer eso. Es que las condiciones del país no lo permiten. Es un Partido que está por fuera de la mentalidad de las masas... toda la concepción del PCC. Un pueblo muy católico, con un gran sentido de la religiosidad… que …de todos modos, los comunistas no le ofrecen ninguna salida a las masas, ¿cierto? Sin embargo el PC es el partido que mejores planteamientos hace con respecto a las reivindicaciones. Todos son planteamientos correctos. No están por fuera de la realidad. La central obrera que dirigen es consecuente con sus planteamientos de reformas, de conseguir cosas concretas. Y hoy el programa del PC es democrático. No es marxista en el sentido estricto de la palabra, la dictadura del proletariado. El PC no está planteando la dictadura del proletariado. Sin embargo, las masas no lo apoyan porque lleva cincuenta años en la historia de este país, cincuenta y tres años para ser exactos. Y un partido con cincuenta años . . . es bastante difícil que las masas crean ya en eso ... Yo no creo que el hecho de que tengan un movimiento guerrillero sea una condición especial para el PC. Yo creo que es un obstáculo especial. Porque de todos modos tener una guerrilla no es fácil para el enemigo. El PC sabe que no puede pasar el límite de lo aceptable. Ellos no aceptan a las FARC como el brazo armado de su partido. Ni pública ni internamente. Para el PC las FARC es un movimiento autónomo. El proceso los ha obligado a aceptar eso. ¿Por qué? Porque los militares no son pendejos y la oligarquía tampoco es pendeja. La oligarquía también le crea al Partido las reglas del juego, porque es un problema de las reglas de juego, ¿no? Si tú traspasas el límite de esa raya, sencillamente te estás colocando al nivel de la subversión. R.J.: Aunque formalmente hayan manejado esa dualidad, de todas formas la dirección política de las FARC está en relación directa con el PC... J.B.: Y por eso la actividad central de las FARC es como es. Porque si las FARC tienen veintipico de años de actividad militar, ¿por qué no han superado las etapas? O ¿por qué no han llegado al nivel de desarrollo militar a que ha llegado en El Salvador hace dos años, para no hablar de hoy?

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Su combate militar en el espacio y en el tiempo es largo ... o sea se hacen combates militares. R.J.: ...la tesis de la guerra prolongada ... J.B.: Nooo, la tesis de la guerra prolongada no dice eso ... je, je, je,... una guerra infinita más bien ... je je je je je ... que eso es diferente ... je je je je ... No, las características no sólo de las FARC sino de todo el movimiento guerrillero colombiano a partir de los años sesentas ha sido la de hacer combates espaciados en el tiempo, creyendo en el fondo que el problema fundamental de la guerrilla es político, no militar. Confundiendo los criterios políticos con los criterios militares. Todo el mundo está de acuerdo en que la guerra tiene que ser de masas, que la tiene que hacer el pueblo, y todo el mundo está de acuerdo en que el criterio fundamental de una guerrilla tiene que ser político pero en lo que no estamos de acuerdo es en que para derrotar al enemigo, el Ejército oligárquico, hay que tener un Ejército popular. Y este Ejército popular sólo se crea en el combate, sólo se crea en el accionar militar, no en los planes secos ... que yo voy a tener tantos guerrilleros en tantos años! No, no es el plan quinquenal. Es un plan que debe estar determinado por el desarrollo militar. Eso significa acciones militares, eso significa concentración de tropas, eso significa pelear todos los días y colocar al Ejército enemigo en una situación de quiebra absoluta. Ahí no funciona el relativismo y eso lo explican muy bien los expertos en cuestiones militares. Llega un momento en que la guerra… llega un momento no: tu capacidad militar tiene que llegar al punto en que se dé la gran batalla. Llega un punto en que se tiene que dar la gran batalla, que supone la destrucción de la otra fuerza. Ahí no hay posibilidades de retorno. Para lograr eso tú tienes que combatir todos los días, todos los días, para llevar la crisis a una situación de definición militar no política. Es que nosotros los guerrilleros colombianos también hemos creído que el problema de la guerra es un problema de territorio y no un problema de estructuras. Esto no es una crítica a nadie, no es para atacar a las FARC. Es una crítica a nosotros mismos. Es que hemos creído que para derrotar al enemigo tenemos que conquistar todo el territorio y ésta es una concepción falsa en cuestiones militares. Eso lo decimos ahora porque lo hemos experimentado. Estamos en lucha no por el territorio. Estamos en lucha contra una estructura que es el Ejército colombiano, que hay que destruir, no nos digamos mentiras. Hay que destruirlo porque la base de la opresión de la desigualdad, de todo el mierdero que hay en este país, se encuentra ahí. Ésa es la columna vertebral del sistema. Cuando esa columna se parta se cae todo. Se está cayendo en El Salvador como se cayó en Nicaragua, y como se cayó en Cuba. Ahí

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no hay medias nueves. Por eso esa estructura es cada vez más poderosa, más capacitada, más politizada. No es por otras razones. Entonces fíjate que el problema no son las FARC. El problema es que la violencia, la misma violencia nos marcó criterios falsos sobre la milicia. Criterios que se mantienen allí en el sub-fondo de cada campesino. El guerrillero colombiano prefiere cazar la venganza, prefiere matar, y ese no es el problema de la guerra. Eso lo ha dicho Ho Chi Minh, lo dice todo el mundo. El problema no es matar, el problema es derrotar al enemigo, quitarle su capacidad de combate. Y para derrotarla hay que darle golpes fulminantes, recuperarle armas, derrotarlo poco a poco en un proceso prolongado que no significa infinito. Significa que todos los días tienes que golpearlos, tienes que crear un nuevo hecho político. Hablo de política cuando hablo de milicia porque cada golpe militar es un golpe político. Porque cuando hablamos de política hablamos de la movilización de masas, hablamos del pueblo. Ésa es la política: la capacidad de movilizar a las masas. Cada golpe militar —exitoso— es un triunfo, y cada triunfo te eleva el nivel de conciencia de las masas, eleva la posibilidad de llegar al poder. De todos modos, volviendo al movimiento popular, lo importante es que en Colombia no ha podido surgir nunca una oposición orgánica al sistema hegemónico del Partido Liberal y del Conservador, excepto la guerrilla, la guerrilla. En todo este período, de 1957 a hoy, los únicos que se han mantenido con la voz en alto han sido los movimientos guerrilleros. Lo que pasa es que los movimientos guerrilleros no han tenido la capacidad para desarrollar esa inmensa simpatía que tienen en el país.. El pueblo sí apoya la guerrilla. Al pueblo lo que no le gusta es la derrota. Y el pueblo va a entrar a la guerrilla masivamente cuando vea que la guerrilla va a triunfar. Como lo que pasó con nosotros, con el M-19. Mientras el M-19 estuvo a la ofensiva, ofreciéndoles salidas a las situaciones concretas, el pueblo lo apoyaba, ¿cierto? Ahora cuando el M-19 está tranquilo, y no está accionando, la gente le retira el apoyo. No es por la pretendida posición radical, es por su falta de radicalidad que la gente le retira el apoyo. Eso marca la política colombiana en un período de treinta años. Por un lado el movimiento de masas no se moviliza, no se organiza, como en otros países. Es un país marcado por la violencia, por las frustraciones, por la hegemonía del bipartidismo. Es un país marcado por un poder de los militares tremendo. La democracia representativa tiene así su expresión más pura en Colombia, dentro de América Latina. Mucho más que en Venezuela o Ecuador. Tú puedes ver que en Venezuela el movimiento guerrillero se integró realmente a la lucha política legal. Fue hasta fácil.

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En el Ecuador no tuvieron ese problema, pero bueno se acabó la dictadura y las gentes se incorporaron sin mayor problema a la vida legal. En Colombia no se ha producido eso, pese a las intenciones del presidente de la República. Ningún movimiento guerrillero se ha entregado en Colombia. Entonces no es por radicalismo, no es por mala fe, no es porque los programas no coincidan con Belisario Betancur. Es porque el pueblo, de todos modos, no se volverá a equivocar... que es en lo que nosotros insistimos cuando hablamos de la amnistía: “No se equivoquen señores, no se equivoquen...” Ayer estábamos revisando la entrevista que hicimos con Consuelo Araujo Noguera donde decíamos estas palabras textuales: “�ue no se equivoquen que la amnistía no es la paz. �ue no se equivoquen, no van a transformar la amnistía en la bandera que engañó a los guerrilleros liberales en el año 1953. Esas fotografías de miles de guerrilleros entregando sus armas, eso no lo volverán a ver más nunca. Y eso no lo comprendió Betancur, ni Landazábal, ni la oligarquía colombiana. Y no tienen por qué comprenderlo, ellos también tienen sus razones, ¿cierto?

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CAPÍTULO III

LA TRAMPA DE LA AMNISTÍA “... Una apertura democrática implica medidas concretas: leyes, transformaciones... ¡eso no es hablar de apertura democrática y ya!” R.J.:¿Por qué el M-19 no aceptó el reto que le planteó Belisario Betancur al abrir relativamente el espacio legal, cuando justamente unos meses antes el M -19 pedía espacio legal para participar? ¿Por qué no lo utilizó cuando Betancur dijo que lo ofrecía? J.B.: Bueno, sencillamente, porque el Gobierno no lo hizo. Belisario Betancur no ha tomado ninguna medida que favorezca la legalización del movimiento guerrillero, para no hablar del M -19. Ninguna. La amnistía significa la salida de las cárceles de 400 personas y la legalización de 150 más. Éstas son 500 ó 1 000 personas, y en un país que tiene 28 millones de habitantes esto no es nada. Eso es lo que Belisario Betancur no ha entendido o no quiere entender... porque una apertura democrática implica medidas concretas: leyes, transformaciones. Eso no es hablar de apertura democrática y ya. ¿Dónde está el control al MAS? �ué posibilidades tenemos de hacer movilizaciones? Dónde está la legalización de la oposición? Al contrario, los dos partidos tradicionales están hablando de la transformación de la sociedad colombiana con base en el reforzamiento del bipartidismo... y nuevamente están diciendo que ésa es la gran salida ... A menos que haya una apertura democrática, el M-19 no puede salir a las calles. Las masas nos despreciarían. Nosotros hicimos un Comando Legal, salimos a las calles. Pero en la mecánica diaria de la actividad política los compañeros decían:” ¡Noo, eso es imposible, no podemos. Todo el día nos están persiguiendo, nos tienen vigilados, están recogiendo las direcciones de nuestros amigos...” O sea que estaban preparando las condiciones para darnos un golpe mucho más fuerte que los anteriores, y perjudicaríamos a montones de gentes que de buena fe quieren vincularse a un proyecto democrático, amplio, no-armado; ¿me entiende? Le estábamos dando herramientas a la inteligencia militar para que recogiera mayor y mejor información de la que tiene sobre nosotros. El M-19 está en guerra, en una guerra en la que se estaba favoreciendo al enemigo por-

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que estaba recogiendo más datos sobre nosotros que nosotros sobre ellos. ¿En qué nos estábamos favoreciendo nosotros? ... No podíamos abrir una casa en Bogotá, porque ¿quién le va a arrendar una casa al M-19? ¿�uién? (Aunque tuviéramos plata). Viene el Ejército y todo el mundo a decir: “Mira te van a volver mierda la casa titatita ...” Entonces lo que abrimos fueron ranchos que no tienen el valor que necesitamos como movimiento político. Nosotros tenemos cerrado el camino de la participación democrática. Nosotros, sí creíamos, como mucha gente, que era posible un espacio legal. Por eso creamos el Comando Político, para confrontar la teoría de Betancur con la realidad. Pero después de siete meses de experiencia la realidad nos demostró que nosotros estábamos perdiendo políticamente. A menos que haya una apertura democrática real, nosotros seguiremos en el monte. Cuando todo el mundo esté de acuerdo en cambiar las reglas del juego, cuando los militares dejen de ser la fuerza política fundamental... pero esto sí no lo quieren negociar, retirarle el poder a los militares. Por eso nosotros tampoco podíamos aceptar. La propuesta de ellos era: “legalícense todos; después, desmontamos nuestros aparatos represivos”. Nosotros les dijimos entonces: “Nooo. si la historia colombiana ya no puede dar más demostraciones. La violencia, la muerte de todos los guerrilleros que se entregaron...”. Es que para matarte no necesitan sino un tiro en la calle, una bomba… y estuvo. El riesgo personal es muy alto. A mí me han tenido cercado en el monte varias veces, pero es muy fácil zafar un cerco en el monte. Pero, cómo zafas tú uno en la ciudad: después que te localizan te jodiste! No tienes cómo escapar. Eso es una computadora, eso ya está super demostrado. Y las muertes que hay de dirigentes revolucionarios en América Latina ya son suficientes. Entonces, ¿cuál es la apertura? preguntamos nosotros Una imagen falsa de paz. Continúan los allanamientos; oiga las denuncias del Comité Permanente de Derechos Humanos: 67 muertos en enero y febrero por los grupos paramilitares; mataron al mejor dirigente nuestro en Girón (Santander); al ELN le mataron otro que se amnistió; a las FARC les mataron un comandante que se amnistió, en las calles de Bogotá. Cinco tiros, con su mujer; entonces, ¿quién se le va a medir a esto? No es un problema de la guerrilla, es la realidad del país que sigue empotrado en sus concepciones reaccionarias con un nuevo vestido: Belisario Betancur. Entonces fíjate que la guerrilla tiene razón. Ni se van a desmontar las estructuras represivas, ni hay tal apertura, ni hay seguridad para los dirigentes guerrilleros, s, ni hay garantías para el ejercicio de la oposición. No hay. Tenemos todas las razones para desconfiar de las verdaderas intenciones del Gobierno cuando habla de apertura democrática. Es que nadie nos ha podido explicar cuál es la apertura democrática. ¿Es acaso que la prensa hable de muchas cosas y haga denuncias? Entonces nosotros preguntamos, ¿por

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qué no se volvió a hablar de la guerrilla en la prensa? Por que hay un pacto que públicamente avaló cuando saludó el editorial de El Tiempo (de Hersan) donde decía que la autocensura era una vaina positiva. Y el mismo Belisario Betancur, el de la apertura democrática, está estimulando la auto-censura de la prensa.¿Cuando los únicos medios de comunicación que existen en Colombia son los de la oligarquía? ¿Cuáles medios populares hay? ¿La Voz Proletaria que circula treinta mil ejemplares? Nosotros le pedimos a Betancur que nos diera una emisora y él nos dijo: “¡Ustedes están locos!”. Pero fíjate que la gente prefiere que uno no aparezca. Al menos esa es la sensación que nosotros recogimos. Todos nuestros amigos nos dijeron, —incluso a nivel oficial— que no apareciéramos; porque el día que maten a un dirigente del M-19 la jodienda que se arma va a ser del putas. Lo que pasa es que Betancur se quedó en la mitad del camino. Él promocionó la amnistía e hizo que fuera realidad, y hasta ahí llegó. Él estaba hablando era de paz, no de amnistías. Son dos cosas diferentes. Sin embargo, en este camino hubo una trampa. La trampa de querer hacerle creer al país que la amnistía era la paz. Los partidos políticos la hicieron su bandera. La prensa también, e incluso sectores democráticos de la opinión colombiana. Se tragaron el cuento de que la amnistía iba a repercutir y que iba a ser la solución a todos los problemas de orden público en el país. Se dejaron engañar, incluso hubo quienes apoyaban un proceso más profundo y en el momento de la amnistía creyeron que ésta significaba la rendición de la guerrilla, aunque no hablaran en estos términos. Porque una cosa es hablar de rendición —según ellos— s— y otra cosa es hablar de entrega de armas, aunque llegó un momento en que nadie habló de entregar las armas. Nos dijeron: “Bueno quédense con las armas. Entiérrenlas...”. No, ese tampoco era el problema; las armas no son hierros para moler... La paz no era una bandera en la campaña de Betancur. La tenía mejor elaborada López, pero Betancur cuando llegó al Gobierno, sorpresivamente, lanzó su propuesta de paz. Nosotros la tomamos como positiva y le damos una respuesta. Inmediatamente además, porque eso se dio automáticamente. Cuando Betancur estaba pronunciando su discurso de posesión a mí me estaban haciendo una entrevista aquí en el Caquetá (Ligia Riveros de Cromos y un periodista de El Tiempo) y nosotros dijimos: “Estamos listos a conversar. Donde sea. Estamos pendientes”. Ésa fue nuestra respuesta, que ningún sector político colombiano la ha avalado como una política correcta... y es normal porque la oligarquía también tiene que defenderse, ¿no es cierto? ¿�ué pasó? Llegó el proceso de la amnistía, yo me reuní con un senador de la República, hablamos de todas esas cosas, de todo esto que estamos hablando. Yo le insistí mucho en el problema de las armas, en el problema de la paz, le dije: “Mire, grábese esto en la cabeza: la amnistía no es la paz y no

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pretenda engañarnos”. Eso está escrito, ahí no hay posibilidades de... y Bula se fue para el Congreso con su proyecto, que lo hicieron realidad. Cuando se aprobó la amnistía nosotros preparamos una respuesta, que la enviamos con Juan Guillermo Ríos. Yo decía en esa entrevista: “Nosotros no tenemos por qué acogernos a la amnistía porque la amnistía no se hizo para acogerse. Si no, nos están haciendo trampa”. Y se estuvo haciendo trampa. A la opinión pública se le quiso hacer creer que yo tenía que acogerme a la amnistía. Eso era una trampa. La amnistía no dice eso en ninguna parte. Pero no era una trampa a nosotros, era una trampa al pueblo. Ahora, Belisario Betancur, en uno de esos homenajes ampulosos que le hicieron en el Hotel Tequendama, ya nos reconoció que la amnistía no era la paz, que había que recorrer un camino más largo. Pero la prensa sigue diciendo que yo engañé a la opinión pública, la prensa, que es la opinión. Yo lo que estaba diciendo era una verdad cruda: “No se van a acabar treinta años de lucha armada en Colombia con una ley de amnistía”. Ésta es una trampa. Tenemos que seguir para adelante y Belisario en eso se quedó en la mitad. No porque él quisiera, sino porque los militares le dijeron: “Usted de esta raya no pasa” y que me diga Belisario lo contrario. Él no puede pasar de esa raya. ¿Y cuál es esa raya? El diálogo directo Gobierno-guerrilla, que tiene que darse y si no se da va a continuar la guerra, y va a continuar con criterios muy diferentes, con una dinámica muy diferente, con una perspectiva muy diferente. La guerrilla sigue pendiente de lo que vaya a hacer Belisario. Turbay creyó que con una amnistía pendeja nos iba a joder a todos nosotros, y por eso mismo se va a joder Belisario, si creyó que con una amnistía pendeja va a acabar con todos los problemas sociales del pueblo colombiano. El hecho de haberle otorgado a los militares 36 000 millones de pesos en presupuesto adicional es muy significativo; el hecho de haberse quedado callado ante el informe del Procurador; el de haberse quedado callado ante las ofensivas militares en el Sur; el haberse quedado callado frente a nuestra propuesta de diálogo —una propuesta positiva en ese momento—; y muchos hechos más ... Betancur por debajo estimuló la crítica a nuestra propuesta y ahora se hace el pendejo. El cree que nosotros no sabemos que fue estimulado por el presidente de la República. Cuando yo dije que no aceptaba la amnistía el tipo dijo: “Hay que darle en la mula. Ése fue el gran error de Bateman, hay que darle en la mula”. ¿Error? A mí me importa un carajo cometer un error táctico si eso contribuye a mi estrategia. Error que ellos dijeron que yo no había aceptado la amnistía? ¿Error? Yo me alejo en esos momentos de los sectores reformistas del país, pero ero me acerco a la inmensa mayoría de la población que le teme más a la humillación que a una derrota política temporal. �ue se olvide (Betancur), por la gente que está jodida en Colombia, que es mucha gente, no está pensando con la misma cabeza que estamos pensando nosotros

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dos aquí en este momento, en el juego político, en la amnistía, no, no. Esta gente está pensando en la comida de todos los días ... entonces cuando le llega Belisario Betancur con un cuentico huevón, la gente escoge entre el radicalismo y el reformismo, porque ... ¿cuál es el reformismo de Betancur? ¿�ué le ofrece Belisario a los campesinos colombianos? ¿�ué le ofrece a los obreros colombianos cuando les está aumentando los impuestos? R.J. ¿Y qué le ofrece el M-19 a los obreros y campesinos colombianos? J.B.: Lucha. No les podemos ofrecer nada más, nada, lucha para lograr el poder, y el poder para lograr la solución a los problemas fundamentales... Pa’ quitarle a los que tienen ... El pueblo sí sabe para qué quiere el poder el M-19. La gente sabe que nosotros vamos a armar un mierdero el hijueputa. Oiga, las masas populares no piensan con esos criterios. ¿�ué es lo que quiere el pueblo? El pueblo lo que quiere es ganar, ¿ganar qué? El pueblo no sabe de eso. Olvídate porque el pueblo no maneja esas categorías. El pueblo lo que quiere es que haya algo diferente a lo que tiene hoy, aunque eso sea peor. El pueblo no sabe diferenciar esas cosas, ¿me entiende? El pueblo entre el M19 y Belisario Betancur escogió a Betancur. ¿Por qué? Porque Betancur es algo más real, es algo inmediato; porque el tipo está allá, con el fierro en las manos, ¿cierto? Pero el pueblo ve al M-19 como su alternativa, porque hasta cuando apareció Betancur la alternativa éramos nosotros, el M-19. Eso está en las estadísticas. Yo no sé si éstas sean ciertas o no, pero hasta ese momento decían que el movimiento más popular en Colombia, era el M-19. Como alternativa, no cómo organización, claro. Belisario llega y toma el prestigio del M y ¿el M-19 dónde queda? ¿En el suelo? Noo, está ahí, pegado a Betancur hasta cuando nosotros le digamos que no. Como no le he dicho que no, estamos pegados a ese proyecto. Cuando Belisario se desprestigie, ¿quién va a quedar? Si somos consecuentes con la lucha y en el accionar, vamos a quedar nosotros. Y si somos consecuentes en la guerra, la única alternativa vamos a ser nosotros. Si somos consecuentes, estamos hablando de hipótesis, porque todavía tenemos que hacerlas realidad. Belisario se quedó casi en el comienzo frente a las situaciones concretas, frente a los campesinos, frente a todo. El único proyecto claro frente a todo el mundo —a los intelectuales, a los periodistas, a todo el mundo— es el programa del M-19, que es un programa real, revolucionario. No es el programa del Partido Comunista que empieza diciendo: “Aquí se construirá el Comunismo”. No. Es el programa frente al transporte, frente a los monopolios —que no es a acabarlos sino a controlarlos—... es un programa reformista. Pero frente a ese programa reformista la oligarquía no quiere saber nada porque sabe que es la solución —hoy — para los problemas del país. No mañana, hoy. Sin crear muchos mierderos, sin

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acabar con la propiedad privada. No, es un programa reformista, que favorece a la misma oligarquía. Lo que pasa es que no lo pueden aceptar porque el monopolio colombiano ya absorbió la economía. La economía nuestra no es ya la economía de la burguesía colombiana, es la economía del monopolio colombiano, que es diferente. Claro que estoy jodiendo a Marx y hasta al Putas, pero es una realidad. Hoy el monopolio de Colombia es manejado por cinco o seis grandes consorcios, que son los que manejan la industria y todo. Esto es lo que hay que destruir y darle un estímulo a esa burguesía liberal, a la libre competencia. Volver a los cauces de la libre competencia que es un sueño del M -19 y de Lleras Camargo. Creemos que es una solución. Volver a la época en que tú producías zapatos, y el otro tres, cuatro, cinco y así, la libre competencia. Betancur no le quitó banderas al M -19, nadie aquí le quita banderas a nadie. Él lo que hizo fue avanzar frente a las propuestas de paz que nosotros hacíamos. El 20 de Julio de 1981 nosotros propusimos para lograr la paz: primero, el levantamiento del estado de sitio y por consiguiente la derogación del Estatuto de Seguridad; segundo, amnistía general e incondicional; tercero, diálogo nacional. Estas eran las tres propuestas que hacía entonces el M-19. Turbay levanta el Estado de Sitio no Belisario. Y lo hace para no quedarse sin nada y de paso quitarle espacio a Belisario. Belisario avanza y da la amnistía que no es incondicional y no es amplia. En esto ha habido muchas malas interpretaciones. La prueba es que todavía hay más de 150 presos políticos en Colombia que no serán liberados porque la amnistía no era amplia ni incondicional. Se exigían ciertas condiciones. Fuera de eso le pusieron unos cuantos “micos” a la ley, como es el rearmamiento de la policía, las famosas acciones cívico-militares del Ejército… “micos”. Sin embargo es lo mejor que se ha visto en Colombia en amnistía. De ahí Belisario tenía que pasar a la tercera propuesta de la guerrilla que era el diálogo. Pero el tipo inventó un diálogo entre ellos y él creía que de eso se trataba. Creó la famosa multi-partidaria con el Partido Conservador, con el Partido Liberal, con el Partido Comunista y hasta con el M-19. Nosotros estuvimos en una reunión y después no nos dejaron volver a asistir. Obvio. ¿En qué quedó la multipartidaria? En nada. ¿Por qué? Porque las propuestas que hacía la multipartidaria estaban por encima de las posibilidades del mismo Betancur. Era su propia trampa. Por eso no se volvió a reunir. Sus conclusiones son desconocidas para todo el mundo. Con Belisario lo que ha habido en Colombia es un cambio de estilo en el manejo de la política. Nada de fondo. La amnistía era una medida que debía tomar para poder seguir adelante. La campaña electoral, todas, se hicieron sobre la bandera de la paz. Si no daba la amnistía, cualquier Gobierno estaba condenado a la derrota de antemano.

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La amnistía fue de todas maneras buena porque además le daba la razón a la guerrilla. Belisario fue sólo un elemento dinamizador. La diferencia con López es que éste habría llamado a la guerrilla a negociar, porque él sí sabe que lo que no se hace con la guerrilla no tiene ningún efecto político. Belisario lo que ha hecho es echarle la palangana a la Comisión de Paz sin que él se comprometa. La amnistía no fue negociada con la guerrilla. La amnistía fue acordada entre el Presidente y el Congreso. El Congreso sí habló con nosotros y nosotros dijimos claramente qué era lo que queríamos. Hubo conversaciones de un representante del Congreso con el movimiento guerrillero. Con el Gobierno no ha habido negociaciones, ellos nunca han querido negociar con la guerrilla. La amnistía es del Gobierno, impuesta al Congreso. Tú sabes que el Presidente tiene tantos mecanismos de control sobre el Congreso, que se vuelve realmente como un monarca. Nosotros no pensábamos que Belisario fuera a ganar las elecciones. Creíamos que el peso de la descomposición del país iba a poder más que el peso de la cultura política nacional. Pensábamos que el clientelismo iba a tener un peso más grande, aunque hacíamos el análisis de toda la descomposición del Gobierno de López y el de Turbay. Pensamos que la maquinaria iba a poder más que la política. Belisario tuvo a su favor el gran desgaste que nosotros le hicimos a López y Turbay. Cuando hablo de nosotros, hablo de todas las fuerzas revolucionarias y democráticas que hay en el país. Belisario recogió todo ese sentir de una capa de población. Tampoco es que haya recogido la inmensa mayoría como se ha dicho. Sacó la votación de López en 1974 más trescientos mil votos. Digamos que lo nuevo de Belisario se lo dio la Anapo y todas las fuerzas impulsadas por la descomposición del liberalismo y Belisario logró recoger eso. Porque Betancur no es un partido, es un movimiento que no está estructurado, que no tienen ninguna significación en la política colombiana. Es opinión más que todo. Yo creo que en el fondo era lo que quería una parte del pueblo colombiano. La gente que votó por López también pensaba que iba a hacer lo que Belisario está haciendo, que entre otras cosas no pasa los límites, ni siquiera se acerca a las soluciones que puede plantear el sistema. Lo que se le puede abonar a Belisario Betancur es que le ha dado una nueva imagen a la política colombiana, diferente a la de Turbay y López. Segundo, que le ha parado los guantes a Reagan, eso es lo más importante que ha hecho. Criticó a Reagan, apoyó el proyecto de paz negociada en El Salvador... en general la política exterior colombiana ha tenido un cambio sustancial. Y va a jugar un papel... yo creo que a la larga va a jugar un papel en contra del pueblo, porque cuando venga el triunfo, cuando la guerrilla salvadoreña se encuentre ante el inminente triunfo yo no creo que el Gobierno de Betancur vaya hasta allá a darle un apoyo al triunfo revolucionario en El Salvador.

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Pero de todos modos sí hay que señalar que ha habido un cambio de actitud, de autocrítica frente a las Malvinas, que ya es algo políticamente. Y en tercer lugar, otro punto positivo fue la amnistía. Aunque no sea la ideal fue un paso adelante.. El problema es que no quiso seguir adelante en la pacificación: el diálogo con la guerrilla.

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CAPÍTULO IV

EL DIÁLOGO “Un sancocho para ver cómo se arregla este país”. R.J.: ¿Entonces el planteamiento del M-19 se resume en que toman las armas para pelear, para llegar finalmente a una mesa de negociaciones? ¿Acaso las armas son para poder sentarse en una mesa para discutir con la oligarquía? J.B.: Estamos hablando de coyuntura, no estamos hablando de estrategia. El M-19 sigue pensando que la solución a la democracia colombiana son las armas, nosotros no hemos cambiado ese criterio... hasta que no nos demuestren lo contrario porque nosotros no tenemos la verdad absoluta, tú sabes que la verdad absoluta no existe. Pero si alguien en este país. Dios, o la Virgen Santísima, nos demuestran que sí es posible conquistar la democracia con otros criterios, nosotros le jalamos a eso. En la búsqueda del diálogo y la lucha armada no hay ninguna contradicción, la negociación es una consecuencia. La lucha revolucionaria no es una línea, da vuelticas, y a veces tú tienes que sentarte con el enemigo a discutir cómo están las cosas. Eso lo ha hecho todo el mundo. Desde Adán — con Eva —, hasta hoy, todo el mundo negocia y discute. En el caso sandinista por ejemplo, acuérdate que en Panamá llegó a negociarse la posibilidad de que los sandinistas compartieran con el Ejército somozista la dirección del Estado. Lo que pasa es que los somozistas eran una mierda. Es que el problema son los reaccionarios, no los revolucionarios. Nosotros siempre tenemos el deber de hacer propuestas de paz, propuestas concretas de solución, porque si no caemos en el esquema, en el subjetivismo, en el radicalismo. Nosotros hemos hecho cuatro propuestas de paz y eso no nos ha quitado entereza revolucionaria, ni ha afectado el proyecto estratégico. Al contrario, lo que ha demostrado es que en este país los únicos que tienen voluntad de pacificación somos los guerrilleros. Hasta hoy, eso lo hemos demostrado nosotros. Y lo hemos hecho sin necesidad de dejar las armas, sin renunciar a nuestros principios.

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Ahora, si el proyecto estratégico se encuentra con un río anchísimo y se puede cruzar en una forma que signifique menos sangría para el pueblo, nosotros preferimos atravesarlo de esta otra forma. Siempre hay que estar haciendo propuestas de soluciones, si no nos aislamos, por eso a nosotros nadie nos puede decir que estamos aislados. Lo dice la prensa burguesa porque le conviene... ¿Nosotros los radicales?... Nooo, nosotros ... hoy todo el mundo nos reconoce la verdad, que teníamos la verdad cuando le decíamos a Belisario Betancur “tiene que quitar ese ministro de defensa” con eso no se resuelve el problema de la revolución, pero se le está diciendo una verdad al enemigo: “Mire, ese tipo lo va a joder a usted”, claro que el que viene detrás de Landazábal es peor, bueno, entonces tocará echar a ese también ...; nosotros le dijimos: “Mire, el MAS es el Ejército”. Y hoy nos están dando la razón, mientras que Belisario sigue insistiendo que el MAS no es el Ejército. Y ahí está perdiendo Belisario Betancur. Nos está dando la razón en el mismo apoyo que le da al Ejército, porque las masas y el Procurador y todo el mundo sabe que el MAS es el Ejército. ¿�uién pierde entonces? Y ahí va a seguir. Eso lo inventó fue Kennedy, cuando dijo que para que los Ejércitos no se desgastaran en la tortura y todo eso, había que inventar aparatos alternos que le hicieran el trabajo sucio. Fue cuando surgió la Mano Blanca en Brasil, en Argentina, en Chile... Ahora el Ejército se ha dado cuenta que eso tiene un costo político. Pero para ellos es mejor que torture el MAS y no el Ejército. Además porque el MAS va arreglando de frente... Bueno, en caso de que el Gobierno, o el Ejército aceptaran sentarse a negociar con la guerrilla, nosotros lo que hemos planteado es negociaciones a varios niveles. Primero, la discusión de un programa político. A nivel económico, social, etc. ¿Cuáles son las condiciones para que un movimiento guerrillero se pueda legalizar en Colombia? Si no se dan las reformas necesarias para su incorporación, no tiene objeto. El problema, siempre lo hemos dicho, no es la guerrilla. La guerrilla no es más que un día de estos, amanezca cualquier jefe guerrillero y diga: “Si, está bien”. No, el problema son las masas. Nosotros estamos en esto por el pueblo no por nosotros. Eso es lo que queremos discutir, el problema de las masas: ¿Cómo se va a resolver el problema de la economía?; ¿Cuáles son las medidas concretas, —leyes, decretos— para intentar transformar las actuales estructuras atrasadas en que vivimos? Porque nosotros no pedimos soluciones ya... Nosotros hemos planteado veinte puntos. Básicamente el control a los monopolios, una actitud agresiva frente al sector financiero —mejor dicho, la nacionalización de la banca —; una política de salarios que favorezca a la clase obrera y al campesino, la protección de los pequeños y medianos industriales; una política agraria que implique la tierra a los campesinos, que redundaría en una reactivación de la economía en general, que mejoraría la canasta familiar ... bueno para pedir, eso sobra

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tiempo. Reformas políticas, eliminación del bipartidismo, libre participación política en igualdad de condiciones; control del Estado en la participación de los grandes capitales en las elecciones... aunque sea difícil, pero intentarlo; igualdad de condiciones en la radio y la televisión... y el voto, porque se sabe que aquí el voto no es el electrónico. El voto aquí es el que tenga más plata edita más votos... Nosotros con las negociaciones a través del diálogo lo que estamos buscando son las soluciones del país, no las soluciones de la guerrilla. Se sigue pensando que el problema de Colombia es la guerrilla y nosotros insistimos ¡que no! Los problemas de Colombia son los problemas económicos, sociales, políticos ... Los problemas del pueblo, no de la guerrilla... y Belisario nos acompaña en esto. Nuestro deber es plantear soluciones, allá el enemigo si las acepta o las desecha. Hasta hoy las ha desechado. No hay ninguna posibilidad de discusión. Tú ves en los discursos de Belisario que él habla mucho del pueblo, de las transformaciones. Nosotros creemos que ese es ya un discurso que se agotó. Ahora hay que entrar en el plan de las concreciones. Hasta ahora no ha habido ni un solo decreto que favorezca al pueblo; lo de los arrendamientos está enredadísimo todavía... económicamente lo único que ha hecho es salvar la crisis del sector financiero —eso no favorece en nada al pueblo—; ha fortalecido al Ejército, 36 000 millones, que BB lo presenta como una gran solución a la delincuencia y a todos esos problemas de seguridad contradiciéndose en todo lo que había dicho en anteriores discursos. Porque con esos millones habría podido hacer obras y ayudas sociales a muchos sectores. El secuestro no se va a acabar con esto. Mientras mayor represión haya, mientras más armas, más helicópteros tenga el Ejército, mayor será la delincuencia en el país porque menor será la participación del pueblo en los ingresos. Ahora se nos vino con el cuento de que hay que amarrarse el cinturón, que hay que esperar mejores épocas, y se les pide a los obreros que sus pliegos de peticiones no rebasen el límite de la inflación. La clase Obrera hace un análisis que nosotros consideramos correcto: De ocho millones de obreros que hay en el país, sólo dos millones tienen posibilidad de discutir pliegos. El resto, dos millones son desempleados; tres son sub-empleados, y los demás son trabajadores que no están sindicalizados, que no tienen sindicato. En Colombia sólo el 17% ó el 18% de los trabajadores están sindicalizados. O sea que por ese lado no hay posibilidades tampoco de un arreglo con la clase obrera. ¿�ué es lo que piden los obreros? Un alza de salarios que esté por encima de la inflación y la devaluación, que sea aceptable. ¿El salario mínimo? Figúrate, la canasta familiar es tres veces mayor.

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El pueblo está igual que nosotros, a la expectativa, esperando el cambio. Porque la gente sí quiere ese cambio y por vías pacíficas. Eso sí es obvio. ¿�uién no va a querer vivir mejor? Porque se trata es de tener condiciones de vida mínima,, aceptables. Vivienda, por ejemplo. Yo creo que los norteamericanos no se pueden imaginar siquiera cuál es la vivienda a la que aspira un trabajador colombiano... para Colombia una vivienda popular es una pieza, una cocina y una salita. Ya. Eso es. No vivir sobre el barro, sobre la mierda, en la intemperie. Con que tenga un sumidero donde meterse eso ya es suficiente, a eso aspira, a una vivienda con un grado mínimo de salubridad. Se dicen tantas cosas. Ha comenzado un manejo de las finanzas públicas increíble. Es un mierdero lo que hay allí. Y en el fondo se comienza a ver la demagogia, el engaño, porque como no hay soluciones reales se trata de mantener las expectativas de las masas... Si tú vas a Bogotá verás las inmensas colas para recoger los formularios de vivienda. Porque Belisario ha creado una expectativa para la vivienda popular... R.J.: Y ante esta demagogia, ¿cómo va a responder el M-19 que hasta ahora había estado en tregua? J.B.: Nosotros no hablamos de tregua porque tenemos que defendernos. El Ejército no ha parado sus operaciones militares. No podemos entrar en tregua porque sencillamente nos joden. Nosotros estamos a la expectativa. O sea nada de operaciones ofensivas, estamos es defendiéndonos. Es un poco la política que tienen las FARC. Lo que pasa es que la expectativa se está agotando, y nosotros tenemos que empezar a movilizar al pueblo, a las masas, para exigirle al Gobierno de Betancur. En huelgas, manifestaciones, paros cívicos. Es la única herramienta que les queda a las masas: la lucha. Nosotros estamos preparando las condiciones para reiniciar la actividad militar con base en nuevos criterios, a cambiar toda una mentalidad que le va a causar a Belisario el mayor problema: o es consecuente con todo lo que ha dicho y se enfrenta a los sectores militaristas del país, y comienza a hacer las reformas que necesita Colombia, o se pliega a los militares. Eso es lo que pensamos porque ya llevamos más de siete meses de expectativa y hasta ahora lo que vemos es engaño, demagogia, grandes expectativas, pero hasta ahora nada en concreto, absolutamente nada. Ni para el pueblo ni para la guerrilla ni para nadie. Ni para la oposición tampoco. No vemos ninguna garantía. Lo que pasa es que a nivel popular no va a ser fácil. O sea la expectativa para unos dura cinco años, para otros diez, y así; a otros de entrada no les sirve. Entonces no va a ser fácil explicarle al pueblo. Hay que decir que la gente que está a la expectativa es la oposición, lo que dificulta todavía más el problema. No es la gente que ha sido Gobierno. La gente que está a la expectativa es la gente que nos apoya a nosotros. �ue cree, que pensaba igual que nosotros

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que era posible un cambio por lo menos del sistema político actual. Nosotros creemos que se van a producir enfrentamientos, huelgas, todo eso, porque la situación es muy berraca. Si una huelga de médicos desprestigió a López Michelsen, a Belisario Betancur lo van a desprestigiar cinco huelgas obreras. Y si éstas no se producen por la represión o cualquier otro factor, será la lucha armada la que aclarará el panorama político. Aún a costa de que la guerrilla pierda cierto prestigio, porque mucha gente no va a entender la razón por la cual empezaremos a hacer acciones militares. El problema es que el prestigio de la guerrilla es demasiado grande. En cualquier momento, la guerrilla reinicia sus actividades militares. Nosotros nos hemos fortalecido. Han reingresado un gran número de cuadros que estaban en las cárceles, obviamente la mayoría —no todos— se van a vincular a la lucha armada, porque es gente perseguida aunque esté amnistiada, que nunca va a poder hacer labor clandestina. Fechas si no podemos dar... A partir del momento en que el señor Landazábal le dirige una carta amenazante al movimiento popular se nos acabaron las expectativas. A partir de la respuesta de Belisario a esa carta nos dimos cuenta que el camino es en lo fundamental el de Turbay Ayala. Su respuesta fue tonta, él cree que con el silencio... No, necesitaba dar una respuesta fuerte: ¿quién manda en este país? Esa respuesta no se dio por el mito del golpe de Estado. Éste es el caballo de batalla de los militares. En caso de que no haya otra salida, ésta es; en caso de que las cosas lleguen aun punto de enfrentamiento. Pero no creo que lleguen a ese punto, no hay condiciones para un golpe de Estado y es porque los militares no quieran sino porque no tienen razón para hacerlo. No se necesita. Lo que pasa es que el poder de los militares ha venido “increscendo”. En primer lugar la oligarquía colombiana sabe, y ha creado unos mecanismos hasta de parentesco tremendos con el Ejército. La familia Camacho Leyva juega una tradición; la familia de Landazábal tiene a Lema Henao para el recambio. Y si miras para atrás allí están los sobrinos y los hijos entronizados, íntimamente ligados a la oligarquía. Es una clase social que incluye no sólo a la burguesía tradicional, a los latifundios, etc., que incluye también a la clase que vive del Estado. El Estado colombiano es una institución fuerte. Es tan poderosa como cualquier institución financiera. El que vive del Estado tiene un poder gigantesco. El Contralor anterior es el mejor caso. Tiene más plata que muchos financistas e industriales. Hasta para elegir a sus hijos al Congreso usó al Estado. Y se van incorporando ellos a la ideología militar, que es la del imperialismo, la ideología de la seguridad nacional, todo eso. La lucha contrainsurgente es una teoría que se dan a los ejecutivos a partir del invento que éstos tenían que pasar por el Ejército... la importancia para su seguridad; el papel de los militares en la industria... hasta que los tipos son conscientes de

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que los militares son los mismos. Hasta el Cardenal Monseñor Vega Duque es general de la República. Es el único país de América Latina que tiene cardenal-militar. Y el Papa no dice una palabra de esto. Turbay Ayala es coronel; es el único país donde todos los gerentes de empresas son tenientes y capitanes del Ejército, de reserva. Y hacen entrenamientos sábados y domingos. Entonces fíjate que hay una compenetración lenta pero segura. Ideológica también. En los clubes militares están los civiles, y en los clubes civiles siempre encuentras a un militar. Los planes de acción cívico-militar son elaborados en conjunto. El sector militar también es consciente de su participación en la vida civil... incluso psicólogos, antropólogos y todo eso que nada tiene que ver con la ideología burguesa, van allí como ovejas a laborar los planes de los militares. La última ofensiva del Ejército, la del Caquetá, fue planeada en siete días. Y cobijó 17 mil soldados y participaron todas las instituciones del Estado. Incora, Caja Agraria,... de todo. Cada uno con sus cuotas. Por eso llegó un momento en que nosotros tuvimos que decirle a la gente: “Todo lo que suene a oficial aquí hay que darle candela”. Son unos hijueputas porque nos están jodiendo. Claro, porque apenas llegaba el Incora a la casa de un campesino, detrás venía el B2 que estaba haciendo investigación militar. Entonces nada. Nadie puede ir a nada. Al Gobierno le tocó suspender eso porque se dio cuenta que le íbamos a dar en la mula. No, no es mala fe de los empleados. Es una realidad. El Idema es otra agencia de inteligencia. Ellos saben dónde se produce y cuánto. Dónde hay que fortalecer... es un problema militar y también político. Las juntas de acción comunal se las disputa la guerrilla y el enemigo, porque ambos las necesitan... Así como el Manifiesto Comunista fue un fantasma que recorrió el mundo, el Golpe de Estado es un fantasma que recorre a Colombia desde el año 57. Todos los políticos, politólogos, oportunistas, demagogos, le tienen más miedo al golpe militar que a seguir viviendo con este estilo de Gobierno. La oligarquía, los Ospina, Lleras, Galán, los Gómez, le tienen pavor al golpe militar. Pero no por lo que puedan hacer los militares en el poder, olvídate, por lo que pueda hacer el pueblo después del golpe militar. A eso es que le tienen miedo. Porque esto no es Uruguay, no es Argentina. A ellos les importa un culo decirle a los militares mañana “den un golpe”. Es a sombrerazo... A lo que le tienen miedo es a las consecuencias para la política colombiana, porque de ahí para adelante la única alternativa que le queda a la gente en el país es la lucha guerrillera, que ya tiene un peso político mayor, una fuerza militar mayor. Sería la alternativa. Y todos los políticos periféricos tienen que unirse a la guerrilla. La oposición toda. Yo creo que todo el mundo está en contra de un golpe militar. Incluso nosotros. Nadie quiere que los militares asuman el poder. Un golpe militar sería la

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continuación del proyecto de la oligarquía a fondo. Se reprimiría a fondo, etc. Por eso las posibilidades de un golpe en Colombia son tan remotas, porque la oposición real en Colombia son las guerrillas, no te olvides de ese factor. La oposición legal sería liquidada en segundos, porque además se asilaría en seguida... ni siquiera tendrían que liquidarla. Pero al movimiento guerrillero cómo lo liquidan si todo este período ha sido de guerra, ¿dónde se ha metido fuerza militar brava? El Ejército se metió aquí al Caquetá, a matar y liquidó lo que pudo. Pero a la guerrilla no la liquidó. Estamos hablando de estrategias. Un golpe militar en Colombia se da únicamente con el objetivo de liquidar el movimiento guerrillero, y este es un factor imposible de lograr... o sea que el golpe no resuelve el problema guerrillero, al contrario, le daría a la guerrilla lo que le falta.

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CAPÍTULO V

¿POR QUÉ TIENE QUE SER LEGAL? “Nosotros no creemos que el monte sea una estrategia de movilización de masas. Lo que creemos es que no podemos vivir en función de que ese movimiento tenga que ser legal. ¿Por qué no puede ser clandestino? Si no hay condiciones para hacerlo en la legalidad, tenemos que hacerlo desde la clandestinidad”. R.J.: ¿Cómo va a desarrollar el M-19 un movimiento de masas, desde el monte, desde el Caquetá? J.B.: No, desde la clandestinidad, que no es lo mismo. Nosotros no creemos que el monte sea una estrategia de movilización de masas. Lo que creemos es que no podemos vivir en función de que ese movimiento tenga que ser legal. ¿Por qué tiene que ser legal? ¿Por qué no puede ser clandestino? ¿Por qué no puede ir desarrollando así? Si no hay condiciones para hacerlo en la legalidad, tenemos que hacerlo desde la clandestinidad. Será más reducido, pero siempre y cuando la fuerza militar nuestra ejecute las operaciones como hay que hacerlas... Fíjate que en el año 81-82 no hicimos operaciones de masas, sin embargo teníamos más prestigio que todos los partidos de oposición juntos, gracias a las operaciones militares. Eso lo que hay es que profundizarlo, ampliarlo y convertirlo en alma y corazón del pueblo, de todo el mundo. Eso es lo que hay que hacer. Se hizo el experimento aquí en el Caquetá, ras ras ras, y se demostró que era efectivo para todo el país, estando en una selva en la puta mierda... ¡cómo será cuando se haga en las zonas más cercanas a los centros de producción¡ ¿Cómo será cuando se masifique? Nosotros ya hicimos el experimento, descubrimos, allí en el laboratorio, que eso era una bomba atómica. Ahora, lo que hay es que hacerlo en todo el país. El M-19 nunca dejó de ser clandestino. Toda la gente que nosotros tenemos hoy a nivel urbano es totalmente desconocida por el Ejército. Gente nueva, diferente, los conocidos ya saben cuál es su suerte: el movimiento guerrillero, fortalecer nuestra concepción en el monte. Convertir eso en carne y alma del pueblo. Por eso decimos que nos hemos fortalecido. Porque ahora tenemos más cuadros que antes, y somos optimistas de lo que vamos a hacer,

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y vamos a demostrar que esa trampa del movimiento de masas nosotros no los vamos a pisar. Porque es una trampa. Está demostrado que el movimiento de masas a secas no conduce a ningún sitio. No tiene ningún valor. Eso es lo que ha hecho el Partido Comunista durante 53 años. Nosotros no creemos que las movilizaciones de masas sean necesarias para hacer la revolución. Primero. Segundo, no creemos que necesariamente se necesite un movimiento legal para hacer política. Tercero, no creemos que la conciencia de las masas sólo se desarrolle a través de un movimiento legal. Cuarto, creemos en la movilización de las masas para el logro de sus reivindicaciones económicas, siempre y cuando estén ligadas a un movimiento estratégico. Sólo así entendemos un movimiento de masas. Ahora, la lucha política se da inmersa dentro de un proyecto estratégico militar. Yo no niego la lucha política, la coloco en un plano real. Las movilizaciones de masas no son para engañar a nadie. No son para mostrar fuerzas. Tienen que conducir a un objetivo que le sirva a una estrategia. Nada sacamos nosotros con llevar a las masas a movilizaciones, a enfrentamientos con el enemigo, si esa movilización no está ligada al proyecto estratégico. Este es el planteamiento. �ue cuando la gente se muera en la calle en una manifestación sea por algo. Y la gente diga: “Se murió mi hermano, pero eso va a contribuir a lo grande”. Igual a como está pasando en El Salvador. Pero es muy jodido morir en la calle por nada. Allí es donde nosotros queremos llevar la lucha, a que la gente sienta que su lucha en la ciudad, en los campos, en donde sea, —aún el pintor más huevón de este país — que sienta que lo que está dibujando está contribuyendo a lo estratégico. El poeta, el escritor, el intelectual, todo el mundo. ¿Viste la agenda? Eso es lo que queremos nosotros. Ése también fue un combate. Allí se demostró qué puede hacer en Colombia un libro, que es letra muerta... pero fíjate que no es letra muerta... es letra viva y van los militares a buscarlo. Y es una acción político-militar. Así lo consideramos nosotros. Eso genera conciencia, eso ayuda. Pero todo lo anterior inmerso dentro de una estrategia muy clara, jueputa. Todo eso es para la lucha armada que es la que al fin de cuentas va a resolver los problemas. Si San Putas mañana se arrodilla y crea una religión que lucha por la joda social de Colombia, de la gente, nosotros apoyamos eso. ¿Cómo no vamos a apoyarlo? Y si llega el Papa mañana a Colombia, también lo apoyamos ... siempre y cuando no venga a decir que todo el mundo está feliz aquí... ¡eso ya es otra jodienda! O lo que hace Galán, un tipo que sacó tantos votos y hoy está arrinconado en el Congreso. Está perdiendo porque no va a las masas, ¡Galán! ... él, que es parte del sistema, que no está de acuerdo con la lucha armada. ¿Por qué no hace manifestaciones? Porque sabe que cualquier movilización puede llevarlo

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a un enfrentamiento con el Ejército y ya todo el mundo sabe lo que va a pasar. Si el M-19 fuera a manifestaciones tendría que hacerlo armado y habría cien muertos. Esa no puede ser la estrategia de un movimiento político. Tú puedes ir a una manifestación armado, a dos, a tres, pero llega un momento en que el enemigo dice: “No, no joden más”. En El Salvador se pudo hacer en coyunturas muy concretas. En Colombia ni desarmada puede salir la gente. Nosotros preferimos hacerlo al revés. Nunca se ha hecho así. Siempre se ha dicho pero nunca se ha hecho. Le hemos dedicado más a la instancia política que al monte. Los mejores cuadros nuestros siempre han estado en las ciudades, pero ahora tenemos que meterle más capacidad al monte, ¡concentrarnos! ¡Siempre creyendo en la espontaneidad de las masas! ¡En las soluciones urbanas! Ése es el error que siempre se ha cometido en Colombia, siempre pensando en el camino más fácil y la guerrilla rural se ha dejado como la cosa esa mecánica, estratégica. No se le ha dado la mecánica que debe tener la guerrilla. Por eso yo siempre te traigo a cuento la experiencia: ¿Cuándo en Colombia se ha vivido un período cómo el del año 81? Nunca, ni siquiera cuando Marquetalia... ¿Por qué? Porque se demostró verdaderamente lo que significa un movimiento guerrillero en acción, dando pauta y movilizando, dando soluciones y movilizando a las masas a nivel clandestino en acciones políticas. Huelgas, manifestaciones y jodiendas. Se han hecho. Y fíjate, ahora que las quisimos hacer a nivel legal nos han dado por el culo. En el Valle nos cogieron 27 presos, acusados de porte ilegal de armas y de todo. Hemos paralizado 27 cuadros, o sea que no podemos confiar. Seguimos pensando que lo primero que hay que hacer es cambiarle la mentalidad a la guerrilla. Mientras esa mentalidad no cambie, olvídate que van a pasar 40 años más y no va a pasar nada... Es la mentalidad ofensiva a nivel militar. Es concentrar fuerzas para que pueda ser ofensiva. Es darle golpes cotidianos al Ejército. Es recuperar armas como método fundamental de desarrollo. Es ir incorporando al pueblo a partir del desarrollo, no a partir de la política... porque nosotros, el M-19, también hicimos eso: Teníamos 800 guerrilleros, pero no eran 800 guerrilleros: 400 estaban desarmados. A ver, ¿qué guerrillero es eso? Eso es una estupidez. Eso es bueno para la política —decir que tenemos 800 guerrilleros—, pero no son 800, son 400 personas que tenemos aquí comiendo, desayunando y almorzando, sin ninguna posibilidad de combate. Sin ninguna. Al contrario, castrándole la posibilidad militar a los otros, porque el resto —los otros 400— tienen que estar “cuidándolos”. Nosotros decimos: “No es hombre/arma”. Si no hay hombre/arma no hay guerrilla. Y para que esto suceda tenemos que recuperar más armas para que se vaya incorporando nueva gente. Y éste sí es un proceso diferente al otro.

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Sí, las FARC tienen 19 frentes guerrilleros, pero ve a ver cuánta gente está armada por frente. Casi siempre el 30% de la gente está desarmada. Por eso es inútil una guerrilla así. Es un peso, una carga. Ése es el criterio que hay que cambiar, no es el criterio de tener guerrillas por todas partes. No se trata de eso. Se trata de darle batalla al enemigo donde le podemos ganar al enemigo. Donde se pueda desarrollar ese proceso. En el Caquetá es donde mejor experiencia tenemos, donde más respaldo tenemos, todo eso. Aquí nunca nos podría cercar el Ejército, además estamos todos los días cercados, desde que comenzamos nos tienen así. Y eso es lo que queremos. Hacer que nos cerquen y que se metan, para quitarles las armas. Nosotros no necesitamos correr y escondernos, lo que necesitamos es que el Ejército se nos meta! Ahora, lógicamente hay que tomar medidas de seguridad. Pero hoy el miedo no es al cerco del Ejército, es al auto-cerco que se crea la guerrilla sin que el enemigo la esté combatiendo. Esto sí es peligroso porque la guerrilla dura meses, meses, sin combatir. Figúrate tú, ¿qué hacen cien hombres, seis meses, en una selva, sin combatir? Es una locura. Tú, aquí, en el monte, te puedes dar cuenta... ¿qué hacen los tipos 24 horas al día? No pueden hacer nada, nada. Tienen que estar en el campamento mirándose unos a otros, limpiando los fusiles y comiendo, ¿y la moral? Mire, ¡pa’l suelo! ... bajando todos los ríos... Esto le ha pasado a todos los movimientos, al M, a las FARC, al ELN, a todos. Y comienza la gente a desertar, porque los muchachos que ingresan a la guerrilla lo hacen es porque quieren pelear, no quieren estar en un campamento comiendo mierda... y entonces comienzan a desertar... y empiezan las cosas. Nosotros no tenemos esa política pero otras organizaciones sí tienen la política de que el que se vuele lo matan. Pero, ¿por qué lo van a matar si ese tipo estaba más aburrido que el San Putas? Nosotros (los guerrilleros) hemos sido en Colombia más politicistas que cualquier otra cosa, aunque siempre se nos ha acusado de ser militaristas. Estamos soñando una revolución perfecta. �ue no hay que golpear aquí porque eso políticamente nos afecta. �ue tampoco allí porque... No, al enemigo hay que golpearlo donde realmente lo afecte. Donde sea. Estamos pensando más en la insurrección que en la guerra. En general, estamos pensando en el proceso político. Cuando hablamos de insurrección estamos hablando de procesos políticos donde las masas se levantan y destrozan el Estado, como en la Unión Soviética. Y de un día para otro se arman y forman un Ejército. Es la insurrección perfecta. Esa insurrección de octubre nos ha hecho a nosotros más daño que el imperialismo norteamericano con todas sus estrategias. Siempre pensando en Lenin y en lo que hizo... las tesis de abril, porque eso es lo que nos ha marcado nuestro esquema.

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En Colombia todas las insurrecciones han fracasado. El problema es que aunque haya vanguardia también las derrotan porque el enemigo ha ido aprendiendo más que la guerrilla sobre el control de las insurrecciones. Ya las barricadas, —lo analizaba Engels hace más de un siglo—, no tienen nada que hacer frente a los cañones de 120 mm., eso no lo digo yo. Ahora, en Nicaragua hubo barricadas, pero hubo un Ejército revolucionario que garantizaba el cumplimiento de la estrategia. Por eso te digo, no es qué nosotros estemos en general contra el criterio de la insurrección. Lo que no queremos es armar el criterio estratégico alrededor de que el poder lo vamos a lograr a través de la insurrección. No. Prioridad Uno: Ejército Popular. Prioridad Uno. Yo no creo que en Colombia nadie esté preparado para una insurrección. Es un país de 28 millones de habitantes. No son dos millones como en Nicaragua. Son por lo menos seis ciudades con más de medio millón de habitantes. Yo no creo que existan las condiciones para eso. Sería una enseñanza más como lo fue en Rusia, en París... en El Salvador. O sea más fuerzas organizadas que las que hubo en El Salvador no se puede uno imaginar. Unas cien mil personas organizadas llegaron a tener, en un país de 8 millones de habitantes. Los bolcheviques, ni soñaron con esa suma con 200 millones de habitantes. Hermano, es que el enemigo también aprende. Ahora las calles están controladas por computadoras, no es lo mismo que la policía de 1917. Si en un momento determinado surge una insurrección nosotros tenemos que estar al frente de las masas, tenemos que correr todos los riesgos necesarios. Pero no nos engañemos ni engañemos a las masas. A las masas hay que decirles que se organicen a través de la lucha armada, de la insurrección popular y de lo que sea... en un Ejército popular que logre derrotar al enemigo. Porque de esas jodiendas insurreccionales surge también el criterio del Golpe de Estado que hizo carrera por ejemplo en Venezuela. Como no fue posible la insurrección ni la lucha armada, entonces el único camino era el golpe revolucionario, ganándose a algunos militares. Esto es más peligroso que el criterio de la insurrección. En mi criterio el proceso insurreccional clásico no se va a dar en Colombia, a menos que haya un Ejército popular que garantice el triunfo. Ahí sí. Pon atención, ahí sí se pueden dar insurrecciones como en Nicaragua... de acuerdo, eso sí no se puede caer en esquemas. En Nicaragua se dieron insurrecciones porque estaba asegurada la estrategia. Fíjate que en Managua la insurrección fue derrotada, ¿pero para dónde se fue? Para donde estaba la guerrilla. ¡Por eso no fracasó, si no, hubiera sido una derrota gigantesca!... ¡del Coño de su madre! en Colombia todas las insurrecciones han fracasado...

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CAPÍTULO VI

TARDE O TEMPRANO TENEMOS QUE UNIRNOS “Lo que hay que preguntarse es por qué la guerrilla colombiana lleva treinta años”. “El movimiento guerrillero, tarde o temprano tiene que unirse. ¡La unidad será producto de la acción si ha habido acción! Hoy las posibilidades de unión son reales, especialmente con las FARC, pero no solo con ellos”. R.J. ¿Es en este sentido el M-19 una innovación? J.B.: Ojalá. Aunque de todos modos sobre nosotros también cae el peso de la historia, el peso de los errores. Nosotros hemos cometido errores, los que ya señalamos hace un rato... no estar claros en que lo importante es crear un Ejército; combatir al enemigo; recuperarle armas; no estar claros en que las acciones militares generan política... Estos son nuestros errores fundamentales... no estar claros en que se necesita modernizar la guerrilla, en sus medios, con nuevos elementos... Sabemos que mientras no superemos esos errores el M-19 igualmente va a ser una guerrilla más en Colombia. No nos hacemos ilusiones. Uno no se explica que en Colombia haya solamente cinco movimientos guerrilleros... debería haber veinte por lo menos. La dispersión, la lucha ideológica, los fracasos, los errores, el sectarismo, el dogmatismo y todos los ‘ismos’... es para que existieran veinte movimientos guerrilleros. Ha sido una lucha ciega, estúpida, cuando se está luchando por las mismas cuestiones estratégicas a la hora de la verdad. Eso es incomprensible en toda América Latina. Incomprensible, pero es inevitable. Yo lo que creo es que no hay que asustarse de que existan cinco movimientos guerrilleros, ¿cierto? Hay que buscar los puntos de apoyo. Las coincidencias. Eso lo dijo Camilo Torres en el año 1965. El dijo “Busquemos lo que nos une y desechemos lo que nos separa”. Nosotros, los colombianos todavía estamos muy atrasados en eso; aunque yo creo que han cambiado mucho las condiciones. Hay posibilidades de unión. Son remotas, pero, hay. Siempre y cuando la guerra revolucionaria adquiera una dimensión más profunda, más a largo plazo,., porque si segui-

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mos en la misma jodienda de combatir cuando se pueda, se van a profundizar las diferencias. R.J.: ¿Cuáles serían los puntos sobre los cuales se podría dar la unidad con las FARC, por ejemplo? J.B.: Bueno, en el 76 en una carta se lo explicamos a las FARC. O sea, hace siete años (o 77, no me acuerdo...). En una carta que les enviamos les decíamos: “Nosotros estamos de acuerdo con una revolución democrática, popular, que resuelva los problemas fundamentales del pueblo colombiano, estamos de acuerdo en la lucha contra los monopolios, estamos de acuerdo en la lucha contra los grandes financistas de este país, con una política nacionalista, de economía estatal —pluripartidista y toda esa jodienda—; estarnos de acuerdo con la unidad sindical, con que haya una sola central obrera; estamos de acuerdo en la solidaridad con Cuba, con Grenada y hasta el San Putas ... estamos de acuerdo con Nicaragua, El Salvador y todo el mundo... Entonces, ¿qué es lo que nos separa? Nos separan algunas cosas, pero no son estratégicas ni son fundamentales. El apoyo a la Unión Soviética, puede ser una. El apoyo a los países socialistas, puede ser otra. �ue son cuestiones formales, pero fíjate que detrás de sí hay toda una política... Y ya en el terreno concreto nos pueden desunir tácticas militares, tácticas políticas. Entonces nosotros lo que decimos es: “Estamos de acuerdo en la creación de un Ejército popular? Ellos están de acuerdo —además las FARC se llaman así, FARC-EP (Ejército Popular)—entonces estamos de acuerdo con el criterio de hacer un Ejército popular. No hay problemas hasta allí. Ahora vamos al fondo, ¿qué es eso? ¿Cómo se consigue? Seguro que ahí sí vamos a tener problemas. Claro, nosotros les respetamos el camino, pero que nos respeten el nuestro... Hombre, la alianza con las FARC se podría dar en términos estratégicos y tácticos. Estratégicos, porque todos queremos hacer una revolución nacionalista, democrática y popular, todos. Hay matices: unos quieren que sea socialista, otros que sea pluralista... pero son matices. Estratégicos porque todos queremos que el pueblo sea el actor principal en ese proceso. Estratégico porque todos sabemos que hay que destruir esa columna vertebral que se llama Ejército colombiano. Táctico, porque creemos que es posible presentarle al Gobierno una propuesta única del movimiento guerrillero: “Cese al fuego, tregua y diálogo directo”. En esto estamos de acuerdo FARC y M-19. Lo fundamental es el cese al fuego, que implica un reconocimiento del Gobierno. O sea que el comandante general del Ejército que se llama Belisario Betancur diga: “El Ejército no vuelve a hacer operaciones ofensivas contra la guerrilla”. Y la guerrilla

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hace un compromiso público de que no vuelve a hacer ofensivas contra el Ejército. Mira, después de lo de la toma de la Embajada de la República Dominicana en 1980, el M-19 adquiere un reconocimiento como movimiento. Porque ésta era ya una larga discusión: ¿Por qué en Colombia no surgen movimientos políticos? Nosotros sostenemos que ese movimiento político, democrático y nacionalista popular y revolucionario existe y es el movimiento guerrillero. Y no lo reducimos al M-19. No es Galán, es en general el movimiento guerrillero, en todas sus manifestaciones, con todos sus errores, con todas sus jodiendas. El movimiento guerrillero tarde o temprano tiene que unirse. Es un problema de tiempo. La estupidez tiene un límite. La inconsecuencia y todas estas cosas tienen un límite. La dinámica, si somos capaces de crear esa dinámica, demostrará que sólo la unidad guerrillera y revolucionaria es el camino. Un movimiento ideal, legal, electoral, es imposible en Colombia. Desde hace cien años se está planteando la unidad guerrillera. Pero idílicamente, no en lo concreto. La unidad no se dará en discusiones entre los comandantes de las FARC, el ELN, EPL y M-19. La unidad será producto de la acción. Si ha habido acción! Y por eso hoy se dan ciertas condiciones para que esa unidad sea realidad, por lo menos con algunos grupos. Yo creo que con las FARC fundamentalmente. Con las FARC hay coincidencias a partir de los resultados: la amnistía ... que es el resultado de las acciones militares, no de las buenas acciones de Belisario, creer esto sería un gran error. Y no sólo el M -19, todas las fuerzas que pelearon, no podemos reducir las cosas al M -19 porque hubo otras fuerzas que pelearon... Vásquez Carrizosa, Galán, el viejo Cano... Entonces la unidad guerrillera se da a partir de la dinámica, es lo que hemos aprendido. Nosotros hemos hecho diez mil comunicados para la unidad guerrillera, y todo el mundo nos dice que somos oportunistas, que lo que queremos es una unidad ahí pinga... bueno, nos dicen de todo. Hoy las posibilidades de unión son reales, especialmente con las FARC, pero no sólo con ellos. Yo te hablo de las FARC porque es lo de bulto, lo alto... pero también hay posibilidades de unión con el ADO. El ADO tiene gente que piensa, tienen sectores, tienen un enemigo que piensa en ellos ... para nosotros no hay enemigos chiquitos. El ADO es una organización, que tiene un lenguaje que se acerca mucho al nuestro, aunque hay un sector de ellos que se llama marxista-leninista. Eso no importa. Con el EPL, también hay un sector, el más representativo, que quiere conversaciones. No el PLA sino el sector rural que es el más fuerte. La unión se da en torno a los hechos, a las acciones militares. A cualquier nivel. A nivel estratégico, para ser más claros, con el EPL, con las FARC nuestras divergencias son de tipo coyuntural, no estratégicas. Sin embargo la

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estrategia es la aplicación de tácticas concretas. No hay una estrategia ideal. Con el EPL, porque eso es Colombia. Tú. me dirás ... ¡pero bueno eso es una sarta de contradicciones tremendas! ¿Por qué nosotros creemos que con el EPL puede haber un acuerdo a nivel estratégico y con las FARC no hay un acuerdo a nivel táctico? Porque el EPL es un grupo que maneja más las estrategias que la táctica. Los tipos creen que en este país se va a conseguir el poder por la vía armada. Y en eso nos encontramos. Las FARC funcionan más con el criterio de la coyuntura, sobre todo en este período: la vaina electoral. Las FARC hacen una tregua para facilitar el proceso electoral. Y ahí nos diferenciamos, en la táctica. Pero cuando pasamos a otra etapa distinta en la coyuntura ahí nos encontramos. Las elecciones son de cada dos años. Si durante este período podemos hacer un acuerdo, nosotros lo hacemos. A nosotros no nos importa que las FARC participen en elecciones. Pero sí nos importa que las FARC hagan una tregua unilateral, de seis meses, con el Ejército. Eso sí nos importa porque es estratégico. Hemos hecho una crítica pública pero no hemos hecho una confrontación pública, ¡porque sabemos que eso es coyuntura!. Eso es época pasada, las FARC están planteando lo mismo que nosotros, ‘¿quién lo dijo primero? Eso no importa. Si hoy es posible hacer un acuerdo con las guerrillas para enfrentar el proyecto de la oligarquía colombiana, nosotros estamos dispuestos a correr ese riesgo. Este sería un comienzo, que para Colombia sería estratégico. Por lo menos conocernos, por lo menos sentarnos a discutir pendejadas. Hemos estado más alejados que todas las guerrillas latinoamericanas juntas, porque ni siquiera nos conocemos. Yo conozco a Jacobo Arenas y a Marulanda por razones históricas, hace diez o doce años... pero qué estemos pensando cada uno en este momento, eso sólo se puede saber en una mesa de conversaciones. Nunca nos hemos sentado a conversar.

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CAPÍTULO VIl

PRIORIDAD UNO A “Hasta que tú no tumbes ese tronco, el Ejército, lo demás no se va a caer”. J.B.: Lo esencial sigue siendo la construcción del Ejército popular. Lo secundario es atacar los centros vitales de la economía para debilitar al enemigo. El tercer punto es el hostigamiento de la fuerza central. El hostigamiento a los centros económicos desgasta fuerzas del Ejército pero no lo destruye. La burguesía y el Ejército sencillamente se buscan 200.000 soldados más y cuidan todo sin problemas. Eso no es lo fundamental. Volvemos a engañarnos creyendo que haciendo eso vamos a lograr el poder, y así no se consigue el poder. Así lo único que se consigue es dispersar tus fuerzas. Porque para que tú puedas golpear los centros fundamentales de la producción, tienes que golpear en todo el país. En Colombia estos centros están en muchas partes y entre otras cosas son muy fáciles de controlar. Sencillamente te ponen una malla la malparida, te ponen 20.000 soldados y olvídate que no puedes hacer ninguna operación militar allí. Y toda tu estrategia, la computadora tuya la estás poniendo en función de eso, no en función del tronco. No no no. Nosotros decimos “El tronco”. Que ... tal ... No: el tronco; el tronco, ése es el problema. La columna vertebral, en eso es en lo que hay que pensar. No hay que inventarse tanta vaina, porque nosotros para inventar somos perfectos. Ah, que las comunicaciones... entonces llega un huevón por allá, inventa que si rompemos las comunicaciones este país se acaba. Y nosotros decimos no: el tronco. A ver, ¿qué pasa con el tronco?: “Nooo que no le hemos podido” Ahhh, ¿entonces? No, lo prioritario es eso, lo estratégico es eso, lo secundario bueno, dentro del plan global, el punto dos ponemos la jodienda económica; el punto tres, las comunicaciones; el punto cuatro la mujer del capitán; el quinto, la amante del general. Pero no, el punto uno, es el tronco, el Ejército. El tronco, eso. Hoy tú le echas un discurso a un comandante guerrillero en El Salvador sobre los centros económicos, y el tipo te dice: “No, el tronco hijueputa”. Ellos saben. Olvídate. Los golpes más jodidos que está sufriendo el imperialismo en el mundo son las derrotas militares del Ejército salvadoreño.

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Porque es toda la concepción de contrainsurgencia norteamericana la que está siendo derrotada, ¡zas, zas, zas! Ah, no obvio que estamos hablando es de prioridad. Es claro que con los golpes económicos se debilita la burguesía, sus utilidades. Pero el Ejército no se debilita, compadre. No, no papito... El imperialismo le está dando siete millones de dólares diarios al Ejército salvadoreño. Éste es el único que no se debilita. La burguesía también en eso no se equivoca. Ellos saben que lo único que no se va a debilitar en El Salvador es el Ejército. Olvídate. Fíjate cómo es de claro el principio militar en este sentido: ¡se puede acabar la burguesía salvadoreña, pero el Ejército lo sostienen! Pero aclaremos este punto que es importante. O sea, no se trata de una concepción militarista. No se podría. Yo te digo: “Hay que tumbar el tronco” y las ramas también, ¿ya? Si tú puedes meterle candela aquí y meterle candela allá, perfecto. Yo lo que digo es que hasta que tú no tumbes el tronco, lo demás no se cae. Primero el Ejército, como concepción militar, no estamos hablando de política. Política es alianzas, amplitud, huelgas y toda esa mierda. Este es el proyecto político, que es diferente. Estamos hablando del proyecto militar, que es otra historia. El proyecto militar es liquidar el tronco. En la liquidación del tronco están las otras cosas... después las operaciones económicas, las de hostigamiento, las telefónicas, las bombas, lo que tú quieras. A nivel político una gran amplitud, la unidad revolucionaria, la unidad electoral, todas las unidades que te inventes. Ése es el proyecto. Un proyecto integral, pero donde está ubicado correctamente el enemigo, para no equivocarnos.

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CAPÍTULO VIII

EL CAMINAR DEL M-19 “A la gente no le importa que tú te equivoques en política ... lo que le importa es si tú eres consecuente o inconsecuente”. “Nosotros creemos que tenemos acumulada en la conciencia de los colombianos la fuerza que necesitamos para hacer la revolución”. R.J.: ¿Cuáles son las derrotas y los triunfos más destacados del M-19? J.B.: El M-19 es guerrilla a partir de 1981. Cuando hablamos de guerrilla, hablamos de la posibilidad de un Ejército. Guerrilla en seco no existe en ninguna parte del mundo. La guerrilla es una etapa hacia la conformación de un Ejército. El M-19 fue un movimiento político-militar, más político que militar, que supo ligar las acciones militares a la propaganda armada. O sea, supo convertir cada acto militar en un triunfo político, gracias a la audacia, gracias a una mentalidad abierta a soluciones concretas, mejor dicho, gracias a una política amplia, democrática, nacionalista y revolucionaria. Eso es el M-19 hasta el año 1981, una etapa de triunfos, yo digo que es una etapa de triunfos. ¿Cuáles son esos triunfos? La toma de la espada de Bolívar fue un triunfo estratégico. Hemos recuperado un símbolo de América Latina. Ahora con el bicentenario de Bolívar se ve la .magnitud del triunfo. Esto no se ve sino en decenas de años. Hoy el M-19 tiene en sus manos el mejor símbolo y el mejor homenaje a esos doscientos años, y lo vamos a utilizar a fondo. El secuestro del gerente de Indupalma fue un triunfo político muy grande para la clase obrera, porque logramos darle una lección a la oligarquía colombiana. El secuestro de Mercado, porque mostramos a todos los vendidos cual era la suerte que iban a correr si seguían con esa política. Eso sirvió mucho, sobre todo para el movimiento sindical. Desgraciadamente nosotros no supimos darle continuidad a ese proceso. Ese triunfo fue muy grande porque nos abrió las puertas de la clase obrera. Estábamos demostrando en los hechos todo lo que los partidos de oposición quisieron hacer durante cincuenta años. Nosotros se lo demostramos en tres meses: el valor del sindicalismo vendido a un imperialismo; la presencia permanente de la CÍA en todo estos movimientos

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sindicales; hicimos la primera denuncia mundial efectiva al respecto. Porque nosotros con Mercado no hicimos un secuestro, hicimos un acto de protesta, y la oligarquía colombiana ni quiso negociar con el movimiento popular. Esto le valió perder uno de sus cuadros más importantes en esos momentos (1976). La muerte de Mercado fue criticada por un sector, a nivel de intelectuales, de esa intelectualidad que quiere que las cosas sean perfectas. Mira, cuando nosotros secuestramos a Mercado, éramos una organización muy pequeña, no éramos una organización de masas. Porque fuimos consecuentes con lo que estábamos diciendo. Si hubiéramos sido inconsecuentes, la gente nos retira el apoyo, como se lo retiró a Rojas Pinilla. Nosotros surgimos como una protesta a la inconsecuencia del General. Estábamos expresando un sentir popular. A la gente no le importa que tú te equivoques en política, al pueblo le importa un culo esa vaina, lo que les importa es si tú eres consecuente o inconsecuente... masas populares, estamos hablando de pueblo, no estamos hablando de intelectuales, estos hacen otro tipo de caracterización sobre la época de Mercado. Para el intelectual fue un golpe duro porque él estaba pensando en las operaciones clásicas, bellas, puras y completas. Para el pueblo eso no importa, el análisis no le interesa, le importa son las consecuencias. Después de lo de Mercado nos convertimos en un movimiento porque la gente nos aceptaba, dejamos de ser un aparato. Nos recibían en los sindicatos, nos recibían en las fábricas, nos recibían en todas partes. Y en el movimiento popular ni se diga. Esa operación significó una gran difusión de los principios del M, amplísima porque fué publicada en los periódicos, en la radio, nos dimos a conocer a las masas, y éstas supieron que había una organización político-militar que luchaba por sus intereses. La izquierda considera que ese fue nuestro mayor fracaso. Nosotros lo consideramos nuestro mayor éxito, en ese momento. Ahora, que la salida fue la más... inhumana, eso es cierto, nosotros lo reconocemos. Por eso fue que entonces proponíamos a López Michelsen: “Busquemos una solución pacífica a este problema, negociemos...”. Nosotros le proponíamos solución a varios problemas. La situación de Riopaila, la de los maestros, en fin de cuentas, le proponíamos reformas inmediatas. Ni siquiera reformas, soluciones inmediatas a los movimientos reivindicativos. En ese momento la oligarquía colombiana demostró su verdadera farsa: todos esos vendidos, todos esos sirvientes, todos esos pobres que le sirven a los ricos fueron alertados por la acción político-militar del M-19. Lo de Ferreira Neira es una acción ‘pura’, ‘bella’, como le gusta a los intelectuales. Nosotros íbamos a solucionar un problema, a solucionarlo, no a ayudar a la clase obrera, un problema concreto. Era el sector sindical más agredido, más humillado, más explotado de todo el sindicalismo. Porque no tenían ocho horas de trabajo. Porque no tenían dónde dormir. Porque no tenían

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reivindicaciones; ni salarios; ni futuro asegurado... Al coger a Ferreira Neira nosotros le estábamos incorporando un elemento nuevo a la acción política de las masas, a la que la izquierda colombiana le tiene pavor: es el factor militar, es la violencia, la violencia a que tiene derecho el pueblo cuando le son cerradas las posibilidades de acción pacífica. Y triunfamos, triunfamos en un 100%. Porque la oligarquía colombiana entendió en ese momento que un fracaso como el de Mercado era fatal para ellos. Haz las comparaciones y verás por que sí negocian en este momento: porque sabían que la muerte de Ferreira Neira era fatal en ese momento... Nosotros no negociamos porque no íbamos a sustituir la actividad de las masas. Éramos unos garantes de que la negociación iba a ser limpia porque en Colombia las negociaciones para que sean limpias tienen que ir acompañadas de un revólver. Bueno, aumentamos de prestigio, reafirmamos la consecuencia del M-19 con sus principios: soltamos a Ferreira Neira porque habían cumplido, así como hubiéramos soltado a Mercado si hubieran cumplido. Los efectos fueron automáticos, a partir de Mercado, el M es parte del pueblo. Cuando decimos parte del pueblo, es que el pueblo piensa en lo que está haciendo su vanguardia, aunque su accionar no sea el mismo de la vanguardia. Eso no importa, lo dejamos para el futuro* Hemos ido afirmando, afirmando, afirmando una política popular, nacionalista... la hemos ido logrando, la izquierda ha ido cambiando sus programas... Revisa los programas de la izquierda colombiana, revísalos, a partir de Ferreira Neira y verás cómo todo el mundo empieza a hablar de democracia, de nacionalismo, se acabó la discusión de sí la revolución era socialista o de liberación nacional. Ahora todo el mundo habla de democracia, hasta Socorro Ramírez, sospechosamente está hablando de una apertura democrática —ella, que es una troskista de tiempo completo,... le debería dar vergüenza. Nosotros no estamos mirando hacia la izquierda. Hablamos del pueblo, de las masas. Creemos que el pueblo espera demasiado del M-19, porque a veces nosotros somos incapaces de estar a la altura de lo que el pueblo espera de nosotros. Como proyecto político. Es que los éxitos son definitivos... No hay que olvidar que el M era una organización clandestina, no éramos una organización legal. Ya habían desechado la última posibilidad de trabajo legal, que era la Anapo Socialista. El enemigo nos la volvió pedazos, además de nuestro sectarismo a ese nivel. Éramos un movimiento clandestino cuya expresión es muy difícil en la política. Analiza tú la vaina de los sandinistas. El sandinismo hasta febrero de 1979 era una perspectiva; en marzo una alternativa; en junio tenía el poder en las manos. Había acumulado un nivel de opinión, de conciencia de masas, la posibilidad real de poder Acumulado. �ue esto tampoco puede ser por mucho tiempo. Ese es el problema; cuando eso se dispersa en el tiempo, se convierte en desilusión, en frustración. Noso-

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tros creemos que tenemos acumulado en la conciencia de los colombianos la fuerza, que necesitamos para hacer la revolución. Hoy, sostenemos eso. Y no es mucha porque no se necesita el 90 por ciento de los colombianos.... Nosotros saltamos de Ferreira Neira a un accionar a nivel de masas muy claro, ¿cierto? ... pequeño, la propaganda armada. A nivel de fábrica, a nivel de barrios, una propaganda que nunca se hizo ver porque no eran acciones grandes. Era la acción pequeña. En las fábricas, en la incorporación de las gentes a la organización... R.J:¿Qué influencias hay en estas acciones, de los Tupamaros y de los Montoneros? J.B.:Yo creo que más de los Montoneros que de los Tupas. Yo creo que nosotros a través de los Montoneros aprendimos a aplicar un principio que era de los Tupamaros. A mayor amplitud política —decían los Tupas-, mayor enfrentamiento militar. Lo aprendimos de los Tupas a través de los Montoneros porque éstos lo aplicaron correctamente. En cambio los Tupas fueron puestos presos y fue liquidada la organización. Los Montoneros no fueron liquidados, aplicaron el principio de la amplitud política a un accionar militar. Independientemente de convertirse o no en la organización más importante de la Argentina, como alternativa, cierto? De los Tupas tomamos la audacia en la propaganda armada. De los Montoneros la capacidad de ligar las acciones militares a un criterio político. En lo de Ferreira Neira es donde más claro se ve esa influencia. De ahí para adelante en miles de acciones. El día en qué se pueda recoger las acciones del M-19 nos quedaremos espantados, porque muchas fueron anónimas, nadie sabe que se hicieron, ni tienen la importancia política que pueden tener otras... por el desnivel que existe entre la toma del Cantón y la toma de una escuela o la repartición de un camión de leche. Hay un desnivel muy grande. Entonces aparece siempre lo grueso, lo grande, que es malo porque desvía la acción popular. Esto es lo que confunde a la izquierda todos los días sobre el M-19... que es un aparato que sólo hace acciones grandes, pero nunca ven las acciones de un comando de obreros tomándose un carro de leche y repartiéndolo como un acto de justicia, no de demagogia. De Ferreira Neira al Cantón hay montones de acciones, muchas recuperaciones, jodas, política pura, reafirmando los principios político-militares del M-19. El Cantón en la sublimación. Hasta ahí éramos la pureza en chanclas. Entonces viene el enfrentamiento inevitable con el Ejército. Porque en ese momento, por nuestro desarrollo político y organizativo, necesitamos montones de armas para que ese proyecto fuera real. Nosotros no teníamos muy claro en ese momento cuál era la perspectiva, la alternativa. Ésa es la realidad. Eso lo fuimos aprendiendo con los

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golpes que nos dieron, ¿me entiende? (Ya empecé a decir vainas muy confidenciales, jua, jua, tenemos que aplicarle el stalinismo a esta vaina jua ¡jua!). No, después del Cantón, obviamente nos enfrentamos. Dejamos de ser el Robin Hood del paseo para convertirnos en el Che Guevara ¿cierto? Sí, porque de todas formas estaban golpeando ya, y no cualquier golpe. Era la recuperación de un buen número de armas para el pueblo... R.J.: Pero no tenían la gente para entregarle las cinco mil armas que recuperaron, y tenían destinatario inmediato... J.B. Bueno, nosotros esa pregunta no nos la hacíamos. Nosotros estábamos pensando en la guerra, porque teníamos que hacer una guerra para lograr lo que queríamos. Estábamos también pensando en la solidaridad internacional. En ese momento, era enero de 1979, a seis meses del triunfo sandinista. Estábamos pensando en que parte de ese armamento se lo íbamos a dar al movimiento sandinista. Estábamos pensando en el movimiento guerrillero colombiano. Estábamos pensando en una guerra. Cinco mil fusiles para una guerra ... eso es huevo. Ahí es donde la izquierda demostró ser cretina, porque pensaron que habíamos sacado demasiado. Nosotros siempre hemos dicho que sacamos muy poco porque estábamos pensando en función de poder, no en función de demagogia. No importaba que en ese momento no hubiera gente para recogerlas. Lo que importaba era el hecho político. La actitud, la consecuencia con lo que se estaba diciendo. Porque las palabras por lo general están cargadas de demagogia o de inconsecuencia. Nosotros preferimos ser consecuentes, aunque eso nos costaba la cabeza. Ahora, ¿que nosotros medimos o no medimos las consecuencias...? Las medimos... lo que pasa es que uno nunca puede medir todas las consecuencias. Eso es subjetivo. Eso hay que abstraerse de muchas cosas. Nosotros enfrentamos la estructura a la realidad. La realidad fue cruda, tremenda. Pero nos dio un resultado importante en política. La estructura nuestra fue destruida. Primera gran enseñanza: la estructura vale huevo frente a la política. Lo importante no es la estructura, lo importante es la política. Primera gran enseñanza. Ahí aprendimos todo: que valen huevo las armas, los carros, las casas, los regionales... mierda... todo eso vale huevo. Y lo aprendimos porque nos “derrotaron” (entre comillas). O sea, nosotros sufrimos un golpe diez veces más fuerte que el que sufrieron los tupamaros. Siete mil detenidos, todos nuestros cuadros medios presos. Toda nuestra Dirección Nacional presa. Quedamos libres, del Comando Superior, Toledo Plata, Fayad y yo. Al final quedé yo. Nos desbarataron como aparato. Como política no sólo nos fortalecimos sino que nos convertimos en un monstruo. El Cantón nos colocó frente a una realidad. Nos ubicó con una crudeza muy grande ante la alternativa nuestra: la posibilidad de crear un Ejército

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revolucionario solamente estaba en el campo, en el monte. Pero yo te estaba diciendo que la primera enseñanza grande fue el aparato, la segunda enseñanza, la política. Estábamos derrotados como aparato, habíamos triunfado como política. Destapamos la olla podrida de este país, de cincuenta años de represión, de control militar, de engaños, de represión, de frustraciones. La gente habla más de la embajada de la República Dominicana que del Cantón pero yo creo que fue más importante el Cantón. La embajada fue la consecuencia, el Cantón fue la causa. Tocó las “huevas” del sistema. Al sistema le tocó sacar todas las uñas que tenía y recurrió a la represión masiva. Lo que había hecho selectivo, le tocó hacerlo masivo. La tortura que venía siendo selectiva, le tocó volverla masiva. Las libertades democráticas aparentes las cortó de plano. Y el país entró en un período que nadie ha tenido la valentía de reconocer como el período más importante de la historia reciente colombiana. Turbay Ayala dice que en ciento cincuenta años de historia nunca se había visto a la gente hablando tanto como en ese período... que fusilaron, que asesinaron, que capturaron... Toda la democracia, la democracia real, con sus personajes reales salieron a flote y se convirtieron en una alternativa en ese momento. La democracia real, las personas. El viejo Apolinar Díaz - Callejas, Vásquez Carrizosa; Galán; las asociaciones campesinas, el Partido Comunista. Salieron a flote porque se vio la realidad cruda. Ésa es Colombia, un país de represión, un país de mierda... Cinco mil armas desarmaron al Ejército... lo desarmaron espiritualmente. Les tocó quitarse la careta de la democracia representativa. �uedó lo representativo, se acabó la democracia. ¿Representativo de qué? De eso, del militarismo, de la antidemocracia... y se enfrentó el país en una lucha original. Porque eso sí, no se ha dado en ninguna parte del mundo. En el país en ese momento se estaba asesinando gente, torturando gente, sin embargo se seguía discutiendo como nunca. No hubo unidad en la oligarquía. Todo el mundo decía cosas, ¡todo el mundo insultaba a todo el mundo! ... Y el ministro de Defensa estaba en el paredón y el presidente de la República también. Ésa era la realidad del país, que lo logramos modelar con la toma de la embajada. Esa fue la conclusión de todo ese período. Del 79 al 80, eso fue ahí mismito. Presentado como una novela sabrosa al mundo...: “Tenga, ésa es Colombia”. Y la gente se espantó, porque antes era un problema de cocina, interno. Ya no era demagogia, era realidad. Ésas son las dos grandes operaciones del M-19. En ese período del Cantón a la Embajada el M-19 tiene su guerrilla rural, en el campo, como la única posibilidad de armar un Ejército revolucionario. En el momento de la toma de la embajada ya nosotros teníamos cien hombres en armas, que era un acontecimiento histórico para el M-19... ya teníamos “Ejército”. Para nosotros era un Ejército de cien mil hombres. No importaba, porque ya habíamos logrado, en medio de esa mortandad, en

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medio de ese escepticismo —porque la izquierda colombiana es voraz, es tremenda—, la continuidad de nuestra política. Le habían decretado la muerte al M-19: “Se acabó la jodienda. Volvemos a la paz”... no toda la izquierda, pero sí muchos habían descansado, después de haberse rasurado y quitado los lentes por las razones del caso ... eso pasó. Los tipos descansaron. Fíjate como es de maligna la izquierda, inconsecuente... yo no hablo de todos... algunos. En el Cantón, volviendo a esto, nosotros recuperamos un botín sin haberse producido la batalla. Napoleón decía que se producen las batallas cuando hay botín, y se producen las derrotas cuando hay botín. Nosotros le robamos suficiente armamento al Ejército como para formar cinco o seis batallones. Eso creó en medio de esa dinámica teórica — digamos así, una dinámica en los resultados. El Ejército obtuvo un triunfo relativo al recuperar parte del armamento. Pero la guerrilla está por encima de esos triunfos por que se convirtió en una alternativa política frente a ese Ejército. Ganamos nosotros. Ellos mostraron su verdadera cara frente a un proceso que es engañoso, que es la democracia... porque hay otros países como Guatemala donde la guerra es más profunda que la nuestra y sin embargo los mismos militares tienen que reconocer que hay una guerra civil. Landazábal, en uno de sus últimos artículos (a fines de febrero tal vez) dice: “Estamos en una guerra civil”. Eso es una estupidez del tipo, pero es una realidad. Fíjate cómo la realidad es estúpida en ciertos momentos... Ahora, la embajada es el cobro político que hace el M-19, hasta ese momento el M-19 era un proyecto que se consideraba liquidado, aunque ya nos habíamos tomado El Caleño y habíamos demostrado que existíamos. Eso era bueno para nosotros. Pero a nivel nacional o mundial eso no se conocía con tanta profundidad como cuando nos tomamos la embajada. Estábamos diciendo al mundo: “Ésta es Colombia”. R.J.: Flaco, hablemos de la invasión por Chocó y Nariño. ¿Qué pasó? ¿A qué obedecía la operación?, ¿qué buscaba, por qué fracasó...? J.B.: (Se pone reflexivo, algo nostálgico, tal vez...). Marzo de 1981. Allí hay que revisar un poco lo que hacía el Gobierno, porque esto fue una consecuencia. En ese momento se estaba discutiendo el primer proyecto de amnistía de Turbay. Para nosotros era fundamental darle una respuesta a la humillación a que se quería someter al movimiento guerrillero. Para nosotros era estratégico mostrarle al pueblo colombiano cómo ésta era la misma política del año 48, del 53. Con nuevos estilos, con una forma diferente, pero en el fondo era lo mismo: humillar a la guerrilla y a todo el movimiento popular. Para nosotros era fundamental, estratégico, decimos. Allí se definía la política del M-19, y le dimos una importancia, la que se necesitaba en ese momento. Por eso elaboramos un plan políticomilitar de

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enfrentamiento a esa política que pretendía engañar al movimiento popular. Dentro de esto estaba en primer lugar la profundización de la guerrilla aquí en el Caquetá, que comenzó su accionar militar exactamente el 11 de enero de 1981. Hicimos la primera operación compleja del M-19 a nivel rural, utilizando más de dos compañías, que ya para nosotros era bastante para comenzar. Eran en parte las fuerzas que venían de las guerrillas móviles. O sea pasábamos de unas “móviles” de más de diez hombres a prácticamente dos compañías de más de 150 hombres. Operaciones donde se necesitaba maniobrar, aunque fuera en seco. Ya comenzábamos a vislumbrar que al enemigo había que cogerlo en movimiento y golpearlo en movimiento, no en sus trincheras. En general, éste es el criterio militar. A partir de ese momento nosotros empezamos a pensar en la respuesta a Turbay frente a su proyecto de paz, que era falso, demagógico, engañoso. Cuando Turbay lanza su proyecto de amnistía, que fue posterior a la toma de la embajada —en diciembre de 1980— ya nosotros preveníamos lo que se venía encima del movimiento popular, y planeamos las operaciones. No era la invasión de Chocó y Nariño. Era la operación militar en tres frentes de guerra: en el Caquetá, en Nariño y en Chocó. Pero no sólo con el criterio de armar una guerrilla en Nariño, porque esto no era lo que pensábamos. �ueríamos reforzar al Caquetá con una fuerza bien armada, con gente nueva, con ideas nuevas y gente joven. Y armar un frente en Antioquia y en el Chocó. Este era más o menos el criterio. Sustancialmente eran dos frentes guerrilleros, uno en el norte, y otro en el sur. A partir del 10 de marzo todas esas fuerzas tenían que ponerse en acción. Habíamos invertido todo el dinero recogido durante la toma de la embajada, que era un millón de dólares, para armar estas fuerzas. Prepararlas, armarlas, toda esa cuestión... (El tono es muy severo, nada de risas, serísimo). Nosotros no creemos que haya sido un fracaso, porque a partir del 11 de marzo cuando nos tomamos Mocoa —una capital de intendencia, un objetivo militar muy grande, la primera capital que se tomaba en Colombia; en el momento en que el Gobierno estaba en la ofensiva política—, nosotros le decíamos un no rotundo a la amnistía con la acción militar. Comienza el accionar militar en Chocó y comienza en Nariño. En este accionar militar tuvimos derrotas y éxitos. En Nariño fuimos derrotados, y los mismos dirigentes de la operación dieron sus declaraciones, han reconocido una derrota táctica... sin embargo, estas tropas las logramos salvar. Te decía que el objetivo nuestro era fortalecer esos dos frentes que esperábamos abrir. El del norte porque estaba la gente pero necesitaba el refuerzo.

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Y el del sur porque esto significaba un reforzamiento apreciable, sobre todo por el armamento que ellos traían. Acuérdate que se cayó el armamento y se cayó la columna. Aún así nosotros logramos despertar, responder a la gran ofensiva del Ejército en estos sectores. Y responder políticamente a lo que se intuía como un nuevo Anorí, como un fracaso estratégico de la guerrilla, etc. Y se creó un ambiente, en el país, de inestabilidad política muy grande. Ahí está el discurso de Turbay que dice que en 150 años de historia nunca habían sufrido tanto peligro las instituciones colombianas... eso es cierto. De todas formas se equiparon las fuerzas, en general. Pero por la dinámica de la misma lucha guerrillera que es clandestina, que es ilegal, que está por fuera de la institución, salimos ganando. La misma llegada de los presos políticos a las cárceles fue un apoyo popular muy grande. Yo recuerdo cuando Toledo Plata hizo su primera intervención después de la cuestión de Nariño, de las cosas que más les desagradaron a los militares, porque no aceptaban que un tipo que había sido derrotado militarmente, capturado, hubiera transformado la derrota en victoria política. (Silencios). El error fundamental fue la concepción militar nuestra. No se le puede atribuir al enemigo, porque ellos hicieron simplemente lo que tenían que hacer: reprimir y llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias. El problema fue que la guerrilla no llevaba su objetivo claro. El objetivo militar que perseguía esa invasión. Los compañeros inicialmente pensaron que el objetivo era crear una base guerrillera en esa zona. Ése no era el objetivo militar, que era trasladarse a la zona militar donde estábamos nosotros, aquí en el Caquetá, y en Antioquia, arriba en la cordillera. Lo del Chocó es diferente. Allí se produce un enfrentamiento militar de grandes consecuencias. Allí se peleó durante siete días, el Ejército detrás de la guerrilla. La guerrilla lo que no supo en ese momento fue determinar cuándo había que cortar el contacto con el enemigo. (Eso es lo que ahora en frío, se puede analizar). Llegó un momento en que la guerrilla tenía que cortar contacto con el enemigo, porque no se podía sostener el combate durante mucho tiempo, como lo hicieron ellos. Mucho tiempo. Pero son dos cosas diferentes. No, no fue un error de planificación. Falló la concepción militar; independientemente de una buena planificación, si el comandante guerrillero lleva una concepción diferente, olvídate que fracasa... O se convierte en un éxito. En este caso se convirtió en un fracaso porque... En Nariño los compañeros pensaron que podían hacer una zona guerrillera donde habían desembarcado. Éste fue el error estratégico, para no hablar de otros errores de menos cuantía. Ése no era el criterio del mando estratégi-

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co de la organización. La organización veía eso como un reforzamiento del Caquetá. Nosotros estábamos muy mal armados en ese momento. El Caquetá logramos armarlo en serio después del avión de Aeropesca. Mientras tanto lo que teníamos eran carabinas, escopetas, fusiles del Cantón, en general viejos. Estábamos mal armados. Entonces nosotros necesitábamos cambiar el armamento, modernizarlo; bazukas, todo eso. Aún así la operación de Mocoa se hizo con éxito. Logramos contener a la tropa, nos desplazamos sin bajas. El enemigo nunca logró liquidarnos después de la operación, pese a que había una movilización grandísima del Ejército. Tuvimos un triunfo político muy importante que era derrotar el proyecto de la amnistía de Turbay, que lo culminamos con la ofensiva que hicimos en junio y que concluyó el 20 de julio del año 80 ¿y qué? R.J.: Hablemos de ajusticiamiento... ¿qué pasó con Pastrana? J.B.: A Pastrana no lo reclutó el Ejército, él se reclutó. Se asustó mucho con lo del Cantón. Ante la represión directa del Ejército se asustó mucho y llamó al general Vega Uribe y le dijo: “A mí no me jodan, yo no tengo nada que ver...” y Vega Uribe le dijo: “Bueno, venga a mi oficina...”, y le mandó un capitán. En la charla Vega le dijo: “Bueno, usted no tiene nada que ver con el M-19 pero sí sabe de ellos...”, y el tipo soltó todo lo que sabía. Estaba en la periferia y sabía la clase de trabajo nuestro, la influencia que teníamos en las zonas campesinas fundamentalmente. Sabía todos los contactos en el Caquetá ... Entonces cuando el tipo delata todo lo que sabe —sin que el Ejército le hubiera tocado un pelo—. Vega Uribe le plantea que trabaje para ellos. Vega le dice: “Bueno, sí, usted trabaja para nosotros y le damos billete, una casa, pasaporte a su familia, y usted después se va para el exterior”. ¿Cuál era el objetivo? Decirle al Ejército dónde se encuentra la dirección del M. O sea, él se iba a reincorporar a la organización, el Ejército le iba a dar armas, carros, él iba a hacer determinadas operaciones militares, aparente, propaganda armada ... iba a coger prestigio, y suponían que después nosotros lo íbamos a llamar —por su eficacia militar— y lo incorporaríamos a la dirección. Entonces nos delataría a todos. Este era su objetivo. Él acepta. Se pone a trabajar en función de esto. Para conseguir el contacto —en este momento ya toda la dirección había caído— él sabe que la única dirección funciona en el Caquetá, y se viene para acá. Comienza a trabajar con otros compañeros, entre otros el tipo que lo jode a él, que se arrepiente y viene y nos cuenta la historia. Y nosotros sabemos que Pastrana está colaborando con el Ejército. Claro que él ya había cometido errores, sobre todo en el manejo de dineros y cosas de esas. A lo mejor nos hubiera jodido, quién sabe ... Entonces, cuando el compañero nos cuenta, se da la orden: “A ese tipo no hay que cogerlo, hay que darle”. Él va a una cita con los compañeros, ya ahí

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hay una emboscada, sino que ellos se equivocan de sitio. Donde ellos están emboscados no es donde llega Pastrana. Era a la orilla de un río y Pastrana llega más arriba... le caen los compañeros y ¡pum pum! Ya estuvo. Llega luego el Ejército y cuando lo ven muerto dicen: “¡Y ahora qué haremos, nos mataron el cuadro...!” Entonces reciben la orden de que lo muestren como si hubiera sido torturado. Le cortan las orejas, le mochan la lengua, le sacan los ojos, lo cuelgan, y aparece el cadáver de ese verraco todo maltratado. Nosotros todo lo que hicimos fue ajusticiarlo porque era un agente del enemigo. Un agente, ¡figúrese! Un cuadro político de la izquierda colombiana, que había estado en el Anuc... un tipo más peligroso...! Pero ha sido el único, no hemos tenido otros problemas de ese estilo. Por ahí ha habido errores como los que publicó la prensa... pero esa es la guerra... A tí se te infiltran dos tipos y ¿tú qué haces? Es la dinámica de la guerra. Nosotros por política, en general, tenemos prohibidos los ajusticiamientos. A menos que sea un traidor. O sea, una cosa es el agente del Ejército que se infiltra y otra cosa es el cuadro revolucionario que se vuelve traidor. Al que se infiltra hay que lavarle el cerebro y soltarlo. A los prisioneros políticos los soltamos. Hablamos con ellos, les explicamos. Hemos tenido hasta suboficiales. Pero no, eso es una carga para la guerrilla, tener presos. Él está cumpliendo con su deber, ha sido derrotado, ¿qué le puedes hacer? No lo puedes matar, entonces lo fundamental es darle un buen tratamiento y soltarlo. No sirve para más. Hasta cuando la guerrilla, como en El Salvador, tenga capacidad para mantenerlos un rato y luego hacer canjes. Ahora, que tenemos infiltrados, sí los tenemos. Adentro. R.J.: Hablemos del paso de guerrilla urbana a rural, del proyecto de construir el Ejército popular... J.B.: Lo que pasa es que todo ese proceso lo que hace es recoger la historia colombiana, que es una de las mejores características que tiene el M. Ir desenterrando los muertos, desde la espada del Libertador hasta la guerrilla —que se encontraba muerta—. Ya ahí en el Cantón, enero del 79, la guerrilla colombiana era una atracción turística... De allí en adelante la gente se comienza a preguntar mil cosas, ¿cierto? No era que nosotros tuviéramos demasiada fuerza, lo que pasa es que teníamos más o menos claro qué tipo de guerrilla íbamos a hacer: ¿íbamos a repetir la historia? ¿Íbamos a hacer la misma guerrilla? ¿Íbamos a seguir trabajando con el tiempo y no con la historia? Y comenzamos a especular militarmente, a estudiar, a conocer los planteamientos de los sandinistas, de los guatemaltecos, de los salvadoreños; su experiencia y nuestra propia experiencia... y desentrañamos algunos de nuestros propios errores. Algunos porque no todos... noso-

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tros volvimos a cometer los mismos errores. Pero encontramos que el error fundamental era la dispersión. Uno, creer que la lucha era territorial, no contra una estructura. O sea, no estábamos luchando contra el tronco sino contra todos los troncos. Nosotros ubicamos correctamente el tronco, el Ejército, y dijimos: “Hay que concentrar fuerzas para joder ese tronco”. Por eso hicimos un solo frente. Hasta el momento ya habíamos pasado por la etapa de crear ocho frentes y habíamos sido derrotados. Las famosas móviles, que fueron una desgracia. Este experimento duró seis meses. El Ejército se encargó de demostrarnos que por ahí no era el camino, nos dijo: “Tienen que concentrarse”. Y lo hicimos en el sitio que mejor nos favorecía: El Caquetá. Era el mejor sitio porque nuestras fuerzas eran inexpertas. No teníamos un solo militar real. Teníamos teóricos militares y campesinos con criterios políticos más que militares... Entonces lo que hicimos fue una abstracción de lo que podía ser la lucha militar en Colombia, no político-militar, y empezamos a concentrar, a concentrar. El Caquetá se volvió el único frente nuestro. No por razones de aparato, sino por concepción. Necesitábamos enfrentar el enemigo en una sola zona, en lo más retirado del país, en un solo frente. Le estábamos demostrando al país que el problema no era territorial. Mucha gente nos decía: “¿Pero eso allá lejos...? �uién va a ir hasta el Caquetá a pelear...?” Y nosotros les decíamos: “El Ejército tiene que venir a pelear donde nosotros le digamos”. Y así sucedió. El Caquetá se convirtió en un fortín popular de lucha militar que ha conmovido a este país. Pero no lo ha conmovido por su extracción popular, ni por su influencia popular, sino por las consecuencias militares de ese enfrentamiento. Al Ejército colombiano le tocó irse con su Comandante —porque Landazábal en ese momento se trasladó con toda su tropa (17.000 hombres) al Caquetá—, a dirigir el gran operativo de “liquidación del M-19”. No se te olvide que fue Landazábal el que se trasladó con todo su estado mayor allá. Estábamos demostrando que el problema no era geográfico. El problema era de concepción, de estructura, aunque no le guste a Enrique Santos Calderón. Nos importa un comino lo que en este momento diga él, porque es una realidad. Se tiene que enfrentar las estructuras. Eso del enfrentamiento de las masas con las estructuras es una trampa en América Latina. Esto no es Rusia. Estamos hablando de América Latina. Hoy en El Salvador está enfrentada la estructura del FMLN con la estructura del Ejército oficial, con la diferencia que la estructura del FMLN representa al pueblo salvadoreño, y la del Ejército representa a los Estados Unidos de Norteamérica. Ésa es la diferencia. Nosotros representamos al pueblo colombiano y en el Caquetá dimos la batalla por la libertad, la dignidad y todas esas cosas.

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En el Caquetá ya no hay propaganda armada. Aquí lo que hay es guerra. Dos estructuras enfrentadas militarmente, el que triunfe, el que liquide a la otra fuerza gana. Mientras la guerrilla en el Caquetá no sea destruida, la estrategia del Ejército está pendiente. Mientras el Ejército no sea destruido, la estrategia de la guerrilla está pendiente. Lo demás serían términos medios y un engaño a la gente. El día que la guerrilla logre derrotar al Ejército colombiano, esto se trasladará inevitablemente a la política, como se ha trasladado en El Salvador. Lo que te quiero decir es que la derrota de la estructura militar oficial significa la toma del poder con el pueblo, porque la oligarquía mientras no tenga ese aparato militar no tiene con qué defenderse. La oligarquía, son burgueses que a la hora de la verdad cogen un avión y se van para la puta mierda. Ahora, las acciones militares del M desaparecieron a nivel urbano por la represión, no por concepción. El M-19 tiene un criterio integral de la lucha. No es un criterio militarista porque en Colombia las masas no están en el Caquetá. Estamos hablando de temas militares. Nosotros no reducimos nuestra actividad a esta zona. Otra cosa es que no actuáramos en las ciudades, no porque no quisiéramos sino porque no podíamos, nos habrían cogido a todos presos, nos habrían torturado, nos habrían roto todas nuestras estructuras. No somos absolutistas, reconocemos que la estructura es necesaria pero no le damos el sentido que le da cierta gente, que piensa que sin la estructura es imposible la revolución. Para la revolución lo principal es la política, o sea las masas. En medio del fragor fue naciendo nuestra estructura; renaciendo más bien. De las cenizas nació un M-19 nuevo, diferente, con gente muy joven. La estructura nuestra ha sido destruida unas cinco o seis veces, o más tal vez. Destruida... y cuando te hablo de destruida es que han acabado con todo. Y vuelve y nace, y vuelve y la destruyen... porque para la guerrilla es muy difícil mantenerse en las ciudades. Eso es la muerte. La experiencia de los Tupamaros es esa. Ellos no pudieron resistir no porque no tuvieran una política correcta sino porque su estructura no aguantó. Fue liquidada de base, no les quedó nada. A nosotros nos quedó la dirección fundamental y los cuadros suficientes para volver a empezar. Con que quede uno. No importa... a los Tupamaros no les quedó ninguno. La gente se asiló. A nosotros no se nos ha asilado sino uno... R.J:.EI M-19 alguna vez planteó su participación en elecciones, ¿qué estaban pensando cuando se hizo ese proyecto? J.B: Si se daban las condiciones. Pensábamos que se podría dar la apertura democrática. Las elecciones en Colombia son un engaño total, absoluto, total. Porque son hegemonizados por los partidos tradicionales a todos los niveles. Los recursos, a nivel político, incluso hasta a nivel militar. Mientras continúe

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la hegemonía bipartidista en las elecciones no hay posibilidades de participar. Nosotros por lo menos lo descartamos. Hoy, ahora, descartamos las elecciones como una salida, como una solución política para el país. En el año 80 hablamos de participar electoralmente siempre y cuando se uniera la izquierda. Nosotros propugnamos por la creación de un solo frente y la izquierda fue sorda a nuestro llamamiento. Nosotros no creemos que sea justo que se plantee a una fuerza política su participación en las elecciones, cuando se está haciendo trampa por debajo. O sea cuando de entrada ya estás perdiendo. Nosotros nunca hemos participado en elecciones por eso. Las elecciones en otros países son distintas. En los Estados Unidos, por ejemplo, el Partido Comunista tiene posibilidades de participar. La gente tiene los recursos, otras fuerzas, la gente tiene posibilidades de hablar, de discutir, de llevar a la confrontación electoral a las masas a todos los niveles. Y se escogen parlamentarios... bueno al estilo de la democracia norteamericana. En Colombia ni a eso tú tienes posibilidades. No tienes posibilidad de acceso a la televisión ni a la radio...

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CAPÍTULO IX

LA COCA: DOBLE MORAL DE LA OLIGARQUÍA COLOMBIANA “Si el Ejército fuera más eficaz combatiendo las drogas como lo es con las guerrillas, ya las drogas se habrían acabado”. “Una acción militar hoy contra la droga significa una acción militar contra la oligarquía colombiana”. ... Es que la economía colombiana, entre la importación y la exportación de productos está perdiendo todos los días. Hoy la reserva que tiene Colombia, en dólares, tiene que invertirse porque si no se acaba el país, porque ¿de dónde van a sacar dólares? Aún más, la política norteamericana de proteccionismo frente a la exportación de dólares por coca y marihuana, — que es de siete millones de dólares anuales—, que los Estados Unidos no quieren que esos dólares salgan de su país, y hoy hay una crisis del San Putas en Colombia, de la mafia, porque no ha podido exportar su coca. Una represión del coño de tu vida .que no va a durar toda la vida porque los norteamericanos no pueden vivir sin coca, ¿cierto? Fíjate como Reagan comienza a proteger su economía hasta en esos niveles, hasta en la droga, porque sabe que son miles de millones de dólares que se le escapan a su economía, algunos se escapan para Colombia, gracias a Dios porque si no ¡quién sabe de qué estaríamos hablando aquí...! Ahora aquí la mafia es una fuerza contrarrevolucionaria armada, y con un poder económico grandísimo ... Ahora en lo que hay que ser francos es en que eso ayudó a la sociedad colombiana en un sentido, el económico, lo que pasa es que los burgueses son de doble moral. Hablan de la coca ... que no se qué ... que el M-19, que Jaime Guillot . . . que traía, que llevaba . . . Pero Betancur creó una amnistía para los capitales obtenidos gracias a la cocaína y la marihuana. Eso es doble moral. Son unos bandidos. El Estado colombiano se ha favorecido con los miles de millones que han ingresado a la economía por ese negocio ...

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El problema para los Estados Unidos es distinto: la coca existe por el mercado norteamericano, si no fuera así, la coca seguiría siendo simplemente el producto tradicional que utilizaban los indígenas latinoamericanos...que no vengan ahora con cuentos. La producción expansiva de la coca en Latinoamérica se da porque hay una demanda en los Estados Unidos, hay 27 millones de norteamericanos que la consumen. �ue pueden comprarla, porque, ¿cuanto vale un kilo de cocaína? Eso no está al nivel de ingresos del pueblo nuestro... ¡Entonces los que tiene que controlar son ellos el consumo ¡.... Por otro lado, nosotros no tenemos por qué ser gendarmes de los gringos para esa mierda ... Ah, ¿y por qué no se preocupan los Estados Unidos de la deuda externa colombiana, que vale huevo frente al negocio de la coca? Son apenas cinco mil millones de dólares lo que le debe Colombia ... y ahí sí les ayudarnos a exterminar el problema de la droga. ¿Por qué más bien no hacemos ese negocio? Es que en Colombia el pueblo no se favorece con el negocio de la droga. Son nuevos sectores oligárquicos, la mafia, los que se benefician. El pueblo no se ha beneficiado en nada, al contrario, la mafia lo que ha hecho es elevar los precios de los bienes de consumo popular, porque nadie está sembrando alimentos. La gente prefiere sembrar coca y marihuana .La producción de alimentos en Colombia ha bajado casi un 30°/o, hay una crisis del San Putas.... estamos importando hasta maíz. ¡Maíz, ¡que es un producto histórico aquí.. .! Si el Ejército fuera tan eficaz combatiendo las drogas como lo es con la guerrilla, ya las drogas se habían acabado. El Ejército es un favorecedor de la exportación de drogas. Todo el mundo sabe en Colombia y en Estados Unidos —la CÍA, la DEA y hasta la madre de Reagan— todo el mundo sabe quiénes son los exportadores de coca para allá. Todos saben. Y se hacen los pendejos. Porque una acción militar hoy contra la droga, significa una acción militar contra la oligarquía colombiana. Parte de la crisis actual la está salvando la oligarquía en esos dólares que le llegan, porque de todos modos ese capital engrosa los recursos del sector financiero, de la industria, que se están quebrando. Suple la falta de divisas que tiene Latinoamérica. Entonces fíjate que hay factores que favorecen y otros no. Aquí en Colombia por ejemplo, el consumo de la droga es mínimo por una razón elemental: un gramo de coca no está al nivel de compra de los sectores populares, vale un cojonal de plata, lo que gana un obrero en una semana, y un obrero qué se va a empujar un gramo de esa mierda por....por... por nada. Ese es el problema de la droga. Ahora ¿qué han hecho los Estados Unidos? Lo que han hecho es intentar convertir el problema en una bandera contra Cuba especialmente, y contra el movimiento guerrillero colombiano! ¡ Ésta es una infamia porque los E U. saben perfectamente que no entra más droga a su país porque Cuba tapona el paso por ahí! Y Cuba ha puesto preso a todo el

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que pasa con drogas por ahí. E.U. lo sabe muy bien. Son deshonestos. Y Fidel se los dijo hace poco: “¡Ay del día que Cuba diga que pase por aquí todo el mundo. Ay del día!” Se llenarían los Estados Unidos de cocaína hasta las tetas. Cuba les ha servido a los E.U. de vigilantes.... ¿entonces qué mierda hablan? Ahora lo que les preocupa a los gringos no es la salud de su pueblo, lo que les preocupa es que esos dólares se vayan para América Latina, que no paguen impuestos, que no estén integrados legalmente al sistema ..... que los integren. ¿O es que acaso los capitales de las transnacionales de dónde salieron? Bueno, lo que sí pasa de todas formas es que quienes producen la coca no son los oligarcas, son sectores populares. Entonces al lanzarse una acción represiva contra el tráfico, son estos sectores los afectados directamente, sin que se hayan enriquecido nunca. Es que la producen como cualquier producto, porque les da más ganancia sembrar coca que yuca....hay un mercado grande.......Ahora, de allí para adelante, ¿quién gana? La mafia que comercializa la coca, que todo el mundo sabe quiénes son, que están vinculados al parlamento colombiano, y que dieron plata para la candidatura de Betancur, y para la de López Michelsen y que no se hagan los huevones. Todo esto está manchado de coca. No es el sector popular el que la comercializa, es una oligarquía. Es una gran industria igual a cualquier otra. ¿Por qué no se preguntan en Estados Unidos por qué Betancur crea una amnistía para los capitales de la mafia? A Estados Unidos no le gusta que esa plata se venga para acá, que se le escape. Si pudieron controlar el alcohol durante tantos años, y después se echaron para atrás con la mayor tranquilidad. Son unos bandidos. Y los congresistas norteamericanos? Meten coca como locos. ¿�ué tal que no llegara cocaína a los Estados Unidos? Se acabaría el Congreso de los Estados Unidos . . . con el perdón de los que no la usan . . . Todos viven ahí, snif snif snif... jua jua. .. Ya empezamos a hablar de temas prohibidos. No, nosotros no hemos tenido ningún problema con la mafia. Ellos utilizaron el argumento del secuestro de esta muchacha, Nieves Ochoa, para joder al M-19, haciéndoles el favor a los militares colombianos y a la oligarquía. Ésa es una prueba de lo que estoy diciendo. La mafia está dispuesta a hacerles el favor a los militares. Y la oligarquía cien veces porque están pensando en sus intereses estratégicos. Y cogieron como argumento al M-19. No, si el secuestro en Colombia es una institución como lo es el Ejército. Nosotros no estábamos secuestrando mafiosos. El 90 % de los secuestros, o más, son de delito común, de hambre, de gente que no tiene otro recurso para comer. Y los mafiosos como respuesta tienen que coger una bandera política. Porque están afectados. Escogieron al M-19 porque era el peligro mayor, como su bandera principal, y no fue a partir del caso de Nieves Ochoa. Siempre los mafiosos colombianos han apoyado al Ejército colombiano. Lo

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que pasa es que esa fue una coyuntura perfecta, muy especial porque era el mejor momento del M-19. Era el momento de desacreditarlo vinculando al secuestro ... pero fíjate lo contradictorio que es. Porque por un lado tratan de vincularnos al secuestro, y por otro tratan de acusarnos de estar vinculados al narcotráfico. Es una política orquestada. Por un lado se acusaba al M-19 de ser el secuestrador de mafiosos y por eso surgió el MAS, y por otro lado aparece la supuesta conexión con Cuba y Jaime Guillot con Johny Crump, diciendo que el M-19 está detrás de toda esa mierda. Es toda una campaña orquestada para desacreditar al M-19. El que no quiere ver eso es por que no quiere ver. El objetivo era ése, desacreditarnos, allí estaba la CÍA y todas las agencias norteamericanas metidas en ese embrollo...

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CAPÍTULO X

TERRORISTA LA CÍA “Cuando la CÍA asesina a Torrijos, eso es terrorismo; cuando la CÍA asesina al Presidente del Ecuador, eso también es terrorismo. Aislados de las aspiraciones de las masas...” R.J.: Todavía los medios de comunicación, especialmente en los Estados Unidos, insisten en calificar al M-19 como una organización terrorista. ¿Cuál es la diferencia entre guerrilla y terrorismo? J.B.: Bueno, el terrorismo es la acción individual, por fuera de los criterios políticos y por fuera de las grandes aspiraciones de las masas. Eso es el terrorismo. Terrorismo es lo que hace Reagan cuando secuestra cinco dirigentes del FMLN, ese es terrorismo. Terrorismo es lo que hace Reagan cuando asesina a Monseñor Romero en El Salvador, eso es terrorismo. Cuando la CÍA asesina a Torrijos, eso es terrorismo. Cuando la CÍA asesina al Presidente del Ecuador, Roldós, eso también es terrorismo. Aislados de las aspiraciones de las masas. Lógicamente que los Estados Unidos en su teoría de contrainsurgencia, que es una teoría bastante difundida en los Ejércitos latinoamericanos, y difundida así en el periodismo, lo que reflejan, lo que quieren es ligar a las organizaciones políticas que luchan por el poder, con el terrorismo. Es decir, se hace una similitud: organizaciones que luchan por el poder igual a terrorismo. Las organizaciones revolucionarias que luchan por el poder no necesitan el terrorismo para conseguirlo, ni para tumbar a los Gobiernos. Por el contrario, el terrorismo siempre le hace daño a las organizaciones revolucionarias. Siempre, porque no están unidas a las aspiraciones de las masas. Lo de Bitterman por ejemplo es muy claro. Es una acción aislada, individual, alejada de las aspiraciones del pueblo. ¿De qué le servía al pueblo colombiano la muerte de Bitterman? Presumiblemente aparecía como la aspiración de echar del país al Instituto Lingüístico de Verano, pero ésta es una aspiración que no se va a lograr a través de una decisión individual. El ILV, cada día que permanezca en Colombia se irá desprestigiando más, y mayor será también el desprestigio de los Estados Unidos, porque es torpe y estúpida su presencia. Nosotros, M-19, no tuvimos ninguna vinculación con el caso

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Bitterman. Absolutamente ninguna. Esa fue una labor de.... lo que pasa es que no podemos asegurar que fuera una acción de la CÍA, sería estúpido también de nuestra parte. Nosotros lo que decimos es que sirvió a los intereses de la CÍA. No sabemos quién lo hizo. Definitivamente no fue el M-19. Inclusive se utilizó otro nombre, la tal Coordinadora de Base, que además intenta dividir, crea una confusión en el público, ése era el argumento. Después se comprobó, el mismo Ejército lo comprobó, que lo de Bitterman fue un negocio oscuro, planificado muy bien, y nunca hubo a quien achacarle la culpa. Cuando a nosotros nos han descubierto siempre han destapado todas nuestras acciones militares. Nos las han descubierto hasta el dedillo, porque son operaciones populares. Operaciones a la luz pública. El caso de Bitterman, sospechosamente hoy todavía no se sabe quién fue. Igual que el MAS. Yo creo que Bitterman fue una víctima de la misma política norteamericana. Y escogieron a su propia gente, y lo ajusticiaron ellos para hacer desarrollar su política. Eso no es nuevo del Gobierno norteamericano. Más de una vez se ha demostrado todo lo que ha hecho la CÍA para desprestigiar al pueblo norteamericano. Más de una vez. Yo no creo que necesitemos brujos para demostrar esa jodienda. Ahora, lo de Bitterman estuvo acompañado de una gran ofensiva contraguerrillera en el sur del Caquetá. Y con una gran ofensiva del M-19 para demostrar la podredumbre del sistema colombiano. Acuérdate que con lo de Bitterman vinieron las muertes del presidente del Ecuador y de Torrijos. Era una ofensiva norteamericana contra el movimiento popular latinoamericano. Luego vino el escándalo de las armas, en las que se quiso vincular al Gobierno panameño. Yo creo que fue una operación montada por la CÍA para desprestigiarnos… ¿ahora qué, lo lograron? Yo no creo, nuestras acciones político-militares sirvieron para aclarar las cosas. Ahora, que esto haya llegado a los medios de información en el exterior, es bien difícil.

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CAPÍTULO XI

EL M-19 Y EL HOMBRE COLOMBIANO “Yo sí creo que hay un hombre colombiano.... el de la arepa, el de la música, el de la mamadera de gallo, el hombre audaz, el inteligente . ..” R.J.:¿Qué le va a aportar un régimen del M-19 al hombre colombiano? J.B.: Bueno, el planteo general es que de todas formas la lucha revolucionaria por su dinámica, va creando un hombre nuevo, diferente al normal que genera una sociedad burguesa, que es individualista, que es solitario, sin perspectivas. �ue vive agobiado. �ue vive frustrado. La lucha revolucionaria va generando un individuo totalmente diferente, que vive de la comunidad, del colectivismo, de su propia acción, no de la acción de los demás. �ue vive del idealismo, de las cosas sanas de la vida. Lógicamente que nosotros compartimos ese criterio. Lo que pasa es que no nos quedamos a ese nivel. Eso no se da en toda la sociedad hasta que no cambie su estructura: la concepción de los hombres no va a ser diferente mientras no se dé un cambio inmenso dentro de la misma sociedad. Ésa es la única forma. Ya sean guerrilleros o no. Eso no lo generalizamos a todo el mundo. Lo hacemos a nivel de una parte de la sociedad que está en lucha, pero no lo hacemos ley. ¿�ue todo el mundo tiene que ser colectivo? ¡Eso no, porque puede generar desviaciones jodidas! Creemos que el hombre nuevo sólo se dará en la medida, primero que tomemos el poder; y segundo, en que empecemos a dar soluciones a los problemas centrales del pueblo, y que sea éste en su dinámica, en su trabajo, en su lucha, el que logre cambiar. �ue logre cambiar los criterios que la burguesía le ha implantado. Nosotros no nos colocamos por encima de la estructura social. Esto sería nefasto. Por eso tampoco nos engañamos creyendo que de la guerrilla va a salir el hombre puro. No. Pretendemos que de la guerrilla salga el hombre que va a cambiar la sociedad, y allí en ese proceso se genere un grupo de gente honesta, sincera, leal con su pueblo. Pero eso no lo mecanizamos ni lo trasladamos ya a que todo el pueblo sea así. Es un proceso largo, además. De concientización, de lucha, de trabajo … donde se va incorporando el pueblo.

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Porque sobre todo en Colombia, hay problemas sociales profundos. No sólo es la desigualdad social. Es también el narcotráfico; el problema de la niñez … gravísimo … ¿qué vamos a hacer con los miles de niños que deambulan por las calles de las ciudades colombianas? Con eso no quiero decir que la solución a las necesidades económicas va a cambiar la mentalidad de la gente. Es un proceso dialéctico. Uno incide sobre el otro. La voluntad de las masas acelerará ese proceso de transformación, los factores subjetivos que se llaman, acelerarán esa transformación. Pero el proceso a su vez ayudará a fortalecer sus creencias, sus aspiraciones, su moral... R.J.: El M-19 siempre ha utilizado banderas populares, ¿pero expresan éstas una identidad cultural nacional? Hay sentimientos y valores marcados en el hombre colombiano, como los tiene el argentino o el brasileño? J.B.: Yo sí creo que hay un hombre colombiano... el de la arepa, el de la música, el de la mamadera de gallo, el hombre audaz, el inteligente. El hombre colombiano es un tipo muy vivo, que tiene fama en el mundo por ladrón, por traficante, por bailador, por trabajador, por todas esas cosas. Eso nos da cierta dimensión. Yo creo que cada pueblo tiene eso. Lo que pasa es que en nuestro país no ha habido lugares de expresión como sí los ha habido en otros países. Lo que tenemos es que buscarle la comunidad de intereses ... y eso sólo se materializa cuando surgen los problemas que afecten al nacionalismo. Mientras tanto a nosotros ¿qué nos afecta? No tenemos guerras transnacionales, estamos metidos en problemas internos, adentro. No tenemos guerras con Venezuela ni con nadie, no tenemos posibilidades. Estamos metidos en un problema muy nacional, muy concreto, muy local si se quiere. Pero fíjate que la situación económica nuestra es tan jodida que tenemos casi dos millones de colombianos viviendo en el exterior... que es gravísimo, ¡porque demuestra que la gente se va del país con una facilidad del putas! Y ya no siga la joda!

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HIMNO A LA PAZ Esa busca infatigable de saber a dónde vamos encendió los sentimientos de amor por la libertad Y aferrados a una espada conquistando nuestros sueños de sembrar los horizontes de paz y dignidad. Comandante, Comandante Pablo el valor te hace vivir en los surcos de la tierra que sembraste con la lucha Por la paz a luchar y a vencer esta lucha crecerá como luz de la mañana en la noche de los pueblos rescatando la esperanza por la patria y por su gente Acompáñame hermano que la paz es de todos ¡Acompáñame hermano por la paz a luchar y a vencer!

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Iván Marino Ospina 1940 - 1985

Iván Marino Ospina

EN LA BÚSQUEDA DE LA PAZ, EN CUALQUIER PASO, POR PEQUEÑO QUE SEA , ES POSITIVO Por Rafael Vergara Navarro En su primera entrevista pública después de asumir la comandancia del M-19, Iván Ospina comenta sobre la reunión que sostuvo con el presidente Betancur en Madrid, las propuestas actuales de su Organización y la situación centroamericana. R.V. Durante el viaje de Betancur por España, usted y Álvaro Fayad se reunieron con él ¿Podría contarnos los pormenores de esta reunión y su apreciación en torno a los avances en el logro de la paz en Colombia? Sí, el pasado octubre nos encontramos en Madrid con el presidente Betancur como una manifestación más de nuestra voluntad de paz. El ánimo y las condiciones fueron muy distintas a las de las históricas reuniones de Sitges y Benidorm (España), cuando los representantes de las oligarquías liberales y conservadoras pactaron el ya conocido Frente Nacional, buscando poner fin a la masacre desatada por ellos y que significó la muerte de 300.000 colombianos. Esta reunión con Betancur marca un hito: un presidente de Colombia reunido con los representantes de la insurgencia, del M-19. Consecuentes con nuestro planteamiento de que la amnistía es un paso hacia la paz, creemos que este primer diálogo, esta primera conversación, es paso previo del diálogo nacional que tendremos que hacer frente a nuestro pueblo, con participación de todos los sectores económicos, políticos y sociales del país, y como es obvio, con las otras organizaciones revolucionarias que –como las FARC, el ELN, EPL y ADO- combaten por una patria para todos. R.V. Pero el diálogo fue iniciativa del M-19 o del presidente Betancur? Nadie puede alegar la paternidad de esta iniciativa, pues parte del deseo de todo un pueblo que necesita, que clama, que exige la paz; pero para todos, paz para los marginados, los desheredados, los hambrientos de tierra, los desocupados que exigen trabajo, las madres que impunemente se les mueren de hambre los hijos. Días antes de la entrevista, el apologista del golpe de Estado, el teórico del supuesto vacío de poder, Landazábal Reyes, Ministro de

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la Defensa, categóricamente afirmaba que ni había, ni podía haber diálogo con la Colombia en armas, con Colombia guerrillera. En Madrid sucedió todo lo contrario, y es obvio que en cabezas calientes como los generales Landazábal, Matamoros, Lema Henao y demás guerreristas, haya inquietud y sinsabor. Felipe González, jefe del Gobierno español, posibilitó el encuentro de las dos Colombias: la de Betancur y la insurgente, representada por los miembros de la dirección del M-19. R.V. Pero, se podría decir que el diálogo –con minúscula si he entendido el sentido de la aclaración- fue positivo? Nosotros lo calificamos como ameno y positivo y aunque el tiempo de duración –casi tres horas- no fue suficiente para profundizar tan amplia problemática, sí se sentaron las bases para proseguir conversaciones con el ánimo de aislar a los sectores más retardatarios del régimen. Lo concreto es que han quedado abiertos los canales, por lo menos para que nosotros los guerrilleros prosigamos las conversaciones frente a nuestro pueblo. Mientras tanto la guerra continúa. Todavía la contrainsurgencia –con el Ejército a la cabeza- se resiste a aceptar conversaciones y se empecina en asesinar a nuestro pueblo y a nuestros compañeros. R.V. Si esto es así, si la guerra continúa ¿no cree que las reuniones con Betancur le da, en contra de ustedes, más prestigio? Muchos afirman que Belisario ganó con este diálogo… Nosotros también lo creemos pues le ha dado alguna continuidad a su empeño en Contadora y América central. Pero en el caso nuestro, una vez más hemos demostrado a nuestro pueblo y al mundo que queremos la paz, pero una paz con dignidad, una paz con conquistas para el pueblo, por la cual muchos de nosotros, hombres y mujeres generosamente han derramado su sangre. Para este anhelo tan grande y tan generalizado de paz entre el pueblo colombiano, cualquier paso por imperceptible que parezca, es positivo. Lo importante no es que haya ganado Betancur o nosotros: en esto lo importante es lograr aislar al sector guerrerista que quiere a sangre y fuego silenciar a nuestro pueblo. R.V. Entonces, ¿eso quiere decir que ustedes dejarán de actuar militarmente? No. Las acciones tanto en el campo como en la ciudad continuarán. Hemos lanzado propuestas concretas, por demás amplias, de que se suspendan las operaciones militares de parte y parte: el cese al fuego. Pero los guerreristas de turno, los seguidores del Pentágono no quieren dejar avanzar la política de paz.

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Colombia entera, expresada en todos los estamentos sociales, ha recibido este primer diálogo con alborozo; no ha sucedido igual con los que quieren continuar con la política del garrote.. Los generales que ya les he nombrado no pueden ver con buenos ojos este diálogo y no hay que descartar que los teorizadores del vacío de poder aprovechen cualquier coyuntura para el golpe. Eso sí, ellos pueden estar seguros que si lo intentan, será todo un pueblo el que les salga al paso, será todo un pueblo el que no les dejará pasar. R.V. Un momento: si las cosas son de este calibre, entonces ¿Cómo analiza la posición de Betancur? Mire, pienso que Betancur quiere más de lo que puede. Gobernar con un estamento militar que se mueve como reflejo fiel de unos grupos financieros que no sólo esquilman el pequeño patrimonio de miles de ahorradores sino que también, por su carácter monopólico, arrinconan a la pequeña y mediana industria y obstaculizan las pretendidas transformaciones económico-sociales, no deja de ser complejo. Creo que si BB de verdad se decidiera a ir hasta el final y por la democratización económica, política y social de Colombia, tendría que colocarse el casco, como lo hizo el inolvidable Allende. R.V. Hay quienes afirman que el M-19, con todo esto de la amnistía y la política de diálogo, ha perdido presencia e importancia en la política colombiana. El M-19 no ha perdido vigencia. Nuestras propuestas políticas y nuestro accionar militar están el corazón de un pueblo para el cual no somos sólo una esperanza, sino una real alternativa de poder.

La lucha por la paz. En Colombia R.V. A principio de este año las FARC y el M-19 dieron a conocer un instrumento conjunto en el cual se daban los primeros pasos de una unidad de acción y se llamaba a las otras organizaciones político-militares, políticas y sociales, a integrar un solo frente de lucha para el logro de la paz. ¿Cómo concibe el M-19 el proceso unitario? El documento a que te refieres tiene una significación trascendental. Por fin hemos dado serios pasos de unidad con nuestros hermanos de las FARC. El M-19 insistirá en estrechar los lazos unitarios buscando sobre todo lo que nos une, haciendo todo lo posible para que las propuestas que hagamos al país sean del conjunto. Además, trataremos de llegar a la unidad con otros sectores en armas, poniendo los intereses bolivarianos por encima de los intereses de grupo o partido.

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Ahora bien, en esta lucha por la patria no sólo se mueven fuerzas armadas revolucionarias. También existen fuerzas que van desde la Junta de Acción comunal, el comité de padres de familia, el Consejo estudiantil, las asociaciones de profesionales, de profesores, enfermeras, los sindicatos, la Iglesia de los pobres. Para todos ellos, para los que quieren engrandecer esta patria, va también nuestro llamado de unidad. El proceso unitario se enfrenta con que en Colombia se mueve una oposición que va desde los más rojos hasta los supuestos socialdemócratas que se han olvidado de la patria, la patria que enseñó bolívar y por lo que tanto lucho, y no ha podido cristalizarse una oposición fuerte, una unidad de criterios que rompa los esquemas tradicionales de la lucha opositora. Pero así como se da este hecho, también existe en Colombia un sector legal en lucha que, en desfavorables condiciones, combate por la Colombia libre. Hacen una labor de titanes: el partido Comunista, la CSTC, el sindicalismo independiente, y otras organizaciones más, que ha pesar de la masacre a que han estado sometidos continúan su lucha. Estos son hechos políticos que tienen su peso en la perspectiva de conformar un frente común por la democracia. R.V. No se ha referido a las nuevas organizaciones surgidas con posterioridad a la amnistía, una de ellas “Alternativa Bateman por la paz” que retoma el nombre del comandante Pablo y actúa legalmente. Vea, en Colombia existen amnistiados y amnistiados entre comillas. Entre los primeros hay muchos compañeros quienes realmente creen que en el país existen condiciones para desarrollar una lucha opositora legal, a nombre de la política del M-19; otros simplemente se aburrieron de los abatares de la guerra, y algunos están desinformados. El M-19 no considera que la amnistía por sí sóla ha ofrecido condiciones para impulsar una oposición democrática con perspectivas de avance para el movimiento popular. Porque si lo dejan a usted dar declaraciones a la prensa, o realizar un mitin, pero todos los días le están asesinando dirigentes en las calles, no se puede creer que hayan perspectivas de construir fuerza real, fuerza alternativa de poder. Por eso, desde nuestra posición, la supuesta “alternativa” que plantea esta gente no es tal, y desautorizamos la utilización del nombre de nuestro comandante, guerrero y combatiente por esencia, para denominar causas ajenas a esas por las qué él luchó. También hay amnistiados que nunca fueron combatientes y solo andan en pos de prebendas, de los beneficios personales que el Gobierno ofreció a quienes se amnistiaron. Ante el país, la posición de estos individuos se extiende al conjunto de los amnistiados y ellos les crea, como grupo, una imagen de oportunistas.

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A quienes alguna vez fueron combatientes nuestros y desean participar del proyecto del M-19, les decimos: su puesto de combate hoy está en las columnas guerrilleras y ojo, porque el gatillo de la contrainsurgencia les sigue apuntando. Hemos reiterado que la amnistía es un paso hacia la paz y así lo ha reconocido el Presidente Betancur. Y lo decimos porque, como le dije, la guerra continúa. La amnistía ha significado un alto costo político y militar. Hemos dejado la trocha y los pueblos llenos de cruces: muchos de nuestros compañeros han sido masacrados por los cuerpos de contraguerrilla dirigidos por el Batallón Colombia y por la III, IV, VI, y XIX brigada. Hombres como Sigifredo Ruiz, en el Putumayo, Camilo Restrepo en Cali, Sigifredo y Jairo Rojas , en el Caquetá, Israel Oviedo, y tantos más en Florencia, han sido asesinados por los cuerpos contragerrilleros “Atila”,“Bomboná” y “Escorpión”. A pesar de ello, continuaremos el diálogo, pero también seguiremos combatiendo porque no hemos llegado a ningún acuerdo de cese de hostilidades. Hoy nuestros hombres y mujeres, en los puestos de combate y sus respectivas tareas, mantienen el accionar, y lo ampliaremos si las circunstancias lo exigen. Muchos nos preguntan por qué la lucha por la democracia la hacemos con los fusiles en la mano, mientras en otras latitudes se hace desde diferentes trincheras. En Colombia del siglo XX –que amarga realidad-, en esta Colombia de los US $ 11.000 millones de deuda externa y sólo US$ 3.000 millones de ingresos, de los miles y miles de campesinos sin tierra, de los cientos de miles de destechados, de los niños deambulando por las calles; en esta Colombia del millón y medio de desocupados, de los cientos de empresas medianas y pequeñas acorraladas por el gran capital, tenemos que los revolucionarios que empuñar las armas en la lucha por la democracia económica, política y social. R.V. Uno de los casos que más han escandalizado al país en los últimos tiempos es el de los numerosos asesinatos en el Magdalena Medio. Se ha dicho que las causas de ese flagelo se encuentran sustancialmente en la acción de la mafia y grupos como el MAS. ¿Cómo analiza esta situación? En un país como el nuestro donde el latifundio improductivo tiene tanto peso, la lucha por la tierra tiene caracteres explosivos. En el Magdalena Medio asistimos a la más cruel masacre. Los desheredados de la tierra, los que con sacrificio, analfabetismo y duras enfermedades tumbaron selva y montañas y crearon la riqueza existente, hoy exigen respeto a sus derechos. Esto no lo aceptan los terratenientes, los latifundistas armados y entrenados por ese Ejército mal llamado “de Colombia”.

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El Ejército ha ensangrentado la región y allí la lucha se está convirtiendo en una verdadera guerra entre los de abajo y los de arriba, a pesar de los grupos paramilitares –Tiznados, Grillos, Menudos- y los CAES y GOES, estos últimos pertenecientes institucionalmente a los organismos represivos del Estado.

El M-19 después de Bateman R.V. En algunos medios políticos se ha afirmado que con la desaparición del comandante Jaime Bateman el M-19 tomará otro rumbo, otra línea de acción. Pablo. Jaime Bateman , mi hermano de 25 años de lucha, ha dejado un vacío, pero como un solo hombre, jóvenes y viejos, hombres y mujeres del M-19 no dejaremos –no importa lo que venga- esas banderas de lucha que como comandante del M-19 izó tan altas. Esa talla de gigante, ese hombre que con todos nosotros encumbró la organización, seguirá presente. Con dolor de pueblo pero con ganas de triunfar, continuaremos su obra. He asumido la responsabilidad legada con la esperanza de que continuaré hasta el final la obra emprendida; pero si cualquier día de estos me llega la hora, habrá otros Fayad, otros Pizarro, otros Navarro Wolf, otros Gustavo Arias, Otros Toledo, otros Otero y muchos más, quienes no dejarán arriar las banderas por las que ya se ha derramado demasiada sangre generosa. Más aun, en el M-19 tenemos la convicción de que el futuro de este proyecto no está en un grupo determinado de hombres, o en una organización; ya es parte del sentir de las mayorías cuya decisión de forjarse un destino propio, le dará continuidad a la lucha.

Contra la agresión imperialista R.V. El 25 de octubre los marines norteamericanos invadieron Grenada ¿Qué perspectivas ve Usted en América Latina frente a la política belicista de la administración Reagan? Hoy cuando la política del “gran garrote” está instaurada, ya con el caso de Grenada ensangrentada y vejada, los latinoamericanos tenemos que levantarnos, con más madurez que nunca, como un sólo hombre, para repudiar con la energía necesaria y expulsar a los que ayer se vanagloriaron cercenando a México y ocupando Panamá. Hoy cuando con histeria inusitada ocupan y ensangrientan una nación y un proceso democrático y popular, y preparan operaciones demoledoras contra la heroica Cuba, la Nicaragua triunfante y la revolución Salvadoreña, cobran mayor vigencia los planteamientos y las luchas antiimperialistas de nuestros mejores hombres: Bolívar, Martí, Sandino y el Ché. Los imperialistas, con

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Reagan a la cabeza, han sido los que han querido que nuestra América se convierta en la hogera definitiva que quemelos intereses imperiales. Hoy más qu nunca cobra vigencia la necesidad de crearles dos, tres, más Vietnam. ¡Ellos lo han querido! R.V. Se habla insistentemente de una nueva intervención en nicaragua o El Salvador… Reagan en su afán reeleccionista desempolvó la política del gran garrote y la arrogante Doctrina monroe. Lo que no debe olvidar en su belicismo es que aún en las mentes de los norteamericanos está fresca las lecciones de Vietnam con los cientos de miles de tumbas. Además, así como nuestros hermanos vietnamitas, camboyanos y laosianos no se dejaron chantajear ni amilanar, tampoco lograrán hacerlo en nuestra América. Nosotros también asimilamos experiencias. Estamos dispuestos a cobrar muy caro la deuda de las Malvinas y ahora la de Grenada. No pasarán hoy impunemente las huestes militaristas gringas sin encontrar en cada país, en cada ciudad y en cada montaña latinoamericana una ejemplar trinchera de combate. R.V. Hablemos de Centroamérica y el papel que le atribuye a contadora en la solución del conflicto. En un conflicto de grandes proporciones como el de América Central, las inquietud llega a muchos sectores, y los conceptos que se emiten son diversos y no pocas veces encontrados. En América Central observamos desde las dictaduras empotradas en el poder a sangre y fuego como en Guatemala, El Salvador y Honduras –donde el general Álvarez es el poder- hasta supuestas democracias como Costa ri9ca que también surgen el impacto de la dominación imperialista. En este último caso ese país va en camino a convertirse en un Líbano. Allí escuchamos las tibias declaraciones de un Gobierno socialdemócrata y vemos el apoyo directo a apátridas como Pastora y compañía. En este marco de agresión contra el régimen popular de Nicaragua y la Revolución Salvadoreña por parte de los Estados Unidos y con la complicidad de los Gobiernos nombrados, irrumpe el grupo de contadora, donde no hay unidad de criterios porque también allí conviven posiciones como las de Herrera Campins, quien no vacila en cortar el suministro de hidrocarburos al pueblo nica que resiste heroicamente ante el bloqueo y la intervención. A pesar de ello, Contadora puede seguir jugando un papel positivo, siendo difícil saber hasta cuando, y siempre que como grupo aprenda a diferenciar una guerra de agresión imperialista como la que sufre nuestra hermana nica-

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ragua, y una lucha por la dignidad y la vida como la que adelantan nuestros hermanos salvadoreños del FMLN-FDR. Las llamas y la generalización de la guerra se apagarán sólo si Reagan, Schultz y sus “halcones” entiendan que la lucha de nuestros pueblos es por salir del subdesarrollo; y si esto no está perfectamente claro en el grupo de Contadora, su papel dejará de ser positivo. En todo este conflicto centroamericano, como combatientes bolivarianos que somos, estaremos con nuestras armas y nuestra solidaridad política al lado de nuestros hermanos salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, nicaragüenses, granadinos y cubanos.

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IVÁN MARINO OSPINA Por Patricia Lara Tomado del libro “Siembra vientos y recogerás tempestades” de Patricia Lara. Premio Nacional de Periodismo CPB 1982. Nominado Acababan de matar a Camilo cuando me fui para el monte...Al comienzo, hasta la caída de una hoja me impresionaba...Pablo y yo nos perdíamos, no sabíamos orientarnos, no podíamos manejar la brújula, la nuestra era el campesino... El analfabetismo de muchos guerrilleros era definitivamente lo que más me impresionaba. Pablo se fue a la guerrilla como responsable político del grupo del comandante de las FARC, Manuel Marulanda Vélez, Tiro Fijo. Él quiere mucho a Pablo, pero es un comunista disciplinado... Yo era el responsable político del grupo de Ciro, entonces subcomandante de las FARC. Pablo llegó al Huila y yo al �uindío. Al poco tiempo, también a él lo enviaron al �uindío para que trabajara en llave con la gente del Cauca y del Valle.

Entonces hicimos nuestra vida guerrillera juntos Nos levantábamos a las cinco de la mañana. Doblábamos el equipo. Los guardábamos. Hacíamos charlas políticas, guardias, planes... Cocinábamos. Remendábamos la ropa. La lavábamos. Hablábamos con los campesinos... Hacia dos o tres años que habían operado a Pablo de la pierna. El injerto no le prendía bien. Todos los chamizos se le incrustaban en la herida. Vivía echándose uña. La pierna le molestaba mucho...No teníamos mujer en la guerrilla. No nos quedaba más remedio que chuparnos el dedo...comer carne de vaca, eso era lo que hacíamos... Protestábamos. Nos quejábamos porque faltaba una línea de acción. Éramos muy críticos. A nadie le perdonábamos que se bebiera la plata o que se robara las cosas. De verdad que nunca planteamos hacer anti-partido. Lo que ocurría, simplemente, era que veíamos que tal como iban las cosas la revolución estaba muy lejana. Éramos partidarios de llevar la lucha a la ciudad. Inclusive Marulanda estuvo de acuerdo con ese planteamiento.

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La gente mejor acomodada del partido se opuso a la lucha urbana. Decía que ella perjudicaba la actividad legal. Entonces comenzamos a chocar con el grupo de Gustavo Castro, de Juan Viana, de Manlio Lafónt, de Carlos Romero... Poco antes de que me expulsaran de las FARC llegó una carta de Estado Mayor al campamento guerrillero de Jesús María Rivas Rojas, alias Cartagena, quien hoy trabaja para la inteligencia militar y le contó al Ejército todo lo que hice en las FARC. Yo me encontraba ahí. El Estado Mayor decía en la carta que debía trasladarme a dirigir otro frente, el de Urabá, porque yo ya tenía suficiente experiencia. Entonces fui a Montería. Encontré a los guerrilleros en un estado lamentable. Se morían de hambre, estaban aislados, no se habían ganado la solidaridad de la gente. Viajé a Bogotá. Fui donde se encontraba Jacobo Arenas, el segundo hombre de las FARC. Le informé la situación. Pablo estaba con él. Había ido a organizar la escuela de comandantes. Jacobo me pidió que le ayudara a preparar los cursos de economía y de filosofía. En esas llegó un comunista y le dijo: Jacobo, usted tiene a su lado a dos espías del enemigo, agentes de la inteligencia militar, agentes de la CIA. Yo le iba a dar en la jeta a ese tipo, pero Jacobo no me dejó, Pablo se puso a echar madrazos. Los miembros del Estado Mayor de FARC, presentes ahí (Jacobo, Ciro, Ezequiel Gallo, otros), discutieron si nos sometían o no a consejo de guerra. El partido quería más a Pablo que a mí. En esa época él era el secretario de Jacobo. Pablo siguió en las FARC unos años más. A mí me expulsaron. El comandante Ciro, muerto ya, fue quién me salvó la vida: Yo conozco el comportamiento de Iván –insistió. Entonces Jacobo me llamó aparte y me dijo: Iván, usted no pasó el cedazo del Partido Comunista. Váyase, llegue a alguna zona donde no haya Partido y póngase a construirlo. Yo me puse a llorar. Imagínese usted, luego de que veía a Fanny cada seis meses no más por andar metido en la guerrilla: después de que la había dejado sola siendo una niña de diecisiete años (me casé con ella cuando tenía catorce); luego de que por mi culpa aguantaba hambre y salía adelante sola teniendo al niño chiquito enfermo de los pulmones; después de todo eso, Jacobo me salía con esa historia... Lloré mucho... No se extrañe.... También soy humano, también sé llorar... Llegué a Bogotá entonces, en 1968, aguanté mucha hambre. No tenía cinco centavos. Vivía escondido: a Pablo y a mí nos habían condenado a cinco años de cárcel, por rebelión, en el Consejo de Guerra de Las Coloradas.

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Sólo amigos de la infancia me ayudaron Fui a Venezuela, ingresé a la guerrilla venezolana. Poco tiempo después, se desbarató... Volví a quedar sin piso... Conseguí puesto como tornero en una fábrica de grifos. Estaba desesperado. Desde Caracas llamé a mi abogado, César Pineda, y le pregunté si podía regresar. Me respondió que no veía ningún problema en que volviera. Regresé en 1970 A la semana de haber llegado, estando en la Plaza de Bolívar de Pereira, se me disparó una pistola automática que tenía en el bolsillo. Me herí una mano. El Gobernador hizo un escándalo tremendo. Como me estaban buscando, me reconocieron. Me cogieron preso. Me reventaron la cabeza a garrote. Me llevaron a la cárcel de Cartago. También había tortura en esa época. El Coronel Augusto Pradilla, hoy fiscal del Consejo de Guerra de La Picota, entonces Capitán del B-2, con cigarrillos encendidos les quemaba los pezones a las mujeres. Recuerdo concretamente el caso de una campesina de Montenegro, Mariela López. Ella colaboraba con las FARC. A Mariela le quemó los pezones Pradilla. No sé si haya muerto ya, estaba tuberculosa. A mi suegro, solamente por el hecho de serlo, lo tuvieron preso dos años y medio. Varias fueron las veces que lo obligaron a tomarse sus propios miaos. Esa era la tortura que le hacían. En 1971, durante la presidencia de Pastrana, el Consejo de Guerra de las Coloradas fue anulado por fallas en el procedimiento. El levantamiento del Estado de Sitio determinó su anulación. Por eso el cojo Ochoa, juez entonces, decretó mi libertad. Me puse a trabajar. Le manejaba la plata a unos ricos amigos míos, buenas personas ellos... Para los millonarios me llamaba Álvaro. No tenía sueldo. Me dejaban gastar lo que quisiera, lo que necesitara, cincuenta, sesenta mil pesos... A pesar de que estaba bien y de que ganaba mucho dinero, busqué a los compañeros: quería hacer algo... Desde que dejé las FARC tuve la idea de crear una organización revolucionaria, amplia, abierta, donde no se exigiera tal cantidad de requisitos, que la gente que se necesitara para tomarse el poder no cupiera en ella. Busqué a Luís Otero, a Gustavo Arias, hice contacto con Pablo. Él estaba todavía con la FARC.. Editamos la revista Comuneros. En ella proponíamos la unión de los grupos guerrilleros. Siempre hemos insistido en eso, la unidad de la gente armada. De Comuneros circularon clandestinamente cuatro números. Los imprimimos en un offset que le robamos a un tipo. Lo sacamos a hombro. La montamos en un jeepecito (sic) viejito, que era lo único que teníamos. El jeep no prendía. El offset casi lo desbarata. Cargado con el offset robado tuvimos que empujarlo,

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muertos de la risa, en la mitad de la noche. Pablo viajaba a Bogotá con frecuencia, insistía en organizar la lucha en la ciudad, se reunía con nosotros. Un día nos encontramos con un comunista, uno de esos acomodados.... Apenas nos vio juntos se fue a decirles a las directivas del partido que había visto a Pablo “conversando con el tira Iván Ospina dentro de un bus”. Expulsaron a Pablo del partido. Eso ocurrió a mediados de 1972. Expidieron una resolución en ese sentido. La hicieron pública. Como él era más importante que yo, el Partido Comunista lo expulsó públicamente, con resolución y todo. Pablo se quedó en Bogotá: nunca más regresó a las FARC. Luego de la fuga de Iván Marino Ospina, alias Felipe, y de Helmer Marín, de la cárcel, el Ejército repartió propaganda en la que ofrecía recompensas a quienes informaran sobre el paradero de los prófugos. Cuando iniciamos el M-19 no teníamos armas ni plata.... Nos dedicamos a conseguirla...... Recuerdo una de nuestras primeras acciones: nos robamos la colección de armas de Ponce de León, el dueño de Levapán. Imagínese que el hijo mayor del viejo no le pegaban bien los esparadrapos con que lo amarramos. Entonces, asustado, con un pedazo de esparadrapo colgándole de la boca, nos dijo: Miren... Póngame el esparadrapo bien que estoy ¡desamarrado! Todos soltamos la carcajada... Era buena persona ese muchacho. Cómo seríamos de pobres al comienzo, que negociamos personalmente, con un señor muy conocido, el rescate de un secuestro. Nos montamos entre un carro con él y así, dando vueltas por Bogotá, aceptamos recibir los dos millones de pesos que nos pagaron, en lugar de los cinco que habíamos pedido. Nos pasaban unas cosas más absurdas. No se me olvidará nunca el asalto que hicimos en un banco de Cali. Cuando Pablo le dio la mano al gerente y le metió un tirón para ponerlo manos arriba, se le cayó la peluca. Entonces se la echó al bolsillo y sólo, con otro compañero, acabó de poner manos arriba a las cuarenta personas que había dentro del banco. Los del grupo de apoyo entendieron mal la señal que Pablo les hizo desde el mezanine y, en lugar de quedarse atentos, se fueron. Creyeron que la acción ya había terminado. Yo los esperé afuera entre un jeep. Apenas estaba aprendiendo a manejar. El compañero que sacó el maletín con la mayor parte del dinero se montó a mi lado. Arranqué rápidamente. Recorrí como cinco cuadras. Volví a mirar atrás. Vi nada menos que a Pablo, parado en frente al banco, haciéndome señas con los brazos en alto. Traté de hacer andar el jeep en reverso. Como no lo logré, Pablo llegó corriendo, muerto de risa, con los bolsillos llenos de billetes que se asomaban. Así recuperamos para la revolución como millón de pesos... Hay muchas anécdotas. Ahora recuerdo, por ejemplo, la del perro en el Cantón. Figúrese que cuando los compañeros entraron al túnel de trescientos

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metros que construimos desde la casa que compramos al frente del Cantón Norte y comenzaron a sacar las armas, un oficial que llevaba un perro Pastor Alemán pasó junto a la pared del otro lado. El animal ventió, se le zafó al oficial y empezó a ladrar y arañar la pared del depósito de armas. Los compañeros se tendieron inmediatamente. Se quedaron quietecitos, sin respirar prácticamente. Entonces oyeron que el oficial le decía al animal: ¡Perro hijueputa! Porque se mió una perra aquí ¡ya se volvió loco! ¡Camine! El hombre le pegó. Alejó el perro a la fuerza. Los compañeros terminaron de desocupar el depósito de armas. Dos semanas después de la recuperación de las armas nos detuvieron en Cali, en nuestra casa del barrio Camino Real. Fue el 15 de enero de 1979 a las cuatro de la mañana, recuerdo. Tres horas antes Pablo se había ido... Allanaron la casa. Reventaron la puerta a patadas. Despertaron a golpes a los niños. Los obligaron a levantarse. Encapucharon a Fanny. La amarraron. La tiraron al suelo. El niño menor, de tres años, comenzó a llorar. Los otros, de doce y trece, miraron en silencio. Me dieron golpes de culata, patadas...Me dejaron en calzoncillos, me encapucharon. Se pusieron mis botas. Insultaron a Fanny. Se llevaron mi equipo de sonido. Se robaron todo lo que pudieron. Prácticamente destruyeron la casa. Todo lo hicieron delante de los niños.... A ellos los tuvieron veinticinco días en el Batallón Pichincha. Los interrogaron. Los niños no hablaron. A todo contestaron “no sé”. No dijeron dónde vivía Pablo... La impresión le produjo amnesia a Mauricio, el menor. Ni siguiera a Fanny y a mí nos reconocía al principio. Un mes permaneció el Ejército en mi casa. �uerían capturar a todo el que llegara. Pero Fanny alcanzó a poner en una ventana la toalla roja que le indicaba a los compañeros que no podían entrar... No cogieron a nadie. A Fanny la tuvieron varios días de pie, sin comer, sin dormir...Intentaron violarla. �uisieron llevarla a los prostíbulos. Camine, nos pasamos una noche de amor -le decían. Pero ella es una mujer muy pura. Diez meses estuvo presa. La soltaron porque no encontraron méritos suficientes para mantenerla recluida. Apenas salió de la cárcel, fue a recoger a los niños que estaban con mi viejo y mi vieja, de noventa y cinco y ochenta años ya. Cuando el niño menor la vio le preguntó: Señora ¿usted sabe dónde está mi mamá? Señora, ¿cómo se llama usted? El niño ya nos reconoce. Pero todavía habla de cuando él tenía papá y mamá... Fanny se trasladó a vivir a Bogotá para poder visitarme en la cárcel, cuando me fugué tuvo que esconderse. El Ejército sacó unas hojas volantes en las que daba el nombre de Fanny y de los niños, la dirección de la casa y ofrecía un millón de pesos a quien me entregara vivo o muerto.

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Fanny y los niños consiguieron pasaportes falsos. Un tipo que seguramente trabaja para la inteligencia militar, se los hizo. Es muy raro que en septiembre, cuando venía con los niños a Panamá, la detuvieron en el aeropuerto. La condujeron a la cárcel del Buen Pastor. Los viejos se encargaron de los niños otra vez. ¡Pobrecito el viejo! Ha sufrido mucho con todo esto... Pero yo se que en el fondo sé siente orgulloso de su hijo.... Con la ayuda de unas monjitas, se logró que Fanny saliera de la cárcel nuevamente. Pronto debe venir. Como sea me la traigo. Está muy triste. Está muy mal. El papá se le acaba de morir. Cuando fue a visitarla a la prisión y la vio tan aporreada, le dio un infarto. Pues sí, a mí me llevaron vendado a una casa del barrio Nuevo Tequendama, de Cali. Ahí quedaba nuestra “cárcel del pueblo”. Me amarraron en una esquina del patio y estallaron granadas de gases lacrimógenos a mi lado. Sentí que me iba ahogar. ¡Qué desesperación! Luego me condujeron a una finca junto al río Ponce. Me sometieron al submarino: con las manos atadas atrás y los pies sujetados con esposas me obligaron a sumergir la cabeza dentro de un tanque lleno de agua hasta que perdí el conocimiento. Eso me lo hicieron varias veces. Cuando recobraba la conciencia me decían que sólo me dejarían tranquilo si les entregaba las seiscientas armas que tenía guardadas. Esa tortura la dirigió un suboficial del B-2, alto moreno, de unos cuarenta años de edad y unos ochenta kilos de peso. Se llama Reynel Ramírez, si mal no recuerdo. También había un mayor y un teniente. Pero los primeros torturadores estaban vestidos de civil. Después me llevaron al Batallón Pichincha. Me tuvieron en la remonta. No sé durante cuántos días me dieron garrote. Perdí la noción del paso del tiempo. Un día me pusieron una ruana para tapar mis manos atadas atrás por las esposas, y me montaron en un avión de AVIANCA. Debía estar pálido. Nadie me dijo nada. Llegué a Bogotá. Me condujeron a Usaquén. Me vendaron. Me trasladaron a las Cuevas de Sacromonte. Olía a campo. Parecía como si hubiera cerca un abrevadero de caballos. Llegué a unos túneles largos, fríos, de piedra. Ahí encontré a Sergio Betarte, a Augusto Lara, a Julio César Pachón y a un muchacho de Bogotá de apellido Erazo. A Betarte, el uruguayo, fue a quien torturaron primero. Yo oía gritos. Oía su llanto que se mezclaba con la música de Wagner que sonaba siempre al fondo de las cuevas. Vendado, desnudo, siempre de pie, esperaba mi turno. Eso, oír los gritos de los compañeros y esperar el turno, es la peor tortura... Se siente odio, impotencia, dan ganas de morir...

El turno le tocó a Augusto. Después me tocó a mí... Yo estaba extenuado: había soportado diez o quince días sin comer, sin dormir, de pie casi todo el tiempo, desmayándome y despertándome a golpes

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de culata, patadas, garrote... Sin embargo, me torturaron más: vendado, me colocaron un electrodo en cada testículo. El dínamo al que estaban conectados generaba electricidad. Sentía que el pelo se me erizaba, que los testículos me crecían... Los militares insistían en que delatara a mis compañeros. Y me torturaban... Me torturaban más. Me obligaban a subir sobre una banca, vendado también con las manos atadas detrás. Me envolvían los antebrazos con trapos de estopa sobre los cuales amarraban lazos para que la otra tortura no dejara pruebas. Luego ataban esos lazos a una diferencial y me levantaban un poco, de manera que quedara apoyado solamente sobre las puntas de los dedos de los pies. Me pedían tres veces la dirección de Pablo. Siempre. Como no les respondía, me quitaban la banca. Mi peso recaía sobre mis hombros. Parecía como si el cuerpo fuera a desprenderse de los brazos y a caer. Esa tortura, la colgada, la repitieron miles de veces, durante horas, durante días. Preguntaban tres veces, siempre tres veces: ¿Dónde podemos encontrar a Pablo, en qué tiene invertido el dinero el M-19, cuáles son los nombres de los militares que les dieron la información sobre las armas del Cantón Norte? Pero luego de llevar colgado varias horas, se insensibilizaban los brazos, se esfumaba el dolor. Volvía cuando me soltaban de nuevo. Volvía con toda intensidad. Y cuando me obligaban a bajar los brazos, me dolían aún más... Al ver que nada me hacía hablar, los militares me forzaban a doblar una pierna contra las nalgas de manera que pudiera agarrarme el pie con las manos atadas atrás. El pie, a su vez, lo amarraron a mis manos y de ellas me colgaron. Creí que me iba partir. ¡Eso es lo más horrible! Seguían preguntándome. Seguía mi silencio... Entonces me pegaban con una varilla por todas partes. Se me inflamaban los testículos. Repetían la tortura. La repetían una y otra vez. Terminaba de camilla. Entonces me llevaban donde estaban los demás. Ya el turno le tocaba a otro. A Augusto Lara fue al que más colgaron del pie y las manos. Como sufre del corazón, le daban paros cardíacos. Augusto descubrió que si mascaba dos o tres cigarrillos antes de la tortura, se aceleraba el paro. Sin embargo, continuaban torturándolo. Él creía tal vez que así podría morirse...

A mí también me dieron ganas de morir Después de haber soportado muchos días de dolor y de humillaciones, resolví cortarme las venas. Yo ya era monstruo. Estaba aniquilado. Sólo deseaba suicidarme. Pero ni siquiera matarme me dejaban.... Una vez le pedí a un torturador un poco de agua. Me llevó un pocillo grande de metal con un líquido fétido. Olía a amoniaco. Contenía agua sacada del inodoro repleto de miaos...Como no podía levantar los brazos, puse las manos atadas sobre el piso y recibí el pocillo. Lo agarré con la boca. Lo sostuve con las manos. Entonces sentí que algo me las rayaba. Miré. Era una cuchilla: mi

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salvación... Seguramente la habían dejado sucia untada de jabón, botada por ahí, y alguien había puesto el pocillo encima de ella. Para despistar, tomé el agua. Cogí la cuchilla disimuladamente. La escondí entre los dedos de un pie. Regresé al lugar donde estaban los demás. Entonces les dije: Compañeros, avísenle a la Dirección que yo me suicido. Me corte las venas. Me las corte antes de que el hombre me volviera a amarrar para colgarme. Mire las cicatrices que me dejaron las heridas. Esas no se me van a quitar... Mientras uno se desangra, se ven luces, chispitas...Luego se cae y no se recuerda más. No sé cuanto tiempo permanecí dormido, de pronto oí que alguien, un médico o un enfermero quizás, le decía al jefe de vigilancia. Miren, ese hombre se les va a morir. Entonces me llevaron a otras instalaciones. Me suturaron las heridas y me aplicaron suero anti-tetánico. No podían dejarme morir, yo tenía tres seguros de vida frente a los del CAES y del B-2; el primero, que sabía cuáles eran las inversiones de la Organización porque era el encargado de las finanzas; el segundo, que conocía dónde vivían y donde trabajaban los miembros de la dirección, y el tercero, que sabía quiénes eran los militares que nos habían suministrado la información necesaria para sacar las armas del Cantón. Pero no le quepa duda: si ahora me vuelven a coger, me matan. Eso es lo que los militares dicen... Cuando me recuperé un poco me llevaron de nuevo al túnel. Ahí estaba ya Duplat. Enfrente le pusieron una grabadora y una máquina de escribir. Sí, yo oí cuando dijo dónde teníamos guardadas las armas sacadas del Cantón. Duplat habló, y habló, y no, eso es mejor que se lo cuente él personalmente... Luego de 15 días de detención, cesaron mis torturas. (Los brazos y los tobillos se me zafan permanentemente. Los hombros y los brazos se me hinchan. Por eso es que soy malo para la guerrilla). Me trasladaron a la prisión del Barne, en Tunja. Luego me llevaron a Bogotá. Permanecí diecisiete meses preso en la cárcel de La Picota. Allí encontré a los compañeros. La situación era difícil. La gente de la base se culpaba mutuamente. Usted me delató - les decían con frecuencia los unos a los otros. Afortunadamente, los miembros de la dirección que estábamos presos logramos hacerles entender que el soportar o no la tortura depende básicamente del nivel político que se tenga. Si uno está convencido de la justicia de su causa, no habla ni delata a nadie por más de que lo vuelvan picadillo. Llevaba trece meses de reclusión cuando se produjo el asalto del “Comando Jorge Marcos Zambrano” a la Embajada de la República Dominicana. Dentro de la cárcel, El Turco y yo sabíamos que al medio día del 27 de febrero de

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1980 el M-19 se tomaría una embajada y pediría la liberación de los presos políticos a cambio de la de los rehenes. Estábamos en la sesión del Consejo de Guerra. Yo me había llevado un radiecito pequeñito. Me cabía en la palma de la mano. No me lo separaba del oído. El coronel Prieto, presidente del Consejo de Guerra, de quien me hice muy buen amigo (entre los dos manejábamos el Consejo, con altura, Coronel -le decía yo-, creyó que tenía dolor de muela. Me mandó a preguntar si estaba enfermo. El abogado Jiménez Callejas interrumpió su exposición para consultarme algo. En ese momento anunciaron por el radio la toma de la embajada. Cuál me preguntó el Turco. República Dominicana, le dije yo. Con esa no salimos -contestó. Pero si hay treinta diplomáticos adentro -repuse. Entonces le contamos a todo el mundo. La gente se puso feliz. Yo pensé desde el principio que el asunto podía durar tres meses. Pero algunos compañeros estaban tan desesperados en la cárcel, que creyeron que todo se resolvería al día siguiente. Hasta enviaron los televisores a sus casas.... La toma duró dos meses. Durante ese tiempo, la gente de la inteligencia militar escudriñaba para descubrir la opinión de los presos miembros de la Dirección. Nosotros también averiguábamos qué pensaban ellos. El fiscal del Consejo de Guerra, coronel Augusto Pradilla, quería, por ejemplo, que el Ejército entrara a tiros a la embajada. Otros dos oficiales de la Marina, muy burgueses por cierto, opinaban lo mismo. En cambio Prieto, el presidente del Consejo, al igual que la mayoría de los demás oficiales, decía que el Gobierno debía negociar. El “Comando Jorge Marcos Zambrano” a través de Eric Kobel, representante en Colombia de la Cruz Roja Internacional, nos envió a los miembros de la Dirección de La Picota un casete en el cual nos informaba el estado de las negociaciones. Yo debía responder dos preguntas para que los que estaban en la embajada tuvieran la seguridad de que sí éramos los de la dirección quienes contestábamos. Preguntaban en qué lugares quedaban una venta de revistas y una cantina. Se referían al puesto de revista que tenía en la Plaza de Bolívar, de Pereira, el papá de Fanny, y a una cantinita de Cali a donde iba siempre el comandante uno a oír la canción Pañuelito Blanco. Respondí las preguntas. Los miembros de la dirección felicitamos al comandante por su acción. El ministro de Defensa escuchó el casete y dijo que no permitiría que ingresara a la embajada. Entonces Kobel regresó a La Picota y nos pidió que cambiáramos el mensaje. Nos negamos a hacerlo. Finalmente, el ministerio de Defensa tuvo que dejar que el comando escuchara ese casete allá adentro. Después de dos meses de negociaciones, el desenlace de la toma de la embajada nos sorprendió a todos los presos políticos. Creíamos que se iba a

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lograr nuestra liberación. En la cárcel, la gente aceptó el resultado, más o menos bien, según su nivel político y su amor por la Organización. En general, se consideró que el desenlace había sido positivo porque le había demostrado al mundo que en Colombia sí había presos políticos y si había torturas y que, en consecuencia, el presidente Turbay había mentido descaradamente en Europa cuando había afirmado que el único preso político que había en Colombia era él. Además, los compañeros de La Picota comprendieron que el M-19 había sido promovido en el mundo entero.

Pero lo que fue en ese tiro no pudimos volarnos Yo comencé a cranear mi fuga cuando me llevaron al Barne. De ahí me iba a escapar saltando un muro, pero me sapió un guardia de apellido Cetina. En la Picota me hice amigo de todos los oficiales. Cualquier día con Helmer Marín, frente a todo el mundo era treinta segundos, disfrazados de militares, nos volamos atravesando seis puertas. Eso sí, nadie sabe cuáles. Nuestra fuga la preparó la Organización. A Pablo se le convirtió en una especie de obsesión sacarme de la cárcel. Al principio se pensó en que el Turco saliera conmigo. Pero él es muy bajito y era difícil que pasara por sargento. Lo mismo ocurría con Pizarro y con Almarales. La cara de Pizarro es muy difícil de olvidar, no pasa inadvertida, a las mujeres les fascina. Almarales parece muy viejo, y los sargentos, por lo general, no son viejos ni buenos mozos. Por eso se decidió que Helmer se escapara conmigo. Él sí tenía cara de sargento. Unos pocos compañeros de La Picota sabían de nuestra fuga; con el fin de facilitarla, organizaron un espectáculo para que tuviera lugar después de la sesión del Consejo de Guerra, mientras nosotros salíamos. Los hombres se disfrazaron de bastoneras gringas, con festones y todo. Brincaban y levantaban las piernas peludas para un lado y para otro. Las compañeras se vistieron de futbolistas con pantaloncitos bien corticos y jugaron un partido de microfútbol. Entonces la mayoría de los guardianes y de los oficiales se pusieron a ver piernas. ¡Ese fue uno de los momentos más importantes de nuestra fuga! Cuando comenzó el partido, corrimos al baño para disfrazarnos. A Helmer se le cayó la gorra del uniforme de sargento dentro de un inodoro puerco, lleno de miaos, que olía a diablos. Claro, le dije. ¡Ahora no nos van a coger por el disfraz sino por el olor. A Helmer le dio ataque de risa, a mí también. Al fin le tocó sacar la gorra con la mano, limpiarla a medias y ponérsela así. Él salió primero, se mezcló con la gente del Consejo de Guerra que no se quedó mirando pierna. Atravesó el patio y las puertas. Saludó a todos sus supuestos superiores... Yo lo miraba... Luego salí, vi al Turco. Estaba pálido. Por la cara que tenía creí que se le iba a reventar la úlcera observando la fuga.

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En una de las puertas estaba un oficial quien minutos antes me había pedido prestados doscientos pesos. Como no tenía suelto, le di quinientos. Cuando lo vi de pie, ahí al lado de la puerta, me dio terronera. Me hice el que leía unos papeles y agaché la cabeza. Salí, no me reconoció. �uizá fue porque en el baño me afeité el bigote para coger pinta de Mayor. Adiós mi Mayor- me decían todos los soldados mientras caminaba cuadras de cuadras para llegar hasta el lugar donde se parquean los carros, ahí, casi al frente de artillería. Nos esperaban dos compañeros. Helmer se quitó su gorra fétida. La botó, subimos al carro, nos fuimos. Nos fuimos, miré el reloj. Eran las diez y media de la mañana del 24 de junio de 1980.

Es difícil acostumbrarse a la libertad Al llegar a la casa abrazaba a las compañeras. Abrazaba a los compañeros... Reía... Prendí el radio, no daban noticia. Bogotá no estaba militarizada. Sólo se supo por la noche nuestra fuga. Luego del partido de microfútbol los compañeros lograron distraer a los guardias. Entraron en tropel. Uno se hizo el que se había desmayado. Entonces nadie los contó. Sólo se dejaron contar cuando fueron a acostarse. En ese momento, al fin los militares supieron que Helmer y yo ya nos habíamos ido. Pasé esa noche explicándoles a los compañeros lo que se siente en cada tortura... Como yo debía ir a Panamá a cumplir la cita que les pusimos después de la toma de la embajada a los dirigentes políticos de Colombia, para que discutiéramos los problemas de nuestro país y llegáramos a un acuerdo para resolverlos de manera pacífica, necesitaba pasaporte. Pero no tenía foto. Entonces, al día siguiente, cuando ya había aparecido mi retrato en la prensa la radio y la televisión habían anunciado nuestra fuga, me tocó ir a un estudio de fotografía, ese que queda en la calle ochenta y cinco debajo de la carrera quince, para retratarme. Estaba muy nervioso, creía que todos me miraban, que todos sabían quien era yo... Arreglé el pasaporte. Al día siguiente viajé a Medellín, me encontré con Pablo. Emprendimos la marcha. Pasamos la frontera. Llegamos a Panamá el 10 de julio, tres o cuatro días antes de la fecha fijada para la cita. Nadie acudió...Nuestra gente estaba en el aeropuerto y en los hoteles, lista a conducir al que llegara donde nos encontrábamos Pablo, Toledo y yo. Sólo la periodista Amparo Pérez viajo a Panamá, pero por error de un compañero, no pudimos verla. Obviamente no nos habíamos hecho ilusiones con esa reunión...Siempre hemos estado convencidos de que la oligarquía colombiana no entiende sino

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a la fuerza, entiende a punta de golpes, y de golpes duros... Pero queríamos dejar constancia, una constancia para la historia, de que había sido la oligarquía, y no nosotros, la que había rechazado el diálogo para buscar la paz y la justicia de Colombia. Sí, yo soy el segundo de la Organización. Lo soy tal vez porque ya casi completo treinta años de experiencia revolucionaria. Y la experiencia sirve... Pero en el M-19 hay personas como Álvaro Fayad y Antonio Navarro Wolf que pueden reemplazarnos perfectamente a Pablo, el jefe, y a mí... Si ello no fuera así, si no hubiera gente capaz de seguir adelante con nuestro ideal, no hubiera valido la pena nuestra lucha.

No, yo sí quiero regresar... Pero la Organización me ha encomendado tareas en el exterior que considera importantes. Desde que me fugué de la cárcel y viajé a Panamá no he vuelto a Colombia. Desde entonces no me he sentido más demasiado cerca de la muerte, desde entonces... No, no crea... Le temo a la muerte. Le tengo mucho miedo... Es que yo amo la vida... Me gustan las mujeres bonitas... me gustan las flores... me gustan los niños.... Le temo a la muerte.

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CONSTRUIR LA DEMOCRÁCIA CON ALEGRÍA, JUSTICIA Y DIGNIDAD Notas de la Asamblea de Combatientes En las siguientes páginas reproducimos extractos de las intervenciones de Álvaro Fayad, comandante del M-19. El objeto de esta reunión de combatientes fue analizar las causas, implicaciones y respuesta a la masacre de militantes del Ricardo Franco, ordenada por la Dirección de ese grupo. La intención, al publicar estos textos, es ampliar la invocación de nuestros comandantes al debate, la cual se encamina a afrontar los múltiples retos que implica asumir la democracia; responsabilidad ésta que descansa en manos de una nación que merece el mejor de los destinos, y de un continente que, como señalara Bolívar, está llamado a asombrar al mundo. Colombia, enero de 1986

IDEAS PARA LA NUEVA NACIÓN LA REVOLUCIÓN. FIESTA DE LA VIDA Y PARA LA VIDA Álvaro Fayad Delgado Todos se enteraron por la radio sobre la masacre que está haciendo el grupo RF y todos saben de los criterios y la decisión de nuestra Dirección al respecto. Ahora tenemos que discutir a fondo estos problemas, hablar sobre lo que estamos sintiendo, y además, meternos en la cabeza qué está pasando, no es sólo un problema del grupo RF. Es algo que va mucho más allá, porque es el problema de la dignidad, de la justicia, del respeto al ser humano, de la democracia. De la democracia que tenemos que construir desde aquí, desde ahora. Es el problema de lo que le da sentido, le da dignidad y le da limpieza a nuestra vida, a nuestros actos, a nues-

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tros sueños, a nuestras armas. Todo lo que hacemos es por la democracia y la justicia: si no hay eso, nada, absolutamente nada que hagamos, tiene sentido. Entonces, lo que queremos es examinar los hechos, examinar por qué esa dirigencia maníaca está causando la masacre. Y que hablemos de los criterios, de las actitudes y de la necesidad de profundizar la democracia en nosotros mismos. De la necesidad de que la revolución sea lo que es: de verdad una fiesta de la vida y para la vida, y no un camino de errores, injusticias, sectarismos, prepotencias con las masas, con el pueblo, con las otras organizaciones y con la nación entera.

No hay justificaciones para la injusticia Los hechos son dolorosos, compas, y están ahí: más de cien cadáveres, más de cien muchachos, niños y mujeres, torturados y ejecutados. Cuando el grupo RF nos presenta los primeros hechos –sus pruebas sobre la infiltración del Ejército-, nos damos cuenta que son confesiones obtenidas a través de la tortura, y nos negamos de plano a cualquier discusión sobre hechos manchados de la injusticia y la tortura, que es arma del enemigo, y les planteamos que no siguieran por ese camino de muerte y de injusticia. Ellos dicen que la investigación muestra que, efectivamente, tenían infiltrados y agentes de inteligencia militar en el seno de su grupo: que había tenientes, capitanes y coroneles de la inteligencia militar; que estaban los culpables de los asesinatos y desapariciones de algunos de nuestros compañeros y de compañeros del RF, y estaban también los autores de los asesinatos del padre Ulcué, del padre García, del atentado a Navarro y miembros de los grupos paramilitares que se mueven en el Cauca y el Valle. Y nos dicen que de 180 o 190 hombres, han descubierto que tienen 150 infiltrados y que una minoría de 30 o 40 está dando la “batalla heroica” contra los hombres del enemigo. Todo esto mediante el mecanismo de la tortura, como confirmamos después. El hombre torturado denuncia a cinco, esos cinco son torturados y denuncian a diez más, y se produce un círculo infernal de torturas, delaciones, ejecuciones, nuevas torturas y nuevas delaciones. Nosotros no aceptamos eso, compas. No aceptamos ningún resultado de una investigación basada en el crimen y la injusticia. Y si la “victoria” como la llama el grupo RF es a costa de la sangre y a costa de manchar las armas, las mentes y los sueños de los revolucionarios, no queremos ese tipo de victorias; porque es la derrota de la revolución. Porque la revolución se hace para lograr la justicia y la dignidad, y aún en medio de la guerra, y precisamente en medio de la guerra, cuanto más dura sea ésta, más profundos, más limpios tienen que ser los mecanismos, las actitudes, las manos, las banderas y las miradas de los revolucionarios.

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Y claro que hay mecanismos para impedir la infiltración del enemigo; claro que hay medidas de seguridad. Pero la mejor de todas es la confianza en nuestro pueblo, en nuestros combatientes y que sea tan grande y tan clara la dignidad y la justicia por la que luchamos, que sea posible detectar cualquier jugada del enemigo. Aún frente al enemigo, compas, nos negamos a la tortura; la rechazamos venga de donde venga, y no aceptamos ninguna información producto del miedo, del terror, de acabar con la dignidad humana, que es lo que causa la tortura. Todo eso le dijimos a los Franco. Pero continuaron su camino de horror y terror, dejando por donde pasaban, en cada casa campesina, en cada comunidad, no la semilla de la rebelión contra la injusticia, no el mensaje limpio y revolucionario de que hay que luchar y rebelarse contra la injusticia, sino un reguero de cadáveres. Esto no es la revolución, compas, ni la razón para la cual tomamos las armas. (…) Es imposible que la juventud del Cauca y del Valle de Corinto, Florida, Pradera, Yumbo, Cali, esa juventud a cuyo lado hemos combatido al enemigo varias veces, diera 120 o 150 agentes al enemigo. Pero si el enemigo es capaz de producir esa mística de combate y es capaz de infiltrarse en esa forma, algo andaba podrido en el grupo RF, porque era más capaz de recoger el enemigo, que ellos mismos. Y ni aún así, compas, aceptamos pruebas manchadas de injusticia, de ignominia y de tortura. Ellos de todas formas continuaron su “investigación”, y hace cinco días decidimos ir a una reunión con la dirección de ellos, para decirles en la cara, frente a frente, “ustedes son unos asesinos, unos criminales, y estamos pidiendo ante la nación y el conjunto del movimiento guerrillero su juicio, su condena y su expulsión de la Coordinadora Nacional Guerrillera”. Les dijimos que el RF está acabado, porque ellos mismos se habían encargado de acabarlo, que lo que no había podido hacer el enemigo en cinco años, lo hicieron ellos mismos en veinte días. Y que era absoluto y total el rompimiento definitivo. Ellos insistieron en que ahí están los infiltrados de la inteligencia militar. Y que también están entre nosotros. Pero, para nosotros, ésta no es la preocupación ni la discusión fundamental.

Vivir la democracia hoy, única forma de sembrarla para el futuro La discusión fundamental tiene que ver con la justicia, la democracia y la dignidad, y tiene que ver con los lastres de nuestra izquierda y de nosotros mismos. Porque todavía no se da el respeto a posiciones divergentes en el seno de las masas o de nuestras organizaciones. En este país la antidemocracia de la oligarquía ha sido tan fuerte, y pesa tanto su esencia criminal, que también los

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gestos antidemocráticos de la izquierda se producen sin que nadie diga nada. Las Farc pasan por esta región aterrorizando a la población, y nadie protesta con la debida fuerza. Y la guerrilla todavía ejecuta personas por diferencias políticas y no protestamos. Se dice entonces que los trapos sucios se lavan en casa, que decir los errores en público le hace el juego al enemigo. Nosotros pensamos que lo que le hace el juego al enemigo es la incapacidad, el negarnos a ver nuestros propios errores para corregirlos. Por eso decidimos hacer pública esta condena, rompiendo una costumbre de las organizaciones gue rrilleras y revolucionarias. El M-19 ha tomado, definitivamente, la decisión de ser vocero contra cualquier injusticia que se cometa en este país, porque es en contra de eso que estamos luchando. Y además de la condena frente a la nación, le estamos pidiendo a la CNG la expulsión definitiva del RF. Pero esto no será suficiente, compas. Si en el movimiento revolucionario no logramos que cada voluntad y cada arma se indigne contra la injusticia en este país y se alce a la rebelión contra la injusticia cometida por quien sea; si no hacemos de la revolución, de verdad, la democracia, el respeto al hombre, a las opiniones, a los grupos sociales diferentes a nosotros, de verdad no vale la pena combatir. Si el mundo que vamos a construir no nos da una sociedad alegre, vital, con respeto a la persona y a la diversidad, hemos fracasado. Estamos enfrentados a un enemigo que es duro, a una oligarquía militarizada, terrorista y torturadora. El camino del triunfo no está hecho de quién es más torturador, ni de quién es más criminal. Somos totalmente distintos al enemigo: nuestras armas son distintas, nuestra manera de ver y vivir es distinta, nuestra manera de relacionarnos es distinta. Porque confiamos en el pueblo y confiamos en el hombre. Porque no hacemos del terror resultado, para conseguir apoyo, para conseguir silencio o para conseguir aprobación. La revolución no son las armas que van a los pueblos y se imponen por el terror. La revolución tiene otra manera de vivir y de ser. La revolución convence, atrae, es dura con el enemigo en el combate, pero lo respeta. Porque la revolución no se impone a la nación mediante el número y el poder de sus armas, sino que la atrae, la unifica, va combatiendo y viviendo como combate y vive nuestro pueblo. Entonces, no podemos permanecer ni permitir la pasividad ante la injusticia, ni en nuestras propias filas ni en las filas de la guerrilla. La capacidad de rebelarse ante la injusticia es la mejor cualidad revolucionaria. La democracia no es, para nosotros, una manera de organizar la sociedad en el futuro. Es además, la manera como nos relacionamos con la población civil y entre nosotros mismos. Por eso, la actitud del RF está mostrando, en el extremo de lo absurdo, los errores de una izquierda que todavía tiene raíces

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y prácticas antidemocráticas. y la mejor forma de derrotar esa actitud es que profundicemos la democracia como forma de vivir y de sentir. Por eso, no nos preocupa la andanada que la oligarquía va a lanzar ahora contra el movimiento guerrillero, porque tenemos banderas limpias, compas, porque pensamos que ellas son el mejor camino para convocar a la nación, para sembrar de rebeldes a este país y para que los millones de rebeldes de Colombia tengan como única bandera la democracia, como único sentido la dignidad. La rebelión armada tiene que encontrar en el M-19 la garantía total, permanente y diaria de que construiremos la democracia, de que construiremos una manera de ver y de vivir alegremente este país, con luchas limpias, por más duras que sean; que la construiremos con combates de respeto a la dignidad humana., aún en medio de la guerra.

La unidad: sobre los principios de democracia y respeto a la vida Estamos ante batallas por la verdad: la verdad entre nosotros, la verdad con la población, la verdad frente al mundo. Y la unidad hoy se da en función de esos principios de democracia. La unidad revolucionaria y guerrillera no se da simplemente por el hecho de estar armados, porque no es el problema de tener las armas lo que nos convierte en revolucionarios. El grupo RF venía hace un mes de tener una victoria militar contundente y exitosa: la toma de Miranda. Pero sin un proyecto político de democracia, sin una propuesta política, sin un clima interno, no fueron capaces de convertir ese triunfo militar en triunfo para la revolución y, contrariamente, iniciaron el camino de su propia derrota. Entonces, tenemos que ser más exigentes en la unidad revolucionaria. Tenemos que ser más profundos y más convincentes y más contundentes en que las fuerzas de la democracia armadas y no armadas debemos fundirnos en función de la democracia y no de otra cosa. Y tienen que ser tan profundas y tan limpias nuestras victorias, como para poder seguir diciendo, como lo hemos hecho, que la democracia en Colombia tiene aquí un Ejército; y que cuando la oligarquía ha convertido la guerra y la muerte en su única bandera, este año, nosotros levantamos la bandera de la vida. Y la vida sólo es posible cuando hay democracia, cuando hay respeto, cuando hay dignidad.

Construir la fuerza de la victoria Entonces, compas, en concreto: además de la indignación y el asco que nos producen estos crímenes, del dolor que sentimos, mirémonos también nosotros y miremos este país. No es suficiente condenar a los Franco. Hay que buscar cuáles son esos puntos que los llevaron a tomar el camino del terror y del crimen; sobreto-

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do, a buscar cuáles son las banderas que tenemos que profundizar, cuáles los principios que tenemos que vivir para corregir nuestros errores y exigirle al movimiento guerrillero una corrección; para decirle a las FARC que su actitud frente a las masas no es el camino revolucionario y, principalmente, para decirle a este país que esta fuerza militar de demócratas en armas, le asegura la democracia porque la siente, la vive y la practica cada día; que Colombia tiene una fuerza militar para la victoria, que tiene hombres y mujeres capaces de dignificar la vida, de forjar la democracia. Digamos lo que sentimos, compas. Hablemos de verdad lo que pensamos. Este no es un momento cualquiera de la historia de la guerrilla en Colombia. Es un momento que marca linderos, que define posiciones, que exige nuevos desarrollos, nuevos procedimientos, mejores actitudes y victorias. �ue todo el mundo sepa que el M-19 no va a dejar pasar injusticia alguna, sea quien sea el responsable de ella.

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LO FUNDAMENTAL: HACIA DÓNDE AVANZAMOS Álvaro Fayad Delgado (… ) Cuando hablamos de democracia, hablamos de una manera de unificar fuerzas, de hombres que tienen que tener la capacidad de solucionar la miseria, pero también de sembrar de dignidad y libertad todos y cada uno de los sectores sociales, económicos y políticos que están en la democracia. Cuando decimos respeto a la vida, es primero que todo a la vida física, pero también es vida la cultura de las comunidades indígenas y la forma en que los hombres eligen organizarse, su manera de vivir y de pensar. Asumir de una vez ser hombres de justicia, demócratas en armas, es lo fundamental: sembradores de la vida y de la justicia y del bienestar económico y social, cultural y político de esta nación y de este continente. Entonces, no reduzcamos el problema de la justicia y la injusticia a la tortura, o el asesinato. Nos tiene es que estremecer en todas las fibras de nuestra actividad. El sectarismo, el no darle validez a otras luchas y a otras convicciones, no luchar permanente y concienzudamente por ampliar el campo de la unidad revolucionaria en armas y el campo de la unidad democrática en este país y en este continente, también es parte de este problema. El problema son también los Franco, pero no es solamente eso. Es un país y una nación que no sabe lo que es la democracia porque nunca la ha vivido. Y se nos hace tan difícil porque de esta oligarquía sólo hemos aprendido y hemos padecido la opresión y la indignidad. Nos toca construir y aprender a luchar, a fundar y a consolidar la democracia empezando por nuestras filas. Lo que queremos son hombres que sean capaces de convencer; de contagiar con su entusiasmo y alegría, su convicción de poder y de triunfo. Lo que queremos es un M-19 capaz de derrotar la muerte que está arrojando la oligarquía; un M-19 tan claro, que sea capaz de producir el heroísmo como el de los compañeros del Palacio de Justicia, respetando la vida de los hombres ahí. Y unos hechos tan nítidos y tan claros que, además de romper la propaganda del enemigo, produzcan una convicción activa y viva, la convicción que actúa en la población donde nos movemos. Tenemos la obligación, mediante nuestro accionar militar, mediante el uso de nuestra palabra, de nuestra práctica y ejemplo, de decirle al país que la re-

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volución no es el temor, no es la colaboración por miedo; que la revolución es el camino ancho de nuestras convicciones y anhelos democráticos. Ahora: no pensemos que esta discusión nos soluciona el problema. No nos sintamos nosotros los puros, y los otros, los culpables. Somos parte de un país y ese país nos ha formado en su alegría, en su manera de ser, pero también nos ha arrojado el lastre del pasado, de la oligarquía. Por eso, en medio de nuestros errores, lo fundamental es hacia dónde avanzamos, cómo le vamos abriendo camino a la democracia en este país y entre nosotros mismos. La tarea es inmensa y la solidez de nuestras convicciones tiene que ser tan inmensa como la tarea. La claridad por lo que luchamos tiene que ser tan profunda como profundos son los males, el terror, la injusticia en este país; y tan certera como rotundo y contundente es nuestro accionar militar. Para que cada uno de nuestros hechos-políticos o militares, de masas, de unidad, internos- vayan derrotando la muerte y la antidemocracia; para que vayan templándonos en el vigor que da la convicción profunda de la justicia vivida, sentida y practicada. Es decir, no es emprender una cruzada moral en el sentido de que yo me arrepiento y listo, o “yo no soy así, sino que son los otros”. Son fuerzas sociales las que tenemos que mover, son fuerzas morales, son decisiones individuales y colectivas de una nación y de un continente que no conocen la democracia. Sabemos lo que no debe ser: ese estilo de vida y ese estilo de muerte a que nos ha sometido la oligarquía, no es la democracia; la manera como algunas organizaciones guerrilleras se presentan ante las masas, no es la democracia; la manera silenciosa, pasiva y triste con que se presenta el porvenir revolucionario, no es la democracia. Pero el proceso nuestro no se reduce a decir “esto no es”. Se trata fundamentalmente de consolidar una manera de ser, de combatir, de organizarnos y de juntar fuerzas en y por la democracia. Porque queremos vivir en una sociedad sin pobreza y sin miseria. Una sociedad en la que de verdad seamos libres y plenos, donde tengamos el derecho de escoger o rechazar, de hablar o de callar, de andar o de sentarnos, de pensar y de gozar y de crear. Y es apoyándonos en el pueblo y es convocando con los hechos, consolidando victorias morales, políticas y militares. Entonces, lo que discutamos va más allá del problema de los Franco, y más allá de nosotros mismos. Es una nación y es también un continente que, como decía Bolívar, va a asombrar al mundo. Es que todo hombre que ingrese en este movimiento, de nuevo, como Bolívar, es libre. Es, como Bolívar cuando enfrenta la guerra a muerte, no permitir que sus militares la entiendan como irrespeto al enemigo. Es, de nuevo, como Bolívar, ¡sembrar!

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DE MÉXICO A CORINTO (VÍA MADRID) Álvaro Fayad Delgado PRÓLOGO Este documentos que aquí presentamos trata de las luchas realizadas en los últimos años en Colombia por alcanzar la paz; es uno de los tantos pasajes sucedidos en décadas desde que Bateman, en 1980, hiciera la propuesta de reunirnos en Panamá para dialogar y buscar una salida negociada. En este relato están los protagonistas, los que insisten obstinadamente en las sin salidas de la guerra, los que con dignidad y admirable tenacidad insisten en el diálogo y la negociación. Aquí esta el testimonio, análisis y las posiciones básicas de uno de sus protagonistas: Álvaro Fayad comandante del M-19. La publicación de este documento es un gesto justificado porque en esas luchas el M-19 cumplió un papel señalado por la anticipación y la audacia, Anticipación, porque fue el M-19, a través de Jaime Bateman, su comandante general en aquel entonces, quien propuso por la primera vez la negociación y el diálogo entre todos los sectores sociales y políticos del país, como la mejor vía para encontrar una salida a la situación de guerra que Colombia ha vivido durante tantos años. Y audacia, porque esta propuesta puso en crisis los esquemas ideológicos y políticos tanto de la izquierda colombiana como de la misma derecha, abriendo así las puertas a un período de extraordinaria fluidez política; precisamente el período que corresponde al Gobierno de Belísario Betancur. Durante ese tiempo quedó en suspenso el esquema que durante décadas ha determinado la vida política colombiana. Esquema que se manifiesta por la exclusión y marginación de las mayorías populares de la vida política y segundo por la parálisis de las clases dominantes en Colombia, que encastilladas en sus privilegios son incapaces de responder a las demandas crecientes de democracia participativa y justicia social, de un país cada día más joven y menos convencido de que la única respuesta a su miseria y la exclusión sea la resignación.

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DE MÉXICO A CORINTO (VÍA MADRID) Cuando el 7 de agosto el presidente Betancur levantó su bandera de paz «a los hermanos alzados en armas» (1), el M-19 contestó en el Caquetá «vamos a donde él quiera, para hablar de la paz, no de la guerrilla; de la paz del país». Más que frases, fueron la expresión de un nuevo ambiente, de una nueva realidad en el país. Las encuestas elaboradas por Lombana (2), el mismo que había pronosticado el triunfo de Belisario, decían que el país quería la paz, el diálogo y que estaba con nosotros. Belisario fue consecuente con la voluntad popular. Así llegaron la amnistía que no se negoció con nosotros, no se nos consultó y luego un proceso de negociaciones que culminaron con los acuerdos de tregua. Consideramos la amnistía un triunfo del pueblo, que es el que pone el pecho en esta guerra, porque nosotros, a diferencia de los políticos, no hablamos de democracia y de paz sólo en las épocas electorales. Apenas se pone en vigencia la amnistía (3), le decimos al presidente: «demos el segundo paso, pero ya, de una». Y Belisario, a diferencia de Turbay, que hizo una amnistía humillante por la que mordió el polvo, sí se le mide a la paz y abre una inmensa expectativa que todos acogemos. Pero además le manifestamos que estamos dispuestos a ir más allá, a colaborarle en un movimiento nacional que rompa con el Estado oligárquico, que rompa con la democracia restringida y que conduzca a una paz verdadera. Pero pasa la amnistía y meses después no ocurre nada. Mientras tanto, los grupos paramilitares hacen de las suyas. En 6 meses de Gobierno de Belisario Betancur hay más muertos por los paramilitares que en el último período de Turbay, que fue el peor. El mismo procurador de la Nación dice que hay 160 implicados directamente en las órdenes de captura y ejecución de los desaparecidos y asesinatos, y entre esos 160 hay 45 militares(4). Pero el presidente no respalda esa investigación; algo huele mal ahí. Simultáneamente, las Fuerzas Armadas ven duplicado su presupuesto; de pronto Belisario, en un discurso, rodeado de generales, dice que la amnistía es todo lo que va a dar que de esa raya no va a pasar. Eso entorpece todo el proceso, pero además, ¿en qué queda ese movimiento nacional que victoriosamente lo ha llevado a la presidencia de la República?; en un grupo de personajes encargados de los ministerios y otros altos cargos, todos de los partidos tradicionales; son los mismos de siempre. De pronto hay excepciones como el ministro de Gobierno, Rodrigo Escobar Navia, o el de Comunicaciones, Bernardo Ramírez, pero de resto, son los mismos de López, los mismos de Turbay. Aunque en esos momentos el presidente de la Comisión de Paz, Otto Morales Benítez (5), estaba jugando un papel importante, nosotros insis-

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tíamos en dialogar directamente con Belisario Betancur porque él es el jefe constitucional de las Fuerzas Armadas. Nuestros contactos con Otto Morales se habían hecho a través de algunos senadores amigos nuestros y de la paz, porque considerábamos de todas formas que la comisión era un pulmón de oxigenación para este ambiente enrarecido militarmente. Habíamos discutido la realización de una reunión sin agenda en Bogotá o en Caquetá. �ueríamos intercambiar opiniones sobre cómo realizar un encuentro de paz, cuando de pronto Otto Morales renunció a la comisión diciendo que había «enemigos agazapados» en el seno del Gobierno. Nosotros preguntamos entonces, «¿quienes son los agazapados?»: ahí están, son los militares dedicados a la dirección de los grupos paramilitares, son los militares que están chantajeando al presidente de la República para que abandone el proceso de paz y por eso es que patina Belisario. De pronto comienza el acercamiento. Ya en la época de la aprobación de la amnistía, se había frustrado un diálogo con Bernardo Ramírez en México; nosotros estábamos con Bateman esperando en La Habana, pero se dijo entonces que había mucho periodista y se había perdido el secreto. Se pensó en Nueva Delhi, pero Belisario no pudo ir (6). Entonces se perdió la avioneta en la que viajaba Bateman y se inició su angustiosa búsqueda (7). Cuando ya lo dimos por muerto, yo asumí la vocería del M-19 y planteé nuestra insistencia en un diálogo directo con Belisario para preparar condiciones hacia un diálogo nacional y una tregua. Yo digo que no es que estemos pidiendo que el Ejército se retire de zonas geográficas del país, sino que debe haber una desmilitarización de la vida, para que se respete la vida civil, para que haya un verdadero régimen civil en Colombia. A raíz de eso, me ponen una cita en La Habana. Yo voy, y son Gabo y Alfonso López Michelsen (8) que me dicen que a nombre de Belisario Betancur quieren saber exactamente la posición del M-19. Gabo llega primero a la casa en donde nos hemos citado, es la casa que le asignan al Premio Nobel en La Habana; luego aparece López y finalmente yo. Subimos al segundo piso y la charla comienza de inmediato. López Michelsen muy concienzudamente apunta todo, quiere llevar por escrito lo conversado, y dice «sigo insistiendo en mi tesis, que fue lanzada en la campaña, en el sentido de que la paz es un problema de poder político». Explicaba entonces que el que tenga poder político, fuerza política, fuerza de opinión, puede hacer la paz; no una comisión (como la que dirigía Carlos Lleras (9) en ese tiempo). Y agregaba que Belisario tenía la fuerza política para hacerla. Insistía mucho en que él no quería poner ningún elemento personal a este acercamiento y copiaba todo lo que se hablaba, muy concienzudamente. Eso me impresionó mucho. Allí se despejaron dudas sobre la política

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que seguiríamos después de la muerte de Bateman y de esa reunión salió la crónica de Gabo. Ese atardecer fue la segunda vez que vi a López. Ya nos habíamos conocido también en La Habana en una ocasión en que nos encontramos además con su señora, Cecilia. Esa vez estaban Bateman y Pizarro (10). De los dos encuentros recuerdo su brillantez, su capacidad, su ironía, pero me impresionó el cambio de ánimo que le encontré. En la primera, realizada recién posesionado Belisario es decir, cuando acababa de perder López las elecciones lo vi un poco viejo; no le encontraba horizontes a la vida política para un proceso de paz, y estaba más interesado en la película que se filmaba con base en su novela «Los elegidos» que en la situación política, o en los partidos. En la segunda, era otro hombre; ya había para esa época manifestaciones de oposición a Belisario en el Congreso; se veía más joven y decidido. Gabo, como siempre, con esa capacidad humana que abruma, con la fe que le pone a las cosas en las cuales cree, con su afecto por Bateman de todos conocido y con sus coincidencias con nuestro líder. Yo creo que Bateman hizo en la política lo que Gabo hace en la literatura: Macondos, y brillantes ambos. Gabo jugó un papel dinámico en todo el proceso, en los momentos más difíciles ahí estaba. �uedamos a la espera de la reacción de Belisario sobre la propuesta que López y Gabo le llevaban. Pero nada. Pasaron los meses y nada, y las promesas sociales de Belisario empiezan a no aparecer.

El militarismo empieza a florecer y la paz se empantana. Hasta que Betancur manda una razón: quiere una entrevista con nosotros, pero secreta y por fuera del país. La respuesta textual nuestra es la siguiente: «nosotros no estamos interesados en una entrevista secreta, estamos interesados en una entrevista pública y dentro del país para arreglar los problemas del país. Pero sí estamos dispuestos a hablar con Belisario donde quiera, para charlar sobre los poetas griegos que él traduce, para oír a Olimpo Cárdenas. Vamos, hacemos cualquier cosa que ayude al proceso de la paz. Si lo que quiere Betancur es una cita fuera del país y secreta, no será para negociar absolutamente nada, sino para ver los mecanismos de una entrevista pública, que lleve a una tregua y a un diálogo». Pasan unos días, unas semanas, y no hay respuesta. De pronto nos dicen que hay una cita en México con Bernardo Ramírez (11). “Al igual que lo que habíamos planteado nosotros, Ramírez dice que va, pero no a negociar, sino a acordar los mecanismos para una con Belisario Betancur en otra parte. Nos gustó que fuera con Ramírez; una cara nueva que era además el otro ego, el otro yo de Belisario.

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No queríamos ir solos, porque pensamos que las negociaciones futuras debían incluir a los otros grupos guerrilleros. Lo planteamos a las FARC (12); para que algún delegado de ellas fuera a México a la reunión con Bernardo. Me preguntaron, ¿y cómo llegamos? Yo les contesté: «pues yendo». No era en realidad fácil ir hasta allá, era super clandestino, además nosotros no podíamos circular por los aeropuertos así no más. Pasar fronteras, pasaportes falsos, muchos aeropuertos, hasta llegar a México. Allá busqué a Bernardo en un hotel lujosísimo, grandísimo, gigantesco. Para hacer el contacto tomamos todas las medidas de seguridad del caso, porque si algo pasaba, el paganini era yo. Pero allá le llego. No lo conocía. Apenas lo saludé, cuando algo atrajo mi vista como un imán. Era una mesa repleta de libros, qué libros tan buenos. Hacía mucho tiempo no veía libros. Los miré un rato y luego lo invité a salir a una casa de seguridad que habíamos acondicionado. Él me pidió que fuera en el hotel mismo, y yo no sé por qué pero sentía que podía confiar en ese hombre, y sin ningunas medidas me quedé allí. Cómo será de grande la confianza que el tipo genera en segundos, que después bajé con él a un comedor público tranquilamente, a comer. Nos encarretamos porque lo concreto se definió rapidísimo: el Presidente iría a España a recibir el Premio Príncipe de Asturias y planteaba que en ese viaje se podía encontrar con nosotros. Felipe y el Rey ofrecían la seguridad. Nuestro único problema era el corto tiempo, menos de una semana para llegar a Madrid. Pero dije inmediatamente «listo», en España era una oportunidad única que no podíamos desperdiciar. Me gustó contactar a Bernardo Ramírez; es un pereirano, paisa, que va directo, sin rodeos, va a lo que va sin prepotencias. Y tienen además la inmensa ventaja de no poseer ese estilo oligárquico que tienen los funcionarios oficiales en nuestro país ni para hablar, ni para enfocar los problemas, ni en sus actitudes. Lo más difícil fue avisarle a lván Marino Ospina(13) y que él pudiera llegar a España a tiempo. Estaba en el río Orteguaza, en el Caquetá. Pero había que ir. Dicen los periodistas que llegamos en un avión expreso desde La Habana. Eso es falso. Llegamos en línea comercial, como cualquier turista. Nos metimos a un hotelito de mala muerte. Llegué yo primero, cinco días antes del encuentro. Aproveché para andar tranquilo por las calles. Después del monte vino la cárcel y después otra vez la clandestinidad. Era una sensación rara esa de andar por la ciudad sin delirio de persecución. Yo no conocía ningún país distinto de Colombia. Había ido dos veces a La Habana, y pare de contar. Esa noche fui a una cita, en donde me recogieron para llevarme a la casa de Julio Feo (14). Estaba allá el cuerpo de seguridad de Felipe González y nosotros, desarmados, jugándonos todo por el todo. ¿Y sabe qué salvó el encuentro? que como estábamos clandestinos no nos enteramos del escándalo

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que armó Yamid Amat (15)*, si nos llegamos a enterar no vamos. Nadie se le hubiera medido a una ratonera de esas. Cuando supimos, nos enfrentamos al problema de salir de España, pero ya el encuentro con Belisario se había dado. Yo no critico a Yamid Amat; su oficio es el periodismo. Quien tuvo una actitud censurable fue el que le informó a él. Y le aseguro, no fuimos nosotros porque no podíamos exponer el pellejo en forma suicida. Llegamos una hora antes que el Presidente, y aprovechamos para conversar con la seguridad de La Moncloa. Ellos son un cuerpo esencialmente antiterrorista, cuyo problema fundamental es ETA. Les explicamos el sentido democrático de nuestra lucha, cuáles eran las condiciones de América Latina, que diferenciaban los objetivos y las acciones de nuestras guerrillas con la europea, estilo ETA o Brigadas Rojas y a lo último, ya con tranguitos, nos preguntaban las técnicas, claro, se les salió el oficio, cuando de pronto apareció Belisario. Estábamos en una salita del primer piso. Lo vi nervioso, camina muy rápido, pensaba que lo iba a encontrar en frac y aparece vestido de «civil». Con su estilo paisa: «Mucho gusto, Iván; mucho gusto, Álvaro» y siguió a una salita del segundo piso. Nos sentamos los tres y la puerta se cerró. Belisario tiene esa capacidad de meterle una corriente de calidez humana que vuelve lo más trascendental en coloquial, y tampoco tiene misterios. Hacía calor. Iván y yo nos quitamos los sacos. Belisario contó las peripecias para volarse del banquete del Rey y sobre el ajetreo en las Naciones Unidas y en El Vaticano. Toda esa carreta sirvió para ir hablando. Había un cunchito de whisky, lo servimos, brindamos los tres. Sentíamos que era un brindis histórico, era primera cita de un presidente colombiano elegido por el voto popular, con la insurgencia armada; sentíamos que estábamos haciendo lo correcto pues el diálogo no empequeñece ni al Gobierno ni a la guerrilla. Era un cambio histórico: cuando Lleras Restrepo, como presidente de la Comisión de Paz durante el Gobierno de Turbay, iba a reunirse con Bateman en México, nosotros hicimos la gestión desde la cárcel, Álvaro Gómez (16) y los militares dijeron que no podía ir «a las cavernas de la subversión» y que para un expresidente era una indignidad hablar con un jefe guerrillero. Belisario rompe con todo eso y sin consultárselo a nadie. Hablamos de todo, pero con una sola pregunta en mente: «¿cuándo paramos esta guerra?». Él explicó que la guerra era consecuencia de la violencia. Nosotros le dijimos que no, que era cierto que parte de las familias de los tres habían sido asesinadas en esa época, pero que hasta allí llegaban las coincidencias. «No somos una consecuencia de esa violencia, ni estamos para vengar la muerte de

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nuestros seres queridos. Buscamos más bien justicia y democracia, un nuevo país», le dijimos. También hablamos de su plan económico, de la lucha contra el narcotráfico; hablamos del problema de Rodrigo Lara y afirma que él debía dejar el Ministerio de Justicia, pero no tanto por el problema del cheque del mafioso, sino porque estaba de acuerdo con un Código de Procedimiento Penal que era regresivo y fascista (17) Cuando llegamos a los banqueros le dijimos que uno no puede estar con todo el mundo y que si quería cambiar el país debía tomar medidas, por ejemplo, para castigar a un señor que había utilizado plata ajena para enriquecerse: Jaime Michelsen Uríbe (18). Y le agregamos, «si usted cumple el 30 % de lo que prometió en su campaña electoral, sólo el 30 %, salimos con usted a la plazas públicas a defender su Gobierno. Pero convoque al pueblo, convoque a la Nación como lo hizo López Pumarejo» (19). Él contestaba que no podía hacer los cambios radicales que nosotros pretendíamos, que había que ir paso a paso, poco a poco ganando espacio, que la situación era muy difícil y los militares muy duros. Les insistimos, una vez más, en la necesidad de un diálogo público en Colombia para impulsar un proceso de paz viva. Le anunciamos que si la reunión se daba, asistirían además el EPL (20) las FARC, con los cuales teníamos contactos. En eso quedamos en concreto. Belisario quiere una foto y nosotros aceptamos. El llama a Julio Feo para que haga la histórica fotografía. Ya eran las dos y media de la mañana y nadie tenía cámara fotográfica. No se pudo hacer. Acordamos comunicarnos con Bernardo Ramírez o con Gabo. Regresamos a Colombia y buscamos a los compañeros de los otros grupos. Dos meses después firmamos un documento con Manuel Marulanda (21) y los demás miembros del Secretariado del Estado Mayor de las FARC. A la salida está el diario El País para hacer una entrevista ahí, en la casa. Nosotros decíamos que no, y Belisario que sí. Entonces yo lo miro y le propongo: «¿Por qué no nos vamos. en un avión mañana a Colombia, llegamos juntos y allá damos todas las declaraciones?». Entonces Belisario cambia de idea y se niega a dar la entrevista. Y de despedida le decimos: «Póngase el casco de Allende, el pueblo y nosotros lo apoyamos». Volvemos a brindar por un encuentro posterior, una tregua y el diálogo nacional, y nos vamos. Comenzamos a llamar a Bernardo Ramírez y nada, no aparece, se nos borra. Pasa diciembre, pasa enero, y Bernardo no está cuando lo llama «Carlos Julio Ramírez» que es el nombre clave. Nunca está, le dejo razones varias veces y nada y nada y nada. De pronto empiezan las reuniones de la Comisión de Paz con las FARC. �uedó rápidamente listo el acuerdo con ellas. Y seguíamos insistiendo en vano con Bernardo. Pensamos entonces «aquí está pasando algo raro». Comencé a mandarle razones a Belisario, a Bernardo, me reuní con amigos de ambos, gente muy cercana a los dos, con Otto Morales dos veces

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para decirle «hágale un favor a la patria, sea emisario». Otto se comprometió a buscar una respuesta, y nunca nos comunicó nada. Mandamos razón a Gabo, éste llevó el mensaje a Palacio y nada. Volvimos a buscar a Otto Morales, ¿y sabe qué nos contestó?, que habláramos con el secretario de la Comisión de Paz. Entonces lo entendimos claramente: querían que adhiriéramos al acuerdo con las FARC (22). Belisario se quería ahorrar el desgaste y la necesidad de chocar dos veces con sectores políticos, militares y financieros que no iban a aceptar otra entrevista pública con la guerrilla, jodernos a nosotros y jugar a la ley del arrastre. Cuando meses después nos volvimos a reunir, Bernardo me dijo que yo había anotado mal su teléfono privado. Eso pudo ser cierto pero, ¿y las razones con Gabo? ¿las razones con Otto Morales? ¿los mandados de sus amigos? Eso fue una disculpa. Lo que ellos pensaban era meternos a todos en el mismo costal pero negociar separadamente, no en bloque, para debilitarnos y ahorrarse la reunión pública; y finalmente, endosarnos a una comisión intermediaria, para que el Presidente no tuviera que intervenir personalmente. Las FARC cayeron en este juego, cometieron la torpeza de aceptar ese método. Torpeza, porque ya teníamos un terreno abonado y queríamos un acuerdo conjunto que nos mostrara en toda nuestra fuerza, en toda nuestra dimensión ante el país. Tuvieron poca visión de grupo y rompieron los convenios que tenían con nosotros. Entonces decidimos responder. Se anuncia el acuerdo de La Uribe, y Andrés Almarales (23) sale de inmediato a rechazarlo. Anuncia que haremos una contraofensiva militar, política y publicitaria, para exigir el cumplimiento de los acuerdos de Madrid. No aceptamos el arreglo con las FARC porque le falta pueblo, es un convenio entre Gobierno y guerrilla, y pensamos que ese no es el problema de la paz en este país. Es increíble; se da Florencia (24) que es un triunfo político y militar nuestro, aunque los partes del Ejército y del Gobierno digan que fueron no sé cuántos muertos. Allá fue derrotado el Ejército, y no sólo la contraguerrilla la concentración en una capital departamental más grande del país, humillada, derrotada allí, sino toda la tropa, y al otro día me llama Bernardo Ramírez a través de una serie de hilos y me dice que quiere hablar. No era entonces un tal teléfono equivocado. Se probó que si el pueblo le mete fuerza acompañada de fierros, ahí sí oyen. Si no tomamos la embajada (25), no hay diálogo; si no hacemos Florencia, no hay diálogo. Reanudamos las conversaciones esa misma noche; nos va muy bien, el diálogo entre los dos es muy fluido, de frente para madrearnos, para decirnos que estamos de acuerdo o que estamos en desacuerdo. Son totalmente clandestinas porque después de Florencia la persecución se hizo muy dura. A él le

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pedíamos que fuera sin guardaespaldas, cambiando de carro y chequeando la entrada a los sitios. Yo siempre iba armado, bien armado. Por el hecho de que un soplón que no era yo, y le creo cuando él decía que tampoco había sido dificultaba las cosas, había que buscar sitios nuevos, casas distintas. Para estas citas sirvió gente insospechable de este país, deportistas, gente de la cultura, del periodismo. Poco a poco le fuimos quitando tanto misterio y al final ya desayunábamos en casa de Bernardo. En la primera reunión después de Florencia, me pregunta «¿qué es lo que quieren?», y yo le contesto: «lo de siempre, tregua y diálogo nacional», llevábamos cuatro años jodiendo con eso. Me promete traer un proyecto de acuerdo al día siguiente. Llega a esa reunión, con uno idéntico al suscrito con las FARC. Yo le digo de frente, con el papel en la mano: «ya, de una vez, esto no, esto no, esto no, esto sí, esto sí, esto no, y así. Y agrego: «como ustedes están apostando bajito, nosotros vamos a apostar duro. Y nos encontramos en la mitad». Le di mi propuesta, que era muy exigente, bien elevada y convinimos en que la elaboraría por escrito. Confrontaríamos las dos para sacar un borrador, sobre el cual iniciaríamos el trabajo de discusión. Había que trabajar en dos niveles: el documento de tregua y el proceso de diálogo. Para nosotros el problema no era obtener una simple tregua, era definir los mecanismos del diálogo. Nos pusimos de acuerdo en que la Comisión de paz no intervendría por el momento, para hacer más rápida la negociación: sólo trabajaríamos él y yo. Varias cosas debían quedar claras. En primer lugar, que no es cierto el argumento de los militares de que el Ejército no derrota a la guerrilla, pero que la guerrilla tampoco derrota al Ejército. Eso es falso, nosotros sí nos sentimos capaces de derrotarlos. En segundo lugar, no estamos cansados de la guerra ni sentimos que es una vaina inútil, no es que ahora pensemos en los caminos electorales; no. Es una fuerza decisoria, el sentimiento nacional, la que reclama una solución a sus problemas. Y para ello, Belisario era un buen protagonista; Bernardo Ramírez lo reemplazaba inmejorable. ¿�ué se discutió en todas esas reuniones? 1) La dignidad del movimiento guerrillero. 2) Una tregua en donde ninguna de las dos fuerzas salga derrotada, una tregua de contendores. Por este segundo punto había pelea. Las FARC habían firmado que reconocían como única fuerza militar válida al Ejército colombiano. Nosotros pensamos que somos tan válidos, tan legítimos como expresión de la rebelión armada, como ellos. Nosotros planteábamos entonces que hay un Ejército, y unas fuerzas armadas del pueblo. Y 3) El diálogo nacional. Había otros puntos de conflicto. Ellos querían, por ejemplo, que condenáramos moralmente el secuestro, como lo hicieron las

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FARC. A eso respondíamos: «nosotros hemos retenido personas. El secuestro es un delito común, es la amenaza a la vida de alguien por dinero. Cuando hemos retenido a alguien le hemos dicho, ‘usted está lleno de dinero que le pertenece a la Nación, al pueblo trabajador’, por eso es que en el pasado retuvimos a ejecutivos de las multinacionales que extraen del país las riquezas, porque parte de los gastos de la revolución la tienen que pagar las multinacionales». Reconocemos que retener a una persona es violar su libertad, y eso no nos gusta nada. Pero, ¿acaso hemos vivido en Suiza? En Colombia ha habido una guerra civil, una guerra económica, una guerra social y política, una guerra violenta diaria. Yo le dije a Bernardo Ramírez: «con usted es muy chévere hablar, nos entendemos y vamos pa’lante, tomamos aguardiente, hablamos de literatura, pero la buena relación aquí no frena los planes ofensivos de la organización. El Presidente había dicho, cuando le preguntaron que por qué seguían nuestras acciones, que «el M-19 acostumbra negociar de noche y combatir de día». Entonces le pregunté a Bernando «qué es lo que quiere el Presidente?, si quiere combatimos de día y combatimos de noche. Las discusiones sobre el diálogo nacional fueron duras también. No sabían cuál era su significado real. La primera propuesta del Gobierno es que nosotros nombráramos delegados para oír, con el Gobierno, las inquietudes del pueblo. Esos delegados podrían hablar con las comisiones del Congreso. Para nosotros el diálogo nacional no podía ser eso; era el país el que tenía que hablar y decidir. El 30 de abril asesinaron a Rodrigo Lara Bonilla. Se decretó el estado de sitio en todo el país ya regía en el Caquetá, el Cauca, Putumayo y Huila, agregándose a una censura de prensa que era real y concreta aunque no había un decreto que la impusiera. La actitud de Belisario fue valiente frente a esa histeria de derecha que recorrió el país, la Iglesia, los gremios pidiendo violencia, igualando la violencia social con la lucha guerrillera. En últimas, le decían «cúmplale a las FARC que ya firmaron, pero al M-19: plomo». La noche anterior a su asesinato, Rodrigo Lara conversó conmigo. Nos gustaba la forma de pensar de Lara y ya Bateman se había reunido con él en el 82. Nos identificábamos al pensar que Colombia merece un clima de democracia y que hay que crearlo, construirlo. Con él queríamos impulsar ese proyecto. Le explicamos lo de Madrid, nuestra posición contraria al Código de Procedimiento Penal y a la extradición. Nos contó que se iba del país y estuvimos de acuerdo en que el diálogo debía promover reformas profundas para que en Colombia hubiera un real desarrollo de la paz. Él quedó, al día siguiente, de discutir el problema jurídico de los guerrilleros en tregua y la

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posibilidad de expedir salvoconductos para los que salieran a la vida pública. Murió al anochecer. Belisario, en su discurso en Neiva (26), hace una distinción clara entre el tipo de violencia que segó la vida de Lara y la rebelión en armas. Pero les cede a los militares en varias cosas, como en la implantación del estado de sitio y en los decretos complementarios que no son para luchar contra el narcotráfico sino para impedir la movilización popular. Y Bernardo Ramírez se vuelve a perder; pasan 15 días y decimos «se acabó». Les digo a los compañeros del Estado Mayor: «láncese con todo, porque esto se jodió». Antes de la ofensiva me reuní cuatro veces con López(27). De pronto aparece Bernardo y yo le digo «con estado de sitio contra el pueblo, censura de prensa y usted desaparecido. ¿qué quiere que piense?; ¿lo que quiere usted es romper?». Me da explicaciones que no me dejan muy convencido. Y yo le insistí: «dígale a Belisario que él verá, que por mí, todo puede estar listo para que el 20 de julio llegue a la apertura del Congreso con el acuerdo de paz en el bolsillo». Pero eso no fue posible. Con el avance de las discusiones se vincularon los dirigentes de los partidos Liberal y Conservador, Jaime Castro y Álvaro Leyva Durán. Castro sabía a qué iba; él le tenía miedo a un plebiscito o a una asamblea nacional constituyente, pero a lo que le tenía pánico era al «desorden», ¿cómo reunir a todo el país en las plazas públicas a que hablara de sus problemas? Eso le producía terror. Como si el ambiente adormecido del Congreso fuera el «orden». Pero estaba dispuesto a que el diálogo nacional funcionara. Álvaro Leyva era mucho más abierto, aceptaba que en Colombia la democracia es, además de restringida, chiquita; que el pueblo no está representado en ese sistema democrático y que con el diálogo nacional podría lograrlo. Hablaba de devolverle al pueblo la democracia directa. Pero a ambos les preocupaba lo del cabildo abierto, lo de la gente en las plazas públicas. Cuando los nombraron ministros, pensábamos que Belisario reforzaba el equipo de los hombres partidarios de la paz en el gabinete ministerial. Con Jaime Castro nos equivocamos. Apenas lo nombraron ministro se volvió otra persona, dijo que nunca se había reunido con nosotros a nombre del Partido Liberal sino a título personal. También afirmó que no había concebido el diálogo nacional como nosotros, y que eso era un problema de recinto cerrado. Mientras pasó todo ese tiempo de las negociaciones se hizo Corinto(28), se hizo Miranda(29) y acciones en muchas ciudades. Al final habíamos quedado en hacer unas reuniones de ambientación, una en el Cauca, otra en Caquetá y una más en Antioquia (30) (ésta con el EPL).

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Llega la comisión a San Francisco, Cauca, y se encuentra con el Ejército. La clave es que la guerrilla choca con el Ejército que va en su búsqueda, y lo derrota; es la guerrilla la que levanta la bandera de la paz. Los delegados del Presidente de la República son sometidos a requisa y a la amenaza del Ejército y levantan su propia camisa como bandera de paz, no frente a la guerrilla sino frente al Ejército. Era una guerrilla combatiendo por la paz, enfrentándose militarmente y derrotándolo. El Ejército informa a El Tiempo (31) que el M-19 lo ha emboscado y así aparece en los titulares del día siguiente. Pero allí está la televisión que lo filma todo, y por eso la mentira del Ejército no se pudo sostener. Por la televisión, el país vio que la guerrilla no iba a una marcha de combate era una guerrilla bajando alegre, cantando, con los morrales a la espalda, y de pronto... el combate. A la noche siguiente vi a Bernardo Ramírez y le dije: «o ustedes amarran a los militares o va a ser muy difícil adelantar el proceso de la paz; nosotros queremos, pero como somos varios bandos, hay que integrarlos a todos». El me contestó que eso era muy difícil y me contó que después de esos hechos había habido una tormentosa reunión de ministros en la que Bernardo Ramírez, como invitado, tuvo que discutir personalmente lo que ya había probado; que varios militares no estaban dispuestos a obedecer órdenes ni a despejar la zona de San Francisco cuando se planteó la celebración de la cita. Cinco días después de San Francisco, caía Toledo Plata (32) asesinado por los enemigos de la paz. Era una secuencia en el intento de bloquear el proceso. No golpean al M-19, intentan acabar con el país. Se dijo en ese momento que el M-19 tendría motivos para haber matado a Toledo. ¡�ué mentira y qué suciedad! Toledo no sólo era un oficial superior nuestro, sino un símbolo para nosotros de autoridad moral; era tal vez el comandante más querido y respetado, un hombre que teniéndolo todo, una profesión, un status social, una representación política en el Congreso, con sus años y sus posibilidades, asume la rebelión armada como su destino. El M-19 es no solamente gente en armas, es un movimiento político-militar. Tenemos el arma, el fusil, pero también la crítica, la denuncia, el trabajo político, y en eso era irremplazable Toledo, un hombre sin enemigos, con fervoroso cariño del pueblo de Bucaramanga que pidió vengar su muerte. Fue Carlos Lleras el que dijo que podíamos haber sido nosotros. Todo el mundo sabe que cuando Carlos Lleras dice algo, hay que creer exactamente lo contrario; cuando él defiende la invasión norteamericana a Granada hay que apoyar a Granada, y así. Carlos Lleras ha llegado a un punto, que cuando escribe, no se sabe si lo ha hecho él o la Brigada de Institutos Militares; cada día se parecen más.

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Carlos Lleras fue el único que estuvo de acuerdo con Matamoros, Landazábal y Lema Henao (33), cuando criticaron la reunión de Belisario con nosotros en Madrid y la política internacional del Gobierno. Y es Lleras el que se reúne permanentemente con los altos mandos militares en su casa. Todo el movimiento de golpe ha sido hablado, pensado y discutido con Lleras. No es raro entonces que lance esa calumnia. Pero además, el problema de Lleras con la guerrilla es viejo. Fue él, quien como miembro de la Dirección Liberal, entregó a la guerrilla del Llano (34). Y fue él quien nos propuso después a nosotros entregar las armas; y como le dijimos que no, quedó con ganas de atravesarse en el camino de la paz. La muerte de Toledo conmocionó al país. Voy temprano a la casa de Bernardo Ramírez y le digo: «vamos a responder con todo, olvídese de sitios, olvídese de firma, olvídese de fechas, olvídese de todo». Él me dice: «mire el momento histórico, no el momento sino la historia de este país». Entonces le contesto: «como dice Bolívar, cuando en la guerra todo parece caos, la única brújula es la dignidad y el honor. En Colombia la gente lo acepta todo, menos que uno se agache, olvídese de vainas». Por eso vino Yumbo (35), que era la respuesta a los asesinos de Toledo, pero que también era parte de nuestra ofensiva. La noche anterior el asesinato a Toledo, habíamos fijado la fecha del 12 de agosto, es decir tres días después. Pero Bernardo me dijo que los militares no aceptaban los sitios que nosotros proponíamos, que eran Toribío, Corinto y El Hobo. Me dijo que ellos sólo aceptaban fincas, que no aceptan ni siquiera una vereda a donde el Ejército haya ido alguna vez, y que eso es sin discusión. Le digo que discutamos otros sitios, pero me dicen que no hay nada que hacer. Proponían que firmáramos en Lopezadentro, en el Cauca, que es una recuperación de tierras indígenas (antes de que los desalojaran). Yo acepto, porque para nosotros tiene un gran significado firmar frente a la población indígena que ha tenido el valor de pelear por su tierra, por lo que le pertenece, pero le observo «eso le agrega a este conflicto un problema más, por ejemplo, con los azucareros del Valle que están dispuestos a masacrar los indígenas, uno por uno. Si a todo esto se le agrega el factor guerrilla-indígenas, para nosotros es perfecto». Bernardo entonces se la juega y les dice a los militares «o en Corinto y El Hobo (36), o no hay firma». Con lo de Yumbo, las cosas se ponían peores. Porque Yumbo es todo audacia y capacidad de combate. El Ejército niega sus bajas. Nosotros tuvimos cinco muertos. Y los militares toman venganza, en su impotencia, en su incapacidad, sobre la población y empiezan a asesinar gente. Ese día, Bernardo está emberracado. Yo le pregunto «entonces ¿quieren la paz o no?», y le expongo cuatro posibilidades:

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1) Dejar que la guerra se desarrolle, que sigan los combates, y le digo que la columna de Pizarro, arriba de Yumbo, puede combatir sin problemas, no es cierto que esté cercada. Pero que si esto continúa, las columnas de Navarro, lván, Boris y Chalita (37) empiezan a golpear también. Entonces, que se desarrollen los combates y sea la nueva situación político-militar la que nos dé la realidad de estas negociaciones. «Nos vemos en un mes, si quiere», remato. Él me dice «usted me está hablando de guerra». Yo le contesto «yo le estoy hablando de la realidad de este país, y lo que queremos es cambiar la realidad del país, no negarla». 2) �ue se desarrollen los combates en Yumbo y el Cauca y que la Comisión de Diálogo vaya al Caquetá y hable con Boris, para mantener un pulmón, para no perder esa ambientación hacia la paz. 3) Una entrevista pública, usted y yo, o la Comisión de Paz en pleno conmigo, para discutir la situación, mientras siguen los combates. 4) Un pacto de honor hacia la suspensión de todas las operaciones. Ese pacto incluye la firma del Acuerdo de Cese del Fuego en Corinto y El Hobo, despejando las vías de acceso y de retirada desde Dapa, Toribio, San Francisco, y las zonas del Huila empezando por Tres esquinas. Bernardo me dijo: «pero si ustedes están cercados por los militares». Y yo, furioso: «si usted les sigue creyendo a los militares después de lo que ha pasado, después que llevan 10 años diciendo que nos tienen acabados y llevamos 10 años siendo cada vez mejores; si cree en esa vaina, apueste a eso y nos vemos en un mes». Al día siguiente, el Gobierno escoge la cuarta alternativa, asume el compromiso de «ni un tiro más» y de firmar en los sitios propuestos por el M-19 Pero al final comienzan a aparecer los muertos en Yumbo, todos los días. Yo le digo «no son los grupos paramilitares, es la policía», y le digo que para firmar necesitamos que eso se controle primero y pido que vaya la comisión verificadora. Ramírez se emberraca y dice que es lo último que hace. Y me agrega: «ustedes no quieren firmar; hay apuestas en todo el país». Me contó que cuando Felipe González (38) vino de vacaciones, le dieron una comida a la que asistieron Gabo, Matamoros y otras personalidades. El clima era ya de firma y Matamoros le dijo a Bernardo que él apostaba su cabeza a que Pizarro no firmaba: «me corto la cabeza si firma Pizarro». Le dije: «dígale a Matamoros que vamos a cumplir para que él se corte la cabeza. �ue con tal de que se la corte, Pizarro firma». «Es que la apuesta es nacional», agregó. Y yo le insistí «consiga plata prestada y apueste todo lo que quiera, que va a ganar. Si cumple lo de Yumbo, nos vemos en Corinto para firmar». El día de la firma, nos vimos muy temprano. Me dijo «estoy mamado, no voy a Corinto(39). Entonces yo dije «nos va a tocar brindar aquí a los dos, porque yo tampoco voy a ir. No tengo transporte». No tenía cómo viajar y el

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enemigo sabía que yo debía trasladarme desde Bogotá hasta el Cauca; ya el B-2(40) me había tratado de montar una celada durante el proceso y no podía correr riesgos. Él, con su suspicacia, me dijo «si usted no va, es porque está planeando algo». Entonces yo le propuse «vámonos juntos y después de la firma nos pegamos una rasca, pero ya no con whisky sino con aguardiente y oyendo a Olimpo Cárdenas». Aceptó, pero quedamos de vernos allá, cada uno debía irse por su lado. Boris estaba también en Bogotá y debía ir hasta el Huila. Tuvimos que arriesgarnos y tratar de conseguir un helicóptero en el propio aeropuerto. Llegamos allá, de civil, y contratamos un aparatico que tiene poca gasolina por aquellas cosas técnicas de la salida de Bogotá. A mitad de vuelo, el piloto nos dice que hay que parar en Cali a tanquear. Yo no acepto, aunque el hombre insiste, teniendo en cuenta que tiene que hacer dos aterrizajes y dos despegues Corinto y Hobo, pero finalmente acepta cuando le ofrezco que sigamos bajo mi responsabilidad hasta donde nos dé la gasolina. Estamos muy compuestos, pantalón de paño y la cara limpia. De pronto empiezan a salir de los maletines peinetas, camisas de sport, bigotes postizos y las metralletas. El piloto no dice nada, pero se le nota el desconcierto. Un espejito y dos nuevas figuras: los pasajeros somos Boris y Álvaro Fayad . Desde arriba vemos la canchita de fútbol, altica, inmensa. Baja el helicóptero en Corinto y me despido efusivamente. El capitán, presuroso, sin apagar motores, alza el vuelo hacia el Huila. Camino solo, no hay un alma. Mis zapatos de cuero negro golpean firme el prado. Comienzan a salir gentecita, esa gentecita que hace que estemos en esta lucha. Gritan «es Fayad, es Fayad» y me acompañan espontáneamente con vivas al M-19 y a la paz.. Llego a la plaza y de ahí, rodeado de muchos fervorosos colombianos, sigo hacia la escuela para encontrarme con los compañeros de Dirección. Cuando faltaba media hora para la firma... la emboscada a Pizarro (41) en Florida. Era la continuación de San Francisco, Toledo; en los últimos segundos, los golpistas del Ejército frenaban el camino de la paz. El dilema para nosotros era claro: o el país se lanza a una guerra o se hace la paz. Había que responder si era grave, si había muertos. Empezamos a discutir en el Comando Superior si firmábamos o no, y si lo hacíamos, cuándo sería. Desde el comienzo de la reunión, por unanimidad, se dejó claro que teníamos que firmar, había que ir hacia la paz, firmar un documento mojado con nuestra sangre. Pero había que poner condiciones: 1. Parar la masacre de Yumbo.

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2. Asegurar el respeto de la dignidad para que no hubiera militarización en los sitios que habían servido de sede para la firma. 3. �ue no persiguieran después a los pobladores. 4. Que el Gobierno se comprometiera a respetar la vida de lo hombres que mandábamos al diálogo nacional. La discusión con los comisionados se alargó, porque todo debía ir por teléfono a Bogotá, y había oposición en Palacio. A las 6 de la tarde hubo acuerdo. Salimos de la alcaldía, firmamos luego de leer el documento, en la oscuridad. Enrique Santos Calderón (42), Bernardo Ramírez y yo nos dirigimos a la cantinita del pueblo, en el borde de la plaza. En Corinto hay un calor humano que rompe todos los clichés, ese abrazo del pueblo en armas con la nación. Hay en la cantina dos guerrilleros jugando billar, fusil al hombro. Pedimos aguardiente y música vieja. Me impresiona que Bernardo dice «yo llegué hasta aquí, cumplí una misión de amistad con Belisario». Para él al igual que para Enrique Santos, Corinto era la culminación de un proceso cuando para nosotros era el comienzo de algo nuevo, de algo mucho más grande y más definitivo en la vida de la nación. Para nosotros era lo que conduciría a formar una nueva Colombia, nacía una certeza de que algo había cambiado en este país. Comimos sancocho, ellos se fueron y para nosotros seguía una nueva historia, una historia que hasta el momento no se ha logrado asimilar, porque los firmantes del Gobierno no creen que es el inicio, sino que conciben el acuerdo como el final. Por eso a Belisario Betancur el impulso le llega hasta Corinto. Ahí se le acaba el aire. Álvaro Fayad Comandante General M-19

CITAS AL CAPÍTULO (1) Del discurso que el presidente Belisario Betancur dirigió al parlamento colombiano el 7 de agosto de 1982, fecha de su posesión. (2) Oscar Lombana, especialista en muestreos de opinión pública, diseñó la encuesta de cobertura nacional que en 1982 demostró que entre indiferentes y simpatizantes el 85 % de la gente estaba con el M‑19. Un porcentaje semejante estaba por una solución política, negociada, al conflicto entre el Gobierno y la guerrilla. (3) Se trata de la ley de amnistía aprobada por el parlamento colombiano a instancias del presidente Belisario Betancur. (4) En un informe difundido parcialmente por las cámaras de televisión en enero de 1984. (5) Otto Morales Benítez, dirigente del partido liberal, y presidente de la Comision de Paz nombrada por Belisario Betancur al comienzo de su mandato. (6) Se trata de la última cumbre de los Países no alineados, realizada en Nueva Delhi, a la cual el presidente Belisario Betancur pensaba asistir.

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(7) Jaime Bateman Cayón, dirigente máximo del M‑19 y el más destacado de sus fundadores. Murió en abril de 1983 al caer en la selva la avioneta en la que viajaba clandestinamente entre Colombia y Panamá. (8) Alfonso López Michelsen, liberal, fue presidente de Colombia entre 1974 y 1978 (9) Carlos Lleras Restrepo, dirigente liberal, presidente de Colombia entre 1966 y 1970. (10) Carlos Pizarro Leóngomez, uno de los fundadores del M‑19 y uno de los tres integrantes del Comando Superior. (11) Bernardo Ramírez, conservador, amigo personal del Belisario Betancur, cumplió un papel muy destacado en las negociaciones que llevaron a la firma de los acuerdos de tregua y diálogo nacional. (12) FARC: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, organización guerrillera fundada en 1964. (13) Iván Marino Ospina, miembro en la época de este relato del Comando Superior del M‑19, fue durante el período que media entre la muerte de Bateman Cayón y el Congreso de Los Robles, el dirigente máximo de esta organización, Murió en agosto de 1985, en Cali, combatiendo con tropas del Ejército y de la policía. 14) Asesor de imagen de Felipe González, presidente del Gobierno español. (15) Conocido periodista colombiano, divulgó antes que ningún otro de sus colegas, Ia noticia de que se estaba preparando en Madrid un encuentro entre Belisario Betancur y los dirigentes del M‑19. (16) Álvaro Gómez, conservador, tres veces candidato de su partido a la presidencia de Colombia. (17) Rodrigo Lara Bonilla. liberal, ministro de justicia del presidente Belisario Betancur, se distinguió por su ahínco en la lucha contra el narcotráfico, y por su enfática defensa del tratado de extradición firmado durante el Gobierno de Belisario Betancur entre Colombia y los Estados Unidos. Fue asesi‑ nado en 1984 por pistoleros a sueldo. (18) Jaime Michelsen Uribe, cabeza visible de un poderosísimo grupo financiero. (19) Alfonso López Pumarejo, liberal, presidente de Colombia por la primera vez entre 1934 y 1938. No pudo concluir un segundo mandato iniciado en 1942, debido un intento de golpe de estado que lo obligó a renunciar. Su primer Gobierno adoptó el lema de «revolución en marcha, e intentó, sin conseguirlo, una reforma agraria. (20) Ejército Popular de Liberación ‑EPL, brazo armado del Partido Comunista marxista‑leninista de Colombia. Nació en 1964 bajo el doble influjo de la revolución cubana y de la escisión chino‑sovié‑ tica. (21) Manuel Marulanda Vélez, nombre adoptado por quien es uno de los fundadores y dirigentes máximos de las FARC. (22) El 28 de marzo en La Uribe, una localidad situada en el departamento del Meta en el oriente de Colombia, las FARC y el Gobierno de Belisario Betancur firmaron un acuerdo de cese al fuego, que abría las puertas a la legalización de esta organización guerrilla y a su ulterior disolución, a cambio de la promesa del Gobierno de presentar al parlamento una serie de proyectos de ley, destinados a conseguir una mejora en la situación económica, social y política del pueblo colombiano. (23) Dirigente del M‑19. Murió en la toma en noviembre de 1985 del Palacio de Justicia por un co‑ mando de esta organización. (24) En marzo de 1984 una columna guerrillera del M‑19 al mando de Boris y de Marcos Chalita, se toma Florencia, ciudad de cerca de 200.000 habitantes, capital del departamento del Caquetá y cabecera de una vasta zona de colonización situada en la amazonía colombiana. La guarnición de Florencia era en la época de este relato la más importante concentración de tropas contra‑insurgentes del Ejército colombiano.

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(25) Discurso pronunciado por el presidente Belisario Betancur en Neiva, capital del departamento del Huila, en el suroeste de Colombia. (26) Neiva, ciudad de 250.000 habitantes, capital del departamento del Huila, en el suroeste de Colombia. (27) Ver nota 8. (28) Corinto, población de 25.000 habitantes, situada en el departamento del Valle del Cauca, en el suroccidente de Colombia. La tecnificación de los cultivos y la fertilidad del suelo hace de esta región una de las más importantes del país desde el punto de vista económico. (29) Miranda, población a una treintena de kilómetros de Corinto, comparte muchas de las caracte‑ rísticas de esta última. (30) Antioquia, Caquetá y Cauca: tres departamentos de Colombia. El departamento es una unidad administrativa‑territorial. (31) El Tiempo, diario matutino de Bogotá, de orientación liberal. (32) Carlos Toledo Plata, médico, parlamentario, fundador del M‑19, puesto en libertad gracias a la amnistía aprobada por el Gobierno de Betancur, es asesinado por desconocidos, cuando desarmado y sin escolta se dirigía de su casa a su recién adquirida plaza de médico del hospital de la ciudad de Bucarmarga, situada en el noreste de Colombia. (33) Gustavo Matamoros, Fernando Landazábal Reyes y Bernardo Lema Henao, generales del Ejército colombiano. (34) Episodio ocurrido en 1954 en Los Llanos, región de vastas llanuras herbícolas y escasamente pobladas, situada en el oriente de Colombia. (35) Yumbo es el principal suburbio industrial de Cali, la tercera ciudad de Colombia. En agosto de 1984 el M‑19 lo ocupó por seis horas. (36) El Hobo, pequeña población del departamento del Huila. (37) Antonio Navarro Wolf, lván Marino Ospina, Borís y Marcos Chalita, dirigente del M‑19. (38) Polémico viaje de vacaciones de Felipe González a Venezuela y Colombia. Tuvo lugar en el ve‑ rano de 1984. Belisario Betancur le pidió a sus amigos, el escritor Gabriel García Márquez y el pintor Alejandro Obregón, que le sirvieran de guías. (39) En Corinto se firman los acuerdos de tregua y diálogo nacional entre el Gobierno y el M‑19 el 24 de agosto de 1984. (40) B‑2: organismo de inteligencia del Ejército colombiano. (41) En la mañana del día previsto para la firma de los acuerdos de Corinto, Carlos Pizarro, dirigente del M‑19, es emboscado por fuerzas de la policía y el Ejército. Pizarro es herido en un brazo y su compañera, una hermosa muchacha, pierde cuatro dedos de una mano. (42) Columnista habitual del diario El Tiempo, y uno de sus propietarios.

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LA POLÍTICA DE LO MILITAR Intervención en la Reunión de Dirección Nacional San Pedro (Cauca). Septiembre de 1984.

Álvaro Fayad Delgado Nosotros hablamos de la guerra porque estamos haciendo política y hablamos de la construcción de un Ejército porque tenemos proyecto político y construimos un Ejército o buscamos construir un Ejército de una manera y con una concepción que sean consecuentes con un proyecto político concreto y determinado como el que tenemos. Es decir, hablamos de guerra porque en Colombia queremos construir la democracia. Y hablamos de Ejército porque es la única posibilidad como instrumento de nuestra política, para conquistar la democracia en Colombia. El eje fundamental de nuestra actividad es un proyecto político de poder. El objetivo: la democracia. Los protagonistas. las masas. los sectores democráticos. El objetivo global de toda nuestra actividad: el poder. Y el instrumento militar adecuado para poder derrumbar el instrumento fundamental del enemigo. es la construcción de nuestro propio Ejército. Por eso yo no creo lo que decía un compañero, que somos muy buenos políticos y malos militares. Yo creo que somos malos políticos en la medida en que no desarrollamos bien las tareas militares que necesita el período, que necesita la Revolución colombiana. y no hacemos la guerra bien cuando no desarrollamos, cuando no asumimos las tareas políticas. Hoy están los militares haciendo la guerra, en el momento adecuado, con los instrumentos adecuados. Hoy los militares están convocando fuerzas, convocando bloques sociales, cercando la propuesta del Diálogo, arrinconando a Belisario, unificando el sector reaccionario y militarista y ambientando el golpe. Eso exige de nosotros también una política agresiva y acorde con el período que estamos viviendo. El Diálogo es una tarea política. Si fuera suficiente construir un Ejército, yo pienso que sería imposible derrotar el Ejército enemigo; es más poderoso que nosotros. Es más fuerte que nosotros. La solidez de nuestra posibilidad de triunfo radica en un proyecto político revolucionario. Si separamos nuestro proyecto político del instrumento militar, estamos construyendo una herramienta ciega. Podemos meterle toda la técnica del

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mundo, podemos meterle todas las palas del mundo, podemos meterle todos los pozos de tiradores del mundo, podemos meterle todos los cursos y todas las experiencias, pero si no tenemos lo fundamental en el M-19: un proyecto de democracia y una voluntad de vencer, es imposible. Mire, el análisis de la experiencia nos está demostrando que a medida que estuvimos perfilando un proyecto político adecuado para la realidad del país, fuimos también perfilando el instrumento militar adecuado. El salto al proyecto de democracia implicó para nosotros, de alguna manera, asumir el reto de construir un instrumento militar. Pensamos en el Ejército en ese momento. y pensamos con el peso de la tradición y resolvimos crear seis, siete móviles en Colombia. Lo fundamental para rescatar de la experiencia de las móviles, yo pienso que fue la decisión de construir un Ejército. ¿En función de qué lo hicimos? De nuestra propia experiencia. De la nuestra como organización y de la nuestra como pueblo. Y esto es importante tenerlo claro, porque lo que hoy estamos analizando, algunos de los elementos que estamos analizando, tienen que ver con el peso de una tradición guerrillerista en Colombia, que todavía pesa en el recuerdo, en las experiencias, en las actitudes espontáneas de todos nosotros. Cuando aquí se ha hablado de las experiencias de las móviles y las experiencias de la construcción militar del Frente sur y del planteamiento en la 8ª Conferencia de una nueva concepción, que no es nueva, entre otras cosas, porque es tan antigua como la guerra revolucionaria de los pueblos; porque con base en esa concepción, triunfa China, triunfa Vietnam y triunfa la revolución cubana. Lo que ocurre es que en Colombia se había perdido esa concepción; Colombia había desarrollado una manera especial de hacer la guerra de guerrillas, que implicaba el permanente alejamiento de las batallas decisivas; que implicaba, nunca buscar el ascenso a los extremos, que implicaba siempre conservar las fuerzas propias. Pero nunca intentar golpear las fuerzas del enemigo. Lo que surge del Frente Sur es la necesidad de una nueva concepción. Yo por eso digo. Frente a los errores todos del Frente Sur (y súmele veinte errores más y súmele cien errores. más de la organización), hay que destacar que mantuvieron en alto una decisión política de construir un Ejército. Se retó a uno de los Gobiernos más terroristas de Colombia, al Gobierno de Turbay Ayala. �ue mantuvieron, con Fuerza Militar y con fuerza del pueblo, este proyecto y este período de la situación política y militar que estamos hoy cerrando. Yo pienso que fue más difícil para nosotros, y sigue siéndolo, el de real y consecuente de la propuesta de democracia en términos políticos. ¿Cuántos esquemas nos tocó romper? ¿Cuántos esquemas nos sigue implicando romper, ser de verdad democráticos en Colombia? Hemos cometido más errores en lo político que en lo militar. Pero la decisión de mantener un proyecto político y

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la decisión política de construir un Ejército nos han permitido avanzar y ser lo que somos hoy, no obstante todos los errores, con todas las dificultades, con toda la pasividad de lo viejo y de lo conocido, con todo el miedo a lo nuevo; con unas estructuras que se han desparramado y se han destruido, oiga, más de veinte veces. Con todo eso, la 8ª Conferencia plantea la ruptura con el guerrillerismo, por lo menos como propósito. Se habla de un Ejército más agresivo, de una estructura de Ejército, con una concepción de aniquilar las fuerzas fundamentales del enemigo y, obvio, se plantea la propuesta nueva y surgen los viejos esquemas inmediatamente; “salimos dispersos de la 8ª Conferencia”, dicen los compas, y se da la orden de no combatir. Yo me pregunto: ¿Estábamos nosotros con los mandos adecuados, con la concepción adecuada, con la práctica adecuada, para hacer una marcha de esas, combatiendo, que nos permitiera llegar concentrados a la zona de operaciones? ¿Con ese estilo de combate no nos habríamos dispersado en los primeros combates de la marcha? y analicé así todos los otros errores: el de Aeropesca; los compañeros dicen quién fue, por qué falló; bueno, y veamos lo del Cantón, ¿no fue peor?, y digo: sumemos todos los errores, y sumémosle cien más que no conocemos.

La formación de un Ejército del pueblo Pero rescatamos fundamentalmente una estructura, una organización, un proyecto político que asumió en serío, pero en serio y a profundidad, la construcción de un Ejército. Yo pienso que lo nuevo de esta reunión es que ya no hablamos de concepción, que podemos mostrar los avances concretos, avances en la búsqueda de la conformación de un Ejército. Digo: analicemos todos los errores de atrás, todas las responsabilidades, pero veamos también en todos esos errores cómo fueron surgiendo los nuevos elementos. Pero fundamentalmente insistamos en qué tenemos de nuevo hoy, y qué tenemos de viejo. �ué nos pesa todavía para asumir las tareas inmediatas y las próximas. Es decir, para asumir hoy las tareas militares del momento tenemos que decir con qué contamos en concreto, en qué hemos avanzado, y en las intervenciones de los compañeros hemos visto los elementos nuevos, independiente de cierto sectarismo que se nota en los análisis. Yo digo: a veces somos sectarios en los propios análisis de nuestra propia actividad parcial. Entonces los rurales les dan madera a los urbanos y éstos les dan madera a los urbanos y éstos les dan madera a aquellos otros y el otro resalta su propia experiencia; y necesitamos un esfuerzo global. Toda estructura tiene elementos fundamentales de desarrollo, desiguales y disparejos. Lo fundamental es que la organización, en cuanto tal, tomó la decisión política, organizativa, militar, financiera y logística de desarrollar una nueva concepción y crear las bases

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que permitieran tener los instrumentos, los hombres, los conocimientos para construir un Ejército. Y es en función de ese plan, cuando después de la 8ª. se puede volver a reunir la organización, en febrero del 83. Una organizaci6n ya esquelética en las estructuras; los compañeros del Frente Sur sin ninguna comunicación con Bateman; los otros miembros de la dirección, presos, la OPM pasando de la dispersión orgánica que le había significado el saboteo electoral. En febrero del 83, en concreto, para ver el último punto en referencia, lo que se decide de nuevo es una definición política, independiente del desarrollo raquítico de la estructura, independiente a pesar de todo lo lánguidos que éramos, lo golpeados que hablamos salido después de cuatro años de combate contra Turbay; la Fuerza Militar sin comunicaci6n, era el mayor reto que se le hacía al movimiento guerrillero en Colombia. Era Belisario, su proyecto de Paz, su amnistía. Ahí se decide saldar cuentas con el insurreccionalismo como concepción espontánea. Hubiera sido fácil intentar rehacer orgánicamente, y a nivel de masas, las estructuras, lanzándolas a una actividad de masas: el insurreccionalismo como concepción estratégica. No concebimos la insurrección como el papel que debe jugar y que va a jugar en el proceso revolucionario en Colombia, y se decide, a pesar de la debilidad de las estructuras, formar una escuela, debilitando mucho más lo que había de desorganizado y débil de la Organización. Ochenta, noventa, cien hombres a una escuela, y se decide priorizar todos los esfuerzos en hombres, en cuadros, en finanzas, en logística en función del Frente Sur y en función de la escuela que se estaba haciendo. Y durante todo ese tiempo la actividad militar de la organización descansa en los compañeros del Frente Sur. Y es allí donde se da el salto, el salto concreto, real, la primera acción. Yo no digo que antes no se hubiera combatido con la misma agresividad, pero la acción de Paujil y la de El Mirador marcan la típica acción que queremos: atraer al enemigo ponerlo en movimiento, golpearlo, aniquilarlo, recuperar fierros, rendir y tratar bien a los heridos. Están los elementos casi básicos, casi completos. �ue no lo hayamos logrado en este período, es otra cosa. Los compañeros anotaban: en el próximo período tiene que darse ese tipo de enfrentamiento. Yo estoy de acuerdo en que no más Florencia, no más Corinto. i Más grande. Y más grande no significa en una ciudad más grande, significa mayor recuperación de fierros. Ese hecho, donde se concreta la nueva concepción, empieza a jalonar no solamente el desarrollo militar, sino la propuesta política de la Organización. La terminación de la escuela, la creación del Frente Occidental, por la calidad de hombres, por la homogeneidad que tienen en la formación, por la capacidad de los cuadros al mando, más la concentración que se hace con los compañeros que vienen del Putumayo y los que están trabajando allí en la región, conforman la mayor concentración de mandos y de fuerzas que tenía-

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mos en el momento. Y se empieza a desarrollar una concepción, una práctica. Yo pienso que el período nos arroja elementos nuevos, y el primero, el fundamental, es que la práctica ha demostrado que sí es correcta la concepción. La práctica ha demostrado que sí se puede. La práctica ha demostrado que el enemigo se queda corto inicialmente frente al nuevo estilo de operar, frente a la nueva manera de combatir, con base en que el desarrollo de la nueva concepción tiene nuevos factores. La experiencia que narra Boris no tiene nada que ver con la técnica, sino fundamentalmente con el esfuerzo, la convicción política, la necesidad de hacerlo. En el Frente Occidental es una mezcla de técnica y de cuadros de decisión. Ahora, los obstáculos para la concepción son obvios: el temor a lo nuevo, el de. sarro/lo desigual, el aprendizaje necesario. Estamos hablando de un periodo de seis meses, compas. Estamos diciendo que es un salto impresionante en la historia militar de la guerrilla colombiana. Se han probado mandos y se han reanalizado bien las características nuevas de toda esta experiencia, la movilidad, la búsqueda de una zona más o menos determinada, la agresividad, la maniobra para el combate, el lograr la relación hombre-arma exacta. Ya es rutina de la Organización hablar de hombre-arma. Estos son para nosotros avances kilométricos en relación con lo que teníamos. Deficiencias hay muchas. Pero el avance nos está dando la medida de lo que podemos hacer. Sin embargo, algo que nos debe inquietar es la pérdida de oficiales; el informe hoy dice que casi la línea de oficiales, de capitanes y tenientes ha sido golpeada. Nosotros no podemos rifarnos los cuadros, estamos exponiendo demasiado los cuadros de la Organización. Creo yo que fundamentalmente por la capacidad organizativa, por la disciplina interna, pero también por una concepción. Nosotros también nos jugamos los cuadros fundamentales de la organización en cuestiones tácticas in- mediatas. Todavía ese tacticismo de hacer las cuestiones a la carrera, cono fundir el desespero con la eficacia, está haciendo que perdamos cuadros estratégicos. La decisión, en febrero 83, de hacer que la Fuerza Militar creciera con base en el desarrollo propio para superar el período anterior, donde la Fuerza Militar tenía que girar en cada coyuntura política: que una declaración, accionar militar; que una nueva propuesta de Paz, accionar militar; que una rueda de prensa, accionar militar. Eso impedía cualquier desarrollo planificado de la Fuerza militar. Eso, entre otras cosas, se nota en los desniveles del desarrollo de la Organización. A la muerte del comandante Bateman, decidimos no montar ninguna campaña apresurada en homenaje al comandante Bateman, aunque pareciera que no estábamos haciendo presencia ante la muerte del compañero. Se decidió seguir el ritmo natural con base en los planes de cada fuerza, que es la única manera del desarrollo. Lo mismo que se decide sacrificar la

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OPM, compañeros; sacrificarla en cuadros, sacrificarla en logística, en finanzas. Todo en función de apuntalar los dos Frentes que eran para nosotros lo estratégico. Y en febrero 83 no había cinco centavos, compañeros, para hablar solamente del problema de finanzas. Y en febrero 83 se traza una decisión política: combatir, frentear, accionar frente a Belisario Betancur. Se hace un plan nacional, y un plan que sale cojo de entrada porque no hay cinco centavos con qué realizarlo, no hay comunicación con el Frente Sur. La comunicación con el Frente Sur se logra un año y pico después. Pero se mantiene la decisión de que pasara lo que pasara en la Coyuntura política, pasara lo que pasara con las otras estructuras, todo tenía que girar en torno a lo estratégico: la conformación de la estructura militar. Por eso tanta exigencia ante esta Fuerza Militar de occidente. Porque todo este período giró en apuntalarla. Por eso hoy no es tiempo de mirar cada experiencia particular, por eso no es el tiempo de mirar cada estructura. Yo digo: miremos cada experiencia para darnos cuenta y criticar los errores. Pero no perdamos la visión de conjunto: la estructura de la organización que piensa de sí misma como estructura, se está auto cercando, política, orgánica y militarmente. Columna que piense solamente en función de sí misma. Fuerza Militar, Fuerza Especial, trabajo internacional, OPM, comunicaciones, que no tenga visión general del proyecto político y de la construcción de un ejército, está impidiendo el desarrollo global de la Organización. Aquí se ha hablado de gérmenes de Ejército que tenemos; de artilleros, de explosivistas...creo que hoy es el momento, con base en la técnica, las experiencias de crear las bases sólidas de estructuras. La Fuerza Militar tiene primero que empezar-a intercambiar las experiencias de los compañeros que tienen una técnica adecuada, con los compañeros que tienen una experiencia y una práctica largas. Es decir, tenemos todos los elementos, pero los tenemos desorganizados, sueltos, sin una concepción todavía homogénea, sin una estructura homogénea y sin plan para los objetivos y estructura que tenemos. A mí me parece que el esfuerzo de esta reunión debe ser ése. �ué es exactamente lo nuevo, con qué contamos, cuáles son las deficiencias que todavía nos pesan; en concreto, cuáles son las tareas políticas del país y lanzarnos a eso. Hay otro problema en que hemos fallado en este período: la continuidad de las operaciones. Además de la descoordinación de las operaciones a todo nivel. Miren: en este año no pudimos coordinar el accionar del Frente Sur y el accionar del Frente Occidental y el accionar de la OPM, ni el trabajo logístico. Nunca cuadró esto; cuando una cosa estaba lista a nivel logístico, aquí no se estaba listo.

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El no entender en qué situación político militar estábamos, hizo que la planificación operativa tuviera tropiezos. Algunos objetivos ya trazados hubo que rechazarlos porque no se adecuaban al momento políticomilitar. Eso causó demoras, demoras que implicaban que la coordinación con el Frente Sur, en comienzo de campaña, nunca coincidiera con el Frente Occidental. Eso causó que la coordinación con los compañeros del EPL y la campaña militar, también en función de esto, no tuviera muchos efectos porque estaba descoordinada de la de nosotros. Es decir, el problema de la descoordinación no es solamente un problema de comunicaciones; nos quita eficacia, nos quita espacio político militar; deja que el enemigo se recupere. Desarticula todas las estructuras de la Organización en función de los objetivos. Acciones tan importantes como la de Yumbo, Miranda, nunca pudieron romper el clima de propaganda en contra que creó el enemigo a escala nacional. La del Mirador no interesa: ojalá hubiéramos hecho la propaganda al Mirador, pero sus efectos fundamentales eran militares, y aunque no tuviera la propaganda política, los efectos eran concretos. Había que ver la información militar, la desesperación por los fierros perdidos. En las otras acciones que giraron fundamentalmente en propaganda armada, aunque no era ese el objetivo, como la de Garzón y como las del Frente Occidental, la falta de coordinación de éstas impidió hacer de ellas una campaña nacional.

La organización de la dirección Pienso que ese punto es el que más exige de nosotros en este momento. Funcionar como estructura global. El problema es que una estructura no se centraliza sino en función de una misma concepción. Y esa concepción ya no es una concepción abstracta, tenemos elementos y desarrollos concretos de esa concepción. Es en función de esos avances como tenemos que estructurarnos, en función de lo que tenemos; cómo vamos a planificar lo que podemos hacer mañana; y es en función de la situación política que nos tenemos que proponer el qué debemos hacer mañana, además de lo que podemos hacer. Los compañeros han anotado las deficiencias del comando superior. Yo creo que tienen toda la razón. Hemos jugado demasiado con un proyecto que no es nuestro, que es del país. El problema del Comando Superior no es simplemente que se organice para dirigir internamente la Organización; él tiene que ser la dirección revolucionaria de las masas, porque se trata de un proyecto democrático; o si no, no tiene sentido; para ponernos de acuerdo sobre cómo marchar nosotros internamente es fácil. pero nos queda pequeño, no se justifica; y lo mismo con la dirección nacional. Yo pienso que los compañeros oficiales comandantes, miembros de la dirección nacional o miembros del Comando Superior, que no piensen en función del país, que no miren el país,

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el desarrollo político y militar, están incumpliendo las tareas para las que han sido asignados. Estamos construyendo una dirección político militar de la revolución colombiana. Nos ha salvado el proyecto político. Yo sí creo que en todas las incomunicaciones que hemos tenido, la falta de medios técnicos, la falta de trabajar con sentido real y concreto, una red logística; todas esas fallas, nos las ha permitido superar el olfato político, una propuesta política; pero a veces perdemos el rumbo, a veces no nos damos cuenta de que nuestro proyecto es del tamaño del país. �ue nuestro Ejército tiene que ser del tamaño de las tareas que nos exige la destrucción del Ejército enemigo. Y que el Comando Superior debe dirigir la política, el proyecto democrático, y debe dirigir la guerra; por eso la OPM se ha dotado como un instrumento: la Fuerza Militar. Es en función de ese proyecto que la Fuerza militar se crea, se organiza, opera. Ahora, tiene su propia lógica. Nosotros no podemos seguir confundiendo las tareas políticas y la estrategia de masas con la construcción de ese ejército,- Por eso, además del Comando Superior, se necesita un Estado Mayor para las tareas del ejército, para las tareas militares. Y aquí todos los compañeros han anotado: no solamente el problema de la Fuerza Militar es la tarea militar del Estado Mayor. Una serie de estructuras que giran alrededor de la F.M., del Ejército propiamente dicho. Y en eso somos enanos nosotros. Tenemos toda la capacidad en cuadros, en logística, en voluntad y fundamentalmente en un proyecto que es concreto y se desarrolla. Pero nos falta planificación, nos falta exigirnos más, nos falta pensar en grande; nos falta más audacia y más seriedad para romper los esquemas de lo viejo, integrando. Digo: tenemos una experiencia rica y nuestra: la experiencia de los compañeros de la escuela; las nuevas experiencias nos dan las posibilidades de conjugar esos elementos. Cuando Raúl insiste en buscar los elementos teóricos con microscopio, con rayo láser o citando a Borges, tiene toda la razón, y es una tarea de esta organización, de esta dirección nacional, Yo pienso que el Comando Superior tiene que asumir con dedicación la conformación de planes correctos. Nosotros nunca hemos trabajado en función de planes reales. Hemos trabajado en función de objetivos: golpear, atacar, recuperar tanto: pero objetivos concretos, que implica la implementación de recursos, de hombres, de áreas, de tiempos, de evaluación posterior. Asimilemos las experiencias de las luchas del pueblo. Y nos toca asumir en serio las tareas de la guerra: hoy ya no hay más tiempo para probar, ahora nos toca seguir improvisando, compañeros: nosotros somos guerrilleros, estamos caminando al filo de nuevas experiencias. Qué es esta experiencia del Frente Occidental, sino una improvisación necesaria, ¡claro que necesaria!.

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Sabíamos que el Cauca servía, o que el Valle del Cauca servía. Es decir, además de la planificación de lo que tenemos, tenemos que darle espacio y tiempo a la vida.

La discusión sobre la insurrección: Todos sabemos que Colombia es un país de paros cívicos. Sobre eso hemos botado corriente nosotros, más que ninguna organización. Desde la quinta conferencia, planteamos como estrategia la insurrección combinada; es el término que se emplea ahí, hablando de la combinación de un Ejército y los paros cívicos, pero era botando corriente. Hoy tenemos que decirnos qué va a pasar con el Valle del Cauca, un departamento de grandes ciudades, ante la presencia de una Fuerza militar aquí en sus barbas. ¿�ué pasa hoy? ¿Cómo reaccionan las masas de cada ciudad? Está la experiencia de Florencia, está la experiencia de Corinto y Miranda; mediante una Fuerza Militar operando aquí en la zona, ¿cómo reaccionan las ciudades? Tenemos que esperar. Hay que darle tiempo y espacio a que la vida nos vaya enseñando cosas nuevas ¿Se insurreccionan las masas? ¿Se insurreccionan y se vienen para el monte? Lo que sí sabemos nosotros es que tenemos que tomar una decisión estratégica, que lo fundamental es construir la Fuerza Militar, construir un ejército, y nos toca asumir en serio las tareas de la guerra; hoy ya no hay más tiempo para probar, ahora nos toca seguir improvisando, compañeros; nosotros somos guerrilleros, estamos caminando nuevas experiencias. En concreto hoy, a pesar de que podamos estar al borde de la insurrección, no podemos lanzar ochenta cuadros de aquí con ochenta fierros, a una insurrección. El esfuerzo fundamental, los recursos fundamentales, la decisión fundamental, giran siempre alrededor de la construcción de la Fuerza Militar. La manera de combinarse, cómo va a reaccionar eso, nos lo da la propia vida. Allí es donde tenemos que improvisar mediatamente. Sobre la zona, yo pienso que hay elementos que nos arroja la propia realidad: el valor geopolítico de esta zona, la experiencia que se ha hecho, las posibilidades que tiene, la justeza de no seguir tras la guerrilla trashumante, que no se sabe cuál es su vanguardia o su retaguardia porque siempre está caminando. Es un paso que hemos dado, saquémosle el jugo a eso, estamos empezando, estamos abriendo un período nuevo en la vida militar de la Organización y del país. Lancémonos allí con audacia, buscando los nuevos elementos. Yo pienso que hoy ya no hay tiempo para escepticismo frente a la nueva concepción. Se probó. Nos adecuamos fácilmente; la experiencia del sur, donde compañeros que habían hecho la guerra de una manera distinta, con una concepción distinta, fácilmente actúan de acuerdo con la nueva concepción. está demostrando que la eficacia en esto, que los hechos nuevos, que las acciones con los hechos¡ es el único criterio que para el M-19 puede existir. Crear los hechos políticos

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y militares necesarios, eso implica errores, ¡claro que implica errores, !Pero es más error la pasividad o e1 teoricismo.

La unidad en torno a los intereses del pueblo

No hagamos de la técnica y de la experiencia un tema que tiene que plantearse en términos de contradicción, quitémosle tanto manual a las cosas, seamos más creativos; no seamos los sectarios con nosotros mismas al interior de la organización, ni con otras fuerzas políticas y militares en Colombia. Yo no estoy de acuerdo con ciertas actitudes sectarias frente a los compañeros de las FARC ¿No es acaso responsabilidad nuestra demostrarles en los hechos lo viable, lo concreto de la nueva concepción? ¿No han sido la tradición guerrillera, durante veinte años, para que nosotros con una prepotencia, que no tenemos por qué tener (porque fuimos presa de los mismos errores), les lancemos en la cara una serie de errores de una manera sectaria? Yo pienso que el problema de la unidad frente al movimiento revolucionario y armado exige de nosotros una posición mucho más elástica. Si ante nuestros primeros éxitos, nosotros abandonamos nuestro esfuerzo de unidad, no estaríamos haciendo un carajo. La unidad, la búsqueda de la unidad con el movimiento guerrillero, sigue siendo tarea estratégica para la Organización, y no puede ser una unidad alrededor de nosotros, compañeros, si se ha avanzado ahora con el EPL, con las FARC; aún la experiencia tan crítica con los Francos, tan poco clara en sus perspectivas, pero que de cualquier forma arroja algunos elementos que nos sirven como experiencia frente a la unidad. y algunas experiencias sobre cómo no hacer ciertas unidades; podemos ser más rigurosos frente a los principios de la unidad, pero se oyen ciertas actitudes presuntuosas, sectarias, y ese no es el espíritu del M-19. Ahora hagamos el debate, exijamos ciertos acuerdos que no se cumplen. Pero, sobre todo lo que estamos haciendo, en todas las regiones donde estamos, que los hechos demuestren que tenemos razón. �ue las propuestas políticas frente a las masas nos amplíen a nosotros el espacio y que los hechos vayan arrastrando, y que sea siempre el M-19 el que convoca a la unidad, el que da los primeros pasos hacia la unidad. No sintamos que por nosotros empieza el mundo militar guerrillero en Colombia, porque no es cierto, compañeros. Nosotros somos expresión simplemente de unas luchas campesinas guerrilleras en Colombia. Pizarro decía: “Tenemos que aprenderle a Chispas”, es parte de nuestra tradición guerrillera; tenemos que aprenderles a los guerrilleros del Llano, a Chispas y a Marulanda, hay que aprenderles compañeros; son también parte de esa historia. Somos una continuidad, superándose, es cierto, dando nuevos elementos, es cierto. Pero por eso mismo tenemos la obligación de ser cada día más unitarios, cada día más con la mente abierta. No sintamos que por nosotros

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empieza el mundo militar, el guerrillero, el de Colombia, porque no es cierto, compañeros. Nosotros somos expresión permanente de algunas luchas campesinas guerrilleras en Colombia. La inmodestia nunca ha sido la característica del M-19. La eficacia es otro paseo. Somos eficaces; yo dije que ciertas cuestiones. de sectarismo, de prepotencia, tienen que ver con una formación ideológica y política en la Organización. Afranio aportaba algunos elementos: no es suficiente con los hechos militares que producimos nosotros; yo creo que llegó el momento de que nosotros tengamos que desarrollar, con toda la actitud compleja y el análisis, lo democrático, lo nacionalista, lo bolivariano. ¿�ué debemos corregir y cómo vamos a avanzar? Hay un bajo nivel general en la organización y eso no se puede dejar al espontaneismo. Los compañeros anotaban el resultado de la Octava Conferencia; dicho resultado no se ha publicado todavía; sí, podemos dar muchas explicaciones del porqué no se hizo, pero el hecho concreto es que no está hecho. La folletería de la organización no tiene una función, no tiene responsables. Por eso la discusión política a veces es tan pobre, y si a eso le sumamos la no claridad de las estructuras que funcionan en la FM, pues peor. Mario anotaba el democraticismo en las decisiones militares, pero también hay que ver el militarismo en las decisiones. Aquí el Comandante se puede quedar ronco dando órdenes militares, y no se obedece. Pero tampoco la OPM, el Comando Superior, la Dirección Nacional, tienen claramente asignada una función dentro de la FM. La propaganda de la Organización está totalmente quedada dentro del momento y el desarrollo de nuestras fuerzas; yo sí creo que la cuestión de la emisora es una cuestión estratégica, urgente además; nosotros no podemos seguir con 50.000, 80.000 ejemplares de un periodiquito, enfrentando a El Tiempo, El Espectador, El País, en un pueblo casi analfabeto. Tenemos que invadir este país de cassettes. ¿Cómo es posible que de la Fuerza Militar de Occidente no salgan los partes de Guerra? ¿Cómo es posible que se descuide tanto el valor de la propaganda y la información? ¿�ue nosotros despreciemos los métodos audiovisuales? Por ahí nos están ofreciendo un aparato, muy pequeño, para emitir en T .V. clandestinamente; es portátil, vale 23 millones de pesos; sería la única guerrilla con emisión de T. V. clandestina, yo pienso que tenemos que hacer eso. Pero empecemos por lo concreto y real; y lo concreto significa emisora, y la emisora significa zona, y un Estado Mayor significa zona, y un Comando Superior significa también un objetivo concreto y un plan determinado para distribuir funciones, para dejar desarrollar los cuadros medios, para que todos no nos pisemos las mangueras ni nos ahogue en los limites de la jurisdicción de cada cual, para que no seamos toderos.

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Pienso que la Dirección Nacional tiene que renovarse, hay mucho elemento nuevo, hay gente que viene con ganas, con aportes, con experiencia; hagámosle un remezón a la Organización, un remezón que no es un problema interno; es un problema que nos está exigiendo el país y el desarrollo de las tareas militares. Hoy no estamos haciendo estrategismo, haciendo ideologismo. Aquí se ha hablado en estos cuatro días de cosas muy serias, compañeros, de cosas concretas, inmediatas, posibles. Hemos dicho que vamos, a poner a este país a dialogar, y que si no dialoga el país, si con ese diálogo no se arreglan las cosas, nos vamos a lanzar a una protesta con todos los sectores que pidieron el diálogo y que pidieron reformas en ese diálogo. Esa sería nuestra principal e inmediata exigencia militar y política: protestar ante el no cumplimiento del Diálogo. O desarrollar el Diálogo con todas sus consecuencias, si se abre; y si después de la protesta no se realizan las reformas del Diálogo, tendremos en verdad que asumir en perspectiva el ser un Gobierno para cumplir esa exigencia. Pero además de plantearnos la posibilidad de ser un Gobierno, también nos planteamos la posibilidad de ser un Ejército capaz de de tender, capaz de conseguir la defensa de las condiciones mínimas de la existencia de un Gobierno; como es una zona con control militar, como es una política de alianzas tanto políticas como militares. Eso implica un cambio de perspectiva de la Organización, una exigencia en los cuadros, un cambio en las estructuras y en la función de las estructuras. Aquí ha habido propuestas concretas: Pizarro la llama Frente, Raúl les llama región; pero la concepción es la misma y la idea es la misma: hacer que en una región sus compases políticos, sociales, militares, geográficos, giren en función de un proyecto político y una Fuerza Militar, y que las estructuras nuestras estén en función de la fuerza fundamental de esa zona, en perspectivas sociales, políticas y militares de esa zona. Eso necesita entonces una planificación centralizada, donde ninguna estructura pueda funcionar sola: ni las fuerzas militares; ni las fuerzas especiales; ni los comandos urbanos, ni el trabajo internacional, ni el trabajo financiero, ni la propaganda, ni la logística. Si despelotados como hemos estado estos últimos años, totalmente despelotados, el Comando Superior, la Dirección Nacional, las Fuerzas Militares, las diferentes estructuras (lo único unificado era la propuesta política), si así hemos logrado, lo que hemos logrado, lancemos nuevas estructuras, abramos estructuras a la gente, entreguemos las estructuras. Iván decía: ‘soltemos a la gente ya”. Ahora, soltémosla mediante un plan, mediante responsabilidades concretas. Entonces yo sí creo que de aquí debe surgir, de la reunión del Comando Superior, por lo menos un Estado Mayor que planifique las tareas del momento; que lo cambie o lo ratifique, 1ª próxima conferencia; esa es otra cuestión. Pero ya las tareas del momento las tiene que asumir un Estado Mayor, y la

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unificación del Comando Superior, como dirección político militar, la tiene que dar el control de ese Estado Mayor. Pero, por favor, no pensemos más en el Ejército como una estructura simplemente de Fuerza Militar de aquí o allá. No pensemos en la guerra simplemente como el enfrentamiento aquí en el occidente o en el sur; hoy tenemos que pensar como dirigentes de un futuro Gobierno. Hay nueva gente, hoy no es tiempo de pensar en pequeño, hoy no es tiempo de pensar en la propia y pequeña experiencia o pequeña responsabilidad; de modo que cuando nos reunamos el Comando Superior (después de una discusión del Comando Superior) con cada estructura, podamos aportar planes a escala nacional. Lo de las escuelas es una necesidad inaplazable. Porque tenemos que resolver el problema de una Escuela Permanente, porque tenemos que resolver el problema de una Escuela para la OPM, escuela para las tropas especiales, escuela para los nuevos que están esperando y están inscritos. Eso implica una exigencia de los compañeros de propaganda, por ejemplo. Por lo tanto, implica una exigencia para los compañeros que escriben y que producen: implica una exigencia para los compañeros de logística. implica una exigencia para los compañeros de finanzas; y cualquier tarea, la mínima que dejemos, pone en juego toda la estructura; por lo tanto, hermanos, es inevitable funcionar como estructura centralizada, Ahora hemos hablado de logística todo este tiempo, pero pienso que el criterio rector de la logística es quitarle las armas al enemigo en el próximo período; si no, no hay logística que aguante combates de seis horas por más disciplina de fuego, compañeros; esos combates van a ser más continuos, tienen que alimentarse de las armas y de la munición del enemigo. Ahora, indudablemente el armamento de apoyo tiene que venir de todas partes, aunque también tiene que ser conseguido al enemigo aquel, no solamente por problemas de logística en sí mismo. Algún compañero anotaba: por lo que implica la desmoralización del enemigo y el aumento de la moral de nuestras propias fuerzas. Y entre otro de los elementos que hay que anotar como nuevo en este período es la alta moral de combate de la estructura general de la Organización. Eso se prueba en la realidad concreta: en la operatividad de la O.P.M, en el silencio de los compañeros del trabajo financiero o en la coordinación del trabajo internacional Ese cuento de que aquí es lo duro y afuera es lo suave, yo creo que no es cierto y pienso que ese cuento tenemos que desecharlo nosotros; ese cuento no es cierto, es falso además. Como lo otro: compañeros que dicen: “Yo no he vivido la guerra”; yo digo, compañeros, la estructura del M-19 está en guerra, y está viviendo la guerra. ¿No es guerra la clandestinidad? ¿O no es guerra el desarrollo político militar de una concepción que significa guerra? A no ser que se vaya con otra concepción, lo que está mostrando la realidad es que la concepción politicomilitar está generalizándose cada vez más. Por lo obvio, compañeros, por lo concreto,

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porque se está aplicando en la práctica. Porque un accionar exitoso de Fuerza Militar causa nuevo nivel de moral en toda la Organización, porque el desarrollo del proyecto político-militar exige a todas las estructuras. Cuando el compañero hablaba de las noches y las amanecidas tratando de transmitir, ésa es una tarea de guerra; los compañeros que en el trabajo internacional han mantenido nuestro proyecto, han mantenido la revista, han mantenido una estructura” de organización, independiente de los problemas que tengan internos (que los tienen además, como en toda la Organización). yo digo: cada compañero debe sentirse en guerra en esta Organización, como debe sentirse en diálogo, como debe sentirse en futuro Gobierno. Ahora, qué nos falta en esa concepción, nos falta mucho; compañeros, que .la operatividad urbana debe cambiar, es cierto. �ue se logró implantar, a nivel de comandos, operativos que cumplieron esa etapa que era necesaria; que se corrigió esa concepción de que los comandos político-militares eran de masas y eran por frentes de masas, para hacer trabajo político en las masas. �ue se ha mantenido una operatividad de cuarenta y cinco operativos promedio al mes, chiquitos, pequeños, insignificantes, de propaganda armada y a veces de recuperación, Pero esos son los logros concretos. Que tenemos que crear redes logísticas más eficaces, que la artillería tiene que ser como una unidad permanente. �ue comunicaciones. �ue explosivistas. Yo pienso que aquí hemos trabajado en concreto y en serio las necesidades inmediatas. Están sobre el tapete, compañeros, Están sobre la exigencia del país, y yo insisto en que esta reunión de Dirección Nacional lo bueno que tiene es que hay éxito sobre la práctica, avance sobre la práctica; por eso esa vieja discusión de lo que se hizo antes, aunque es bueno, que hay que hacerla cada vez que se quiera hacerla debe insistir fundamentalmente en qué es lo que se ha hecho de nuevo y de bueno, que el despelote orgánico tiene que parar de una vez por todas. �ue si hablamos de centralizar funciones, de hacer planes, de conformar una estructura, tenemos que actuar todos como eso, como hombres estructurados en una disciplina político-militar. y no confundamos la discusión política con la discusión militar. No confundamos los Estados Mayores con las reuniones político militares. �ue una vez se toma una orden, esa orden se cumple. Compañeros: la disciplina es consciente, conscientemente aceptada. Eso implica también no jugar con los Reglamentos de la Organización. Hemos abusado demasiado, compañeros, con las expulsiones, con las calificaciones de deserción. Hemos abusado demasiado. Hay un despelote orgánico por todas partes; compañeros salen de una estructura, nadie tiene control de eso. Aquí nadie es responsable de personal para hablar en esos términos “los marginamientos”. Yo creo que en eso hemos avanzado, en aceptarle a la gente la salida cuando la pide. Esa antigua política de la guerrilla colombiana donde

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el que sale era un desertor, un enemigo en potencia, en la realidad concreta está superada. Pero eso no implica no preguntarnos por qué tanto marginamiento; ¿por qué si el proyecto es claro, si la eficacia a veces funciona?, ¿por qué tanto marginamiento? ¿�ué estilo de mando a veces se impone en la Organización que no deja desarrollar la iniciativa de los compañeros nuevos o de los antiguos? ¿�ué estilo de mando de no planificar para no delegar funciones? ¿Qué formación le damos a la gente? Si cuando a uno le dicen que todavía hay aquí compañeros que no saben leer ni escribir, es para protestar, compañeros. Antes de darle un fierro a un compañero que no sabe leer ni escribir, hay que darle un papel y un lápiz, compas. El reglamento de ética militar, el nuevo reglamento que hay que hacer, los reglamentos operativos y los reglamentos operacionales, las tareas internacionales de hacer reconocer este acuerdo como fuerza beligerante a escala internacional, compañeros. Nosotros nos tenemos que hacer reconocer internacionalmente como Fuerza Militar. El problema de los médicos, el problema de las escuelas permanentes, el problema de los capellanes. Necesitamos aquí capellanes para este Ejército. Una serie de tareas en concreto, compañeros. que no se basan sino en un trabajo político de masas. Porque aquí no estamos todos los que somos, todos los que vamos a dirigir esto. Aquí falta mucha gente, faltan muchos técnicos, falta mucho pueblo. Compañeros, aquí necesitamos los científicos, los técnicos, los militares nacionalistas. Oiga, como hemos abandonado nosotros ese trabajo, tenemos una política frente al Ejército, una política que le llega además. Como se decía una vez en La Picota: si no hay militares nacionalistas. hay que crearlos, mediante la propuesta política, mediante el enfrentamiento militar, mediante el trato cuando están rendidos. Esas son las únicas formas de quebrar la voluntad del enemigo: el enfrentamiento, el trato a los heridos y una propuesta para ellos, y tenemos elementos concretos, tenemos contactos, tenemos militares; pero no tenemos un órgano. Antes de darle un fierro a un compañero que no sabe leer ni escribir, hay que darle un papel y un lápiz, compas, centralizador de toda esa información. El ejemplo de Boris es correcto: cómo se va a rendir un hombre cuando además de la rendición, que de por sí es un caso grave, se le manda el madrazo y el insulto. Eso de vaina tan popular, yo pienso que nosotros debemos intentar hacer un esfuerzo por superar esos términos. Debemos unificar una política frente a los militares y frente a la policía. Debemos unificar un órgano de propaganda ante ellos. Si nos alegramos tanto porque un policía como el policía Pedro, de Corinto, se integra a nosotros, cómo no hacer un esfuerzo sostenido, permanente, planificado en función de eso.

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Miren, compañeros: Matallana escribe un folleto, una posición sobre la guerra y la paz y el Diálogo Nacional, donde da elementos nuevos de verdad, donde le exige al Ejército una serie de criterios y condiciones para la Paz y para la Tregua y aquí no hay un sólo ejemplar de ese folleto. En Antioquia se rinden cuatro policías frente a la guerrilla; les hacen consejo de guerra por deshonor y traición a la patria. Los policías reviran y dicen que la patria es su familia y su propia vida, y ninguno de nosotros, ni la revista internacional ni en ninguna declaración hemos tocado ese punto. Es decir, de verdad ser ejército es ver las fuerzas del país. Un ejército no nace como un instrumento quieto y frío. Ese instrumento nace de una serie de contradicciones sociales y políticas, actúa sobre un medio, se basa en un proyecto político; y toda su actividad, la mínima que sea, está desarrollada sobre las fuerzas sociales sobre las que actúa. Lo militar, además del combate, además de la eficacia, además de la técnica, tiene que ver con el manejo de las masas, tiene que ver cómo se trata al hacendado, al campesino rico. Oiga, siquiera no hay en el Caquetá campesinos para secuestrar no los hay. De verdad, exijamos nosotros que sea una línea que al hacendado medio y rico, al ganadero medio y rico, nosotros no lo vamos a acosar con el impuesto, ni con el secuestro, ni con la vacuna. Ahí están las multinacionales. Pero son los detalles, el tratamiento a la policía. la propaganda frente al Ejército, el tratamiento a los hacendados, el tratamiento a la población. Otra cosa son ya los planes concretos de cómo organizar las masas en función del Ejército. Y en concreto en esta zona. Aquí se han arrojado elementos concretos. Se habla de la experiencia en Remolino; Yo creo que es completamente distinto. Yo creo que las condiciones son otras, la concepción es otra, la estructura es otra, las formas de organizar las masas, para las actividades políticas y sociales. Si vamos a crear una zona de operaciones, un frente, implica conocer de verdad todos los conflictos sociales, los mecanismos organizativos de las masas. Por eso ese trabajo que están haciendo las comisiones, ese trabajo que están haciendo los pelotones, recorriendo las veredas, hablando del Diálogo. reuniendo a la gente, haciendo los croquis, enseñándoles principios mínimos de clandestinidad a las masas, formando redes, nos está aportando a nosotros elementos para resolver problemas concretos. La función del plan frente a la montaría. Cuál es en este tipo de guerra, el papel de las carreteras. Bueno, aquí hay compañeros que tienen la experiencia, que tienen hipótesis de guerra frente a eso. Toda esta corriente sobre hipótesis de guerra, hipótesis de insurrección, hipótesis de zonas de operaciones, es lo que debe llegar a la Novena Conferencia.

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Ahora, compañeros: Si no hay Novena Conferencia, si las condiciones militares no dan tiempo para eso, es tarea del Comando Superior, del Estado Mayor, sacar lo que hubo de acuerdo en esta reunión, que yo creo que es lo fundamental. Sacar criterios de trabajo, planes concretos. De lo único que estamos seguros es que no podemos esperar hasta la Novena para tomar ciertas decisiones. Ojalá lleguemos a la Novena y tomemos las decisiones, pero creo que esta reunión de Dirección Nacional es estatutaria, tiene autoridad, pero más que autoridad formal ha habido más o menos consenso en los criterios, más o menos en la voluntad, más o menos coincidencia en los desarrollos y en las perspectivas. Entonces si no hay Novena Conferencia por condiciones militares, las hipótesis de trabajo aquí, los planes concretos tienen que ser basados en el consenso que hubo, y se harán compañeros. Sin espera. Lo que hará la Novena, si se realiza, será refrendar y profundizar esto. Pero aquí hay perspectivas de trabajo, planes completos, criterios y de todas maneras aprender a improvisar en lo político y en lo militar. Compas, este es un momento de mucha fluidez en lo político; la situación cambia militarmente también porque estamos trabajando sobre hipótesis. Nosotros estamos diciendo de un salto en el desarrollo militar por todo lo que implica de calidad, por lo nuevo que arroja; pero ojo, que 4 ó 6 meses operando no es tiempo para probar muchas cosas. Pero nos basamos en lo nuevo, sin miedo a equivocarnos: ahora planifiquemos, exijámonos, organicémonos, sabiendo de todas maneras que el estilo de vida, el estilo de operación, el momento que vivimos, las condiciones, nos obligan a un margen bastante grande de improvisación. Así como nació esta reunión en medio de los combates, en medio de los errores, en medio del heroísmo. Como cuando se hacen listas para aviones que no llegan, y cuando llegan aterrizan en otra parte. Oiga, ese va a ser de todas maneras mucho del estilo nuestro. No podemos esperar que estén todas las condiciones organizativas perfectas y maduras para, si vamos a crear una zona de operaciones, un frente, implica conocer de verdad todos las condiciones sociales, los mecanismos organizativos de las masas, dar los pasos siguientes. No podemos esperar que esté todo fríamente calculado para dar los pasos que vienen. No podemos estar seguros para tomar decisiones políticas o militares. Todo proceso de estos, todo proceso revolucionario, tiene elementos nuevos por sí mismos. Siempre somos inmaduros y pequeños frente al proceso. Ésa es la ley de estas revoluciones. Siempre llegamos inmaduros al poder, siempre llegamos no preparados a situaciones nuevas. Entonces no nos peguemos de un perfeccionismo, no nos llenemos de una total claridad para no dar los pasos que vienen. La audacia, la búsqueda de lo nuevo, romper la pasividad, ser más agresivos, pensar en grande. Hay unos objetivos militares y unas estructuras que hay que hacer más funcionales, más flexibles, más fluidas pero centraliza-

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das fundamentalmente en esos criterios. Esos son los elementos que yo considero que han arrojado la reunión y las discusiones de estos días. Me parece, sí, que somos más maduros, me parece que hay gente y fuerza joven, nueva; me parece que la diferencia entre la Octava Conferencia, la Reunión de Panamá y ésta, es kilométrica. Creo que estamos actuando y hablando sobre otro país. Estamos hablando y actuando sobre un proyecto más profundizado en lo político. Y estamos actuando y obrando desde una perspectiva militar mucho más sólida. Yeso es lo importante. Lo otro, los errores, las deficiencias, las pequeñeces, se resuelven en función de lo nuevo, en función de la perspectiva. Ahí está el avance, compañeros, proyectos más serios, más grandes que nosotros siempre, proyectos políticos y militares que nos exigen más. El día que estemos satisfechos -decía un compañero- con lo que estamos haciendo, nos estamos burocratizando, nos estamos anquilosando, nos estamos durmiendo. Perfecto cuando se puedan mostrar hechos nuevos, propuestas nuevas, exigencias nuevas, gente nueva y el mismo proyecto y la misma concepción y un desarrollo histórico que es de todos, Compañeros: estamos avanzando. Aquí todos han insistido en un desarrollo histórico del pueblo y de la organización. Y esto es lo que tenemos para lanzar al país. Luego el plan que hagamos, las tareas que acordamos, tienen que ser del tamaño de las exigencias y del momento que vive el país. Independiente de las fuerzas que tengamos.

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Carlos Pizarro Leongómez 1951 - 1990

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A LA MUERTE DE FAYAD Colombianos: Hoy la patria es golpeada en uno de sus mejores hombres. El movimiento 19 de Abril, M-19, confirma a la nación y a la América entera la muerte en combate de nuestro comandante General Álvaro Fayad en Bogotá. Con dolor de hermanos, amigos y patriotas, y con el orgullo inmenso de haber crecido juntos en la construcción de una patria nueva, levantamos el nombre de Álvaro Fayad como certeza del triunfo de Colombia, como ejemplo vivo de dignidad y de lucha y como testimonio de una nación que se está forjando un destino de justicia, democracia y felicidad. Revolucionario siempre, fundador del M-19 y colombiano por excelencia, Álvaro Fayad fue proclamado unánimemente Comandante General de nuestra organización en el congreso de la Paz y la Democracia, celebrado en Los Robles a comienzos de 1985. Se caracterizó siempre por su respeto profundo a la dignidad del hombre. Severo y exigente consigo mismo fue riguroso en el cumplimiento de las tareas y el ordenamiento de las diferentes estructuras orgánicas al servicio de un proyecto nacional y masivo. Amigo leal hizo del humanismo y del respeto a la vida objetivo central de esta lucha por la democracia. Consecuente en todo, en la tortura. Ante el enemigo demostró la fortaleza y la honradez de un hombre de pueblo comprometido con la libertad y la justicia. Conductor ejemplar, supo marcar los ritmos de cada proceso y percibir las propuestas políticas adecuadas para cada etapa. Hijo, padre y compañero amoroso, cultivaba en la ausencia, la esperanza del porvenir. Lector infatigable, supo también leer los poemas de la vida. Creativo y espontáneo, es forjador de esta nueva nación que nace en un país dividido y destrozado por la voracidad oligárquica. Colombia lo conoció en su afán por lograr nuevos caminos para la concordia nacional; en la búsqueda de una paz que naciera de la justicia social; en su marcha al encuentro de lo que somos como nación y como destino. Fue a los ministerios, al Congreso, a las directivas de los partidos políticos; habló con directivos cívicos y gremiales, con representantes del movimiento obrero, campesino e indígena, con obispos y militares, cantantes, teatreros, poetas fueron sus amigos. Tejedor de sueños, esperanzas y convicciones inquebrantables, creció al ritmo de la nueva nación. Aunque reservado no concebía el trabajo solo, siempre el amigo, el compañero, el colectivo, para escuchar la

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voz del otro y su sentir. Y en la misión de crear, acompasaba y asimilaba con respeto el ritmo y los aportes de quienes crecían con él. Rotos los acuerdos de tregua y diálogo, por la intransigencia y mezquindad de la clase gobernante, asumió la conducción y los retos de la guerra. Y su compromiso presente era el cómo acortarla y hacerla menos cruenta. El movimiento guerrillero en su conjunto vivió su convicción de la patria nueva y pronta. Organizaciones populares, dirigentes políticos y jefes de Estado de nuestra América compartieron sus reflexiones sobre la vigencia del ideario bolivariano, y la posibilidad cierta de darnos, como nación latinoamericana, una segunda oportunidad sobre la tierra. Los periodistas de Colombia tuvieron en Fayad admirador constante, defensor de la verdad e interlocutor siempre dispuesto. Aprendimos con él a trabajar la democracia como elemento cotidiano, a hacerla razón de vida permanente; a romper con los esquemas que nos hacían diferentes a lo que somos como pueblo, y a hacer del valor, la lealtad y la audacia expresión de honor y dignidad. Y de esta siembra, florecen amigos como él, compañeros como él, y comandantes como él. Por eso, hoy, cuando los enemigos de la patria la golpean en el corazón, también reafirman una decisión, que no es ya de un hombre, ni de un movimiento, si no de la nación que está surgiendo en cada expresión victoriosa de la democracia. Álvaro Fayad es siembra en el alma de todos los que creemos en la paz como fruto de la justicia y la dignidad. Es decisión de unidad y victoria. Es la rebeldía y el valor de una juventud que adquiere la mayoría de edad luchando por la libertad. Es la marcha del nuevo ejército que, siguiendo la ruta de Bolívar, vuelve a hacer realidad el sueño de la Patria Grande, de una nación sin fronteras llamada a asombrar al mundo en el encuentro de su identidad. Estos desarrollos se materializan hoy en un proyecto político definido por la paz como sinónimo de justicia, por el poder de las mayorías y por la democracia como cultivo de las diversas expresiones de la vida y la colombianidad. Se proyecta en el salto de las armas de la rebeldía, organizadas hoy en la perspectiva del ejército único de la nueva nación, que expresa la voluntad mayoritaria de cambio y busca poner fin a 150 años de incumplimientos y desengaños. Son las victorias de ese ejército, cuyo primer batallón –el América- llega a Cali, en el corazón del Valle del Cauca, el día en que se inmortaliza Fayad. Es la decisión de gobierno de mayorías en la consolidación de las milicias urbanas. Son las definiciones unitarias de la Coordinadora Nacional Guerrillera, de las que este país no tiene memoria pero si un gran futuro por los logros del

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presente. Y es la búsqueda de bolívar, hoy, cuando la lucha por la soberanía hermana a los colombianos, ecuatorianos y peruanos. Hoy el legado del Comandante Álvaro, del Rodrigo Díaz Leal de sus tiempos en las FARC, del compañero David con quienes tantos crecimos y aprendimos, se agiganta en los hombres y mujeres del M-19, y se reafirma en una dirección consolidada y capaz, en la que no cabe el sentimiento de orfandad, pero si la decisión y disponibilidad que inspiran el amor por la patria y el profundo compromiso con su destino. Hoy el batallón América continua con su campaña Paso de Vencedores: hoy se cohesiona con la voluntad de siempre de los mandos, estructuras y combatientes de la democracia en armas. Y con Álvaro Fayad a la cabeza, convocamos a la patria entera a ampliar los logros de la unidad, a sumar fuerzas por el cambio –cada cual desde su lugar y posibilidad-, a consolidar el ejército único de la nación, y a seguir cumpliendo la promesa del porvenir. Con el pueblo, Con las armas ¡al poder! MOVIMIENTO 19 DE ABRIL. M-19 Carlos Pizarro Comandante General Por el Mando Central: Antonio Navarro W, Gustavo Arias L. Por el comando superior: Germán Rojas, Otty Patiño, Marcos Chalita, Vera Grabe, Pedro Pacho Pacheco, Rósemberg Pabón, Israel Santamaría, Libardo Parra Por la dirección Nacional: Salvador Erazo, Arjaid Artunduaga, Eduardo Chavéz, Afranio Parra, Darío, Albear, Anai, Rafael Arteaga, Yamel Riaño, Gerardo Ardila, Jaime Bermeo, Micaela, Patricia, Fernando Sánchez, Otto, Felipe, Sylvia, Mario, Nelson, Aníbal, Gustavo, Josué, María, Andrea, Nicolás, Nicolás S, Alberto, Rubén, Elías, Robert, Mauricio, Pilar, Aureliano, Simona, Rafael Vergara, Rubén ….(siguen firmas) Colombia Marzo 13 de 1986

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LA GUERRA MAS ESTUPIDA ES LA QUE SE PUEDE EVITAR Y NO SE EVITA. Carlos Pizarro Leongómez Entrevista con Rafael Vergara. Antes de que “anocheciera en mitad del día”, es decir, previo a la conquista, los Incas llamaron a Abril, ariwey, el mes de la danza del maíz tierno y celebraban con júbilo la llegada de 1a primavera; el Sol de todos se ofrecía a todos como vida, granos y abundancia. Para nosotros, para esta generación de colombianos, abril, como si existiera una maldición o una macabra intención oculta, ha sido todo lo contrario: el mes de la abundancia pero de muertes insólitas y de frustraciones históricas y dolor acumulado. En abril, el 9, hace cincuenta años es asesinado Jorge Eliécer Gaitán y el pueblo en su ira desbordada ejecuta El Bogotazo; el 19, hace 28 años es asaltada la voluntad popular con un fraude electoral que hoy confirma el Ministro de Gobierno de la época; el 24, Jaime Bateman, comandante general del M-19, sembrador de dignidad, muere en un accidente (?) de aviación sobre las selva del Darién, hace ya 15 años; el 26, en un día como hoy, es asesinado hace 8 años, coincidencialmente en una aereonave, el también comandante del eme, Carlos Pizarro, quien había dejado la armas y luchaba con denuedo y optimismo por la presidencia de Colombia; El 18, hace solo 8 días, fue baleado, como lo fue Gaitán, su abogado penalista de este tiempo, Eduardo Umaña Mendoza, cercenándonos, de tajo, un baluarte de la Justicia y defensor de la causa popular. Precisamente hace 9 años en un álgido momento del proceso de negociación, el día 14 de abril, en el campamento de la Paz, una zona de distensión pactada en el Cauca entre el gobierno de Virgilio Barco y el M-19, entrevisté a Carlos Pizarro cuando se aprestaban a enterrar con honores al poeta popular y dirigente de esa organización, Afranio Parra, asesinado el día 6, también en abril, por miembros de la policía en Bogotá. Hoy con la presencia aun viva de Eduardo Umaña, quien fuera el defensor de Carlos Pizarro cuando fue juzgado en el consejo verbal de Guerra en 1980, le pregunto como si se hubiera detenido el tiempo y siguiera en vida su lucha por conquistar la paz:

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¿Y ante este nuevo asesinato qué? CP: Lo primero, por duros que sean los hechos, es no frustrar ni frustrarnos. Pese a los atentados y los asesinatos continuaremos impulsando el proceso. Lo que ha pasado demuestra la necesidad de rectificar muchas cosas en los diferentes estamentos de la sociedad colombiana, en los policiales, en las fuerzas armadas, en el gobierno, en el movimiento guerrillero, en toda la sociedad para buscar alternativas de solución política en el país. Hoy, con el cuerpo de Afranio en el campamento, una de las preguntas básicas nuestras es: ¿Con quién hacemos la paz en Colombia? ¿Hay con quién hacer la paz en Colombia? Requerimos una actitud muy franca y enérgica en función de esta solución política, una militancia real en este proceso. Darle una dimensión nueva y que de verdad construyamos un nuevo bloque de fuerzas que defienda esta alternativa. Nosotros pensamos que debemos encontrar un camino único para la paz, entregarle a los colombianos una oportunidad para construir, entre todos, ese nuevo modelo de sociedad que requiere Colombia al borde del siglo XXI. Bueno, pero si están asesinando a la gente, ¿cómo una guerrilla puede aceptar comprometerse a desarmarse? Es que nosotros no estamos pensando que lo fundamental sea el desarme del M 19, lo que estamos buscando es algo de mayor dimensión: lo que pretendemos es el desarme generalizado de la población; que haya una rectificación profunda en el manejo del orden público colombiano y que, entre todos, elaboremos un nuevo pacto donde la política de seguridad sea diseñada con la presencia del conjunto de las fuerzas sociales y que la solución de orden público nos obligue a todos, que le de garantías a los colombianos. ¿Pero no te parece que con tanta gente armada y tantas traiciones en nuestra historia es muy posible que esto fracase? Es que no podemos partir de los obstáculos y los malos augurios, tenemos que ser hombres que asuman una responsabilidad plena de construir una Colombia más digna y para ello es necesario una enorme cuota de optimismo; y que ese optimismo lo viva la nación entera. Es necesario un clima positivo para alcanzar una solución política y para ello todos los interlocutores debemos tener grandeza política y una responsabilidad enorme frente a las futuras generaciones colombianas. Nosotros creemos que este no es un momento para los tiros ni tampoco para los votos. Es un momento de la inteligencia y esperamos que todos los colombianos pongamos esa inteligencia al servicio de la causa de la paz, para

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que nuestro pueblo tenga la certeza de que es posible construir una sociedad habitable. Y la responsabilidad de ello es responsabilidad del gobierno, pero también lo es del movimiento guerrillero, de los partidos políticos, de la Iglesia, de los medios de comunicación, de todos. El gobierno ha dicho luego de este nuevo asesinato que el M 19 debe acelerar el proceso de desmovilización, ¿qué opinión tienes al respecto? Lo que nosotros estamos planteando es que debe magnificarse el proceso y darle una dimensión renovada, donde se integren nuevos protagonistas y las soluciones integrales se pongan al orden del día. Una desmovilización, si no existen nuevas condiciones en la sociedad colombiana, no tiene ningún tipo de significado. Por eso estamos hablando de compromisos y de darle un mayor ritmo que garantice que estamos marchando hacia una democracia nueva, hacia una perspectiva de desarrollo diferente en el país y a una rectificación del orden público; porque no podemos avanzar en medio de una paz intimidada y menos aún que la paz de los sepulcros sea lo único que le espera a los colombianos en cualquier parte del camino. Se ha hablado de una nueva reunión de la comandancia con el gobierno... No, esto está aplazado y por eso le hicimos llegar una declaración de la comandancia general donde planteamos tres rectificaciones básicas, tres temas urgentes en función de una nueva Constitución que se erija en un verdadero tratado de paz; la búsqueda de un plan de desarrollo concertado que nos garantice una guía para este país en los próximos años y, por último, la búsqueda de una filosofía de convivencia que se convierta en un nuevo marco en la regulación del orden público. ¿Qué puntos específicos contiene el video que enviaste al Palacio de Nariño el 3 de abril? Lo fundamental es el plan de emergencia que consta de hechos de convivencia, justicia y orden público, y que tiene que ver con el establecimiento de un tribunal especial responsable de investigar y juzgar delitos políticos, genocidios y crímenes contra los derechos de opinión, de organización y del libre ejercicio de la justicia. Este tribunal, planteamos nosotros, debe estar integrado por miembros de la Corte Suprema de Justicia, la Procuraduría General de la Nación, la Dirección General de Instrucción Criminal, - en el hoy la Fiscalía- y el Tribunal Superior Militar. Un segundo elemento plantea la necesidad de reglamentar los llamados grupos de autodefensa y disolver los grupos paramilitares que actúan en el país. Igualmente planteamos la necesi-

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dad de establecer diálogos con los grupos de derecha que demuestren claramente que son guerrillas de carácter político y no grupos de justicia privada o grupos de terror en Colombia. Manifestamos además la urgencia de crear una comisión no gubernamental de alto nivel para explorar soluciones jurídicas, económicas y políticas al agudo problema del narcotráfico. -Hablemos de la unidad guerrillera existe una opinión generalizada que plantea que sin todos los actores el proceso está condenado al fracaso..., Como te decía, la solución política la construimos todos y sobre el conjunto de factores de poder en Colombia tenemos que actuar. Hoy lo que está en juego no es la unidad de la Coordinadora, porque nacimos es para defender la unidad nacional, para conquistar espacios de democracia y construir una sociedad más justa. Entonces el destino de las organizaciones guerrilleras no es el destino de los hombres en armas sino el de todo un país. Esto implica para la coordinadora una mayor responsabilidad política y obliga al movimiento guerrillero a ejercer un liderazgo de cara al país y en dirección de los anhelos nacionales. Es similar a la responsabilidad que hoy tienen el gobierno, las fuerzas armadas y los partidos políticos tradicionales. En el país todos tenemos que estar por encima de nuestras pequeñas particularidades y alcanzar la estatura que la nación nos reclama hoy. �uien eluda esa responsabilidad se condena a sí mismo a la marginalidad política. Por eso lo importante es que logremos una identidad de propósitos. Si hay voluntad política y ésta es cierta, podremos garantizar que la solución negociada abarque a todas las organizaciones. Hablemos de las diferencias o similitudes de este proceso de paz con el vivido en 1984..., Son procesos distintos porque estamos hablando de países diferentes. La violencia actual es mucho más compleja que la de 1984, el país está cruzando no solamente por una violencia política sino por la violencia incrementada del narcotráfico, la violencia común, la del sicariato, los paramilitares y demás factores de violencia. Pienso que en este período hay mayor madurez y mayor necesidad de solución política porque entendemos, o vamos entendiendo, que estamos viviendo el último cuarto de hora de la paz; que si fracasa el proceso, los espacios civiles se agotan inmediatamente y ascendemos a los extremos en la confrontación, de una manera vertiginosa. Esta situación nos lleva a todos a una mayor responsabilidad, por eso esperamos que la sensatez se imponga porque si fracasamos ya no hay una nueva oportunidad para la paz en Colombia.. Si la guerra civil se impone, los costos serán altísimos, sobre todo en un país tan fracturado como es la Colombia de hoy.

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¿Qué le diría usted a los militaristas de todos los bandos que están tratando de impedir la paz en Colombia? �ue la guerra más estúpida es la que se puede evitar y no se evita, por sectarismo, por terquedad o por cobardía. Hacer una Colombia hermanada está en el orden del día y me parece criminal que ahondáramos la guerra cuando podemos construir la paz ladrillo por ladrillo, con audacia, inteligencia y generosidad.

Carlos, ¿qué hacemos para que la paz no sea asesinada en primavera? “El día en que ellos cayeron se desgarró un gemido desde el fondo del pueblo, una angustia infinita se anidó en nuestras almas, una rabia impotente sacudió nuestros cuerpos, era un día soleado y las balas lucieron, avanzaron los gritos, retrocedió el silencio, corrió la sangre pura como el agua de un cerro y los tres compañeros abrazaron la muerte. Son amor sin medida, son desprecio a la muerte, son un canto de patria, son decir voy al frente.” Son duros los caminos como nieve quemante, como espinas hirientes, como amores de hermanos, como amigos ausentes.. Son duros los caminos pero tú los seguiste, con un canto en tus labios, y un anhelo en tus ojos... Afranio Parra

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UNA REVOLUCIÓN ABIERTA AL MUNDO Carlos Pizarro Leongómez PRESENTACIÓN Hoy tenemos un nuevo parte de victoria para la nación bolivariana. Entre el 10 y el 28 de abril pasado, la Dirección Nacional del M-19, junto con las comandancias del �uintín Lame y de Alfaro Vive Carajo, celebramos una reunión en las montañas del Cauca. Analizamos el momento y las perspectivas políticas del desarrollo de la democracia en Colombia, y los avances de la unidad bolivariana en este continente de futuro. Asimismo, evaluamos los esfuerzos realizados a lo largo del último año y afinamos los planes e instrumentos político-militares en función de las propuestas y exigencias del momento. Se trata de una victoria más sobre las fuerzas de la oligarquía, empeñadas en impedir la realización de este encuentro. Y lo hicimos en plena zona de guerra, en un plazo de veinte días, con el enemigo cercándonos y hostigándonos; corriendo todos los riesgos, es cierto, pero decididos a realizarla en Colombia y confiados en la capacidad de la Fuerza Militar de la democracia para actuar como defensora, como garante, de los trabajos de su dirección político-militar. En medio del cerco vivimos la tranquilidad y la alegría que caracterizan estos encuentros de compañeros y amigos. Fue emocionante estar reunidos otra vez, repasar anécdotas y experiencias vividas, constatar los desarrollos, y también sentir la presencia agigantada de los hermanos ausentes. La imagen viva del comandante Álvaro Fayad nos acompañó en todo momento, llenándonos de su vigor, su creatividad, su convicción de triunfo y sus reflexiones. No tuvo la reunión el carácter de Conferencia Nacional del M-19, pero participaron gran número de miembros de nuestra Dirección y Comandancia. Buscando mantener ese espíritu de puertas abiertas que ha marcado nuestras últimas reuniones nacionales, hoy presentamos -ante el país y el continente- los contenidos generales y conclusiones de nuestra discusión, sintetizadas por el Comandante General del M-19, Carlos Pizarro Leóngomez.

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Y por ello, esta Carta Nacional, concebida tradicionalmente como documento interno de la Organización, rebasa su propósito y tiene como destinatario a un país y a un continente. En particular convoca a las fuerzas del futuro de Nuestra América a unirse en el esfuerzo por darle sentido histórico a nuestras identidades como Nación latinoamericana. Es, en últimas, la marcha de otra generación de americanos hacia el nuevo mundo.

UNA REVOLUCIÓN ABIERTA AL MUNDO Hemos realizado aquí un enorme esfuerzo de síntesis, pensando y repensando nuestra realidad, nuestros logros, nuestros vacíos y nuestras proyecciones. Y todo indica que hoy debemos ser, construir y actuar como Gobierno: un Gobierno de mayorías que suscite nuevos protagonismos y nuevos liderazgos sobre el país, el continente y el mundo. Es urgente que nos comportemos como Gobierno, aún sin tener, todas las condiciones para su existencia real; aún sin contar con todas las fuerzas que tienen que participar en ese Gobierno y sabiendo que nosotros no copamos toda la democracia, pero que podemos actuar como catalizadores de nuevas formas de protagonismo político, militar, social, civil y cultural en nuestra patria y en América Latina.

Buscando a América No basta hoy pensarnos en el reducido espacio de nuestras fronteras nacionales porque ya no es el tiempo de las revoluciones solitarias. Tenemos que pensarnos en función de América Latina, sólo en este marco continental podremos integrarnos en un proyecto que multiplica y universaliza nuestros esfuerzos, que no es mera sumatoria de fuerzas sino convergencia para el mañana, para la victoria. Pero nada puede vertebrarse sino a la luz de una nueva Nación, que rompe con visiones anteriores de lo que debe ser la revolución; que rompe con esquemas de Estados totalitarios, con esquemas clásicos de desarrollo y con visiones recortadas que se nutren de afanes economicistas. Es decir, hoy la nueva nación tiene que buscarse en la totalización de valores básicamente democráticos en el sentido pleno de la democracia que es participación mayoritaria y confluencia en torno a las aspiraciones colectivas. Una democracia que no parte esencial ni exclusivamente de las referencias de otras democracias populares -que introducen esquemas diferentes en la organización del Estado y la sociedad- sino que busca caminos propios, distintos, originales en su esencia. En América Latina se exige de los revolucionarios que seamos capaces de desencadenar las fuerzas múltiples de nuestros pueblos, de apoyarnos básicamente en el alma de nuestras comunidades, en nuestros colectivos sociales,

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dándole énfasis a estos elementos como factor de equilibrio de las fuerzas que se mueven dentro de la sociedad. No se trata meramente de la búsqueda de una alternativa de Estado: es la búsqueda de una alternativa para los pueblos, para las naciones, que debe dar la luz para las formas de organización política, social y civil que más nos convengan. Es la búsqueda de una democracia que nos centre en el hombre y proyecte al hombre como entidad colectiva, enmarcada dentro del respeto a ese hombre y a esa voluntad colectiva transformada en comunidad y en fuerza. De ahí la convicción que tenemos de que la América Latina tiene que aportar algo nuevo a la humanidad; de ahí lo que nos dinamiza, nos hace optimistas y nos da fe en que realmente tenemos elementos para enriquecer los esfuerzos revolucionarios a nivel mundial. Porque la virtud de nuestro mestizaje racial, de nuestro mestizaje cultural de nuestro patrimonio histórico, ofrece la perspectiva de una revolución que integre, de una revolución de puertas abiertas, abierta al mundo y no sólo centrada en sí misma como nación latinoamericana. Indudablemente, construir el sistema de valores, la ideología, la doctrina, la filosofía o los desarrollos éticos y estéticos de una revolución de esas características no puede ser asumido únicamente por tal o cual organización. Es tarea de todos. Y es un proceso que habrá de asentarse en experiencias concretas, con desarrollos y logros específicos; que retoma búsquedas anteriores pero también aporta algo original. Por eso hoy tenemos que volcarnos hacia afuera con mucho mayor vigor; hoy no podemos simplemente enarbolar las banderas de una organización determinada porque castramos la posibilidad de involucrar a un continente en este esfuerzo. Solamente entendiéndonos por fuera de nosotros mismos, trascendiendo lo que hemos sido hasta ahora, podemos ser más ese elemento sintético que hemos sido a lo largo de nuestra historia. Esta es la angustia, el tema que más se ha manifestado en el transcurso de nuestra reunión: cómo asumir plenamente nuestro papel de conductores y a la luz de qué. Por supuesto que no podemos perfilar aún totalmente los contornos de esa nueva nación; pero sí sabemos que es en la búsqueda de lo nuevo donde está la posibilidad de nuestros desarrollos futuros; y sabemos que sólo podremos ser conductores quienes motivemos hoy el protagonismo colectivo desencadenando las fuerzas de una búsqueda que tiene que ser masiva. Alguien comentaba aquí que debemos tener algo de la esencia de los conquistadores buscando un nuevo mundo, para no quedarnos amarrados a viejas propuestas y anteriores alternativas. Por supuesto que sin el carácter destructivo que tuvo la acción de los conquistadores sobre el continente. Pero sí con esa visión de buscar espacios nuevos, soluciones y territorios nuevos para la acción revolucionaria en América Latina. O como Bolívar, quien no fue conquistador de ninguna tierra, pero sí el hombre que en la búsqueda de la síntesis

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dinamizó los sueños y esperanzas del nuevo mundo; tener la capacidad de situarnos en una perspectiva distinta y de mirar la realidad con ojos nuevos es el reto permanente para todos nuestros hombres. Y eso pasa por la certeza de quedarnos dentro de una perspectiva muy nuestra; muy bolivariana, muy del M-19, muy de Alfaro; de buscar siempre la respuesta nueva a los efectos que producimos; de negarnos a encasillarnos, o a esquematizarnos, a regocijarnos en nuestras propias victorias; de sentir que el espacio conquistado es un espacio que puede abandonarse para adquirir horizontes más amplios y mañana regresar a él. Es no estar aferrados al pasado, ni siquiera en los más altos logros obtenidos. Leyendo a Carlos Castañeda encontrábamos una reflexión esclarecedora. Él dice que la conquista española destruye toda una cultura, pero que también, como fruto de ese proceso, se ofrece la revelación total de algo nuevo. Pensamos que eso es América Latina hoy: la búsqueda de esa revelación que nos totalice a todos los niveles. Tal es la búsqueda de los hombres de esta generación. No podemos quedarnos cortos ante ese desafío, ni podemos quedarnos en nosotros mismos. Entonces, todo lo que se traduzca alrededor de la búsqueda del cuerpo doctrinario, de las fuerzas políticas, sociales, civiles, militares, de los desarrollos culturales, éticos, filosóficos y estéticos de la nueva nación, es síntesis que permitirá la cristalización del protagonismo colectivo de la América Latina. Con este faro, aparentemente todavía lejano, tenemos que conducir todos los esfuerzos. Porque es lo que le da sentido y perspectiva a cuanto hagamos de inmediato, a la construcción de alternativas de gobierno para nuestros pueblos. Y que quede claro: no es ser Gobierno por la urgencia del poder político; es ser Gobierno por la urgencia de conquistar el futuro al interior de una nueva nación que nos exprese, nos dé identidad y sentido histórico. Por ello tenemos que sentir una enorme fe en nuestros propios valores -esos que hemos desatado coherentemente sobre este continente- como instrumentos de movilización, de organización y de lucha. Ayer los esfuerzos nuestros podían estar enmarcados en el ámbito estrecho -y era urgente que así fuera- de la construcción de Ejército, de algunas opciones nacionales o de búsqueda de una paz inmediata para nuestro pueblo. Hoy nos movemos en un marco distinto. Por eso partimos de esta visión y confiamos en llegarles a los futuros e imprescindibles protagonistas de este proceso con una perspectiva que nos permite sumarnos, integrarnos y aportar como conjunto. Pensar en el trabajo internacional en estos términos significa entregarle a los hombres que están desarrollando esa actividad una enorme responsabilidad: la de ir hacia las fuerzas de este continente. Dejar a los compañeros del trabajo internacional pensando en el M-19 o en el Alfaro Vive de hoy, pensan-

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do en sus necesidades de propaganda, o en las necesidades de la guerra misma -a nivel de su ejercicio concreto en un teatro de operaciones- es recortar la dimensión de su trabajo. Porque hoy tienen que potenciar todo su liderazgo, toda su capacidad de conducción como portadores de un mensaje nuevo, de un cuerpo doctrinario, como movilizadores de fuerzas de este continente que son parte de este proyecto y que indudablemente también deben potenciar todo su liderazgo. Hoy tenemos en el exterior a un equipo de hombres que es de lo mejor que tiene la Organización. Y esto es una ganancia enorme pués es un esfuerzo que para nosotros es central. Porque en esta revolución que estamos planteando, el Batallón América y lo que nos significa, nos obliga a acercarnos de una manera distinta a todos los hombres y fuerzas que tienen que jugar un protagonismo en Nuestra América. Ya nuestros compañeros del trabajo internacional no son la estructura que propagandiza unas ideas para motivar la solidaridad internacional con Colombia, o para suplir nuestras necesidades logísticas. Estamos planteándoles una actividad distinta: porque es más lo que tenemos que ir a propiciar que lo que tenemos que recibir, así tengamos enormes urgencias logísticas, enormes urgencias de solidaridad...Hoy no podemos ser “anti-algo”, o ir a pedir algo: tenemos que llegar como portadores de una nueva concepción de la vida y del quehacer latinoamericano. Esto es algo que ya empieza a ser creído, según nos hace saber el Comandante de Alfaro Vive Carajo, quien ha trabajado como propagandista de estas ideas y esfuerzos. Y la presencia de Alfaro Vive en este proyecto, da la demostración de que sí es posible, de que no hay oportunismos pequeños ni hegemonismos fáciles al interior de esta búsqueda, sino que básicamente es el reencuentro de los latinoamericanos con lo que ayer fueron intentos de verdad heroicos por lograr la síntesis de una nueva nación latinoamericana. Tal vez comenzamos sin tener mucha claridad sobre todos los significados de este esfuerzo que nos hemos propuesto. Cuando conformamos el Batallón América, ya andábamos en este sentido, pero indudablemente requeríamos de todo un proceso de vivencias y todo un ir y venir sobre lo planteado inicialmente, para encontrar las esencias de lo que nos propusimos y su enorme proyección. Por eso el Batallón América nos cambió sin darnos cuenta y surge como surge todo en una revolución, no como fruto de una reflexión histórica profunda y larga, sino como momentos intuitivos que recogen nuestros sentimientos más profundos y el mejor marco de nuestras ideas; que se lanzan y se ponen a prueba, y en sus propios desarrollos nos descubren nuevas ideas y nuevas realidades. De lo que sí tenemos la certeza es de que esto no fue un paso en falso; de que está comenzando a concentrar energías que mañana se

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revelarán en forma más espléndida de lo que hasta hoy se ha logrado. Todo lo que hoy recogemos sobre esta experiencia a nivel continental es -pese a las prevenciones- atención, curiosidad. Y si vamos a nuestros pueblos, recogemos alegría dé verdad. Es una alegría serena porque se asume como algo familiar, algo propio. En ninguna casa campesina, de obreros, entre la clase media o la misma intelectualidad de nuestros países hemos sentido expresiones de fobia chauvinista ante la presencia de una fuerza bolivariana. Por el contrario, es una identidad fácil y se asume como lo que se estaba esperando. Ciento cincuenta años esperándolo... Y nos toma por asalto; pero es tan natural ese asalto, que lo asumimos. Hoy la tarea es que el Batallón América no sea solamente el esfuerzo de las organizaciones actualmente comprometidas, sino que sea la concreción de la fuerza de la nación bolivariana y la esperanza de la nación latinoamericana en la lucha por una sociedad distinta, por una nación nueva y por la derrota del terrorismo, el racismo, el armamentismo, los nuevos colonialismos que hoy amenazan el destino de la humanidad.

Ser Gobierno para la nueva Nación Por supuesto que la urgencia de la nueva nación y de concretar esfuerzos en esa dirección no llegan como iluminaciones divinas ni como el trasplante de experiencias ajenas. Es fruto de la maduración de nuestros esfuerzos al interior de nuestros países y organizaciones. Y si bien pasa por el reconocimiento de lo que nos une, igualmente recoge, respeta y enriquece la diversidad como elemento vital en la construcción de la nueva nación. Entonces, nos surge la urgencia de darle respuesta a la nueva nación porque de alguna manera, a nivel nacional, sentimos la urgencia de tener un cambio y pasar definitivamente de ser oposición a ser Gobierno. Esté propósito cambia a una organización y a unos hombres. Porque a partir de la configuración de un gobierno democrático como el que proponemos, la única alternativa de victoria es dentro del marco del más amplio consenso. Ser Gobierno significa convocar fuerzas a que actúen como tal, a que participen, llenen de contenidos y se expliquen por qué nuestro Gobierno ha de ser de una determinada manera y no de otra; e implica -en la afirmación de que tiene que ser un Gobierno democrático desde ya-, un ejercicio pleno de la democracia. Sabemos que la nueva nación es la luz que permite ordenar el ejercicio, la existencia y el triunfo de ese Gobierno. Y esto integra los elementos que nos hemos planteado durante doce años como organización. Porque los mejores valores del M-19 -recogidos de una permanente vivencia al lado de nuestro pueblo- están planteados ahora con la perspectiva de la nueva nación, que busquemos llenarlos de contenidos es una cosa, pero los elementos esenciales

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ya están planteados. Actuar como Gobierno implica también sintetizar y entregarle al país un sistema de valores que canalicen la voluntad de la nación alrededor de ese Gobierno. O, en otras palabras, recoger de una sociedad que tiene descuartizados sus valores, un sistema de valores que garanticen que el Gobierno expresa lo que la gente realmente quiere. Por eso, no es cualquier tipo de Gobierno: es uno que actúe a la luz de una nueva concepción de la vida e integre los valores que hoy están desgarrados y dispersos. Y como es un Gobierno que se basa y apoya fundamentalmente en el alma colectiva, tiene que desencadenar el protagonismo histórico de nuestros pueblos. Sin eso no puede haber Gobierno democrático ni se puede aspirar a construir una nueva nación sobre la que ya hay. Porque si ese Gobierno se plantea desde una perspectiva autoritaria -basado en el ejercicio de la fuerza y no del consenso- surge gastado, y tiene la derrota al frente. Por eso no estamos esperando a tener espacios de Gobierno para corregir esas expresiones antidemocráticas que perduran no sólo en las filas de la revolución sino fundamentalmente en todos los ámbitos de una sociedad que no ha conocido la democracia; estamos diciendo ejercer la democracia desde ya, aún antes de la construcción de esos espacios de Gobierno destinados a potenciarla en todos los niveles de la vida colectiva. Y sabemos que en la concreción del consenso y del sistema de valores que lo inspira, está la fuerza, están los puntos de apoyo para poder cumplir con las demás tareas que requiere el ser Gobierno. No es cualquier opción a la que la gente le camina hoy en día. La gente no está buscando entre dos males el menor; ni la gente se va a subir al carro de la revolución porque en un momento determinado se pueda derrotar militarmente al enemigo. Es decir, no es sólo la victoria la que mueve a la gente; es un universo más amplio en el que la gente pueda ejercer un protagonismo activo. Durante períodos anteriores el esfuerzo central fue la construcción del Ejército; y gran parte de los conductores de la Organización tuvieron que asumir las tareas para que ese Ejército fuera posible; gran parte de las energías, los recursos, se destinaron hacia eso. Hoy ya no es ésta la tarea básica, si bien el Ejército, la confrontación militar, sigue siendo el elemento neurálgico de cuanto pasa. Pero ya no podemos seguir hablando de la creación de ejército como actividad que materialice el esfuerzo de la mayoría de nuestros cuadros. Hoy el ser Gobierno desborda también nuestras expectativas de Ejército. Y si hasta ayer la tarea central de la Organización fue la construcción del Ejército, hoy ese Ejército lo tenemos. Tener Ejército permite plantearnos ser Gobierno, pero también sabemos que ese Ejército no puede desarrollarse sino a la luz del marco general que estamos, planteando; que ese Ejército tiene que

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alimentarse a partir de nuestra actividad como Gobierno, y tiene que crecer a partir de nuestra actividad como nueva nación, o como nación en proceso de forjarse. No podemos resolver ninguno de nuestros problemas sino con esa perspectiva. De lo contrario, es condenar al Ejército a una confrontación de aparatos que a la larga, todos lo sabemos, desgasta sus posibilidades de transformar la realidad. En este período nuestro Ejército tiene que ser desbordado con prácticas nuevas, sin perder -por supuesto- la perspectiva de que en la destrucción de un viejo régimen, la actividad militar de la revolución -concretada en la actividad de su ejército- es tarea central. Lo militar mantiene su enorme importancia, ordena y da posibilidades a todos los demás esfuerzos. Pero repito: hay que comprender que no basta con tener una actitud de ejército, que no bastan las victorias militares para concretar nuestros esfuerzos. No podemos construir la retaguardia por fuera del contexto de ser Gobierno, ni las victorias militares sirven, si no es garantizando algo en ese sentido; porque nuestro pueblo no se va a vincular masivamente al esfuerzo de ejército si no es planteándolo dentro de la perspectiva de ser Gobierno.

Una solución viable a la crisis: que las mayorías seamos Gobierno Esto de lo que venimos hablando obviamente ordena nuestras tareas frente a la situación del país. Hoy el propósito nuestro como fenómeno político tiene que apuntar básicamente a solucionar la crisis nacional. Sabemos que la oligarquía colombiana se ha mostrado incapaz y sin voluntad para resolver el problema que su misma dominación genera. Por eso utilizan la venida papal como distracción frente a una situación en la que ya nada tienen que hacer; por eso todos sus esfuerzos en paralizar y neutralizar las fuerzas interesadas en solucionar esta crisis; y por eso sus mensajes no son aportes de solución, sino propuestas de remiendo y justificaciones del “no se puede”. El intento de solución de la crisis -dentro de la perspectiva oligárquica- se hizo con Belisario y fracasó. Fracasó porque fue tramposo y fue un intento que negó sistemáticamente la participación de las mayorías. El pueblo sabe que la oligarquía ya nada tiene que ofrecerle y que las alternativas de solución planteadas por la minoría son falsas. Y aun esa última expresión renovadora que significaba Galán para dar alguna ligazón a la oligarquía en la solución de la crisis, se rompe al renunciar Galán a asumir a fondo los desafíos que su misma propuesta había generado. Hoy surgen nuevos protagonismos en la búsqueda urgente por solucionar los conflictos nacionales. Desde la propuesta del grupo de Uribe Rueda, pasando por todos esos organismos de base y fuerzas que plantean no demandas sino soluciones concretas, y llegando hasta la C.N.G., el período está marcado

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por la búsqueda de un nuevo consenso, la necesidad de construir un nuevo Gobierno y el plantear nuevas alternativas para solucionar la crisis. En este período ya no buscamos la negociación con la oligarquía. Ya no es la actitud que teníamos durante el período del Diálogo. Ahí estábamos buscando la negociación con la oligarquía en aras de una concertación nacional que permitiera solucionar la crisis por vías distintas al desangre nacional. Y en ese esfuerzo, los principales protagonistas y ejecutores en la solución de la crisis, eran ellos. Y nosotros los reconocíamos como los gobernantes. El esfuerzo de consenso tenía que gestarse a partir de su actitud, de su disponibilidad a la apertura, y el nuestro era negociar la presencia de nuevas fuerzas en «el intento de solución de la crisis. Hoy es diferente. Hoy estamos reuniéndonos -al menos en cuanto a propósitos- y vamos a reunirnos con una cantidad de nuevas fuerzas sociales y políticas para construir un nuevo consenso, para plantear nuevas soluciones a la crisis y para convocar a un nuevo Gobierno. Pensar hoy en cualquier salida a nuestros problemas por fuera del ser Gobierno, nos empantana: ninguna propuesta puede alejarse de eso. Este Gobierno puede existir y puede existir a corto plazo y en ello vamos a poner todos nuestros esfuerzos. Un Gobierno como lo pensó Bolívar en los Llanos: en la convocatoria de los protagonistas y en ejercicios políticos concretos; no porque contara con zonas liberadas; no porque su Ejército hubiera destruido ya al Ejército contrario; no como Estado; sino por la decisión política de un grupo de hombres representativos y de un Ejército de ser Gobierno. Así lo vamos a ofrecer al país, para pronto, con un primer hecho de Gobierno: con sus actos y decisiones. �ue eso implica contar con espacios concretos: pues tenemos que crearlos. Entonces, que nuestro esfuerzo militar, político, propagandístico, orgánico, garantice el espacio de Gobierno necesario para que unas fuerzas -más amplias que nosotros mismos- puedan hablarle al país como Gobierno, tomen decisiones de Gobierno y enfrenten, como Gobierno, al desGobierno que pretende institucionalizar la oligarquía el 7 de agosto próximo. Y que comience la pugna entre dos Gobiernos: el que defiende la democracia como proyecto histórico y como eje de la nueva nación, y el Gobierno antidemocrático, autoritario, oligárquico que expresa a las fuerzas regresivas de esta sociedad. Para el logro de este objetivo requerimos de planes que nos permitan pensar no sólo a la Organización, sino a todas las fuerzas involucradas en este esfuerzo. Tiene que haber un eje que ordene nuestra actividad y la de todos los hombres que en este país buscan una nueva nación y tienen un puesto que ocupar en el nuevo Gobierno. Requerimos del mensaje claro alrededor del cual se organicen los pregoneros de la nueva nación y se articule la labor propagandística; requerimos del concurso de la inteligencia de este país y de

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objetivos precisos para que la energía creadora de esta gente se pueda canalízar en propuestas concretas enmarcadas dentro de los propósitos señalados. �ue las energías contenidas en el liderazgo de todos los que tienen algo que decir y algo que hacer en este país, se desborden en la búsqueda de objetivos concretos y en estos logros nos permitan proyectarnos sobre horizontes mucho más amplios. Y tenemos que garantizarnos la retaguardia: desarrollando los elementos de retaguardia que ya existen en nuestro interior; pero entendiendo que esa retaguardia a nuestro interior es frágil -y siempre lo será- porque los recursos de que puede disponer son limitados; que toca desplegar mayor originalidad para resolver los problemas de nuestra revolución. Sin fronteras amigas, nos toca hacer un poco lo que a los combatientes de Sierra Maestra: trabajar y profundizar los espacios de retaguardia en el interior del país. El plan militar y sus desarrollos han de concretar en logros de Gobierno cada paso que demos. No podemos ya dejar sujeto nuestro esfuerzo militar al arbitrio de las circunstancias; tenemos que buscar dar saltos y lograr un espacio de la región, que es espacio de Gobierno. No podemos dejar nada suelto, y si no consolidamos la región militar, como tal, el espacio de Gobierno no tiene posibilidades de asentarse. Pero tampoco podemos permitir que el enemigo nos condene a una guerra de desgaste interminable. Nuestra obsesión y compromiso es ganar esta guerra al menor costo y en el menor tiempo posible. Y de ahí que lo mejor de nuestros esfuerzos tiene que dirigirse a garantizar que la unidad en el interior de la revolución colombiana siga dando pasos ciertos para el desarrollo de este proceso, como lo ha venido haciendo hasta ahora con la Coordinadora Nacional Guerrillera. Pero sus esfuerzos deben concretarse y materializarse en cosas tangibles; que la unidad se sienta en el país como un ejercicio real de Gobierno; no como la unidad de las izquierdas, que no dice nada. Tenemos que dinamizar la unidad con ese significado; para que los jefes de las organizaciones guerrilleras en Colombia sean parte del Gobierno democrático que nos queremos dar, y no simplemente los conductores de pequeñas entidades orgánicas o la expresión de la marginalidad de la izquierda colombiana. La Coordinadora tiene que evolucionar hacia eso: a ser parte del nuevo Gobierno que está naciendo; a ser el núcleo con el que se empieza a ser Gobierno, para que el nuevo Gobierno pueda desarrollarse e ir aumentando su cobertura con la presencia de futuros y necesarios protagonistas que representan a más fuerzas que se mueven en Colombia y que aspiran al cambio. Hay urgencia de que en la C.N.G. nos vayamos acercando en el campo de lo doctrinario y de lo que queremos para nuestra sociedad, para la nueva nación, de tal manera que lo que hoy es coordinación de esfuerzos militares, pueda traducirse en identidades mucho más profundas en términos de ideales, de propuestas políticas, de propuestas para el conjunto de los fenó-

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menos sociales, ya hay logros por supuesto: el simple hecho de manifestar coincidencias éticas en torno al Ricardo Franco, significa que hemos ahondado en ese sentido; y más aún: la aceptación de una plataforma mínima de lucha, la convocatoria conjunta a la Asamblea Nacional Popular, y la serie de tareas organizativas que hemos emprendido en forma bilateral o multilateral, no son sólo pasos, sino un camino abierto para la revolución colombiana. Pero hoy el enemigo nos está exigiendo que introduzcamos más afanes militares en el seno de la C.N.G. Porque el enemigo ha desatado la guerra, ha decidido el aniquilamiento de nuestras fuerzas, y nosotros no podemos mantenernos impasibles ante tamaño desafío. Mantenernos en la realidad actual es conformarnos con una eventual derrota; porque el aniquilamiento de cualquiera de nuestras fuerzas significaría el atraso -por quién sabe cuántos años- de los esfuerzos transformadores de cuantas organizaciones revolucionarias hay. No podemos vernos como fenómenos marginales y disgregados y tenemos que asumir, con todas sus implicaciones, que totalizar en este nivel requiere de transformaciones profundas en el interior de nuestras propias filas. En el interior de la C.N.G. ya se mueven todas estas inquietudes y algo hemos hecho en este sentido. Hoy es clara la certeza de que todos apuntamos en la misma dirección; cada uno con énfasis en unos u otros elementos, pero todos buscamos la transformación de la patria. Lo que no puede haber hoy son desarrollos tan desiguales en el terreno de la confrontación militar. Toca acomodarnos a todos a los desarrollos de todos. Lo que no puede haber hoy son fuerzas que enfrentan al Ejército de conjunto, a sus unidades élite, a sus tanques, helicópteros y aviones, y fuerzas guerrilleras andando al ritmo de una revolución que va a nacer dentro de muchos años. Esos dos ritmos son incompatibles y nos condenan a la derrota. A unos porque dejan a unas fuerzas solitarias enfrentando el poder del enemigo, lo cual produce un desgaste progresivo; a los otros porque la quiebra del ritmo de quienes están sosteniendo el peso fundamental de la guerra, conduce a que no puedan adquirir el ritmo de la guerra y de la victoria en los tiempos en que lo exige hoy la revolución colombiana. La unidad es fundamental y es un hecho histórico lo alcanzado hasta ahora. Pero su proyección está dada en la medida en que podamos convertir todos los esfuerzos de la Coordinadora en acciones orientadas hacia actos de Gobierno, hacia la concreción -entre todos- de espacios de Gobierno, y hacia la construcción del Ejército único como eje y columna vertebral de todo el esfuerzo. Hoy eso es berracamente posible: la C.N.G. es de los grandes logros de la revolución colombiana. Lo que pasa es que tenemos que trabajar en su interior con mayor generosidad y afinar, entre todos, nuestras propuestas. Tenemos que repasar nuestra historia para ofrecerla como la concreción de saltos dados en momentos cuan-

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do se pensaba que la madurez de los procesos no daba para tanto; y al tiempo, motivar en nuestras filas la búsqueda: de los aportes que nos pueden brindar las organizaciones hermanas, su experiencia, su historia. Hoy no caben las actitudes prepotentes, que son ineficaces y estúpidas. Infortunadamente, nosotros no hemos sido propiamente un modelo. Nos toca educarnos y educar a nuestros hombres en el significado profundo de la unidad guerrillera. Como hay que hacerlo en el Batallón América; y con muchísima mayor fuerza porque su proyección está desbordando a nuestras naciones. Ayer lo sentíamos, cuando escuchábamos lo que el Ecuador aporta, y como se vive y se vibra en el Ecuador con este esfuerzo. Y uno dice: hay tantos elementos que no hemos encontrado porque no hemos querido escuchar, porque no hemos tenido la disposición para hacerlo... Pero indudablemente es en este marco en el que se rompen las barreras del grupo, los sectarismos inconcientes, para perfilar una opción distinta que nos integre y haga real la unidad. De todas maneras, en todo este esfuerzo que hay que hacer a nivel nacional, la C.N.G. es eje. Y los acuerdos logrados los asumimos con el sentido que siempre ha dado a la palabra empeñada nuestra Organización: con integridad y convicción de futuro. Tenemos planes y proyectos para proponerle a la Coordinadora cuyo fin es el de acelerar un poco los ritmos: aceptando lo logrado, cumpliendo con todo lo acordado hasta ahora, pero introduciendo nuevos afanes que concreten a más corto plazo las tareas de Gobierno. La Asamblea Nacional Popular, en esencia, es lo mismo que planteábamos sobre el Congreso Admirable en Campoamérica. Por eso pensamos que es un momento del nuevo Gobierno, una de cuyas tareas tiene que ser esa: posibilitar la Asamblea Nacional para que ésta lo legitime. Entonces, no tiene que preocuparnos que ese Gobierno se conforme con un mínimo de fuerzas, o con fuerzas que no copan la democracia de este país. Porque su sólo ejercicio nos va a llevar hacia allá: hacia la concreción, en la Asamblea Nacional Popular, de un esfuerzo mucho más democrático que legitime al nuevo Gobierno, que le brinde nuevos protagonistas y legitime también al Ejército como puntal de existencia de ese nuevo Gobierno, como su columna vertebral, como fuerza del cambio y como garantía de derrota del Gobierno al que estamos enfrentando. El proyecto de la Coordinadora Nacional de Masas podría transformar en fuerza de masas gran parte de lo que hemos venido haciendo las distintas organizaciones en el trabajo con nuestro pueblo: con la conciencia de que éste es el sustento real del nuevo Gobierno y de que es la participación de masas lo que le da sentido a los esfuerzos de ser Gobierno. También hay que trabajar con sectores y fuerzas que no van a estar todavía dentro de la Coordinadora Nacional de Masas, pero que eventualmente pueden integrarse a este esfuerzo.

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Es decir, que ninguna organización abandone a los sectores que puede conducir con mayor facilidad; pero que todos sepamos que estamos apuntando en una misma dirección. Concretando en fuerza, convirtiendo en fuerza cuanto tocamos y hacemos, llenaremos de contenido y sentido a este importante propósito de la C.N.G.

Lo orgánico: de puertas abiertas a la Nación Ya en el plano orgánico interno, durante este período inmediato vamos a trabajar por consolidar lo alcanzado hasta ahora. Pero que no se vea como un alto; es darle un piso más sólido a lo logrado en las distintas esferas de nuestra actividad. No podemos permitir el desborde de nuestras fuerzas en la confrontación con el enemigo -que ha sido intensa y muy enriquecedora, sino que tenemos que ordenar esa confrontación para lograr determinados resultados. Entonces, no se trata de evitar enfrentar al enemigo, sino enfrentarlo en la búsqueda de resultados precisos. Todo el año pasado, con sus puntos culminantes en el Palacio de Justicia y Siloé, todo el período germinal del Batallón América, ha llevado a una tensión tal de nuestras fuerzas, que indudablemente nos da la garantía de los saltos que tenemos que dar; pero también nos deja vacíos -en la convocatoria política, la ligazón orgánica con las fuerzas que nos acompañan, e incluso de información sobre los desarrollos alcanzados- así como cuellos de botella que tenemos que resolver. En otras palabras: tenemos que reorganizarnos en la búsqueda de resultados más precisos; y concentrar de tal manera nuestros esfuerzos, que los logros sean más contundentes, para que nada se desperdicie. Entonces, todas nuestras estructuras deben evaluar sus desarrollos, definir más exactamente sus objetivos, concentrar fuerzas en el logro de los mismos y diseñar el esfuerzo principal del período, para garantizar lo que para todos tiene más significación, que es el espacio del nuevo Gobierno en ejercicio. Todo esto, por supuesto, en el marco de ir atrayendo hacia este esfuerzo a todas las fuerzas susceptibles de ser atraídas. Abrirnos, convocar y crear las condiciones para que el país se concentre en la dirección de ser Gobierno que proponemos: tal es la tarea y la meta. Porque no es un Gobierno del M-19 ni de la C.N.G.; es un Gobierno de mayorías nacionales y evidentemente desborda en su proyección a los sectores revolucionarios. Creemos que a nivel orgánico vivimos la mejor época del M-19. Pese a la pérdida de muchos cuadros -que hoy estarían llamados a jugar un papel fundamental-, encontramos como saldo de tantos esfuerzos a un conjunto de hombres que aprendieron a ganar, enriquecidos en su convicción de patria, y que hoy se piensan en una dimensión mucho más amplia de la que se pensaban hace un año o unos meses. Así de rica ha sido esta última etapa de desarrollo. Álvaro Fayad nos dejó una organización más madura y con esta posibilidad

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de construir el futuro entre todos, ha sido mayor la alegría de este encuentro. Durante este período que pasó, por el esfuerzo de todos y básicamente de Álvaro, tenemos al EME. que conocimos siempre: esa organización donde la amistad, la fraternidad y la alegría dan el clima que nos permite ser realmente creativos. Y eso es una ganancia para la revolución nacional y para la revolución bolivariana. La búsqueda central es la de una Organización en la que todos sean constructores, cuyas estrategias sean fruto de la elaboración colectiva permanente; en la que cada hombre sea capaz de asumir el nivel de conducción que le corresponde y sepa ceder los espacios para que otros hombres asuman nuevas y mayores responsabilidades. Hoy la conducción del M-19 es más colectiva que nunca. Y es más colectiva porque hemos madurado todos juntos. Porque asumir las responsabilidades de ser Gobierno y de jugar un liderazgo para la nueva nación significa un esfuerzo que ningún hombre -por más capaz que sea- puede resolver solo. (como no puede resolverlo sola la organización misma...). Y creo que es la sensación que recorre al M-19 en su conjunto, que es un factor altamente positivo en el logro de nuestros esfuerzos. Además, en una sociedad tan inorgánica como la nuestra, y con una Organización con tanto liderazgo sobre nuestro pueblo -pese a los escasos lazos orgánicos desarrollados- se requiere explotar a fondo la capacidad de conducción que tenemos y enriquecer el espacio democrático con la presencia de unos hombres formados en esta concepción de la vida. Nuestra mayor fuerza es esta capacidad de liderazgo y éste es nuestro principal aporte al proceso, independientemente de que tengamos o no los nexos orgánicos necesarios a nivel de masas. Igualmente, hoy podemos aportar elementos nuevos en torno al tipo de guerra que hay que hacer en Colombia para la victoria. La capacidad nuestra, lograda por la concentración de tantos esfuerzos en este sentido, nos brinda hoy una profunda experiencia militar, concretada en la conformación de unidades de Ejército, en el carácter del enfrentamiento, en la capacidad de maniobra... En estos dos niveles tenemos que jugarnos a fondo: eso implica activar nuestras fuerzas como todo y aprovechar nuestras características como organización, concientes de que no estamos solos y de que hay tareas que otros pueden realizar con más eficacia que nosotros. Pero sí requerimos los nuevos modelos organizativos que estaban planteados desde Campoamérica, en diciembre, y que no hemos implementado. Así, la conformación de un Estado Mayor es inminente. Necesitamos e! ejercicio diario de conducir nuestros esfuerzos en forma continua y convergente. La comandancia garantiza la convergencia de los aspectos básicos de la

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Organización; pero quien lleva de la mano los desarrollos parciales hacia las grandes convergencias es el Estado Mayor. Por eso tenemos que entregarle esta responsabilidad a compañeros que tengan condiciones políticas, militares, la concepción, la organización mental y la experiencia que permitan asumir las tareas de Estado Mayor con eficacia. Prácticamente, desde el período previo al Cantón Norte no hemos tenido ese organismo actuante. Le hemos entregado a los Comandantes Generales de la Organización una responsabilidad que lleva al agotamiento al tener que asumir todas y cada una de las responsabilidades que implican la conducción. Y su agotamiento significa también su muerte, como en el caso de Álvaro; y creo que es el caso de Pablo en gran parte. Porque son tantas las responsabilidades que tienen que asumir para conducir esta organización y evitar que nuestra tendencia centrífuga nos precipite a la ineficacia, que agotamos hasta la magia que nos acompaña; agotamos la suerte, y el enemigo nos da el golpe. O nos lo da el destino, como sucedió con la avioneta en la que iba Pablo. Esta organización no se puede seguir edificando así. Este Gobierno que vamos a construir no se puede dirigir así. No podemos ser tan artesanales. Requerimos de los instrumentos que dirijan a la Organización en forma permanente, y que garanticen la continuidad de la dirección. �ue nadie se quede en la organización sin un mensaje preciso que oriente sus esfuerzos; que nadie trabaje sin que se evalúe hasta qué punto aporta al esfuerzo principal en cada período; que todos los compañeros adquieran la capacidad de globalizar porque se está globalizando en forma permanente a nivel del Estado Mayor y que se establezca un diálogo permanente, de corriente alterna, entre el mando de la Organización y el conjunto de sus combatientes. Esto no significa -porque sería negar la esencia de esta revolución- que vamos a resolver el conjunto de los desafíos que tenemos por delante a partir de lo orgánico. Seamos concientes de que sólo podremos resolver la mayoría de nuestros problemas poniendo la solución en manos del pueblo, de diferentes protagonistas... Despejar nuestras angustias orgánicas no resuelve el problema de la revolución colombiana. Este se resuelve en la medida en que seamos capaces de ordenar nuestras fuerzas junto con otras; y en la medida en que seamos capaces de entregar muchas tareas a quienes están en capacidad de cumplirlas mejor que nosotros. Pero de todas formas, sí ordenamos, sí reglamentamos y sí garantizamos que somos conjunto, sistema, y no aspectos fraccionados de una misma entidad orgánica. Para terminar: es tarea de todas las estructuras, y fundamentalmente de sus mandos, garantizar el cumplimiento de nuestro esfuerzo propagandístico. �ue el enemigo no cerque nuestros hechos, nuestra voz en este reducido espacio: porque éstos tienen que volcarse hacia el país y sobre la nación bolivariana. La oligarquía busca bloquearnos a todos los niveles, y especialmente en éste,

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para que seamos una fuerza muda, una fuerza de reflexión hacia adentro, pero no una fuerza que actúa ante el país, piensa en función del país, y dinamiza todo lo que en él es búsqueda de alternativas. Entonces, la propaganda es tarea de todos y hay que ir rompiendo el cerco impuesto: con la constancia, la permanencia y claridad del mensaje que queremos entregar. Ese mensaje que tiene que expresarse en cada uno de nuestros hechos. Y también en el esfuerzo programado y conciente de crear los vasos comunicantes -o fortalecer los que ya hay- con una serie de sectores políticos, sociales y civiles que no están comprometidos con el M-19 pero sí con 1a voluntad de cambio de la nación y que desean andar al ritmo de estos tiempos.

Somos hombres de América Y nos toca trabajar profundamente para darle piso y cuerpo a la conducción del proyecto bolivariano. Que no es sólo un fenómeno orgánico, o la definición de objetivos comunes, sino la capacidad de integrar íntimamente lo que somos nosotros y lo que son las fuerzas sociales y políticas de otras naciones. Es desarrollar la capacidad de pensarnos como americanos. �ue todas las tareas conjuntas, el diálogo permanente, la construcción de instrumentos orgánicos unitarios, nos vayan dando la sensación de que somos americanos y no simplemente colombianos, ecuatorianos o peruanos. Sabemos que no es fácil pensarnos como americanos; pero igualmente sabemos que sólo pensándonos como americanos nuestra revolución va a ser victoriosa. Y tenemos que decir que después de estos meses se ha gestado una generación de americanos: por lo menos el núcleo básico de una generación que verá nacer este continente. Por eso la comunicación tiene que ser más intensa, los esfuerzos, más conjuntos, y la forma de pensar nuestras realidades tiene que ordenarse a partir del hecho de que somos americanos. La comandancia del Batallón América tiene que ampliarse y englobar los esfuerzos de cuantos participamos en este proyecto bolivariano. Y si somos hombres de América, vamos a tener que desarrollar la capacidad para dar los virajes que la realidad nos vaya exigiendo en el desarrollo de nuestras propias revoluciones; para encontrar el centro de gravedad de la revolución bolivariana; como lo encontró Bolívar cuando decidió salir de Venezuela y entrar a la Nueva Granada. Porque el triunfo de cualquier revolución, en cualquiera de nuestros pueblos, es la garantía de la victoria de la revolución bolivariana. A lo que no podemos apostarle es a procesos que se nos alarguen indefinidamente en aras de una visión particular, localista. Es ser americanos de verdad; no americanos para vender una idea que toca los sentimientos de Nuestra América, sino básicamente como una esencia política, militar, cultural, orgánica... Y es llevar a un continente a que se piense como americano, después de más de 150 años de pensarse como colombiano,

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ecuatoriano, boliviano. Se trata de una tarea bien difícil. Pero también es, quizás, el desafío más espléndido que nos hayamos propuesto. Aquí hemos intentado recoger lo que ha sido la discusión en estos días; o al menos de fijar el marco conceptual, tirado con un poco de desorden. Toca ahora abordar los planes concretos para todos y cada uno, para concretar el esfuerzo hecho y situar las diversas actividades en el marco de estos amplios horizontes. Exposición del Comandante Carlos Pizarro. Abril 23 de 1986

PALABRAS DE DESPEDIDA Comandante Gustavo Arias Verdad que la tarea que tenemos por delante es muy grande, Creo que no alcanza uno todavía a digerir todo eso. Pero también hay la seguridad de que en el rumbo que hemos dado a las nuevas estructuras de Dirección, al Estado Mayor y al Mando Central, seguiremos mejorando como organización y podremos volcarnos hacia nuestros compromisos con la responsabilidad que el momento histórico demanda. Es con esta seguridad que tenemos que seguir creciendo en medio de las dificultades al mejor estilo de nuestra estirpe bolivariana. Indudablemente ha sido dura la desaparición de los comandantes Álvaro Fayad e Iván Ospina, de Luís Otero, Andrés Almarales, Israel Santamaría y de tantos compañeros con quienes vimos nacer esta organización; hombres que dejan un gran vacío pero que también nos dejan llenos de sus mejores cualidades y siguen aportando en este proceso. Y cuando uno ve la solidaridad del pueblo que nos acompaña en las malas y en las buenas, en las peores condiciones y en las mejores, se reafirma la seguridad del triunfo. La generosidad de ese pueblo que nos señala caminos, nos ofrece salidas y soluciones; tiene que ahondar también nuestra capacidad de comprender nuestras fallas, nuestras debilidades y aportes: entre todos y para todos. Como tenemos que aprender de ese pueblo mágico el sentido pleno de la unidad. Unidad que debe ser hoy más vigorosa y sólida que nunca. No es sólo la unidad de la organización, sino la unidad con las otras organizaciones y la unidad del pueblo y con el pueblo.

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Al pueblo tenemos mucho que aprenderle y para ello tenemos que ser más generosos, menos arrogantes, y más sensibles a todo hecho que beneficie la causa popular, que es la nuestra. Y dentro de esté espíritu unitario ver lo que el pueblo asimila con más facilidad, que es la unidad latinoamericana. De verdad, tenemos que profundizar en eso: y pensar más en la nación bolivariana que en la nación colombiana; más en la unidad latinoamericana; más en la Coordinadora Nacional Guerrillera que en el M-19... Sólo así podremos dar los siguientes pasos en la consolidación de la unidad guerrillera colombiana y de la unidad guerrillera bolivariana. Es lo que decía el Comandante Pizarro: diluirnos, fundirnos, sembrarnos en el continente, en aras de ser más americanos, más bolivarianos; en aras de cosechar eso que todos soñamos y añoramos. Claro que tenemos que fortalecer nuestra organización, pero mirando más allá de la mera unidad entre los mandos y combatiente. Nuestra unidad interna tiene que partir hoy de una profunda identidad alrededor del compromiso que hemos asumido. Porque en este momento, como en toda la historia del M-19, el mirar más hacia afuera que hacia adentro es lo que nos permite trascendernos a nosotros mismos. Trabajar por la unidad con obsesión es lo que nos ha permitido nuestros más altos logros. Entonces, despidámonos con este compromiso: unidad entre nosotros, unidad con el pueblo y hacia la nación bolivariana. Verdad que hay que trabajarla con pasión.

Comandante Marcos Chalita Cuando estaba Bateman, creímos en Bateman. Cuando Álvaro asume la comandancia, creímos en Álvaro. Y hoy creemos en Pizarro, en Boris, en Navarro... Pero también tenemos que hablar, compañeros, de esos millones de hombres que creen en nosotros como camino, como esperanza de futuro. Pienso que éste es el desafío y de verdad la tarea: hacer que muchos hombres en Colombia, América Latina y el mundo concreten ese ideal de todos los compañeros que luchan y han luchado por esta concepción bolivariana. Nosotros aquí ya tenemos nuestras tareas definidas. Hemos analizado las experiencias y los saltos que hemos dado hacia el mundo; y sabemos que en ese mundo hay muchas virtudes que recoger..Entonces también tenemos que recoger, organizar, brindar mecanismos de participación a esos millones de personas que creen y esperan de nosotros. Uno se pone a analizar y ve que muchos hombres, muchos líderes, se han quedado por fuera de este proceso; que se han quedado porque las organizaciones revolucionarias no supieron conducir sus aspiraciones. Y somos nosotros los encargados de volver a ellos, recogerlos y darles su trinchera, su campo de trabajo. Es ahí donde vamos a encontrar, a reforzar, a los líderes y

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comandantes que va a requerir el proyecto bolivariano para cumplir todas las tareas que tenemos. Ha sido claro para nosotros que tenemos una simpatía muy grande, que tenemos el cariño, la decisión y la voluntad del pueblo de estar con nosotros. Pero nos hace falta. Y vamos a dar un salto muy grande en la medida en que podamos lograr el objetivo de la unidad real, estratégica, del movimiento guerrillero. Pienso que ahí hay muchos líderes, muchos hombres, muchos cuadros, que unidos en una concepción política, una concepción ideológica, una concepción militar, se pondrán al ritmo de lo que nuestro pueblo espera de todos nosotros y no sólo del M-19. Aquí no hemos hablado mucho del proceso político que están viviendo las FARC. Pienso que también tenemos ese desafío. Porque, aunque sea un período posterior, si logramos ir juntos, con ellos también, es fuerza que le quitamos al proyecto de la oligarquía. Aunque la oligarquía ya no tenga nada que ofrecerle al pueblo y a la nación, sigue siendo válido que a la democracia tenemos que ponerle más fuerza más propuesta, más unidad, más hombres y más decisión. Pienso que a Colombia entera, a los países bolivarianos y al mundo tenemos que entregarles, en hechos concretos, la unidad total del movimiento guerrillero y de todas las fuerzas que de verdad quieren una Colombia nueva, una Colombia para los colombianos y una Nación para la Nación.

Comandante Pedro Pacho Hoy es 28 de abril y hoy hace tres años murió Pablo. Y no cabía en nuestra cabeza hace tres años que pudiéramos ser lo que hoy somos. Creo que Pablo debe estar muerto de la risa viendo cómo los locos siguen: cómo el carrete cambia y se desarrolla. Si nos ponemos a mirar el desarrollo de estos tres años encontramos que el horizonte se nos ha abierto. �ue realmente pasamos de ser esa pequeña y angustiante organización que subsistía por hechos de opinión, con la sonrisa y el soye, para convertirnos en una realidad política, militar, social, con proyección bolivariana; que hemos ligado y profundizado -todos los días másnuestra participación con el pueblo; y que avanzamos no sólo como colectivo, sino que el proceso nos dio también la posibilidad de irnos encontrando como amigos. Y Álvaro, el amigo de Pablo y el amigo de todos nosotros, también debe estar celebrando con Pablo la profunda amistad que ha reinado en esta reunión. Esta siembra de hombres para el futuro, para los sueños y para esta realidad que se amplía cada día más, es el camino de los compañeros que se han quedado. Y se han quedado en la lucha, en el deber, en la voluntad nuestra, en todos son partes que rendimos, en el futuro... Y vamos a seguir entregándoles partes

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de victoria a nuestros Generales de la Victoria. A ellos y a nuestro pueblo que, con el Batallón América, ha desdibujado sus fronteras nacionales y comienza a tener un perfil continental. Metámonos en la cabeza que somos hombres de futuro: para este continente y para el mundo; para un siglo XXI que se abre con la única posibilidad del cambio que le da América Latina. Porque no se lo pueden dar los totalitarismos ni los monopolios capitalistas. Y entonces le tocó a la pasión, a los sueños, al sentimiento, volcarse al futuro verdadero; hacer que los ordenamientos sociales que nunca han podido satisfacer al hombre como hombre, tengan que ser arrollados por la pasión y el sueño de nuestro continente. Nosotros somos eso. Y tenemos que asumirlo así. No como personas, sino como conductores, como voluntad colectiva, como transformadores.. De aquí salimos con un ordenamiento que parece mínimo porque supuestamente es orgánico. Pero es un país, un continente, y un mundo el que espera de nosotros los nuevos partes de victoria. Y así haremos de las voluntades y enseñanzas de nuestros comandantes, sueños hechos realidad. Entonces realmente podremos descansar.

Comandante Carlos Pizarro De verdad ha sido afortunado tener la posibilidad de reunimos, conversar y llegar al punto en el que -independientemente de que queden cosas sueltas- el darle una columna vertebral al esfuerzo nuestro de los próximos meses, está logrado. Creo que tenemos un mensaje vivo que llevarle a la organización porque entre todos encontramos el hilo que le da continuidad al trabajo de tantos años. Y también podemos tener la convicción de entregarle al país una conducción nueva, confiada de que podemos jugar el protagonismo que nos exige la historia de nuestro pueblo y la historia de América Latina. El optimismo que aquí reina, la decisión de jugar cada uno su papel y la responsabilidad que cada compañero aquí ha adquirido, debe ser transmitida y generalizada al conjunto de la organización. Tenemos la seguridad de que ya no nos derrota nadie, de que ya no nos aleja de la historia nadie; y que simplemente nos toca demostrar en este período que podemos ser tan contundentes como el país espera de nosotros, renovadores en las ideas, de puertas abiertas para convocar a todos los protagonismos que en Colombia y América Latina quieren ejercerse. Todo este período de los últimos años ha demostrado a una juventud dispuesta a asumir su tarea al interior de la revolución colombiana. Caras nuevas, hombres que ayer no tenían ninguna responsabilidad y que hoy asumen responsabilidades profundas. En un momento decisivo de nuestra historia. Y lo que nos llama al optimismo es que cada vez hay más cuadros y más hombres jóvenes asumiendo estas responsabilidades. Hoy podemos decir que tenemos

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generales de 25 años; compañeros que maduraron mucho antes de lo que maduramos nosotros, por supuesto, rodeados de un clima mayor de victoria, rodeados de un optimismo más grande, pero también rodeados de exigencias mayores. Simplemente hemos apostado a nuestro pueblo y hemos recibido de él lo mejor. Y tenemos que seguir en ese mismo sentido. El futuro del M-19 está en su capacidad de abrirse, en su capacidad de convocar, en su capacidad de ceder responsabilidades. Y tenemos que estar a la altura de ese reto. Requerimos en todos los campos de nuestra actividad que los cuadros que tenemos estén desarrollándose y preparándose para ceder responsabilidades a los hombres que han formado. Por eso hemos buscado que en cada área todos se sientan a gusto. Y esperamos que se conformen equipos de trabajo donde se desarrollen las mejores afinidades. Que no tengamos que sufrir, en el período que-viene, dificultades que -al lado de las tareas que tenemos- nos desgasten y debiliten. Nuestras tensiones tienen que ser originadas única y exclusivamente por el enemigo. �ue hacia adentro sintamos que estamos en el hogar, donde se descansa, donde se comparte, donde nos relajamos; y podamos ir hacia el enemigo con todas nuestras energías, sin desgastarlas en pendejadas. Nosotros hemos hablado de que nuestra revolución es bolivariana, que nuestra revolución es democrática, que nuestra revolución es antiautoritaria, que nuestra revolución va a defender las libertades en este país. Nuestra revolución se va a centrar en el hombre. Y depende de nuestra capacidad de conducir la sociedad hacia allá, que la revolución sea de esa forma, de esa estatura. Cuando ocurrió la masacre de los Francos decíamos que si el destino de la revolución era esa tragedia colectiva que ellos mostraban, preferíamos no ganar. Porque no queremos cualquier tipo de victoria. Porque queremos llegar limpios a la victoria. Y este es el mensaje que tenemos que llevar a todos nuestros hombres. Por eso, saber convivir hacia adentro es ejercer la democracia hacia adentro y prepararnos para poderla ejercer en forma total hacia afuera. �ueremos un diálogo fluido entre nosotros. No queremos que el diálogo termine aquí. Tiene que haber una corriente alterna de comunicación entre todos nuestros hombres. Nadie puede producir algo y no recibir una respuesta de estímulo, de comprensión, de dirección por parte de su mando. Y nadie puede sentir que carece de mando. Y para quienes quieran crear en la organización, para quienes estén dispuestos a intentar audacias al interior de la organización, para quienes quieran soyarse en el trabajo político, en la propaganda, en lo militar, en lo técnico, todos los recursos, todo el respaldo y toda la confianza. Esa es la convicción que tiene que salir de acá. No queremos hombres maniatados, no queremos la imaginación metida debajo de la mesa; la quere-

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mos volcada sobre el país y queremos sentir que la organización que vimos nacer, la organización que se la jugó a un Cantón, a la embajada, al Karina, a Aeropesca, a Florencia, al Palacio, sigue vigente. No solamente porque nos gusta la audacia, porque nos sentimos hermanados en la audacia, sino fundamentalmente porque no tenemos otro camino para ganar. Ese núcleo de hombres, ideales, armas que es hoy el M-19, sólo puede pensar en la victoria con las mayores audacias; y pensar en la victoria a corto plazo; y pensar en el privilegio que nos representa el poder participar como protagonistas en la conducción de una sociedad para reconstruirla; para cambiar el papel que tenemos hoy de hombres lanzados a la destrucción de un viejo régimen y emprender un trabajo que es mucho más gratificante y feliz: el de construir una patria en paz, una patria con justicia, con democracia y con libertad. Y llegará el día en que podamos sentarnos, con la victoria entre manos, a recordar a nuestros hombres, a recordar a los amigos, a los comandantes que perdimos, a los héroes que hemos ido sembrando a lo largo del país. Creo que hasta ese día no sentiremos que hemos cumplido con ellos, ni sentiremos que llegó el momento del descanso para nosotros. Las despedidas son siempre difíciles. �ue pese a la distancia, sintamos que estamos cerca, que estamos hermanados y compartiendo entre todos este quehacer de una revolución del tamaño de nuestros sueños. Elaboremos y reelaboremos aún mejor lo que salió de aquí y convoquemos a todo el mundo, en la organización, al espíritu que aquí hemos vivido. Siento orgullo de la organización que hemos construido. Y también agradecimiento por la confianza y la solidaridad que todos ustedes han expresado ante la Comandancia. Y deseémonos suerte, para que la mayoría de nosotros lleguemos a la victoria lo mas rápido posible... Cauca, abril 28 de 1986

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TRES RECTIFICACIONES NECESARIAS HACIA LA DEMOCRACIA PLENA Carlos Pizarro Leóngomez Introducción En abril de 1980 Jaime Bateman invitaba al Gobierno del Presidente Turbay, al Estado y al país, a la realización de un Diálogo Nacional que le permitiera a los colombianos otros caminos diferentes a la guerra para resolver los conflictos de la nación. En abril de 1989, nueve años más tarde, como la hora de las grandes rectificaciones, calificaba Carlos Pizarro la coyuntura colombiana, la veía como una “oportunidad implacable y hermosa” para iniciar en las postrimerías de este siglo una era de paz y de grandeza. Pero tales apreciaciones no se quedaban en el simple terreno de los enunciados, sino que las concretó en propuestas, como las contenidas en el mensaje a la Mesa de Trabajo para la Reconciliación Nacional. Desde Santo Domingo, Cauca, en abril de 1989, como un nuevo y trascendental paso en el proceso político hacia la Democracia en que estaba empeñado el Movimiento M-19, propuso el documento:”TRES RECTIFICACIONES PARA UNA DEMOCRACIA PLENA” 1.- La Nueva Constitución que exprese en sus contenidos, sus formas y sus procedimientos, un auténtico TRATADO DE PAZ. 2.- El diseño de un Plan de Desarrollo Económico y Social concertado a nivel regional y nacional que se erija en la Carta de Navegación que guíe nuestro avance con optimismo y perseverancia hacia la prosperidad con justicia. 3.- La formulación nacional de una filosofía de convivencia, unidad nacional y soberanía, que oriente la definición de una política única para las armas de la República, que induzca un manejo democrático del orden público y restablezca el imperio de la justicia.

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Hechos que aborden enérgicamente los requerimientos insoslayables de la actual pobreza y las expectativas de progreso de todos los sectores de la nación. Como: * Hechos de convivencia, justicia y orden público. * Hechos inmediatos en materia económica y social que hagan parte de un plan de emergencia para la reconstrucción del país. * Hechos inmediatos de orden constitucional y en materia electoral. Texto de la intervención del comandante del M-19 Carlos Pizarroleóngomez durante la instalación de la Mesa de Trabajo para la reconciliación nacional en la Casa de Nariño. Y debido a que, en toda la galaxia no habían hallado nada más precioso que la mente, animaron su alumbramiento por todas partes, se convirtieron en granjeros, en los campos de estrellas, sembraron, algunas veces cosecharon. EPÍLOGO ODISEA 2010

Compatriotas: Con estas palabras de Arthur Clarke intentamos ubicar la exacta perspectiva de una oportunidad implacable y hermosa para Colombia: el inicio de una era de paz y grandeza. No nos referimos al fugaz cuatrienio de un Gobierno sino a la construcción de un tiempo histórico que por la dimensión de las búsquedas y por sus objetivos posee la capacidad de seducir la voluntad de la nación. Estamos intentando abrir una pausa en nuestra historia de barbarie para que viva y vibre la inteligencia. En nuestras manos está transitar por un final de siglo violento o construir las bases de la nación que asombre al Universo, sueño de Bolívar. Las puertas están abiertas para participar, en la definición de este dilema. �ue el Dios de nuestros padres ilumine la gestión que se inicia y el pueblo sea solidario, activo y eficiente en la inquietante tarea de labrar su propio destino. Nuestra mirada debe abarcar el horizonte de la próxima década, que definirá sin duda el lugar de Colombia en el Universo durante el siglo XXI. Nosotros, los hijos de este siglo de grandes cambios a velocidad de vértigo, sabemos que el tiempo perdido en el presente es la condena definitiva a un mañana de subordinación, dependencia y subdesarrollo. Llegó la hora de las grandes rectificaciones que nos conduzcan a afrontar con seriedad, realismo y profundidad la crisis colombiana. Partimos hacia la próxima década desde la crisis de todo y de todos. Esparcidas por nuestra geografía están las evidencias de los fracasos de las

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fuerzas aquí reunidas. Nadie puede dejarse confundir ante indicadores engañosamente positivos que ocasionalmente deambulan por la superficie económica y política del país. Nuestra enfermedad no se disuelve en breves y esporádicos estados de euforia de la patria toda, o de parte de ella. Las rectificaciones deben partir de todos, haciendo nuestra la crisis e, igualmente, nuestras las soluciones. Rectificar el curso del país y proyectar su desarrollo integral, implica entregar al pueblo la absoluta soberanía sobre su presente y su porvenir. Como reza la Declaración de los Derechos del Hombre: “La soberanía reside en el pueblo. Es una e indivisible, imprescriptible y no enajenable”. Más adelante continúa: “Porque el pueblo tiene derecho de reformar, revisar y alterar su Constitución. Una generación no puede someter a sus leyes a generaciones que le sucedan”. El pueblo es quien debe dilucidar en un gran debate nacional las tres grandes rectificaciones y los perfiles de los tres grandes temas de su historia actual: 1.- La Nueva Constitución que exprese en sus contenidos, sus formas y sus procedimientos, un auténtico TRATADO DE PAZ. 2.- El diseño de un Plan de Desarrollo Económico y Social concertado a nivel regional y nacional que se erija en la Carta de Navegación que guíe nuestro avance con optimismo y perseverancia hacia la prosperidad con justicia. 3.- La formulación nacional de una filosofía de convivencia, unidad nacional y soberanía, que oriente la definición de una política única para las armas de la República, que induzca un manejo democrático del orden público y restablezca el imperio de la justicia. Sólo en un marco de garantías reales a los Derechos Ciudadanos superaremos el ciclo recurrente de la violencia política y social que es nuestro pasado y amenaza ser nuestro futuro. Este debate nacional no puede ser caótico ni excluyente y menos aún interminable. Las Mesas de Trabajo que hoy instalarnos deben idear con imaginación y sentido pragmático los procedimientos que nos permitan encauzar el debate y conducirlo a un marco de consenso satisfactorio, de tal forma que su aprobación sea el mandato del pueblo para los próximos Gobiernos y para los ciudadanos durante la próxima década. La conclusión de este debate es un pacto social que debe ser legitimado plenamente en Plebiscito a realizarse en marzo de 1990. Este proceso por sí mismo anima la Democracia colombiana haciéndose más sabia, serena y participativa. Pero las urgencias de la nación exigen hechos inmediatos que amplíen el clima nacional de distensión y preserven la vida, entreguen garantías a la participación y conjuren los vicios del sistema electoral; hechos que aborden enérgicamente los requerimientos insoslayables de la actual pobreza y las expectativas de progreso de todos los sectores de la nación.

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Los hechos inmediatos que la patria requiere, son:

Hechos de convivencia, justicia y ordén público En esta Dirección proponemos: 1.- Establecimiento de un Tribunal Especial responsable de investigar y juzgar delitos políticos, genocidio y crímenes contra los derechos de opinión, organización, y contra el libre ejercicio de la justicia. El Tribunal estaría integrado por miembros de: La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia La Procuraduría General de la Nación La Dirección General de Instrucción Criminal, y El Tribunal Superior Militar Este organismo de justicia contará con la seguridad necesaria, los recursos suficientes y con su propio cuerpo de policía judicial. 2.- Reglamentación de autodefensas y disolución de grupos paramilitares, para lo cual se necesita: Identificar públicamente los organismos de autodefensa que operan con autorización de las Fuerzas Armadas. Autorizar la organización de autodefensas que protejan la vida, honra y bienes de los ciudadanos integrantes de Juntas Cívicas, de agrupaciones sindicales y políticas que han sido objeto de amenazas y atentados. Disolver, con los instrumentos que prevé la ley, los grupos paramilitares que operan como agentes de terror y de justicia privada. 3.- Estudio de fórmulas para el establecimiento de diálogo directo con los grupos armados de derecha que tengan voceros reconocidos y con capacidad de comprometer a la fuerza que dicen representar; siempre y cuando demuestren que persiguen objetivos políticos y prueben con gestos y hechos su voluntad de paz. 4.- Creación de una comisión No Gubernamental, de alto nivel, para explorar soluciones políticas, jurídicas y económicas al agudo problema del narcotráfico y establecer una agenda de diálogo directo de esta comisión con los Jefes de los carteles. 5 - Derogación del Estatuto Antiterrorista. 6.- Aplicación inmediata, por todas las partes, del Derecho Internacional Humanitario, contenido en los Convenios de Ginebra de 1949; ratificación en el Congreso de los Protocolos de 1977. Conformación de una VEEDURÍA integrada por la Procuraduría General de la Nación y el Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos, que vele por la aplicación de este acuerdo.

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Hechos inmediatos en materia económica y social que hagan parte de un Plan de Emergencia para la reconstrucción del país 1.- Ampliación del Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES), incluyendo representantes de los gremios de la producción, de los sindicatos, agremiaciones campesinas e indígenas, la universidad, asociaciones de profesionales, cívicas y representantes del Parlamento, con el fin de contribuir al Plan de Emergencia para la Reconstrucción del País y de iniciar la concertación de un Plan Decenal de desarrollo económico y social. Modificación, en los mismos términos, de los Consejos Regionales de Política Económica y Social. 2.- Implementación de un programa extraordinario de Producción y distribución de alimentos, tendente a incrementar su oferta y abaratar el costo de vida. Este programa debe incluir la ampliación de líneas de crédito barato; condonación y reestructuración de deudas, disminución de costos de insumos y maquinarias; subprogramas de infraestructura, riegos y adecuación de tierras; seguro de cosecha, fomento a la construcción de centros de acopio y conservación de alimentos. Creación de cinturones verdes de producción de alimentos en zonas suburbanas. 3.- Implementación de un plan de Vivienda de Urgencia que contemple: Relocalización de los habitantes de zonas de alto riesgo. Declaratoria de las áreas vacantes y de los lotes de engorde como zonas de desarrollo prioritario. Definición de un “Plan Nacional de Vivienda del ICT y del BCH”, en zonas de desarrollo prioritario. Reestructuración de las deudas de los adjudicatarios de vivienda que hoy se encuentran en condiciones de morosidad frente a entidades públicas y privadas. Redefinición del sistema UPAC. Plan de autogestión concertado entre Gobierno, productores de insumos para la vivienda, organizaciones de vivienda y comunidades, que permita la organización de programas de autoconstrucción y montaje de centros de acopio y distribución de materiales. 4.- Aumento semestral del salario mínimo y regulación concertada entre Gobierno, productores y consumidores, de los precios de los artículos de primera necesidad, para repartir así los costos de la inflación de manera más equitativa. 5.- Constitución de un FONDO NACIONAL PARA LA PAZ con el propósito de financiar el Plan de Emergencia para la reconstrucción del país (PERP) Dicho fondo podrá conformarse con:

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Los recursos del Plan Nacional de Rehabilitación. El establecimiento de un IMPUESTO DE PAZ, con tasas diferenciales según la renta y el patrimonio. Consecución de Créditos Públicos blandos con entidades multinacionales. Destinación de los recursos obtenidos por expropiaciones y decomisos provenientes de todas las actividades ilícitas. Destinación, por parte de las Fuerzas Armadas, de un 100% adicional de su presupuesto actual para inversión social cívico-militar. Reestructuración de la deuda externa para liberar recursos con destino a este fondo.

Hechos inmediatos de ordén constitucional y en materia electoral 1.- Devolución de su soberanía al pueblo para reformar o cambiar el ordenamiento político de la República. Esto requiere la derogatoria del Art. 218 de la actual Constitución y la aprobación, en votación de las dos Cámaras, de los artículos que instituyen el Plebiscito, el Referéndum y la posibilidad de convocar una Asamblea Constituyente. Esta votación se podrá efectuar en el mes de agosto de 1989. 2.- Definición de un procedimiento democrático para la elaboración de la Nueva Constitución. 3.- Convocatoria a un Plebiscito Nacional que reforme el sistema electoral, contemplando los siguientes puntos: Elección presidencial a dos vueltas. Sufragio universal secreto y obligatorio. Creación de la circunscripción electoral nacional. Financiación estatal de las campañas electorales. Destinación de espacios en los medios de comunicación masiva para los partidos en campaña electoral. Tal Plebiscito podrá celebrarse el 12 de octubre del año en curso. El objetivo de nuestro itinerario es la Paz , es abrir caminos de Democracia y de justicia social. No queremos nada para nosotros, distinto a participar en las conquistas de todos. No aspiramos a ninguna prebenda ni privilegio, no venimos a negociar principios ni a morigerar banderas; no venimos a entregar programas o armas. Lo que está sobre la mesa es la búsqueda de un gran pacto que resuelva el conflicto armado y dé respuesta a las demandas vitales de nuestro pueblo. Pretendemos que pare la guerra, que pasemos a un período en el que no impere el signo de la confrontación armada; no es nuestro empeño pactar pequeñeces para que todo siga igual o para que la guerra en su actual desarrollo se escale a niveles superiores; estamos por la desmovilización de las agrupaciones armadas de todos los signos y nos comprometemos a marchar

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hacia nuestra propia desmovilización como parte del avance del itinerario de democracia. Esto significa que en este proceso, para que sea integral, se requiere el concurso de las fuerzas institucionales y extra institucionales que definen hoy la vida de la nación. Se necesita el concurso de las organizaciones integrantes de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, así como el del conjunto de las Fuerzas Armadas; el aporte de los partidos con representación parlamentaria y el de los que no la tienen pero que se legitiman en su capacidad de movilización, de representación y en la búsqueda de alternativas nacionales; se necesita el concurso del Gobierno y de sus opositores y la presencia activa de las organizaciones sociales, nacionales y regionales. Las Mesas de Trabajo que instalamos son un instrumento para aportar a la construcción de un gran Pacto Social. Hablamos de las mesas en plural, porque aspiramos a que se constituyan muchas, tantas como lo indiquen los temas y lo reclamen los protagonistas nacionales y regionales. Las mesas son escenarios de diálogo para concertar sobre asuntos particulares y generales, sobre cuestiones locales, regionales y nacionales. Aspiramos a que estas Mesas, como las demás instancias que resulten en el Proceso, redunden en determinaciones con capacidad ejecutiva, en acciones concretas para el bienestar de la comunidad. �ueremos ir tan rápido como lo exigen las necesidades de la patria que parecen tiradas al garete, pero sin los atropellos que terminan por desbaratar lo que se ha hecho. El país sabe que este es un complejo tejido que se debe construir con paciencia porque lo pretendido es una paz democrática estable y duradera y no una simple escaramuza para agregar a los balances anuales o a los discursos electorales. Los terrenos de Colombia están minados y todos los que aquí concurrimos debemos comprometernos a caminar al ritmo necesario para desactivar y sembrar. En el derrotero de los diálogos y de las Mesas de Trabajo, sería conveniente proponernos presentar un primer paquete de propuestas antes del 20 de julio próximo y las formulaciones para el gran pacto social en fecha coincidente con el cierre de las sesiones parlamentarias. La Plenaria de las Mesas, realizada bajo una forma adecuada, es un evento que podrá ayudar a darle contenido democrático al paquete de julio y a la propuesta de pacto. Para el eficaz funcionamiento de las Mesas de Trabajo, es importante el aporte que puedan hacer organizaciones como la CUT , la ONIC , la Unión Patriótica, los Movimientos Cívicos y los Partidos que no tienen representación parlamentaria. Así mismo entendemos que es una coordinación propuesta en primer término para hacer más eficientes las gestiones que con todo derecho y autonomía se vienen realizando desde el movimiento armado, desde los partidos, o desde la iglesia, única entidad capaz de tutelar legítimamente este proceso.

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También se destaca en el panorama de la Paz la declaración conjunta de tres destacados componentes de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar FARC, ELN, EPL, en la cual reiteran el pronunciamiento de la Tercera Conferencia a favor del diálogo directo de la CCSB con el Gobierno; en igual sentido se han manifestado diáfana y públicamente el �uintín Lame y el Partido Revolucionario de los Trabajadores, PRT. La Comisión integrada por diversas personalidades a manera de “Promotora de Paz”, está llamada a prestarle valiosos servicios al proceso en sus diversos desarrollos y en particular a las mesas de Trabajo. La agilización de sus gestiones encaminadas a constatar la voluntad de las agrupaciones que han declarado el cese unilateral y analizar los alcances de las propuestas de otros sectores, adquiere hoy urgencia especial para que se avance en un procedimiento integrador que permita la confluencia en una sola mesa de Trabajo. Compatriotas: Aquí estamos, porque nos alienta la confianza en las virtudes de esta nación mestiza, en la imaginación despierta de nuestro pueblo, en la tenacidad que nuestras mujeres han sembrado en esta raza. Debemos desandar los caminos infortunados de los egoísmos oligárquicos y eludir los callejones sin salida del autoritarismo. Debemos usar con generosidad la inteligencia de nuestra estirpe para desalojar los excesos explicables de esta lucha en la cual todos hemos querido defender la existencia de la pluralidad, identidad de nuestra democracia. Aquí no habrá más guerras que las de unos contra los otros y ésas son como matar la madre. Es el General en su laberinto que observa con lucidez nuestras pequeñas guerras. Colombianos, saldemos cuentas con nuestro pasado. Actuemos con honor, que se cumpla al fin en Colombia con la palabra empeñada y con coraje regalémonos, todos, la dignidad de luchar juntos por un mañana! Muchas gracias. CARLOS PIZARRO LEÓNGOMEZ Ciudadela de la Paz de Santo Domingo, Abril 3 de 1989.

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¡ASÍ LOS VIERON!

EL FLACO DEL M Por Enrique Santos Calderón La indeleble huella que, para bien y para mal, dejó Jaime Bateman Cayón sobre la guerrilla colombiana.

¿Qué decir sobre un tipo que nos marcó tanto en la vida? A mí, porque lo conocí. Y me consta el peso de su huella. Pero también, a toda una generación colombiana que, aunque no lo hubiera conocido, y no lo sepa, ha sentido el paso de Jaime Bateman Cayón por su existencia. Porque, para bien o para mal, el ‘flaco’ Bateman cambió la manera de actuar de la guerrilla colombiana. Y si la guerrilla en esta Colombia de fin de siglo es –y eso sí lo sabe todo el mundo– un factor de poder que tiene al Estado colombiano y a la comunidad internacional en el plan de negociar con ella, esto tiene que ver con la influencia que sobre ella –sobre esa forma de hacer política con el fusil– tuvieron Jaime Bateman y el movimiento armado de “nuevo tipo”, más urbano, heterodoxo y amplio, que él creó y lideró hasta el día de su muerte en las selvas del Darién. Y no propiamente en combate, sino en misión pacifista, que terminó en extraño accidente aéreo, cuando se dirigía a Panamá durante las negociaciones iniciales con el gobierno de Belisario Betancur. Bateman fue el primer dirigente guerrillero de extracción marxista en hablar sin tapujos de negociación, diálogo y paz. Y en asumir lo que decía. Porque también fue el primero en entender que, a esa insurgencia armada de origen campesino, inspirada en las revoluciones cubana, argelina, china, vietnamita o soviética, y alimentada de nuestra propia larga historia de guerras civiles y resistencias rurales armadas, había que darle una proyección política más real e inmediata, que la insertara en la sociedad colombiana de su tiempo. Su fastidio con la ortodoxia marxista-leninista; su afán por acercarse a lo popular en cualquiera de sus formas; su irreverencia frente a dogmatismos y sectarismos; esa informalidad tras la cual se ocultaba una recia vocación militante, le llegaron muy hondo a una juventud que en los años 70 creía que Colombia necesitaba un cambio radical. El ‘flaco’ Bateman creó a puro pulso, a fuerza de convicción y personalidad, el Movimiento 19 de Abril (M-19), que en febrero de 1974 sorprendió al país con su insólito robo de la espada de Bolívar. Acción que resumía todo el

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sentido nacionalista revolucionario que intentó darle a la lucha guerrillera. Y, también, el gusto por lo espectacular-publicitario que habría de caracterizar muchas de las acciones del M-19.

¿Dónde están las masas? Este hombre atropelladamente costeño y esencialmente criollo, con su aire desgarbado de basquetbolista samario; este inventor del ‘eme’, educado al calor de las luchas callejeras de la Juventud Comunista en la Bogotá de los 60, este activista incansable, impregnado también de cheveridad y trópico, que se aburrió de echar piedra en la Nacional y de ponerle petardos al ColomboAmericano, para incorporarse a las Farc a comienzos de los 70, para luego salir de allí, aburrido e impaciente, a seguir el combate en otros escenarios, este personaje original y audaz fue de los primeros egresados del monte que planteó que la guerrilla colombiana debía cambiar su perspectiva de poder. Y acercarse a los movimientos de masas urbanos que en esa época habían llevado a Allende al gobierno en Chile y convertido a la Anapo en una alternativa popular en Colombia. La frustración de ambas experiencias confirmó a Bateman en su creencia de que a los movimientos populares que enfrentaban a la oligarquía (término de moda que siempre le gustó) no les servía con ganar en las urnas, si no tenían un sustento armado que hiciera respetar la voluntad popular. No es casual que el mismo nombre del movimiento que creó arrancara de la fecha –19 de abril del 70– en que Rojas Pinilla perdió unas elecciones aparentemente fraudulentas; ni que la consigna inicial del ‘eme’ fuera “¡Con las armas, con el pueblo, con María Eugenia, al poder¡”. El nombre de la hija del caudillo fue suprimido después, cuando las acciones armadas del M-19 llevaron a las nerviosas jerarquías de la Anapo a disociarse del mismo. Bateman patrocinó, entonces, la ‘Anapo Socialista’, de donde salieron líderes y parlamentarios anapistas, como Carlos Toledo Plata, Andrés Almarales o Israel Santamaría, que forman parte de la larguísima lista de hombres y mujeres de muy diferentes procedencias que dieron su vida por este movimiento. Mientras la Anapo se disolvía en sus contradicciones clientelistas, el M-19 se disparaba como organización político-militar que reclutaba a gente de todas partes y protagonizaba acciones armadas que combinaban el impacto noticioso con el político. Años más tarde, Bateman impulsó, en unión con la revista Alternativa y numerosas personalidades democráticas (algunas de las cuales no estaban muy al tanto de ese patrocinio), el movimiento Firmes, que confirmaba su convicción de que toda lucha armada debía tener una proyección amplia, legal y cívica.

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Todo esto, para desconcierto y fastidio de la guerrilla “histórica”, que veía las iniciativas del ‘flaco’ Bateman con una mezcla de admiración y desconfianza. El Epl, preso aún de purismos maoístas (y que en los años 80 firmaría la paz junto con el M-19), juzgaba el reparto en barrios populares de mercados decomisados a camiones de Carulla como “reformismo armado de corte populista”. Para las Farc, nada bueno podía producir un movimiento fundado por quien había abandonado sus filas. Al Eln, el solo discurso amplio e informal de Bateman, quien hablaba de diálogo, paz y política, le parecía peligrosamente sacrílego.

Lo bueno, lo malo y lo feo En su alocada y creativa carrera revolucionaria, antes de que la muerte lo asaltara a los 43 años en los cielos del Darién, Jaime Bateman Cayón dejó, pues, su huella indeleble sobre lo que, 16 años más tarde, es el movimiento armado que, a paciencia y conciencia, sembró la izquierda marxista en las montañas y selvas de Colombia en la década de los 60. Y, también, en lo que se ha convertido una guerrilla en la cual al pueblo colombiano le cuesta trabajo encontrar hoy los referentes humanos o políticos que encarnaron un Camilo Torres o un Che Guevara. Porque en la progresiva perversión de métodos y valores que en la última década ha carcomido la identidad política de la insurgencia armada, algo tuvo que ver el ‘flaco’ Bateman. En la medida en que fue el primero en entender, tecnificar y aplicar a fondo –para fines tanto políticos, propagandísticos como económicos– la práctica del secuestro, que viola el más elemental de los derechos humanos y destruye la ética revolucionaria. Y que hoy tiene al país convulsionado y ha generado los brutales anticuerpos del paramilitarismo. El M-19 refinó y llevó el método de la “retención revolucionaria” a dimensiones que la guerrilla no conocía. Secuestros para presionar la resolución de conflictos sindicales –como el del gerente de Indupalma, Hugo Ferreira Neira–, o para “juzgar a traidores de la clase obrera”, como el del presidente de la CTC, José Raquel Mercado (cuyo cadáver fue devuelto en bolsa de plástico). O secuestros puramente económicos, que no eran reivindicados públicamente, como los de tantos ejecutivos de empresas nacionales o multinacionales (Sears, Texaco, etc.). Todas estas acciones y muchas de otra índole, siempre con el sello de la espectacularidad, fueron ‘craneadas’ por la mente diabólicamente imaginativa del ‘flaco’ Bateman. Y en eso, la incidencia del M-19 sobre el resto del movimiento armado fue poco constructiva. Porque este asimiló el lado pragmático –la eficacia del secuestro, la manipulación de los medios, el cambio de lenguaje, etc.–, pero no el sentido que Bateman quería darle a la lucha armada como instrumento para ampliar la democracia y reformular el sistema político.

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Bateman pareció siempre pendiente del efecto político y social de las acciones de su movimiento. �ue él procuraba diferenciar de las de la guerrilla clásica, por aquello de la conexión con la gente del común y el país real. Realidad que él juzgaba ajena a la de los núcleos ultra politizados de la izquierda, que se movían como sectas dogmáticas dentro de la universidad, y determinados sindicatos y organizaciones campesinas, sin llegarle nunca a la gran masa.

Un capital despilfarrado En su obsesión por conectar la lucha armada con la política y las inquietudes populares, Bateman fue quien abrió el proceso de “diálogo nacional” entre el Estado, la sociedad y la guerrilla. El proceso de paz que se inició con Belisario Betancur y ha continuado con tan traumáticos altibajos hasta nuestros días, fue desencadenado por este samario singular, que se inició en la política como ‘tirapiedras’ de la Juventud Comunista y terminó fundando un movimiento al que entregaron sus vidas centenares de hombres y mujeres colombianos que creían estar luchando por un país mejor. A diferencia de tantos jefes guerrilleros que no lograron ni logran desprenderse del fusil, Bateman fue consecuente hasta el final en su convicción de que las armas eran un medio para una lucha democrática, y no un fin en sí mismas. Murió, por eso, en misión de diálogo y paz y no de combate militar. Tras de sí dejó un movimiento que en gran medida propició la reforma constitucional del 91; que llegó a tener una votación impresionante de cerca de 950 mil votos, el 26 por ciento de la Asamblea Constituyente, y meses después eligió nueve senadores y catorce representantes, y que demostró que, pese a sus excesos y desmesuras, le había llegado a un país que reconoció en las urnas la transparencia de su adiós a las armas. Pero el movimiento nunca pudo superar bien la desaparición de su inspirador. �ue el M-19 no hubiera estado a la altura de sus circunstancias, ni de la cuota de sangre y dolor (propios y ajenos) que acompañó su historia; que haya despilfarrado un capital político logrado a costa de tanto sacrificio (que, como dicen socarronamente por ahí, “hubiera protagonizado el holocausto del Palacio de Justicia para terminar llevando al Congreso a Mario Laserna y a Pedrito Bonett”); esa lacónica parábola política podría atribuirse de manera algo simplista a los “gajes de la democracia”. Al riesgo que significa para una guerrilla hecha de clandestinidad y fierros, el brinco a la política abierta, llena de otras asechanzas. Pero, dígase lo que se diga, cuando el M-19 se decidió a abandonar la forma de lucha armada y jugarse por la negociación y la paz, lo hizo de manera franca y limpia. Y queda –tal vez sobra decirlo– la gran pregunta: ¿cómo hubiera liderado Jaime Bateman esa transición del fusil al voto?

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UN PROFETA DE LA PAZ Antonio Caballero Haciendo la guerra, pero queriendo la Paz Conocí a Bateman en tiempos de la revista Alternativa en casa de Jorge Restrepo, a finales del 74. Justo en el momento en que estaba secuestrado José Raquel Mercado. Estaban haciendo toda esa consulta sobre si era culpable o inocente. No recuerdo bien qué era lo que escribían en los muros, sí o no. Discutí mucho con él porque yo era enemigo del secuestro como método. Me parecía que si secuestraban a un tipo como José Raquel, tenían que ejecutarlo, o la cosa no era seria y me parecía muy grave que no tuvieran una salida distinta a eso. Pero, en fin, lo conocí en eso y me pareció un tipo muy simpático, como le pareció a todo el mundo, lleno de energía. Era la primera vez que yo conocía un tipo que estuviera haciendo la guerra, pero queriendo la paz. Bateman no buscaba exactamente la victoria militar, ya que la veía como una cosa inalcanzable. �uería una victoria política, y eso fue lo que me pareció más interesante de él. En ese momento no estaba proponiendo diálogo ni cosas semejantes. Lo que estaba buscando era una acción política por medio de la acción militar. De ahí en adelante nos vimos varias veces en distintas circunstancias, no sólo para hablar de política, ni para hablar de lo que estaba pasando con el M-19, sino, por ejemplo, para jugar Risk. Jugábamos Risk con el Turco Fayad y con un amigo Montonero de ellos y mío que estaba exiliado aquí.

Insensatez

Después volvimos a vernos varias veces en un momento muy duro, que fue cuando lo de las armas del Cantón Norte. Habían detenido a Fayad, a la Mona, como a 50, no sé a cuántos más. Y un día me lo encontré casualmente en la esquina de la séptima con la Avenida Chile. Yo iba en un carrito y, de pronto, un jeep por detrás comenzó a golpearme el bomper... tan, tan, y entonces me voltié y el Flaco estaba exactamente como era. Se había dejado el bigote para disfrazarse. Estábamos en un semáforo. El se bajó del jeep y me dijo: «Nos vemos en el Cream Helado de allí, en la 70 con séptima». Bateman en ese momento era el tipo más buscado de Colombia y a mí me parecía completamente insensato lo que estaba haciendo él y lo que estaba haciendo yo, porque él estaba en la guerra, pero yo no. ¡Estaba en un Cream Helado a la luz del día con el tipo más buscado del país! Me parecía una insensatez, pero en fin, así eran las cosas con Bateman.

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Arrollador Bateman nunca pretendió ni reclutarme, ni darme instrucciones, ni tirar línea. En realidad nunca pretendía eso, sino que discutía y convencía. Primero porque hablaba muy bien; pero sobre todo porque tenía muy pensadas las cosas y tenía mucha razón en lo que decía. No eran improvisaciones tácticas. El tenía una idea de fondo sobre qué era lo que había que hacer en este país. Convencerme a mí no era muy difícil porque yo estaba bastante de acuerdo con él en algunos temas. En fin, el Flaco me pareció un tipo absolutamente arrollador. Arrollador, de simpatía y de inteligencia. Un tipo que tenía razón.

...el sancocho nacional Yo no sé cómo era Bateman echando un discurso en la guerrilla, pero hablando personalmente era muy bueno. En una reunión de cinco o seis personas era un tipo de un poder de convicción impresionante, entre otras cosas a causa del entusiasmo con que hablaba y de su propia convicción. Discutíamos mucho pero estábamos muy de acuerdo sobre las insensateces de este país. En la época del Cantón Norte, ya Bateman empezaba a hablar del Sancocho Nacional. Una idea que a mí me llamó muchísimo la atención y que finalmente acabó haciéndose. En la medida en que no se ha hecho por completo el Sancocho Nacional, es que no se ha logrado la paz en este país.

Cinco años más...

Yo me enteré de la muerte de Bateman en Madrid. Me enteré por un amigo del M-19, una especie de diplomático que estaba realizando tareas en Europa y que era muy amigo del Flaco. Me enteré también por García Márquez, porque me llamó a contarme. Una de las cosas graves que pasaron en este país fue la muerte de Bateman. Hubiera sido muy importante que viviera unos cinco años más... Digo, cinco años más porque aquí no se sabe cuánto vive la gente. Me parecía un tipo con una claridad de ideas dentro de la izquierda colombiana, que es un masacote de organizaciones sin ninguna claridad de ideas en general, totalmente ortodoxa, sectaria y dogmática, y eso era lo que no era Bateman. El estaba mirando lo que pasaba en el país y lo que pasaba en el mundo. Sabía lo que ocurría en Washington, lo que pasaba en Trípoli y lo que pasaba en Cuba. Una cosa que me parecía fundamental en Bateman era que ninguno de sus análisis políticos estaba imbuido por el odio o por razones de venganza estratégica. Buscaba lo que fuera de verdad bueno para la pacificación de este país. Una pacificación que evidentemente pasara a través de la justicia. Ya desde esa época se veía que se iban a morir de viejos todos los guerrilleros en Colombia. Bateman entendía que la guerrilla sólo tenía sentido si era para lograr algo en un plazo humano, pero no un plazo de siglos.

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NO LE GUSTABA HACER LA GUERRA ANTONIO CABALLERO Jaime Bateman era un jefe guerrillero: andaba por el monte echando tiros. Pero por lo que de él se decía, y por lo que decía él mismo, daba la impresión de no ser un jefe guerrillero común y corriente. Para empezar, no le gustaba hacer la guerra. En una admirable entrevista que le hizo poco antes de su muerte el sociólogo Alfredo Molano, y que publicó en estos días la revista Semana, Bateman, de entrada, tiraba lejos la pistola: «Guarden esa joda por ahí. Algún día habrá que dejarlas porque son incomodísimas». ¿Incomodísimas las pistolas? Con las guerras suele suceder — y eso es lo peor que tienen — que las hacen aquellos a quienes; les gusta hacerlas, aquellos a quienes les encantan las pistolas. Los guerrilleros son por lo general tan militaristas como lo militares que hacen contraguerrilla desde enfrente. Entonces pasa que, cuando ganan — como cuando ganan los de enfrente— toda la vida del país que ha sufrido la guerra queda militarizada. Y la militarización puede ser útil para hacer las guerras: pero es catastrófica para vivir en paz.

Hay que cantar a la vida A Jaime Bateman no le gustaba hacer la guerra, sino hacer la rumba: lo más contrario a la vida militar que queda imaginar. «Hay que bailar —le decía a Alfredo Molano— y hay que cantar. Y no sólo a la muerte, ni cantar sólo a las derrotas. Hay que cantar a la vida, porque si se vive en función de la muerte uno está ya muerto». A Bateman no le gustaba la muerte, ni matar, ni estar muerto. Si hacía la guerra, era sólo porque le parecía indispensable para poder después hacer la rumba en paz. Es eso lo que piden los manifiestos del M-19, tan poco radicales, tan moderados, tan despojados de pretensiones extremas, extremistas; simplemente una democracia honrada, y un poco de justicia y paz. Y es trágico que la situación de Colombia sea tal que un hombre que por otro lado desplegaba tanta imaginación como Jaime Bateman, tanta inteligencia y apertura de espíritu, tan poco fanatismo, tanta moderación y talento político, hubiera llegado a la convicción de que en Colombia la guerra es necesaria para poder vivir en paz. Para rumbear. Y en eso Bateman era un reflejo de Colombia, que es un país fundamentalmente rumbero, de arriba a abajo, de los Andes a la Costa, Pero que, por el ansia de ser tomado en serio, se avergüenza de serlo. Un ejemplo de esta doble actitud es el que dio durante cuatro años el expresidente Turbay, a quien le fascinaba el

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baile y que no pensaba más que en armar la fiesta pero que se sentía obligado a disfrazar sus ansias frenéticas de rumba con pretextos de Estado. Y esa hipocresía no es sino el síntoma de una enfermedad del carácter que aqueja a muchos colombianos, y que consiste en que quieren ser lo que no son, y pretenden parecer algo distinto. Para empezar, no parecen colombianos. Es un síntoma de colonización espiritual: quieren aparentar ser algo que por ser extranjero es mejor que lo propio, y su máxima aspiración consiste en aparentarlo tan bien que la perfección del disfraz les sea reconocida oficialmente mediante un cargo de funcionario colonial: gerente para Colombia de una empresa multinacional, con sueldo en dólares, o comisario político de un partido internacionalista con viáticos en rublos. Pero no quieren ser colombianos; qué horror. Es más: no quieren que los extranjeros los tomen por colombianos, porque les da vergüenza.

Este país está lleno de brujos y de brujería Bateman, al contrario, no quería ser funcionario colonial: prefería ser colombiano. No le parecía un horror serlo, ni se avergonzaba de sus compatriotas porque lo fueran. La patria, antes que una tierra, es una gente. Y a ser patriota se empieza siendo compatriota. En una entrevista publicada por Semana decía, hablando de la izquierda colombiana tradicional: «Cuando a un marxista se le aparece un brujo con barbas y cucharas, con yerbas y sonajeros, no sabe qué hacer, se caga de susto, no lo mira, no lo respeta, porque el brujo no es científico, no es marxista... Olvida que este país está lleno de brujos y de brujerías. Y citaba a su mamá, que les decía a sus compañeros de la secta gnóstica: «Déjense de pendejadas, que polvo es polvo y esto es Macondo y no el Himalaya», Porque la mamá de Bateman es gnóstica. En un país de brujos con cucharas y de teóricos marxistas-leninistas, y de gramáticos defensores de la pureza del idioma, y de adoradores de José Gregorio Hernádez, y de coqueros que hacen fiestas con los Rolling Stones, y de atracadores de bancos que huyen con su botín en un bus amarillo, y de curas de buena familia que se van a la guerrilla, y de bobos amarrados a un papayo, y de hechiceras que se presentan a elecciones, y de banqueros presos, y de asesinos de la moto y de premios Nobel de literatura, y de reinas de belleza, y de mafiosos que defienden la soberanía nacional, y de ministros de guerra que escriben poesía, y de magnates que van a visitar a Fidel Castro, y de presidentes que a veces son hijos de un arriero y a veces hijos de otro presidente, y de cardenales que son brigadieres generales, es apenas natural que la madre de un jefe guerrillero sea por lo menos gnóstica. (Un hermano de Jaime Bateman, por lo demás, era el acordeonista favorito del expresidente Turbay, que como ya se dijo, es un gran bailarín).

Desvergozadamente colombiano Jaime Bateman había entendido que Colombia era así, y que eso no era motivo de vergüenza. Por eso había sido capaz de dirigir un grupo guerrillero tan desvergonzadamente

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colombiano que se anunciaba en la prensa en avisos limitados como si fuera un vermífugo contra los parásitos, para gran escándalo de la izquierda colonial, sin el menor respeto por la teoría y la praxis correctas del marxismo. Y que como primera acción política, para escándalo de la derecha colonizada, se robó de un museo la espada de Bolívar, sin el menor respeto. No por Bolívar, sino por el museo. A Jaime Bateman le importaba más Colombia que el marxismo, y más los colombianos que los museos. Era un patriota. Y por eso mismo, un compatriota del cual se podía sentir verdadero orgullo. Porque luchaba justamente para que Colombia fuera de verdad colombiana, y orgullosa de serlo, y no un país colonizado y colonial del cual, por serlo, hubiera que sentirse avergonzado. Todo esto suena un poco pomposo. Pero es que los colombianos también tendemos a ser algo pomposos cuando hablamos de la patria y de cosas así.

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«BATEMAN, UN MISTERIO SIN FIN» Gabriel García Márquez * Periodista y escritor. Premio Nobel de literatura 1982. La siguiente crónica fue escrita en 1983 Sólo ellos y unos pocos miembros de la organización sabían que la avioneta debía hacer una escala clandestina en otro aeropuerto fuera de servicio cerca de Montería, donde estaba prevista una reunión con delegados del Ejército Popular de Liberación (EPL), para discutir los pormenores de un programa de acciones conjuntas. Después debía proseguir hacia Panamá, donde se suponía que iba a llegar un emisario personal del presidente Belisario Betancur, para entablar conversaciones de paz. La avioneta hizo un último contacto con el control aéreo de Panamá 2 horas y 17 minutos después de decolar de Santa Marta, y cuando se encontraba a 55 millas náuticas del aeropuerto de Paitilla, pero no aterrizó nunca. Esto es todo cuanto se sabe con seguridad absoluta cuatro meses después de la desaparición de Jaime Bateman, y al cabo de una búsqueda intensa por tierra, mar y aire durante 70 días. Todo lo demás son suposiciones. La avioneta monomotor Piper PA 28 con matrícula colombiana HK 213P y piloteada por el político conservador Antonio Escobar Bravo, salió del aeropuerto «Simón Bolívar» de Santa fue escrita en 1983.Marta a las 7:45 de la mañana del pasado 28 de abril con un plan de vuelo visual cuyo destino final era el aeropuerto civil de Paitilla en la ciudad de Panamá. Sin embargo, 7 minutos después aterrizó a pocos kilómetros de la población de Ciénaga, en una antigua pista comercial fuera de servicio, donde la esperaba un grupo de 10 personas. Tres subieron a bordo: dos hombres y una mujer. El más alto de ellos, flaco y un poco escuálido, con una camisa de mezclilla azul y una gorra de capitán de barco, era el hombre más buscado de Colombia desde hacía 5 años; Jaime Bateman Cayón, comandante máximo delM-19. »

Recogiendo sus pasos La suposición más arraigada —contra toda evidencia— es que no ha muerto. Cada quien tiene un argumento propio y una esperanza distinta para seguir en el engaño, como ocurre con Emiliano Zapata en México, como ocurrió durante tantos años en el mundo con Adolfo Hitler, y como ha ocurrido siempre con otros tantos que han sido devorados por la leyenda. En cambio, los únicos que creen que en efecto está muerto sin ninguna duda son algunos amigos de la infancia de Bateman que estuvieron con él en Santa Marta en los días previos a su desaparición. Pero su certidumbre tampoco se funda

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en ningún análisis racional, sino todo lo contrario, en la creencia caribe de que hay seres con el privilegio sobrenatural de volver a los sitios de sus afectos y repetir los mismos actos de sus mejores recuerdos en los días anteriores a su muerte. Se dice entonces que esa persona está «recogiendo sus pasos». Bateman, en efecto, se comportó en la última semana de su vida como si lo estuviera haciendo. Había llegado a la costa Caribe el 19 de abril, cuando concedió la que había de ser su penúltima conferencia de prensa en algún lugar cercano a Cartagena, con motivo del décimo tercer aniversario de su movimiento. Si bien trataba siempre de darle algún contenido histórico a aquella fecha, nunca fue muy cuidadoso con su propio cumpleaños — cinco días después — y muchas veces, inclusive, lo olvidaba. Éste 24 de abril sería diferente. A pesar de los riesgos enormes que corría permaneciendo en una región donde todos los servicios oficiales de seguridad debían saber que se encontraba, se empeñó en celebrar su cumpleaños en la ciudad de su nacimiento — Santa Marta — , a donde no iba por razones de prudencia elemental desde hacía 7 años. Allí estaban las querencias de su juventud: nombres y lugares que le revolvían la nostalgia. Las relaciones con su padre eran más bien inciertas, y las que mantuvo con sus hermanos eran buenas pero ocasionales. En cambio, las que mantuvo con su madre — la brava Clementina Cayón — tenían la misma esencia pasional de las que tuvieron con las suyas el padre Camilo Torres y el Che Guevara, que parecían condicionadas por una dependencia umbilical al mismo tiempo entrañable y conflictiva. Algunos compañeros cercanos de Bateman han contado que en las noches de peligro de la clandestinidad, o en las erráticas y solitarias de la selva, soltaba un largo suspiro que le salía del alma: «¡Ay, Clementina Cayón, qué será de tu vida!» Se veían con frecuencia, siempre en lugares distintos y secretos, porque la casa de ella estuvo sometida durante mucho tiempo a una vigilancia constante. Una vigilancia que tenía la misma carga de humanidad de quien la soportaba y de la ciudad donde se ejercía, que es tal vez la más doméstica del país. Clementina Cayón — no se sabe si por indulgencia o por astucia — veía al pobre vigilante parado en la esquina bajo el tremendo sol de las doce, y le ofrecía una silla para sentarse, le mandaba un jugo de guanábana, o un plato de sancocho, o un cigarrillo, y al poco tiempo tenían que cambiarlo porque ya se había vuelto como si fuera de su familia. Con todo, el riesgo del cumpleaños en Santa Marta era enorme, pero Bateman lo decidió de un modo tan terminante que hasta sus servicios de seguridad, tan contrarios a esta clase de complacencias sentimentales, tuvieron que doblegarse. El grupo completo que había asistido a la conferencia de prensa viajó de Cartagena a Santa Marta por carretera al amanecer del 20 de abril. La costa Caribe estaba en tiempo de sequía y el olor de la guayaba era más intenso en el aire ardiente. Bateman se convirtió en un guía nostálgico, en especial de los dos compañeros del comando superior —Álvaro Fayad y Carlos Toledo Plata—, que viajaban en el mismo automóvil, y que eran de otros mundos de nostalgias distintas. En cada sitio del camino hizo una evocación. Después del estrecho puente que separa el mar de

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la Ciénaga Grande —muy cerca de donde había de abordar una semana después la avioneta de su mal destino— ordenó una parada para desayunar con mojarras fritas y tajadas de plátano en una de las fondas de la carretera. Luego no pudo resistir la tentación de volver a su tierra como había vuelto tantas veces en su juventud, y le quitó el volante al conductor y siguió manejando él hasta Santa Marta, con una parada más para tomarse una cerveza matinal en El Rodadero. Días antes, Bateman había visto en Panamá la película española «Volver a empezar», que este año obtuvo el Oscar de la mejor película extranjera, y que cuenta la historia de un hombre que vuelve, ya maduro y famoso, a su pueblo natal de Oviedo. Aquella mañana tuvo de pronto la revelación —y así lo dijo a sus compañeros— de estar protagonizando una versión viva de aquella película. Ni en ese momento, ni en ninguno de los días siguientes, Bateman hizo nada por ocultarse ni por disimular su identidad. Visitó en Santa Marta todos los lugares que habían dejado algún rastro en su memoria, y tal vez lo único que no volvió a hacer como en su juventud fue jugar fútbol con bolas de trapo en la playa. Se vio varias veces con su madre, por supuesto, pero nunca en la casa de ella, y le pidió noticias de los amigos más remotos y de varias novias olvidadas. Recordaba de un modo especial a sus condiscípulos del Liceo Celedón, donde no pudo terminar el bachillerato por su conducta revoltosa. Todos, hasta donde fue posible, recibieron una invitación verbal para la fiesta de sus 44 años.

Tiempo de mangos

Cómo no fue descubierto en una ciudad donde todo el mundo se conoce y donde andan por todas partes los agentes secretos de la guarnición militar, de la policía y del Departamento Administrativo de Seguridad, es algo que cuesta trabajo creer. Una razón, sin duda, es que Bateman era muy popular en su tierra, y había muy pocas probabilidades de encontrar a alguien que quisiera denunciarlo, aún si estuviera en desacuerdo con él. Pero había otra razón real y además divertida. Uno de los varios hermanos de Bateman se parecía a él como si fuera su gemelo, y al igual que él, era un mamador de gallo de los grandes. Desde que aparecieron en la prensa las primeras fotografías del comandante clandestino, el hermano hizo todo lo posible por aumentar el parecido: un peinado afro, un escuálido bigote de lampiño, una camisa azul, unas botas de monte. Durante un tiempo se burló de los policías amigos, sembró el desconcierto en los lugares públicos de Santa Marta, se divirtió y divirtió cuanto quiso, hasta que todo el mundo se acostumbró a la suplantación. Pero cuando el que apareció fue Jaime Bateman de verdad, muchos que lo vieron en los mismos sitios de siempre debieron pensar que no era él sino el otro, que había resuelto seguir mamando gallo con una gorra de lobo de mar. En todo caso, ni el detective más perspicaz se hubiera atrevido a creer que el Bateman real fuera capaz de andar por la calle con su propia cara.

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No es posible concebir una fiesta más rara que la de aquel cumpleaños. Bateman había alquilado una casa en una de las tantas playas cercanas a Santa Marta, cuyo acceso en automóvil era posible pero difícil. Abril es tiempo de mangos, que era su fruta favorita, y no sólo se hizo llevar varias cajas para él y sus invitados, sino que algunos de ellos le llevaron otras de regalo. Había ron blanco a pasto, y whisky para quien quisiera, pero la bebida oficial era la favorita de Bateman desde mucho antes de que se pusiera de moda: piña colada. Las rígidas normas de seguridad enrarecieron mucho más la fiesta. Por lo menos cien invitados estuvieron en ella a lo largo del día, pero nunca hubo más de diez al mismo tiempo. En efecto, el único modo de llegar eran los botes de alquiler al otro lado de la bahía, y sólo cabían ocho personas en cada viaje. Un bote iba y otro venía para evitar aglomeraciones en la fiesta. De todos modos, cerca de la casa había dos lanchas rápidas, dos automóviles, y toda una columna guerrillera de seguridad que hubiera podido enfrentarse a cualquier ataque sorpresivo. Bateman era un hombre de parranda, pero a su modo. Bailaba bien la salsa y el vallenato, y le gustaba hacerlo, pero era un bebedor moderado. Como buen caribe, era tímido y triste, pero disimulaba esa doble condición con su simpatía natural explosiva. Su comportamiento de cumpleaños fue lo menos convencional que pueda imaginarse. Recibía a sus invitados en pantalón de baño, brindaba con ellos, conversaba entre grandes carcajadas, bailaba un poco con un conjunto de vallenatos contratado, y comía mangos. De pronto se echaba al agua y nadaba por un largo rato mientras sus invitados seguían la fiesta, y tal vez era ese su momento más feliz, pues desde niño era un nadador rápido y ágil. Clementina Cayón llegó hacia el medio día con un cargamento de refuerzo de piña colada, y su presencia alborotó la parranda. Alguien gritó, en la pausa de un vallenato: «Clementina Cayón: tienes una matriz de oro». Los servicios de seguridad, en todo caso, estuvieron pendientes de que a nadie se le fuera la mano con la piña colada.

Mensaje intempestivo Hasta ese momento, Bateman no pensaba ir a Panamá. Su proyecto era atravesar por tierra todo el país para entrevistarse con el segundo comandante del M-19, Iván Marino Ospina, quien dirigía las guerrillas del Caquetá. Por su parte, Álvaro Fayad iría a Bogotá y Toledo Plata a Cali, y todos volverían a encontrarse tres meses más tarde en las selvas del Putumayo para una reunión plenaria del comando superior. Estos planes cambiaron de pronto porque Bateman recibió un mensaje intempestivo de Panamá, según el cual se esperaba allí un emisario personal del presidente Betancur que deseaba entrevistarse con él. Al parecer, el mensaje no era muy explícito, pero hacía suponer que se trataba de una personalidad de alto rango, y Bateman esperaba una ocasión como esa desde que se frustró la posibilidad de

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entrevistarse con el presidente de Colombia en Nueva Delhi durante la conferencia de los No Alineados. De modo que en menos de 24 horas cambió todos sus planes inmediatos y decidió el viaje imprevisto que lo condujo al desastre. El interés que tenía Bateman de entrevistarse con Betancur para entablar un diálogo de paz sin intermediarios se había convertido en una obsesión. Pero en aquel momento estaba convencido, por numerosos indicios, de que el gobierno no quería dialogar con él. El último de esos indicios — el 3 de abril — parecía demasiado evidente. De regreso de Cancún, donde se entrevistó con los otros presidentes del grupo de Contadora, Betancur había hecho una escala breve en Panamá, Bateman lo había esperado ahí con la ilusión de verlo, y durante todo el día se mantuvo a la expectativa a muy pocas cuadras del lugar en que Betancur conversó por más de una hora con el entonces coronel Manuel Antonio Noriega, jefe de los servicios de seguridad de la Guardia Nacional de Panamá, y su comandante actual. Betancur y Noriega trataron entre otras muchas cosas sobre las actividades del M-19 en Panamá, pero en ningún momento se planteó la posibilidad de una entrevista con Bateman. Desilusionado una vez más, éste le escribió al presidente una carta en la cual insistía en la urgencia de una tregua para entablar un diálogo de paz. La carta fue entregada al presidente de Panamá, Ricardo de la Espriella, quien se la leyó por teléfono a Betancur el 21 de abril, cuando Bateman estaba en Santa Marta. Tal vez éste pensó que el envío de un emisario presidencial a Panamá fuera el resultado de esta carta, y por eso resolvió viajar a Panamá con tanta urgencia. Sin embargo, ninguna fuente colombiana ha podido confirmar que en realidad existiera la disposición presidencial de mandar un emisario a Panamá por aquellos días. Lo único que ocurrió fue una diligencia de sondeo que hizo el presidente de la Comisión de Paz, Otto Morales Benítez — poco antes de su renuncia — , pero era una tentativa tan vaga que el presidente Betancur no estaba enterado de ella ni merecía un viaje tan apresurado de Bateman a Panamá.

Piloto de confianza

Durante su semana en Santa Marta, Bateman se vio varias veces con un viejo amigo: el político conservador Antonio Escobar Bravo, a quien había conocido muy joven, y con quien había vuelto a hacer contacto a través de Toledo Plata, cuando ambos eran representantes a la Cámara. Muy pocos sabían entonces que Escobar era un piloto con la experiencia necesaria para andar por cualquier parte del país en su avioneta monomotor. Había hecho su curso completo en el Aeroclub del Atlántico, en Barranquilla, donde había obtenido la licencia de piloto privado número 767 por resolución número 3550 de la Dirección de Aeronáutica Civil en 1976. Esa licencia le permitía pilotear una nave con un peso máximo de 5.670 kilos, y su avioneta sólo pesaba 1.156. De acuerdo con su hoja de vida, su conducta como aprendiz había sido buena, su aptitud también buena, y además entusiasta y constante. Su chequeo de vuelo el 15 de febrero de 1983 — dos meses antes del accidente — había sido satisfactorio, y su examen médico fue calificado como perfecto para volar. Sin embargo, en

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términos profesionales estrictos, no podía considerarse un piloto experto, pues esta clasificación requiere entre 3 mil y 4 mil horas de vuelo, y Escobar sólo tenía 800, incluidas las de la escuela. Su avioneta estaba bien equipada con un sistema doble de radio VHF, un sistema doble de navegación VOR que permite determinar desde tierra la posición de la nave, un sistema de radio ayuda (ADF) y un sistema ILS para aterrizar por instrumentos. Sin embargo, por su nivel de experiencia, Escobar no estaba autorizado para servirse de este último sistema. La única falla grande de ese equipo era la falta de un radar, que hubiera sido lo más útil de todo en la emergencia de Panamá. Pero muy pocas avionetas como la de Escobar lo tienen instalado de origen y su instalación posterior es de un costo muy elevado. En todo caso, Bateman le tenía confianza. De modo que cuando se planteó en Santa Marta la urgencia de viajar a Panamá, lo llamó a la playa donde vivía, y se pusieron de acuerdo para irse al día siguiente, Las diez personas que esperaban la avioneta en el aeropuerto fuera de servicio cerca de Ciénaga, eran las siguientes: Bateman, Toledo Plata, Nelly Vivas, Conrado Marín, dos miembros de la dirección nacional y cuatro miembros de la seguridad del movimiento. Llegaron en varios automóviles antes del amanecer, y esperaron la avioneta en un rincón discreto. Aterrizó a las 7:52, que era más o menos la hora prevista. Los tres que la abordaron de inmediato eran Jaime Bateman, Nelly Vivas y Conrado Marín, que iban hacia el frente del Caquetá por la vía de Panamá. Nelly Vivas era una bióloga caleña, especializada en París durante ocho años y profesora en el colegio Santiago de Cali. Había ingresado al M-19 unos 6 años antes, formaba parte en la actualidad del comando superior, y había sido encargada de hacer los primeros contactos con el expresidente Carlos Lleras Restrepo, cuando éste dirigía la Comisión de Paz bajo el gobierno de Turbay Ayala. Conrado Marín era un campesino de Florencia que había ganado el grado de mayor en las guerrillas del Caquetá. Fue uno de los primeros que se acogieron a la ley de amnistía del presidente Betancur, pero cuatro compañeros suyos, amnistiados junto con él, fueron asesinados por desconocidos en el curso de pocos meses en las calles de Florencia. Temiendo correr igual suerte, Marín se reincorporó al movimiento después de entrevistarse con Bateman en Santa Marta. Fayad no estaba en el aeropuerto porque había viajado a Bogotá por carretera la noche anterior. Entre el aterrizaje y el decolaje de la avioneta no debían transcurrir tres minutos, pero hubo un retraso imprevisto, cuando Bateman apareció en la puerta y pidió una cajetilla de cigarrillos a los compañeros que se quedaban. Estaba satisfaciendo sin duda un deseo de última hora de alguno de los pasajeros, o tal vez del piloto, porque él había dejado de fumar desde hacía 8 años. Fue una demora suplementaria de 4 minutos. Bateman ocupó el asiento en que viajaba siempre: el de copiloto. Había viajado tanto allí, que estaba seguro de poder improvisar un aterrizaje de emergencia, sólo por lo que

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había visto en tantas horas de vuelo. Viajaba tranquilo, con su buen humor de siempre, pero había declarado alguna vez que era capaz de todo en la vida menos de lanzarse en paracaídas. Cuando se movía en automóvil llevaba una pistola Browning metida en el cinturón debajo de la camisa, una metralleta, y por lo menos una granada al alcance de la mano. Pero había dejado la metralleta a Álvaro Fayad, y llevaba sólo la pistola y dos granadas. i Su único equipaje era un maletín de mano con una muda de ropa, dos mil dólares en efectivo, un cassette con las canciones de Celina y Reutilio, y la edición en español de «Doña Flor y sus dos maridos», del brasilero Jorge Amado, que había querido leer después de ver la película. Llevaba un walky talky VHF con un alcance de 18 kilómetros, con el cual solía comunicarse desde el aire con algunos comandantes de tierra del M-19, como pensaba hacerlo antes de aterrizar cerca de Montería para estar seguro de que no lo esperaba ninguna sorpresa en el aeropuerto secreto. Llevaba también un pasaporte colombiano con una foto auténtica pero con un nombre distinto. Pero el objeto más insólito que llevaba era un equipo emisor de señales luminosas, capaz de lanzar bengalas rojas y azules a grandes alturas. Estaba diseñado para casos de pérdidas en el mar o en la selva, y Bateman lo había comprado en su último viaje a Panamá. No era extraño, pues su afición por los juguetes electrónicos fue siempre objeto de burlas cordiales de sus compañeros, pero sus amigos caribes lo habrían interpretado sin duda como un acto premonitorio. Más tarde, durante las búsquedas inútiles en la selva, la certidumbre de que Bateman llevaba aquella máquina de salvación fue una de las esperanzas más firmes de las comisiones de rescate. Pero cuando la avioneta partió del viejo aeropuerto de Ciénaga nadie debió pensar en eso. El cielo era diáfano y sin una sola nube, como para un viaje feliz. Sin embargo, a esa hora exacta, el satélite meteorológico de los Estados Unidos estaba fotografiando la vasta extensión desde Urabá hasta Nicaragua, que empezaba a cubrirse de espesas nubes de malos presagios.

Otro tipo de contrabando Álvaro Fayad llegó a Bogotá esa misma tarde, después de una larga noche de carretera, y pensó que a esa hora Bateman debía estar tranquilo en Panamá. Se alegró de que no lo hubiera acompañado en el largo viaje por tierra, como estaba previsto, porque su automóvil había sido detenido seis veces por patrullas del ejército, de la policía de aduanas y del control de tráfico de drogas. En todos los casos los ocupantes habían tenido que identificarse, por lo menos en tres les iluminaron las caras para compararlas con los retratos de las cédulas de identidad, y los sometieron a rápidos cacheos. Tal vez Bateman no hubiera podido pasar por tantos filtros, no sólo por su estatura inconfundible y porque ya había sido visto muchas veces en la televisión, sino porque tenía una seña de identidad más reveladora que las mismas huellas digitales: su pierna derecha. En efecto, a los 9 años de edad, Bateman fue atropellado por un camión cuando jugaba fútbol con una bola de trapo en una calle de Santa Marta. La pierna

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le fue enyesada sobre la herida y con el hueso astillado, y aquella chapucería le causó una gangrena cuyos estragos no sanaron jamás. Fueron inútiles incontables tratamientos y varios injertos de hueso. Su tibia sin carne estaba apenas cubierta por una piel tensa y apergaminada que volvía a ulcerarse al menor tropiezo. Las largas marchas en la selva eran un martirio perpetuo, y en muchas ocasiones tuvo que retirarse de la lucha para someterse a nuevos tratamientos. Era una marca imborrable que todos los servicios secretos conocían, y siempre que encontraban a alguien que pudiera ser Bateman le levantaban la bota del pantalón para ver el estado de su pierna. En la única ocasión en que era él en realidad, tuvo la suerte inconcebible de que el soldado le levantó la bota de la pierna sana, y lo dejó seguir. Fayad durmió aquella noche sin recibir ninguna noticia de Bateman. Al día siguiente muy temprano, dos miembros del equipo de comunicación de Bogotá le avisaron que la avioneta de Escobar no había llegado a su destino, pero él pensó que tal vez había aplazado el vuelo. Sin embargo, poco después le confirmaron que en efecto la avioneta había salido de Santa Marta a la hora prevista, pero no había hecho la escala en Montería ni había llegado a Panamá. Entonces llamó a Toledo Plata, que aún estaba en Santa Marta, y éste le confirmó la verdad: la avioneta había sido declarada en emergencia el día anterior a las 12:28 por la Aeronáutica Civil de Panamá, y la búsqueda aérea había empezado de inmediato. Hasta el momento, 24 horas después, no se había encontrado el menor rastro. Fayad sólo dijo una palabra cuando colgó el teléfono: «¡Mierda!» Días después, hablando con unos amigos, resumió el impacto de aquel día con una frase: «Se me apagó la luz». El 30 de abril, El Tiempo publicó en su página 9 una foto de Escobar, con la noticia de que se había perdido en su avioneta sobre territorio panameño. No eran más de 20 las personas que sabían, al leer aquella noticia, que detrás de ella había otra mucho más espectacular. Lo sabían, por supuesto, Fayad y Toledo Plata, los miembros de la seguridad que estaban en el aeropuerto de Santa Marta y los dos miembros del equipo de comunicaciones que habían manejado la noticia en Bogotá. Lo sabían además otros seis miembros del equipo de seguridad, los dos miembros de la dirección nacional que seguían con Toledo Plata, el representante del M-19 en Panamá y el encargado de la seguridad de Bateman en ese país que se habían quedado esperando en el aeropuerto, y por último los seis que se quedaron esperando en Montería. Aunque Santa Marta es una ciudad donde resulta casi imposible guardar un secreto tan grande, lo cierto es que éste logró controlarse durante 22 días, hasta que el jefe de redacción de El Universal de Cartagena, Ángel Romero, lo descubrió por una casualidad que parece inverosímil. Poco antes, sin embargo, la base Howard del Canal de Panamá —a la que la Aeronáutica Civil de Colombia había pedido ayuda para buscar la avioneta de Escobar— contestó con un cable que hace pensar sin ninguna duda que allí sabían quiénes iban en ese vuelo. «Esa nave no llevaba droga —decía el cable— sino otro tipo de contrabando».

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Los minutos que faltan

Lo que ocurrió en realidad desde que la avioneta salió del aeropuerto de Ciénaga, sólo ha sido posible vislumbrarlo por la grabación de los distintos contactos que hizo Escobar con el control aéreo de Panamá. Gracias a la Dirección de Aeronáutica Civil de Colombia, y de sus técnicos mejor calificados, que nos ayudaron a descifrarla, se puede decir que el primer contacto fue hecho a las 9:52. Después de identificarse, le preguntaron a qué hora había salido de Santa Marta, y Escobar contestó que a las 7:51. El dato era falso: en realidad había salido 6 minutos antes, pero el piloto acumuló los seis que habían necesitado para recoger a sus pasajeros en el aeropuerto secreto, de modo que no quedara ninguna pista de ese aterrizaje clandestino. Fue su único dato falso. Nunca dijo que viajaba solo —como se publicaría más tarde—, aunque es probable que lo hubiera dicho si se lo hubieran preguntado, para no entrar en contradicción con su plan de vuelo de Santa Marta. En cuanto a la escala de Montería, no se sabrá nunca por qué no la hizo ni cómo la habría justificado si la hubiera hecho, pero la foto del satélite demuestra que las condiciones del tiempo no eran propicias para un aterrizaje visual.

El dato era falso: en realidad había salido 6 minutos En su primer contacto informó que estaba ascendiendo de 6 mil pies —que era la altura autorizada sobre el mar— para alcanzar la de 9 mil pies. La maniobra era normal, porque en frente debía estar viendo la Serranía del Darién, que es la más alta de Panamá. El rumbo que llevaba era correcto para llegar al aeropuerto de Paitilla. A las 9:57, volando ya a 9 mil pies, volvió a hacer contacto para decir que tenía mal tiempo en frente. El controlador de vuelo le sugirió que subiera a 10:500 pies, donde el tiempo era mejor, y que se mantuviera allí mientras consultaba con el control radar cuál era la ruta con mejor tiempo. El controlador de radar se la comunicó a través del controlador de radio. El problema en ese momento era que la avioneta de Escobar no podía ser identificada en el radar, porque no disponía del equipo adecuado para darse a conocer. En cambio, era posible localizarla en el DF (Direction Finder), mediante una señal de radio emitida desde la avioneta. Escobar hizo un nuevo contacto a las 10:04 para informar que volaba a 10.500 pies de altura y que tenía mal tiempo delante, pero que veía algunos huecos en las nubes por donde podía pasar. Su voz era tranquila, y sus cálculos y decisiones eran los de un buen navegante. Entonces el control de radio le pidió que oprimiera el botón de radio para localizarlo en el DF, y Escobar lo hizo por un instante, antes de que su señal se interrumpiera para siempre. En ese momento se encontraba a 55 millas al noroeste del cerro de Ancón, que está en el límite de la ciudad de Panamá con la zona del Canal. Esto quiere decir que aún tenía combustible para volar 2 horas y 40 minutos más, pero aún estaba sobre el Atlántico y a 30 millas de distancia de la Serranía del Darién. Si el percance ocurrió en el momento

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en que se interrumpió la señal de radio, no hay ninguna duda de que cayó en el mar. Pero no hay ninguna prueba de esto. Pudo haber volado todavía todo el trayecto marino sin hacer un nuevo contacto radial —que tal vez ya no fuera necesario— y encontrarse con el mal tiempo insalvable cuando ya volaba sobre la Serranía del Darién. Entonces no es probable que hubiera podido intentar un nuevo contacto, pues cuando una nave como esta penetra en una mala turbulencia es como si atravesara una batidora inmensa: el piloto más experto tiene que concentrar sus cinco sentidos en mantener a toda costa la estabilidad del avión, y no tiene ni manos ni alma para ocuparse del radio. Una sacudida demasiado violenta puede arrancarle una ala de cuajo. Pero si penetra por error en un cumulus nimbas, se destroza en pedazos, y sus escombros pueden dispersarse a muchas millas a la redonda.

Palmo a palmo La Aeronáutica Civil de Panamá hizo la exploración aérea de rutina durante 8 días. La familia de Escobar, con toda clase de colaboraciones oficiales y privadas, insistió varias semanas más. Las patrullas del M-19 cuadricularon un inmenso territorio de casi 5 mil kilómetros cuadrados durante 70 días. Exploraron palmo a palmo el universo deshabitado de la selva de Urabá, desde Montería hasta el Tapón del Darién, por el lado de Colombia. Y del otro lado, desde la frontera con el Chocó hasta la misma capital de Panamá. Sólo en esta última zona —según dato de las comisiones de rescate— han caído entre 20 y 30 aviones desde la Segunda Guerra Mundial, de los cuales se han encontrado cuatro. Una de las patrullas que buscaban la avioneta de Escobar encontró los escombros de un avión desaparecido en 1963, y estaban enredados entre la maleza, a sólo 20 metros de un camino muy transitado. Otras encontraron equipos de comunicaciones de la defensa de los Estados Unidos, perdidos desde quién sabe cuánto tiempo. Es un reino sin límites de frondas y pantanos donde apenas sí penetran unas gotas de sol, y que se cierran de inmediato tan pronto como alguna nave cae en el fondo de sus entrañas. La única manera de orientarse, cuando no se tiene una brújula, es observar la dirección de las hojas, que se inclinan siempre hacia el oriente. No es probable que Escobar hubiera podido salir solo, pero Bateman y Marín sabían cómo hacerlo. Este último era campesino del Caquetá y lo sabía desde la infancia. Bateman lo había aprendido, y había demostrado saberlo cuando se perdió con seis de sus hombres en la selva del Caquetá, el año pasado. Lo curioso es que el M-19 no supo en aquella ocasión que estaba perdido, hasta que aparecieron todos sanos y salvos al cabo de un mes y medio. En los métodos de orientación hay discrepancias entre los guerrilleros urbanos y los campesinos. Aquellos se sienten perdidos si no tienen una brújula. Los campesinos, en cambio, se orientan más por el instinto, y creen que las brújulas pueden ser alteradas por distintos fenómenos. Los cálculos que hizo el M-19 desde el principio indicaban que

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si Bateman o Marín estaban sanos después del accidente, podían salir por sus propios medios al cabo de 15 días, que es el tiempo en que podían cruzar completa la selva de Panamá. Si quedaban vivos, pero heridos como para no poder moverse, hubieran podido hacer campamento y esperar hasta un mes y medio. Después de ese tiempo, aun un hombre con la fuerza física y psicológica de Bateman no hubiera podido sobrevivir. La circunstancia de que Escobar fuera un político conocido facilitó al M-19 la consecución de medios para la búsqueda. Trazaron dos planes: uno para la exploración aérea, y otro para la terrestre. Para la primera alquilaron, aprecios desorbitados, helicópteros y aviones particulares que sobrevolaron las selvas durante 25 días continuos. Un piloto colombiano que participó en aquella empresa descomunal ha dicho que habría sido imposible practicar una exploración más técnica y meticulosa en condiciones tan adversas. Para la búsqueda por tierra, que se inició a los 10 días del accidente, se organizaron cuadrillas de 15 hombres al mando de un jefe. Sólo éste sabía a quién buscaban, no sólo para impedir una posible desmoralización, sino para mantener al máximo la reserva de la noticia. Fue una búsqueda clandestina, con sistemas guerrilleros, que consisten en dejar señales que sólo ellos saben interpretar, y en golpear las raíces de los árboles más altos. Este es un sistema de comunicación más eficaz que un tiro al aire, o que las bengalas azules y rojas del equipo de Bateman, que no se vieron nunca. A distancias determinadas dejaban signos convencionales para que los perdidos conocieran su rumbo, dejaban campamentos con equipos de comunicación, leña seca, comida para los tres primeros días y botiquines de primeros auxilios. Al cabo del primer mes, la búsqueda continuaba con la misma pasión que el primer día. Por esa época —el 20 de mayo— el jefe de redacción de El Universal de Cartagena, Ángel Romero, descolgó el teléfono de su jaula de vidrio para hacer una llamada de rutina a las 7 de la noche, y su línea se cruzó con la conversación de una mujer y un hombre. Hablaban sin reservas de la angustia que sentían por la desaparición de Bateman, que según ellos había sido víctima de un accidente de una avioneta en Panamá. Romero voló a Bogotá al día siguiente y trató de establecer algún contacto con el M-19, pero no logró la información. Sin embargo, una fuente militar le contó que, en efecto, Bateman estaba desaparecido, pero que la historia de la avioneta era una simple cortina de humo del M-19 para ocultar la verdad. Al parecer, el servicio de inteligencia de las Fuerzas Armadas estaba convencido en ese tiempo de que Bateman había muerto en el asalto a la población de Paujil (Caquetá), el 9 de mayo, y que el movimiento había inventado la patraña de la avioneta para no admitir su pérdida en combate. Tal vez esta sea la razón por la cual, aún hoy, las Fuerzas Armadas siguen observando en este caso una discreción que se parece mucho a la incredulidad. Sin embargo, con un criterio certero, Ángel Romero prefirió la hipótesis de la casualidad telefónica, y dio por primera vez la noticia de la muerte de Bateman en la primera página de su periódico el 30 de mayo. A pesar de la indiferencia con que fue recibida por los otros medios del país —sobre todo por los más grandes—, aquella información fue sin duda la

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primicia más importante y bien concebida en lo que va del año. Nadie la creyó. Sin embargo, los mismos periódicos que la rechazaron como una simple especulación, cayeron meses después en la trampa de una noticia sin origen, según la cual Bateman se había fugado del país con los fondos de su movimiento. Mucho tiempo después de que la noticia era ya de dominio público, en el interior del M-19 continuaba la discrepancia de cómo emitir la confirmación oficial. Los partidarios de salir al paso de las especulaciones inevitables opinaban que debía darse después de la primera semana de búsqueda infructuosa. Sin embargo prevaleció el criterio de continuarla dentro del secreto más estricto, entre otras cosas para impedir que detrás de las patrullas de exploración aparecieran en la selva las patrullas del ejército. De modo que la búsqueda continuó, aún más allá de toda esperanza, y cuando ya empezaba a invadir las arenas movedizas de la magia. En efecto, las últimas ilusiones se fundaron en las visiones de dos brujos. El primero fue uno de Panamá, a cuya revelación espontánea nadie le dio ningún crédito. Pero cuando otro brujo de Colombia que no tenía ningún contacto con el primero reveló haber tenido una visión idéntica, el racionalismo de los revolucionarios, aún el de los más duros, sufrió el estremecimiento, de que tres personas estaban en el corazón de la selva. Dos eran muy débiles y la otra era muy fuerte, pero ésta no se atrevía a caminar por el temor de ser descubierta. Aquella coincidencia inexplicable por medio de la razón occidental hizo reverdecer las esperanzas en los corazones menos crédulos, y la búsqueda continuó, sin pausas ni fatiga, hasta que aún los más temerarios tuvieron que mirar de frente a la realidad. Sólo entonces, nueve semanas después del accidente, tomaron la determinación unánime de hacer el anuncio oficial de la muerte de Bateman. Lo único que faltaba era la opinión de su sucesor, Iván Marino Ospina, que fue uno de los últimos en conocer la noticia en el corazón de la selva del Caquetá. Esa opinión llegó en el último instante, en un papel escrito de su puño y letra y macerado por el sudor, que alguien llevó hasta Bogotá escondido dentro del zapato. Marino Ospina aprobaba la divulgación de la noticia, y mandaba su primera orden: Insistan en el diálogo.

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